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Posts Tagged ‘La Barraca’

El compromiso político en la literatura española del siglo XX (1ª parte)

septiembre 23, 2010 2 comentarios

De izquierda a derecha, de arriba a abajo: Pío Baroja, Jacinto Benavente, Rubén Darío, Manuel Valero, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maetzu, Ramón María del Valle Inclán y Azorín

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“¡Qué de famas irritantes, de escritores hueros, necios, vulgarísimos no ha habido que combatir como quien apaga un incendio, durante estos 20 años!”. Leopoldo Alas «Clarín».

Bien puede el señor Leopoldo Alas describir, de un modo tan claro y decisivo, la crisis cultural en la que se hundió España a finales del siglo XIX tras una breve época romántica desperdiciada en lo que a literatura comprometida se refiere En aquellos años, la situación social y agraria era lastimosa, casi tercermundista. A esto se le sumó el agudo espíritu observador crítico y, en demasiadas ocasiones, pesimista de una España convulsionada por diferentes acontecimientos: las amenazas anticolonialistas de Cuba y Filipinas, los cambios políticos y económicos llegados de la mano de una lenta y empobrecida revolución industrial, el crecimiento de la burguesía  especuladora y  los procesos bélicos de la Revolución de 1854, así como el turno de partidos instalado tras la Primera República (1874) y la Constitución española de 1876, liderada por Cánovas del Castillo. Todos estos factores son esenciales para comprender la génesis de los dos principales movimientos literarios del siglo XIX: el realismo y el naturalismo.

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Guión para exposición Educación y Cultura en la República

marzo 15, 2009 6 comentarios

 Un día antes de la exposición sobre la Educación y Cultura en la República, aquí tienes en el blog historiadoreshistericos, el guión para no perderte ni un detalle.

LA EDUCACIÓN EN LA REPÚBLICA 

     “Con las primeras hojas de los chopos y las últimas de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano” (Machado). Sin embargo “nacía de forma apresurada, sin maduración suficiente, recogiendo la herencia de un régimen que había caído víctima de sus propios errores. Daba sus primeros pasos en un ambiente de exaltación y júbilo que recordaba los comienzos del Trienio. (D.Ortiz). Todas las personas soñaban con la construcción de una sociedad moderna y en libertad. No obstante, fue un tiempo demasiado breve, insuficiente para que se produjera una verdadera transformación, y “sin libros, sin prensa, ni bibliotecas, España no podría ser un país democrático jamás”. La victoria de los alzados en 1939 sería el mazazo definitivo a un proyecto, acaso utópico, que comenzaba a poner las primeras piedras de un gran edificio.

 

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Con Ian Gibson en Puertollano. 22-2-2009.

febrero 23, 2009 3 comentarios

     Un cubículo oscuro, el tercer sótano del auditorio de Puertollano. Una fila de focos alumbraba el escenario. Las gradas arrancaban a dos metros de la platea, al modo de un triángulo escaleno. Isidro, el organizador, entra en primer lugar, detrás, dos músicos, algunos profesores y al final Ian Gibson junto al teniente de Alcalde. Música de Manuel de Falla, versos de Antonio Machado y un artículo que el poeta escribiera en La Vanguardia, cuando corría el año 1938. En este texto hacía memoria sobre el Pablo Iglesias de 1889. Recordaba cómo aquel buen hombre hablaba de una realidad que nunca antes había comprendido. El mundo era peor de lo que imaginaba, pues fuera de las bellas paredes del patio de su casa había una grandeza incomprensiblemente desdichada. El poeta perfila con su pluma unas líneas en las que late el laconismo. Su privilegiada posición, hijo de abogado, nieto de biólogo, con una vida solvente, le marcaban el camino que habría de seguir, la lucha por el progreso del país donde vivía. Y así sería en realidad. Machado fue partícipe de las misiones pedagógicas que, con especial relevancia, en la República surtieron efecto. Museos ambulantes, retablos, teatros populares, como El búho, de Max Aub, o La Barraca de Lorca, el cine, la adquisición y reparto de gramófonos, las charlas, las copias que circulaban de los más famosas obras de arte del Prado… Todo ello con el objetivo de culturizar a la gran masa española que, manchada de tierra y de sol, iba por el mundo vestida con prejuicios, desnuda de cultura. Se habló también de aquellas bibliotecas que Cernuda y Moliner administraban y que llegaron a contar, en muchos pueblos de España, con un mínimo de cien volúmenes. A tal nivel llegaba el grado de invalidez mental que en algunas ocasiones, cuando se interpretaba La vida es sueño o Fuenteovejuna, la gente salía tan gustosa de la obra que pedían al autor hiciera acto de presencia y saludara a su público devoto… Era el turno de Ian Gibson. Se coloca las gafas y toma tres papeles. Después se pone en pie y camina hacia el púlpito estratégicamente colocado bajo una luz deshilachada color de sepia. Su voz brota emocionada. Machado murió un miércoles de cenizas… “era una tarde cenicienta y mustia / destartalada como el alma mía“, el 22 de febrero de 1939 en Colliure, Francia, curiosamente el mismo año de su nacimiento. Cuando te hundes tantos años en busca de los más insólitos pasajes de una vida ya pasada, el rigor histórico deja paso al sentimiento. Durante un segundo, mira a la hondura oscura de aquella pequeña estancia. Respira y sitúa el escenario: Sevilla, 1879. Machado ha de partir, y así será en sucesivas ocasiones. Compartirá un apellido con su hermano, pero no una personalidad. Manuel es galán, portentoso, mujeriego, conquistador. Antonio solo es una mente dominada por la soledad y la tristeza. Tras varias disertaciones, Gibson afirma que, sin pruebas sobre la mesa, porque no ha podido encontrarlas, cree que el poeta tuvo muchos amores que nunca, jamás, consolidó. Las niñas de Sevilla, las diferentes sirvientas de sus padres. Cada lugar le dio un nuevo amor y enterró otro ya anciano. El tiempo pasó por su vida sin dejarse notar, pero con lentitud y soledad. Antonio parecía haber nacido para perder; perder a sus muchos amores juveniles, a sus dos esposas, a su amigo Lorca. La partida con su madre al otro lado de la frontera fue el broche final a un transcurrir entre las sombras, con una mirada siempre puesta en la luz de Sevilla y de su infancia. Algunos dicen que don Antonio Machado ha de permanecer bajo la tierra que calienta sus huesos desde hace setenta años, pero no sería ese su deseo, sino más bien el de poder volver a descansar una vez más sobre las tierras de castilla, donde sus años arraigaron, donde brotaron sus versos.

P: Cuando fue hallado muerto, Antonio Machado conservaba un papel arrugado en el bolsillo de su chaqueta: este cielo azul y este sol de la infancia. .
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El historiador Gibson tuvo la amabilidad de firmarme el libro Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca.