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Posts Tagged ‘Historia Moderna’

Felipe II de Geoffrey Parker

marzo 8, 2011 6 comentarios

En los últimos días he leido la actualización de la biografía del rey prudente llevada a cabo por el historiador británico Geoffrey Parker, con el cuanto menos potente título de Felipe II. La biografía definitiva. Cualquier biografía sobre Felipe II no solo se queda en el individuo, sino que nos ofrece por extensión una visión de la España de la época, y teniendo en cuenta los dominios que señoreaba Felipe, de Europa y casi del Mundo de la segunda mitad del s. XVI. Leer más…

La técnica en la época de la Revolución Industrial

noviembre 29, 2009 1 comentario

La técnica en la época de la Revolución Científica (1500-1700)

Es una época de expansión europea. Aumenta la población ya desde el s. XV, y hay además una expansión del comercio y de la economía que conllevan un aumento de la producción, y también de la productividad.

Hay una serie de adelantos ya en la Baja Edad Media, como el molino, el mulle, el pedal… y en s. XV aparecen adelantos como la manivela o en la navegación.

Pero sin duda el invento más importante es la imprenta, que permite la difusión de esos conocimientos en tiempo record.

Otros estímulos, era el aumento de la población y el aumento de los mercados, el aumento de la productividad que empequeñece los riesgos. Leer más…

DEGLER, C.N.; Historia de Estadus Unidos. La formación de una potencia. 1600-1860; Ariel; 1986

octubre 31, 2008 Deja un comentario

 

1. Introducción

   Los cien años transcurridos tras la muerte de Isabel I, en 1603, pueden considerarse, en contra de todo lo establecido, como los primeros del verdadero mundo moderno. Galileo, Newton, Locke, Harvey, Descartes, Boyle son argumentos de peso para tal afirmación. Las características que identificarían a los estadounidenses se establecieron en este siglo.

Se dice que el capitalismo llegó en los primeros barcos. Los ingleses llegaron desde la isla con una concepción económica limitada a los horizontes que la “pequeña” isla les imponía. La esclavitud y las plantaciones eran más efectivas en el pobre, pero extenso, suelo de las colonias inglesas. En Nueva Inglaterra no se realizó experimento señorial ni feudal alguno. Los comienzos históricos de la región muestran un premeditado rechazo de las prácticas sociales y religiosas europeas.

No haber feudalismo con anterioridad implicaba la inexistencia d clases con privilegios conferidos por prácticas sociales de épocas precedentes. Ellos concedieron gran importancia al liberalismo lockiano o whig, así como al individualismo y al laissez faire.  Es decir, Norteamérica surgió ya liberada de la tradicional aristocracia medieval europea. “Los principales negocios de Norteamérica fueron los negocios”, decía uno de sus presidentes.

En Norteamérica se aplicaron dos conceptos que Marx Weber ha calificado de ética protestante: el puritanismo y el cuaquerismo. El primero, en esencia, constituye una relación directa entre religión y economía. La fe es un modo de servir a Dios, sirviendo a Dios se sirve al hombre, y sirviendo al hombre se sirve a Dios. El cuaquerismo abogaba por la sencillez, la diligencia, el ahorro, la frugalidad y la inutilidad de ser ostentoso. Como vemos, ambas doctrinas dan pie a una gran actividad económica basada en los intereses y el margen de beneficios. Weber afirmó que el consejo de Richard Franklin no es más que la ética puritana desprovista de su teología; en otras palabras el amor por los negocios y el desdén por su salvación externa.

 

-El puritanismo

Como el protestantismo, rechazaba los ideales ascéticos del catolicismo medieval. Decía Calvino que no debían rehuir los placeres corporales porque Dios “no se propone proveer solo las necesidades, sino también los deleites (pero no corruptos, como las cartas o los dados)”.  También restringía las formas de vestir, nada de pomposidad. Se negaban a la música en los templos (no a la música como género artístico o ciencia). Amparaban el divorcio, con más tolerancia que el resto de la cristiandad. Por otro lado, un gran porcentaje de puritanos mantenía relaciones sexuales prematrimoniales, de ahí que debamos desasociar el remilgo con este colectivo.

Fueron perfeccionistas materialistas y espiritualistas, en otras palabras, siempre creyeron tener una misión, mayor o menor, que realizar para el mundo. Para ello, intentaron conjugar la razón y la fe. Ellos veían ambas doctrinas mentales como complementarias, nunca antitéticas.

La educación formó parte integrante de sus intereses terrenos. Para ello, desde 1636, decenas de profesores formados en Cambridge y Oxford se instalaron en Nueva Inglaterra. En este movimiento conjunto se fundó Harvard, centro por antonomasia de la acendrada educación puritana. Se pensó que, más allá de la simple lectura de la Biblia (para lo cual se necesitaba saber leer), los niños necesitaban recibir una educación básica. Las leyes escolares de Massachusetts de 1647 preveían la contratación de un profesor por cada 50 familias y un instituto por cada 100 o más. En Inglaterra la educación era mayoritariamente privada y eclesiástica. Antes de 1800 las “las colonias” contaban con ocho grandes colegios (Queen’s College, Princeton, Columbia, Yale, Filadelfia, Haverford…).

 

 

-Los derechos de  los ingleses  se configuraron en base a la casualidad directa.

En Virginia, en 1619 la Compañía de Virginia sugirió a los colonos que “podrían intervenir en su propio gobierno”.  Tal impulso fue el que tomó la Gran Asamblea de Virginia que desde 1630 se atrevió a regular el Gobierno y el Consejo, cuyos miembros dependían de las decisiones de la metrópoli. En 1639 el rey dio el visto bueno a la existencia de dicha Asamblea.

En Massachusets, con la Carta de Privilegios en la mano, se solicitaron los derechos de hombres libres. Desde 1632, el gobernador Winthrop propuso la elección de tres delegados por población. Con ello se llegó a la primera asamblea representativa  en mayo de 1634 en Boston. A partir de 1648, en Nueva Inglaterra, cualquier hombre mayor de 23 años podía participar en las estructuras políticas: votar, ser elegido como oficial o actuar como jurado.

Podemos concluir que, la idea de democracia como convenio entre el gobernador y el gobernado estaba totalmente constituida en la Norteamérica protestante del siglo XVII. ¿A qué se debió un ascenso tan rápido de las estructuras contemporáneas? Muy posiblemente a la detenida lectura de la biblia en la que continuamente se leen acuerdos entre Dios y Adán, Noé o Abraham.

La idea de autogobierno era elemento esencial en la buena maquinaria del gobierno norteamericano. La fuerza del gobierno local, por tanto, procede de la herencia de los primeros colonos: inmigrantes que portaron una larga experiencia de autogobierno en los condados de la vieja Inglaterra. Dicho gobierno estaba formado por un sheriff, un juez de paz y un tribunal.

Los hombres de Virginia también ocuparon las tierras del interior. Allí la plantación de tabaco era asumible, por los abundantes ríos. La libertad de ocupar las tierras llevó a muchos hombres a convertirse en señores de terrenos vastos aunque baldíos.

 

-Negros en un país de blancos y el problema racial.

El problema racial no comenzó con la primera llegada de cargamento africano por una compañía holandesa en 1619, sino mucho después, a partir del siglo XVIII. En 1671 el 5% de la población “colonial” era negra, mientras que en 1715 lo era el 24% y en 1756 el 40% (fruto de la “trata de negros” y el comercio triangular).

Cuando se trata de descubrir las raíces de los prejuicios raciales y la discriminación contra los negros en Norteamérica, lo más adecuado es abandonar la idea de que la esclavitud fue un factor causal; es decir, resultado de la promulgación en Virginia el código de la esclavitud en 1660. Que antes de esta fecha ya hubo sometimiento y marginación parece evidente. La manera accidental en que apareció la esclavitud en este código, refuerza la suposición de que la práctica precedió ampliamente a la ley.

Algunos ejemplos anteriores a 1660. Al contrario que a los sirvientes blancos, a ellos se les prohibía llevar armas. Además, el hecho de que llegaran como fruto del comercio internacional de esclavos, confería a los ingleses superioridad intelectual. Además, en los inventarios de trabajadores, se suele inscribir el nombre de cada uno con los años de servicio que le restan al lado, en el caso de los negros no aparece. En 1640 encontramos escrituras en Maryland en la que la condición de esclavo no sólo era vitalicia sino hereditaria, tanto para hijos como para hijas. Mucho después, en 1712, se argumentó que “los negros, al ser bárbaros, son indignos para ser tratados por las leyes, costumbres y prácticas de la provincia”. Si nos fijamos en los datos expuestos en el primer párrafo, concluimos que los negros fueron infravalorados cuando aún no constituían ni un 5% de la población total.

En Nueva Inglaterra, si bien el número de negros era muy inferior, las condiciones previas a la aplicación de una ley que definiera la condición de “esclavo” para los negros (en 1698) fueron similares a Virginia: restricción de movimientos, de armamento, de acceso a los puestos “públicos”…

 

          2. El despertar de la nacionalidad americana

 

 

-La primera mitad del siglo XVIII fue la edad de oro de la cultura norteamericana: la elegancia, las comodidades, los plantadores y artesanos, la formación académica fueron asentándose en las “pequeñas Londres”: Boston, Nueva York, Charleston y Filadelfia. No obstante, lo paradójico es que el mayor apogeo de estas tierras bajo mandato inglés supuso la ruptura paulatina con los caracteres estancos de la cultura europea.

 

-Países primos.

A pesar de que las colonias tenían un contacto directo con la metrópoli en materia económica, el estadio cultural estaba bastante diferenciado. No hay más que comparar a los pintores ingleses Gainsborough, Hogarth y Reynolds con los colonos Feke y Copley, o a los escritores colonos –a excepción del Franklin o Paine, con Richardson, Addison, Johnson o Boswell. En la arquitectu-ra no encontramos un panorama mejor: los modelos británicos fueron copiados de los manuales de arquitectura británica.

 

-Bases materiales

Un experto en la temática afirma que “la historia económica de EE.UU es la historia del origen y desarrollo del sistema capitalista”. Los colonos del siglo XVIII impulsaron lo que habían comenzado a sus antecesores del siglo XVII: la difusión y elaboración de una economía nacida en la gran era de la expansión capitalista. Al igual que en el siglo XVII, la vida económica del millón y medio de habitantes en Norteamérica se ceñía a la agricultura, pero ya había una importante clase de comerciantes que constituían una de las grandes fuentes de la nueva riqueza.

La gran producción de Boston, Nueva York y Filadelfia no se correspondía con las escasas ganancias que concentraban. Comunes intereses llevaron a las colonias a unir lazos entre sí con tal de facilitar sus negocios. Tanto fue así que se estableció una primitiva red de “carreteras” en 1740 y un servicio efectivo de correos en 1753 (gracias a Franklin), así como un servicio regular de paquebotes que intercomunicaba los puertos más importantes.

Desde 1741 encontramos establecidas logias masónicas en la mitad de las provincias norteamericanas.

Entre 1713 y 1745 se estableció la publicación semanal de unos 40 periódicos (Boston era, tras   

Londres, la ciudad del Imperio Británico donde más libros se imprimieron). Se fundó la American Philosophical Society donde se reunía la crême de la clase intelectual colonial, conformada, sobre todo, por escritores y abogados.

 

Un país de hombres pobres

La economía en expansión de las colonias facilitaba las crecientes oportunidades. Tanto era así que Franklin, en 1741 afirmó que había mucha tierra “y tan barata que cualquier hombre trabajador y que entienda de agricultura, en poco tiempo podrá ahorrar bastante para adquirir suficientes terrenos donde instalar una plantación”.

Tales oportunidades y tal prosperidad se debía a la extensa distribución de la tierra. En 1764 sólo el 2% de habitantes entre todas las colonias, eran propietarios de explotaciones. Menos del 30% de la población carecía de propiedades y entre estos se incluían a los esclavos y los sirvientes; dato del cual deducimos que la situación estaba bastante equilibrada y tenía gran proyección. Esto tendría consecuencias posteriores: los americanos definirían la libertad como el derecho a administrar y controlar sus propiedades.

La tierra también se convirtió en un objeto de ascenso social. El único principio que se propagaba entre los jóvenes era conseguir dinero, pues los hombres sólo se valoraban por el dinero que poseían. Por tanto, la esperanza de poseer tierras y convertirse en terratenientes independientes es lo que atraía a la gente hacia Norteamérica.

El 70% de los Neoyorkinos, por un lado, y de los bostonianos comenzaron sus negocios en la pobreza (comparada con la riqueza que adquirirían posteriormente.

El hecho de que la mayor parte de los norteamericanos, fuese de la condición que fuese, mostrase tal avidez para enriquecerse causó malestar en Gran Bretaña. El nivel de vida que disfrutaba la unidad familiar blanca en las colonias era el más alto del mundo en la década de 1770 (incluyendo aquí a las ciudades circundantes a Londres). La clase social era piramidal, pero con truncatura. Que no hubiese estamento nobiliar benefició a las capas bajas, que estaban menos castigadas. La alta clase colonial era la clase media europea, en términos comparativos. Que una aplastante mayoría supiese leer y que hubiese un reparto equitativo de accesibilidad a la riqueza, supuso la confección de una mentalidad igualitaria.

 

No todos los colonos eran británicos

Es tópico afirmar que todos los colonos eran hijos de inmigrantes británicos. Lo cierto es que fue así hasta el último tercio del siglo XVII. A partir del siglo XVIII hugonotes franceses, “marranos” o criptojudíos portugueses, emigrantes españoles  huyeron de sus países por presiones sociales en busca de “la tierra de las oportunidades”. Ello queda reflejado en nombres como New Rochelle, New Bordeausx, Ravenal o Carolina.

Hemos de destacar la presencia de escoceses-irlandeses protestantes y presbiterianos (hasta 25.000) perseguidos y presionados por Jaime I en el siglo XVII. Los alemanes eran menos ruidosos y belicosos que éstos. Los podemos rastrear en términos como Mecklenburg, Orangeburg, Hagerstown, Fredericktown o Strasburg. La mayoría se encontraba habitando en Pennsylvania, en tal número que Franklin temía que influyeran en las costumbres de los colonos ingleses. Los holandeses también destacaron en cantidad, alrededor de New Amsterdan, Albany y Hudson.

Esta, calificada por Weare, primera oleada de extranjeros a Norteamérica tuvo por consecuencia alteraciones étnicas y religiosas. Los escoses-irlandeses eran presbiterianos, los alemanes introdujeron sectas protestantes (luteranos, menonitas, dunkers…) los franceses hugonotes también eran protestantes. Todos ellos, en 1776, suponían el 50% de la población colona.

La multitud de creencias llevó a una paulatina secularización de la sociedad. Esto no quiere decir que se perdiera el interés religioso. El descenso de la ratio iglesia-personas indica el efecto contrario que a primera vista parece: había menos “creyentes-practicantes”, pero aquellos que se empecinaban en sus doctrinas lo hacían de un modo que rozaba el éxtasis y la histeria. A este fenómeno se conoce como “Gran Despertar”, que barrió las iglesias de Nueva Inglaterra a Georgia. Uno de los más famosos predicadores fue Whitefield, que incluso predicó al propio Benjamin Franklin. En cualquier caso, la religión perdió en Norteamérica el aspecto teológico y formal tan propio del siglo XVII y recuperó un significado sentimental para el nostálgico. El sentimentalismo religioso era considerado antiintelectual.

 

Un paraíso femenino

El desequilibrio entre sexos era desmesurado. Entre los inmigrantes llegaba un número más elevado de hombres. Las mujeres eran minoría y padecían enfermedades más frecuentemente, caso de la malaria. En Europa esta proporción era más equilibrada e incluso superior para el caso femenino, pues las guerras desestabilizaron la pirámide demográfica.

Se ha llegado a creer que la escasez de mujeres se debía a su excelente posición, mientras era lo contrario. Las hijas de inmigrantes casaban a los 21 años, mientras sus madres a los 25. En general hombres y mujeres gozaban de equidad e igualdad ante la justicia: en una ocasión un hombre que dejó embarazada a su sirvienta fue condenado a casarse con ella o a pagarle un indulto por la “afrenta” (el hombre eligió lo primero).

Los historiadores Carr y Wals advirtieron una medida de gran valor en Norteamérica, en contraste con Inglaterra: muchos hombres cedían la administración de sus haciendas a la esposa. El mismo caso encontramos en las viudas. En 1770 había más mujeres dedicadas al comercio que en 1900, lo que nos indica qué grado de que “libertad” se llegó a gozar. En Inglaterra las mujeres no podían tener propiedades ni realizar contratos, mientras en las colonias las mujeres, incluso, realizaban negocios en nombre de su marido cuando se encontraba ausente.

Señala Thompson que si bien las medidas establecidas en el siglo XVIII no perduraron posteriormente, en adelante la posición de la mujer estadounidense será mejor considerada que la inglesa.

 

-Los norteamericanos cuentan con nuevos derechos

   Cualquiera que fuese la naturaleza de los cambios, a mediados del siglo XVIII se había renunciado a las prácticas inglesas y el sistema constitucional norteamericano del futuro era manifiesto. Hasta después de 1765 no fue evidente que norteamericanos y británicos decían cosas de distinto significado cuando empleaban las mismas palabras, pero las verdaderas diferencias en la práctica política y constitucional de ambos pueblos existían mucho antes de promulgarse la “Ley del Timbre”.

   Por otro lado, es cierto que en el siglo XVIII, salvo cuatro, todas las colonias continentales estaban dirigidas por un gobernador designado por el rey y, por consiguiente, mantenían con la gente de la colonia una relación similar a la del monarca con el pueblo. Además, contaban con una asamblea representativa modelar los poderes del Parlamente británico, con una división similar a la cámara de los Comunes y del los Lores. La omnipotencia con que concebían los ingleses al parlamento no era compartida con tanta indulgencia por los colonos. Más de un siglo de gobierno bajo constituciones escritas convenció a los colonos de la necesidad y eficacia de proteger sus propias libertades contra los abusos del gobierno.

   Para los norteamericanos el poder Legislativo y el Ejecutivo estaban más distanciados que en Londres, pues allí el gabinete de ministros germinado del propio Parlamento hacia las veces de poder práctico. En el caso de las colonias esto fue imposible pues el gobernador venía impuesto desde la metrópoli. Los colonos consideraron la asamblea representativa que la asamblea representativa de cada provincia estaba ampliamente considerada como el epicentro del gobierno, constitucionalmente competente para cualquier finalidad. Los ingleses, creadores de la asamblea representativa, criticaron profundamente la adaptación que sufrió bajo las presiones sociales de la colonia.

En las poblaciones de Massachusets, y colonias fronterizas, cotejando los datos que se nos ofrece, constatamos que de media podía votar el 50%-75% de hombres blancos, lo cual es un índice realmente alto. Además, también se comenzó a imponer la papeleta secreta en el voto. Contaban, paradójicamente, con un Tribunal Central (simiente del Supremo actual) que aprobaba o refrendaba la constitucionalidad de ciertas legislaciones promulgadas.

En 1798, de la mano de Jefferson, se llegó a la teoría del Decreto de Sedición, por la que una sociedad libre no podía prohibir las críticas aplicándoles las etiquetas de “prensa licenciosa” o similares.

 

Todos somos norteamericanos

Desde 1740 los colonos se volvieron cada vez más conscientes de su condición de norteamericanos e incluso llegaron a surgir ciertos brotes independentistas.  Con la Guerrra de los siete años, en parte porque la empresa fue un fracaso y principalmente porque los soldados norteamericanos y británicos compartieron nuevas experiencias, ambas partes apreciaron claramente las diferencias existentes entre norteamericanos y europeos.

La caída de Québec en 1759 desencadenó un torrente de profecías vaticinadores de que la estrella del destino norteamericano tenía una influencia cada vez mayor. La lengua americana comienza a captar poco a poco un acervo de nuevas palabras de origen holandés e indio. No debemos sorprendernos, por tanto, de que en 1756 el lexicógrafo Samuel Jonson aludiese a un dialecto norteamericano.  Con anterioridad a 1765, los estudiantes norteamericanos de la Universidad de Edimburgo solían aludir a su procedencia citando sus diversas provincias de origen.

También se extendió la creencia de que la sociedad británica era moralmente inferior, incluso decadente, comparada con las características sociales de las colonias. Muchos americanos que viajaron a Londres dieron cuenta de la manifiesta corrupción de la política británica. El pueblo norteamericano estaba alcanzando la mayoría de edad.

La obra de los llamados hombres de la Commonwealth de comienzos del siglo XVII atacaban mordazmente a la facción cortesana del gobierno inglés de su tiempo.

 

            3. UNA NUEVA CLASE DE REVOLUCIÓN        

 

Las causas se convierten en consecuencias (MUY IMPORTANTE)

   Jamás un pueblo colonial se había rebelado con éxito contra la madre patria, he ahí la novedad de la revolución norteamericana. Pese a haber sentado un precedente, la sublevación es notable porque no interrumpió seriamente el plácido curso del progreso norteamericano. Tanto en su intención como en sus hechos la Revolución más que rechazar el pasado lo conservó.

La derrota francesa, señala Lawrence Gibson, promovió una conciencia general de supervivencia entre los colonos. Sin los efectos de 1754-1763 la revolución hubieses sido imposible. G.Bretaña tuvo que cambiar su sistema administrativo, al encontrarse con una gran deuda militar. De ahí que reglamentase las “Leyes de Navegación”, de las que percibía cierta cantidad en concepto de importación y exportación. En otras palabras, surgió la necesidad de procurarse ingresos, no intereses privados. Asimismo, la “Ley del Timbre”, de 1765, y las tarifas arancelarias de Townshend, promulgadas dos años después, fueron intentos similares de distribuir las cargas financieras del Imperio entre los beneficiarios del triunfo alcanzado por G.Bretaña sobre los franceses.

No fue la injusticia ni la incidencia económica de los impuestos lo que motivó las protestas de las colonias, sino más bien la novedad de las exigencias británicas. Es sabido que sus cargas fiscales se caracterizaban por su levedad. Por ejemplo, la “ley del timbre” se consideraba como la devolución de un tercio de la inversión militar realizada en la defensa de las fronteras coloniales, el resto sería soportado por el gobierno metropolitano. La principal explicación que los colonos daban a su posición era el rechazo a que el Parlamento británico tuviera derecho legal o aduanero de imponer tributos a las colonias para obtener ingresos (lo cual, en realidad, era parte consistente del derecho  imperial marítimo), explicada por conceptos mentales: los colonos se sentían norteamericanos y no subordinados británicos.

Por otro lado, los colonos estaban totalmente convencidos (aunque no eran más que falsedades) de que tras la legislación británica se encontraba una compleja trama cuyo fin era despojarlos de sus libertades y propiedades: “un gran imperio es una gran amenaza”.

   El advenimiento de la revolución, se dice, tuvo factores económicos; pero con matices. El sistema de navegación era aceptable (Franklin lo alabó y sugirió en 1774 para las propias colonias, como símbolo de lealtad). Leyes no represivas carecen de importancia para una revolución. Además, los impuestos per capita eran superiores en 1698 o en 1791 que en 1773 (años antes del conflicto). Por tanto, como señala John Adams, “…la razón fundamental para justificar el advenimiento de la Revolución, como venimos argumentando, fue la autoconciencia nacional. La Revolución se había realizado antes de que comenzase la guerra. La Revolución estaba en las mentes y en los corazones del pueblo”. Al ser motivo, pues, de maduración de un pueblo joven, la ruptura resultaba esencialmente política. Y decimos esto porque el deseo más profundo de los norteamericanos no fue tanto la independencia (Washington la negaba en el Congreso Continental de 1774) como el deseo de restablecer el statu quo ante bellum (la situación anterior a la guerra).

 

Gobiernos nuevos con estatutos viejos

Cuando se perdió la lealtad a la Corona británica, que había sido la fuente judicial se hizo necesario contar con una nueva base legal del gobierno. Tomaron entonces los modelos de John Locke: el auténtico origen del gobierno procedía de un pacto de los gobernados para buscar el bien común. El convenio de Maryland de 1776 es un ejemplo la aplicación teórica contractual. Los norteamericanos, como buenos hijos de la ilustración, demostraron una gran fe en los documentos escritos para proteger la libertad del ciudadano. Por otro lado, la división tripartita del poder se veía como el modo más seguro de acercarse a un gobierno justo.

Para poder votar, cualquier ciudadano, desde el siglo XVII hasta, incluso, 1800, necesitaba de posesiones raíces. Aun faltaba algunos años hasta que “simplemente” se requiriese ser hombre para votar, como en las democracias del siglo XIX.

 

 

Los revolucionarios pueden ser conservadores

Con anterioridad a 1776 el término radical designaba a todo aquel que abogaba por mantener una política estricta con Gran Bretaña, incluso considerando la independencia si era necesario. Personajes como Sam Adams, Tom Paine y John Adams estarían comprendidos en esta categoría. Por otra parte, entre los conservadores se encontraban aquellos que deseaban en todo lo posible la conciliación con Gran Bretaña y elaborar algún acuerdo por el que pudiera evitarse la independencia. Tober Morris, John Dickinson yJoseph Galloway, este último siguió siendo legitimista hasta el final.

Los fines y las directrices que seguiría la nación liberada fueron los motivos de la secesión grupal entre los revolucionarios. Los artículos de la Confederación de 1781 expresaban la opinión radical, los de 1787 la parte conservadora. Finalmente triunfó la opción que abogaba por un gobierno libre supremo sobre los estados, es decir, un gobierno nacional. Desde que se aceptó la constitución conservadora, unos y otros la aceptaron por igual sin discusiones; ningún partido ni movimiento significado ha mediado para abolirla. Con el nuevo sistema legislativo se recortaba la autarquía de los distintos estados en materia económica o militar, entre otras.

   Una vez establecida la situación, Hamilton fue quien luchó y consiguió la creación de un Banco de Estados Unidos. Con ello quería respaldar los créditos públicos, estimular la industria y asegurar la lealtad de los ricos y los comerciantes. La teoría que Jefferson proponía no hubiera constituido un estado fuerte y rico.

Las doctrinas jeffersonianas eran opuestas a los negocio, temerosa de estos, antimonopolista y opuesto al favoritismo del gobierno hacia intereses especiales. El “New Deal” o la “Nueva Frotenra”, de Kennedy, tienen su base en estos argumentos que perduraron en el tiempo.

Las diferencias entre ambos, una vez más, eran de método y no de principios, pues ambos apoyaban la democracia. La perfecta finalidad del gobierno consiste en proteger la vida, la libertad y la propiedad, pues su imparcialidad debe primar sobre el resto de sus características. Si bien diferían en ciertos matices de equilibrio social, coincidían en la primacía de la autoridad nacional.

 

Los conservadores pueden ser innovadores

La consideración de simple supervivencia falsea el significado de la revolución. Iniciada con fines políticos y constitucionales, liberó fuerzas sociales que sus dirigentes no habían previsto. Por ejemplo, se separó la religión del Estado. Todo comenzó en 1786 cuando Virginia eliminó el apoyo a la Iglesia anglicana y no la sustituyó por otra. Se decretó y garantizó la libertad religiosa de cada individuo. Con ello se alcanzó un acuerdo visible entre conciencia religiosa y raison d’etat. George Washington afirmó que “los principios religiosos del hombre no perderán la protección legal ni le privarán del derecho a alcanzar y ostentar los más altos cargos que existan en EE.UU”.  Massachussets en 1833 fue el último de los estados que abandonó la relación que unía al estado con las iglesias. Esto no quiere decir que la sociedad americana fuese atea.

En 1781 se declaró el fin de la esclavitud por el Tribunal Supremo de Massachussets (curiosamente el último en separar estado-iglesia), ateniéndose a una afirmación de la Declaración de Independencia: “todos los hombres han nacido libre e iguales”.   

Por ello mismo se comenzó a tener en mejor consideración a la mujer. De primeras la guerra había obligado a muchos hombres a dejar la administración de sus propiedades a sus conyugues. Además, habían ganado el derecho a divorciarse. Por otro lado, a mediados del siglo XVIII sólo el 40%, frente al 80% de los hombres, sabía leer. Un siglo después, gracias a la fundación de escuelas mixtas, se igualaron los registros.  

   La nueva sociedad posrevolucionaria dio pie a otros indicios de lo que una generación anterior habría tildado de “tendencias igualitaristas”. La frase por antonomasia que define esta idea es la de “no todos pueden ser ricos, pero sí tienen derecho a intentarlo”. Pero, a pesar de ello, lo que más vale destacar es que las consecuencias sociales de la Revolución fueron realmente escasas. Tanto en sus fines como en su implantación no se puede equiparar a los cambios producidos en Francia o Rusia, al mismo tiempo. Sumando matices, no encontramos más que el compendio de fuerzas sociales ya evidentes en el período colonial. La dirección de los gobiernos prerrevolucionarios y sus distintos organismos fueron ocupadas por los mismos miembros que en el período posrevolucionario: las clases medias terratenientes (y en ningún momento encontramos una clase inferior que quisiera encauzar el movimiento revolucionario hacia otros fines). La gran mayoría de los firmantes de la Declaración de Derechos había estudiado en Inglaterra en lugares privilegiados, tenían cargos gubernamentales o jurídicos… y los conservarían posteriormente. En fin, la Revolución americana puede clasificarse de realmente conservadora.

    Lo que sí es cierto es que se desamortizaron las tierras de la corona británica y a los tories y se abolió el derecho de mayorazgo (con lo que se daba dinamismo a la compra-venta de propiedades), pero con el único fin de incrementar los ingresos estatales, de ahí que dichas extensiones no tuvieran una demanda popular demasiado intensa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

No es sorprendente la ausencia de un cambio amplio pues aquellas gentes habían vivido satisfechas bajo la Corona británica, lo hicieron también como revolucionarios y querían seguir tranquilos, sin interferencias extranjeras (al contrario de los insatisfechos campesinos franceses).

   Mediante la Ordenanza de 1787 y la Constitución acordaron que los territorios recién adquiridos podrían alcanzar la categoría de los otros trece Estados. Con ello, de un plumazo, esquivaron las tensiones y divisiones inherentes a un imperio colonial y sentaron sólida bases para un país unido y en expansión.

 

 

BRAVO LOZANO, J.; Las minorías sociorreligiosas en la Europa Moderna; síntesis; 1999

octubre 23, 2008 Deja un comentario

 

     Os recomiendo leáis este resumen, no os llevará mucho tiempo. En cada capítulo se ofrece un recorrido histórico, cultural y político de las diferentes minorías: judíos, moriscos, pobres, esclavos, gitanos y la mujer. Con ello adquirireis una nueva visión del prisma poliédrico de la Europa Moderna. Un saludo!!

 

1.INTRODUCCIÓN

-Lo que en consecuencia separa la época actual de la Edad Moderna no es el menor o mayor número de pobres, por emplear el parámetro con más presencia en ambas etapas, sino la posibilidad de distinguir entre la sociedad y los  pobres como dos entidades diferentes, externas la una a la otra. De manera que una minoría marginada termina siendo excluida.

-Minoría comporta la idea de subordinación y carencia de proyecto propio. La minoría es incapaz de poner en pie un plan articulado de acción, aun en el caso de tener conciencia de sus relaciones de todo tipo con la mayoría. En la Edad Moderna, las minorías étnicas, religiosas o culturales se encuentran siempre subordinadas a las mayorías que dictan las pautas de comportamiento. La minoría no es, por tanto, cuestión de números.

2. LOS JUDÍOS

Ser judío no es una cuestión de raza y de religión simultáneamente. El “Judíos” es el descendiente de Abrahám y Sara, que forma parte del pueblo elegido de Dios, unido a Él por una Alianza sagrada, manifestada en la Ley que Dios entregó a Moisés en el Sinaí, Dios el Innombrable. Es un pueblo único, una raza, el semen de Abraham. Sus cinco libros sagrados conforman la Torah. Un pueblo no siempre fiel a su Alianza con Yahvé (que no es el nombre de Dios, sino las cuatro letras con que los judíos se refieren a Dios porque nadie puede pronunciar su nombre). Además, aún tiene la esperanza en la venida del Mesías.

-El judío se diferenciaba por lo que se ha dicho, pero lo decisivo era su práctica religiosa homogénea en toda Europa, bien diferenciada tanto del cristianismo como del islam. La “raza” revestía menos importancia

Las fiestas más conocidas entre ellos es el “Ros Hasaná (Año nuevo), el “Yom Kippur (o día del perdón) y la fiesta del Sukot (o de los tabernáculos), así como la Pascua o el Shavuot.

-Desde la diáspora de Babilonia o la provocada desde el 70 d.c., con la toma de Jerusalén por Tito, los judíos se repartieron por toda Europa. El caso es que el pueblo fragmentado, fragmentado en sus comunidades y culturas distintas sigue siendo el pueblo elegido. Que esta argumentación tenga una base apologética no invalida la realidad histórica: entre griegos, romanos, bárbaros y cristianos siempre hubo judíos.

-No sabemos el número exacto de ellos. Se repartían por Polonia, Provenza, Norte de Italia y la Península Ibérica. Desde 1391 se aceleró el número de conversiones. En 1492 más de 100.000 fueron expulsados de la península debido a no querer convertirse; dato que ayuda a comprender el gran aumento de juderías en toda Europa. La mayoría emigraron a Portugal, convirtiéndose por obligación real (lo que dio pie a un mayor número de criptojudíos, conocidos en el siglo XVIII como marranos). En época de la Revolución francesa Europa contaba con más de 750.000 judíos, de los cuales la mitad estaba en Polonia. Su natalidad era mayor en general, pues la edad media de su matrimonio era inferior a la de los cristianos.

La relación entre Cristianos y Judíos. La tentación de contar una historia victimista siempre ha estado presente, aunque tampoco faltan los argumentos: las leyes antijudías de los visigodos, la matanza de los cruzados en el Rhin, la expulsión de los distintos territorios ingleses, los progromos de Castilla y la acusación apriorística del asesinato de niños. Además, corrían muchas acusaciones de usura por ser cobradores de impuestos.

-Sefardíes, propios de Hispania y Balcanos, que hablan ladino, y Askenazis, propios de Alemania que hablan yidish.

Los términos con que se definía al judío converso son muy variados: marrano, criptojudíos, cristiano nuevo. Son derivados de la realidad española del siglo XIV. Muchos de éstos seguían practicando ritos judaicos. La Inquisición (desde 1480 en España desde 1580 en Portugal) actuó contra ellos, muchas veces acusándolos sin pruebas algunas. En general las condiciones para la conversión fueron favorables, aunque en Portugal, Manuel I los obligó desde 1497.

-Los asaltos a las juderías y matanzas de 1391 y la ferviente predicación e San Vicente Ferrer en los primeros años del siglo XV, trasladaron el problema judío al judaizante. Hay casos en los que encontramos algunos cristianos, fieles al judaísmo que reclaman una especie de “doble nacionalidad religiosa”, argumentando que son las religiones y no las personas quienes tienen problemas de exclusión.

Cardoso, un judío nuevo que judaizaba en el Madrid del S.XVII, escribió Las excelencia de los hebreos. Afirma que los judíos siempre han sido respetuosos con los cristianos, mientras ellos han sido atacados por calvinistas, cristianos y mahometanos. Dice que los judíos, aunque hayan sido conquistados, no son siervos de nadie, al contrario, los judíos son esa “república aparte”, por lo que tienen pleno derecho a morar entre las naciones sin ser oprimidos, sino libres.

-En el concilio de Letrán se establece, como en el Concilio de Toledo, que los judíos vivan en guetos aparte, para que así  no tengan contacto con los cristianos. Escuelas y sinagogas se desarrollan en éstos. Ahí la vida será difícil y estará gobernada por los rabinos que seguirán la Toráh y el Talmud.

Las grandes etapas del judaísmo europeo:

*desde el 70 d.c. no habían sufrido un momento tan amargo como en 1492. En España y Portugal se habían encontrado con gran opresión que les incitaba a convertirse. Fuera de aquí encontraron el inicial apoyo de Lutero (aunque pronto vieron esta opción inviable) y el Papa, los calvinistas y los sicilianos. Carlos V, contra los luteranos, encuentra el apoyo de los judíos a través de su rabino máximo. El papado los acogerá en Roma hasta el momento de la Contrarreforma, cuando, volviendo a los principios del IV Concilio de Letrán, los agrupará en guetos hasta 1870.

*desde 1600 hay un cambio de paradigma: los judíos son reinsertados en la sociedad y se crear juderías en Praga, Amsterdan, Amberes y Metz, incluso. Esto propicia el aumento de la población y la consolidación de ciertas rutas comerciales, pues realizaban grandes tareas de financiación.

* la guerra de los Treinta Años tuvo una influencia muy positiva en el fortalecimien-to de las juderías del Imperio. El factor de acreedor y prestamista les ayudó a recibir numerosos favores de reinos y repúblicas, que comenzaban a ofrecerles protección particular frente al enemigo externo. Financiaron buques a la armada holandesa, fueron favorecidos por la política de Olivares, quien expulsó a los genoveses para contratar cristianos nuevos portugueses, también fueron “apadrinados” por Richelieu, quien los veía como un pilar básico en el potencial económico y mercader. En Polonia, excepto por la revuelta cosaca de Chmielnicky, en 1648, se estabilizaron como grandes propietarios nobles.

*pero desde 1700 los judíos sufren un revés determinante pues en España y Portugal la Inquisición da un nuevo envite contra los últimos judaizantes que puedan quedar. Esto da lugar a nuevas emigraciones, reagrupación de los guetos en Centroeuropa  y un mayor número de conversiones “no forzadas” implícitamente pero sí por el contexto socio-religioso que se estaba viviendo. Esta época se caracteriza por la paulatina pérdida de las costumbres e identidad judías.

La cultura judía es compleja, acumulativa y de frontera, porque en ocasiones es una cultura judía entre cristianos; a veces es cultura cristiana producida por judíos conscientes o no de su origen. Suele nacer en el gueto y dirigirse al gueto; eso sí, configurada siempre por los principios religiosos contenidos en la Torá y el Talmud. En esta cultura esencialmente religiosa, La Cábala ocupa un lugar de primer orden desde el siglo XIII, llegando a su cenit en el siglo XVI: se confiere un valor numérico a cada una de las 22 letras del alefato de manera que combinándolos adecuadamente es posible obtener los nombres de Dios y las obras que realiza a través de su nombre.

En Holanda proliferaban a su aire toda clase de confesiones religiosas, sin contar judíos, turcos y persas. En esa libertad encontró acomodo la “Nación”, los mercaderes serfardíes que dominaron la vida cultural judía a cuya sombra fueron estableciéndose algunos askenazis, excluidos del norte de Alemania, donde, sin embargo, sí se admitía y prosperaban los sefardíes como en Hamburgo.

El mesianismo, la espera del Mesías, es básico en el judaísmo y tomará especial relevancia en la 2/2 del siglo XVII de mano de Sabbatai Zevi y su profeta Nathan de Gaza. Pero también el mundo cristiano vive esa esperanza, como herencia del propi judaísmo, aunque para los cristianos el Mesías y ya ha venido en la figura histórica de Jesucristo, si bien falta la segunda y definitiva venida para completar la salvación del mundo. Esta segunda venida irá precedida de grandes señales cósmicas y de otro tipo, la principal de todas ellas será la conversión de los judíos al cristianismo.

La ilustración y la apertura también llega al pueblo judío frente a la férrea defensa que hasta entonces se había hecho de la “nación judía”. En Amsterdam se comienza a aceptar el matrimonio entre judíos y cristianos, muchos jóvenes judíos se marchan a América, donde no puedan estar presionados, otros aceptan las ideas ilustradas de Francia (en este caso conocido como Haskalá), algunos se integran en las cortes alemanas, se reduce el judaísmo a una formalidad de hábitos dietéticos rituales y se abandona la cultura de la Torá y el Talmud y, además, de deja de lado el idioma minoritario (ya fuera ladino o yidish). Estos nuevos movimientos rompen la concepción cardosiana de “república aparte”. Únicamente los rabinos se oponen al cambio. El judío será un individuo, no una nación.

 

 

3. LOS MORISCOS

-Frente a la expulsión de los judíos, la de los moriscos no alcanzó la repercusión de aquella.  

Los musulmanes granadinos eran una mezcla de árabes, sirios, beréberes, elementos indígenas y judíos antiguos, con algunas dosis variables de persas, hindúes y turcos. No se debe ignorar la presencia de numerosos esclavos sudaneses, que dejaron alguna huella genética.

Las etapas por las que pasaron los mudéjares se pueden dividir en varias. En un principio los mudéjares castellanos habrían terminado por integrarse en la mayoría cristiana teniendo en cuenta su aislamiento de las fuentes religiosas y culturales del islam:

Después del Albaicín y Alpujarras, nuevos contingentes emigraron a África mientras que a los que permanecieron se les consideró ya oficialmente cristianos después de los bautismos en masa de 1500.

Tras las Germanías, una junta de teólogos reconoció la validez del bautismo recibido por los moriscos en aquellas difíciles condiciones.

Desde 1526 encontramos tanto una asimilación cultural como una represión; de hecho los dirigentes granadinos habían optado por la dureza con la creación de un tribunal de la Inquisición en la ciudad.

Desde 1560 a situación se agrava más en todas partes. Las autoridades respondieron con un nuevo intento de desarme de la población morisca, aumentando la presión fiscal y permitiendo que fuesen despojados de sus tierras manipulando las disposiciones legales.

Desde 1568, con la sublevación de las Alpujarras se llevó a la expulsión, en 1570 de 50.000 moriscos. A finales de 1570 la situación militar estaba ya totalmente decidida a favor de los cristianos. En cambio, la sublevación triunfó donde no había cristianos o donde estuvo liberada por un descendiente de los antiguos linajes. Tampoco se levantaron todos los antiguos linajes. La operación de deportación fue masiva, pero no siempre se expulsaron de España, sino que se redistribuyeron por otras partes del territorio, por ejemplo, de Córdoba a Segovia.

Después de 1570 están suficientemente confirmados los contactos entre moriscos aragoneses y hugonotes del sur de Francia contra Felipe II, así como el continuo ir y venir de mensajeros y espías hacia el norte de África. Los moriscos se mantenían unidos e informados. De ahí la necesidad de desarmarlos. Se pensó repetir la antigua experiencia de aislarlos concentrándolos en guetos y en la de ir reduciendo gradualmente su número. Esto llevó en 1582 a convocar el Consejo de Estado, el cual adoptó la medida de expulsar a los moriscos, para conseguir con ello la paz y unidad interiores.

La expulsión. Etapas y cifras

            -En Valencia, el 22-IX de 1609 se hace público el decreto de expulsión para Valencia aprobado por el Consejo de Estado de ese mismo año. Fueron expulsados 130.000 moriscos. Hubo resistencias más fuertes que las de 1525 en las zonas montañosas del interior limítrofes con Castila: primero, porque ellos se sentían tan naturales del reino como los cristianos, y segundo, porque las noticias que estaban llegando de Berbería eran muy preocupantes para emigrar allí.

            -En Castilla fue más sencillo y menos cruel. El 10-I-1610 se hace público el decreto de expulsión para Castilla y Murcia. Después de las deportaciones de 1570 en Andalucía, pocos moriscos quedaban allí, unos 19.000 tan solo en Sevilla, no más del 6%. En Extremadura fueron 50.000. Muchos de ellos fueron a Francia para, desde allí, iniciar el regreso a España.

           

            -En Aragón había unos 70.000 moriscos, concentrados en las vegas del Ebro. En 1608 el Consejos de Estado, influido por le duque de Lerma, vota por unanimidad la expulsión de los moriscos valencianos; orden que tardó más de un año en aplicarse. Tras el decreto, muchos pudieron permanecer gracias a los buenos oficios del obispo de Tortosa y el arzobispo de Valencia, quien desarrolló una gran labor evangelizadora, hasta que se convenció de su inutilidad. Pedro de Valencia reconoce que los moriscos son igual de españoles que el resto, aunque tengan religión distinta.  

 

-La religión de los moriscos se basaba en las fiestas y ritos musulmanes: circuncidaban a los niños, visitaban las mezquitas los viernes, hacían baños rituales, practicaban el Ramadán (a pesar del esfuerzo que suponían las tareas agrícolas); pero nunca pudieron viajar a La Meca y regresar luego a España. Practicaban la taqqiya, concepto que permite al musulmán ocultar su fe al exterior mientras la mantenga íntegra en su corazón.

-Después de la conquista de Granada comienzan a proliferar libros apologéticos que pretenden demostrar irrefutablemente la superioridad del Evangelio sobre el Corán, burlan a Mahoma y están llenos de reprobaciones generales. Debido a la rapacidad, absentismo y licencia sexual que muchos párrocos se tomaban, los intentos de conversión fueron en balde (aunque sólo, en principio, se les pedía saber las cuatro oraciones básicas).

-Se pasó, entonces, a hacer uso de la Inquisición, acudiendo al miedo, en especial a partir de 1570, cuando se dedicó a vigilar muy de cerca a cuantos practicaban externamente ritos considerados islámicos. Se ordenó la destrucción de los libros árabes a excepción de los que trataban de medicina, filosofía o de crónicas. Pero no lograron poner fin a ciertas fiestas, al uso de ciertos nombres islámicos, ni erradicar los cementerios islámicos. En el siglo XVI, según Antonio Domínguez Ortiz, tan sólo 1500 (de 150.000) fueron condenados a muerte.

 

La expulsión de los moriscos se pensó que no fue muy relevante, pero el hecho de que la mayoría de su población estuviese compuesta por miembros activos y productivos llevó al crecimiento de los tipos de interés. No se puede dudar de la incidencia de la expulsión, El único motivo de polémica sería, según A.D. Ortiz, “si se le debe calificar simplemente de grave o catastrófica”.

-En Marruecos los expulsados no encontraron buena acogida, pues la afinidad religiosa no funcionó en ningún momento. Más de 250.000 moriscos llegaron a aquella zona. Allí había una dura lucha civil entre dos bandos, el filoespañol y la oposición. Ésta, favorecido por las ansias de venganza, logró integrar entre sus filas hasta 40.000 moriscos. Después, la mayoría se asentó en Tetuán, donde dieron malos tratos a los muchos cristianos allí asentados.

-En Túnez los moriscos tuvieron mucha mejor suerte. Allí los musulmanes habían estado emigrando desde la conquista de Sevilla en 1248. Entre todos los miembros que se fueron en 1609 se contaba un componente de hombres cultos inmersos en el mundo cristiano del que procedían, y en sus expresiones literarias. Gracias a ello Túnez fue una capital cultural.

-De los que permanecieron en España prácticamente perdemos el rastro, pues trataron de ocultar su verdadera identidad, hasta que sus descendientes perdieron el verdadero lugar de sus orígenes.

 

4. POBRES Y VAGABUNDOS

 

La pobreza actual se escribe y analiza en términos económicos de salarios, vivienda, electrodomésticos, posibilidades de educación y ocio… En la Europa moderna la pobreza se conocía en su forma más directa por la acción de pedir limosna. El capitalismo, dice Lis y Soly, es el causante principal de la pobreza. No obstante antes, en plena crisis del siglo XIV y por el surgimiento de campesinos ricos capaces de explotar más tierras con más ganado, sumado a la subida inflacionaria de beneficios, ya comenzaron a polarizarse las riquezas. La peste negra implantó unas prácticas y unas pautas en las relaciones laborales que fueron decisivas en los siglos siguientes.

En resumen, la disminución del área cultivada por los campesinos, los impuestos, el diezmo y los derechos señoriales y la entrada de la burguesía en el negocio de la tierra, favoreció el traslado de habitantes del medio rural a la ciudad para convertirse allí en asalariados o mendigos.

Se propusieron innumerables medidas para paliar la ola de pobreza que ahogaba Europa. Atender a los pobres, y no darles limosna, lo cual podía incitar a ciertos sectores en situación precaria o vagabundos a practicarla, era el modo más sencillo de erradicar la pobreza. Además, las ciudades trataron de encontrar grano para alimentar a sus ciudadanos y a los inmigrantes, y segundo para impedir por todos los medios la llegada de bandas de miserables.

En París, en 1516 se había decretado la expulsión de todos los pobres. Desde 1525 la ciudad alaba la limosna como medida de caridad cristiana, si bien no ve en ello la solución al problema. Entonces, cierran el paso a los forasteros y tratan de encontrar trabajo a los parados.

En Venecia se ha de afrontar una invasión de bandadas de mendigos entre 1527-1529 que provocan una peste; son años de guerra en el centro de Italia (Sacco de Roma por Carlos V). Desde 1528 se deciden poner en marcha albergues u hospicios provisionales. También aborda el problema con sus parroquias, hermandades, escuelas y galeras, donde envía a los mendigos con capacidad física de trabajar.

En general el Estado colabora con las autoridades municipales en materia de política social. La asistencia como obra de caridad cede el paso a la asistencia como represión.

Carlos V, en 1531, con el Edicto de Gantes, trata de regular todo lo concerniente a pobres y mendigos. Prohíbe mendigar por las calles, plazas, iglesias y casas con severas penas para los infractores; se dan normas para que las limosnas semanales lleguen efectivamente a los verdaderamente necesitados y no a los vagos, los borrachos o los sanos. Pero nunca llegó a aplicarse esta ley.

 

Inglaterra, por su parte, elabora las “leyes de pobres”, que han pasado a la historia como prototipo de legislación efectiva sobre el particular. Con la desamortización de conventos y monasterios que realizó Enrique VIII se secó la fuente tradicional de limosna para los pobres. En 1563 se elaboró el “Statute of Artificers”, por el que cualquier persona sin trabajo podía ser obligada a trabajar en cualquiera de las 30 profesiones contenidas en un listado. Todos los pobres aptos físicamente fueron obligados a trabajar.

-En España la corona creó grandes hospitales reales ya en la época de los Reyes Católicos, pensados todavía con criterios medievales. También se fundaron en todas las grandes ciudades americanas en la segunda mitas del siglo XVI. Los años finales del siglo XVI la pobreza aumenta inusitadamente; pero ahora importan más los pícaros y los vagos. La medida que prohibía prender a los labradores por deudas o embargarles sus animales y aperos atajó de raíz el abandono del campo y la proliferación de mendigos a la ciudad.

Estas medidas solo tenían un inconveniente: no tenían continuidad. La limosna y la caridad como elementos individuales van cediendo ante la asistencia organizada y controlada; en suma, un proceso lento de laicización.

Los teóricos de la caridad fueron Lutero, Erasmo y Tomas Moro, pero sobre todo Juan Luis Vives, quien denunció la malicia, la avaricia humana, el hambre y la carestía entre la abundancia de la naturaleza y ponen pobreza en las riquezas de Dios. Propone, además, una serie de reformas plausibles de ser llevadas a cabo con una correcta administración de las rentas de hospitales y hospicios. Otros, como Domingo Soto, pensaban que negar la limosna de los pobres a los ricos era pecado, pues éstos se gastaban sus fortunas en vanidades. Otros autores, como Villavicencio, criticaron la obra de Vives y el papel injerente de las instituciones en la obra contra la pobreza.

-Algunos autores propusieron las “Casas de la misericordia” en cada pueblo, con el fin de laicizar los órganos asistentes de mendigos y pobres. Otros propusieron una vertiente religiosa, tanto para el bien propio como el de la sociedad: la evangelización de los pobres

Pérez de Herrera escribió unos “Discursos” en los que trataba de diferenciar a unos pobres de otros, a los de Cristo de los falsos. Él quería reunir a todos los pobres en un mismo centro y darles oportunidad de trabajar y ganarse la vida al abrigo de la interperie. Por ejemplo, el refugio madrileño se levantó en la zona del actual Reina Sofía, a las afueras. El Consejo de Castilla será nombrado protector general de todos los refugios.

 

-El siglo XVII. Siglo de los pobres. Contra los pobres.

-En general, fracasado el proyecto de Pérez de Herrera, unos nuevos movimientos apoyados por la Junta de Reformación redujeron con el ejército a los pobres y vagabundos, prostitutas y mendigos en masa que vivían “indecentemente” cerca de la corte, el palacio o la plaza mayor.

En Inglaterra continuaron apoyándose las “Work House” en paralelo al envío de pobres a las colonias para trabajar como esclavos. Sin embargo, la “Corporación de los pobres” defendió los derechos de asistirlos y darles empleo en la ciudad.

En Holanda, sobre todo en Amsterdan, se crearon la “Rasphuis” y la “Spinhuis”, instituciones, a primera vista, de carácter penitenciario que buscaban educar y ayudar a los encerrados a cumplir con sus deberes religiosos.

En Francia se trató, en un principio, de controlarlos mediante censos o llamadas públicas a la plaza para luego llevarlos a grandes albergues  (como el Gran Hospital General); pero luego la represión fue en aumento. El Hospital General tenía totalmente controlados a los pobres, con un número en su ropa gris. Posteriormente los fue separando en mujeres, hombres, niños, prostitutas y otros colectivos. Llegó a tener entre 6000 y 10000 recluidos. Eran obligados a ciertos deberes religiosos.

-En España el poder político se inmiscuirá más en las labores sociales en pro de los pobres. Ya no se habla de casas de la misericordia, solo de asilos, instituciones religiosas cada vez más subordinadas al poder civil.

5. ESCLAVOS

 

Aristóteles, en su Política, ya aceptaba la existencia del esclavo, pues esa era su naturaleza de nacimiento; pero nunca habló del maltrato o abuso hacia su persona física o moral. También negaba que la guerra legitimara la esclavitud porque un poder superior no siempre equivale a una superioridad moral humana, aparte de que la guerra no siempre es justa.

San Agustín y Santo Tomás no condenaron la esclavitud porque siguieron a Pablo, que la defendía. La esclavitud, para ellos en sí, para ellos, no era mala, pero hay que tratar cristianamente a los esclavos.

Bartolomé de las Casas condenó la esclavitud de los indios americanos, pero a cambio defendía la de los negros.

-En la Europa Moderna se introdujeron una serie de medidas para que el señor, haciendo uso de su potestad, no matara a su esclavo, y de hacerlo sólo fuera bajo sentencia judicial.

Desde canarias, genoveses y catalanes traían a Europa, de caravanas “comerciales” que los surtían, esclavos negros y oro de la costa del África Occidental. Como ni la Biblia, ni el Corán prohibían la esclavitud, los intereses económicos comunes se veían colmados. En el siglo XVIII prácticamente no quedan esclavos en Europa.

La compraventa del esclavo se hace con todo tipo de detalles y descripciones, con las pautas usadas para cualquier contrato sobre bienes particulares. El comprador inspecciona le inspecciona los dientes, la musculatura y los genitales (para adquirir también buenos reproductores.

La trata de negros

Estaba muy vinculada a la plantación del azúcar. A partir de 1550 la mayor receptora de esclavos de África no fue Europa, sino América. El número de esclavos es controvertido. Hugh Thomas habla de once millones de esclavos (“quinientos mil más o menos”), especialmente de Congo y Angola. Desde 1680 el motivo de la trata no será el azúcar, sino el oro y los diamantes (el trabajo en las minas requería mucha mano de obra).

Desde 1700 la iniciativa particular creó “compañías de negreros”. En el comercio de la trata, el sistema triangular entre los grandes puertos de Europa, de donde los barcos salen cargados de telas, armas y artículos metálicos, para intercambiarlo en los puertos africanos por esclavos que envían a los puertos americanos, que los abastecerán de tabaco, melazas y ron. Numéricamente los esclavos no son minoría, y al mismo tiempo están marginados y protegidos. Esto es necesario para comprender la trata.

-Entre 1685 y 1780 se elaboraron una serie de códigos a favor de unos mínimos derechos para los negros: Côde noir de Luis XIV o el Código negro, de Carlos III.

-En lo referente a África, para los europeos estaba justificada la compra de todos los esclavos que les ofrecían los poderes locales, incluso los procedentes de secuestros. Nunca faltó “materia prima” por las muchas guerras que allí se daba y la necesidad de muchos padres que vendían a sus hijos.

El viaje de África a América era realmente inhumano. Agrupados en las bodegas de los barcos, todos atados con cadenas, con poco más de un litro al día, sin aire fresco que los alentara a seguir viviendo. Un 9% de ellos moría, de media, en cada viaje por motivos de disentería, cólicos… Las revueltas en el barco fueron muchas, más coléricas que efectivas, pues fueron rápidamente aplacadas. Normalmente se transportaron entre 200 y 700 en cada porte.

 

La prohibición

En 1767, en la Cámara de Massachussets se hizo una propuesta contra la trata. No fue aprobada, pero abrió el camino para las siguientes.

La ilustración no sólo estuvo contra la trata, sino también contra la esclavitud. Discutieron esta actividad desde su sentido práctico y teórico.

Inglaterra trató de abolir la trata por distintos procesos: en 1787 fundó un Comité para conseguir la abolición de la trata; en 1792 la Cámara de los Comunes votó la abolición gradual de la trata; poco a poco se fueron devolviendo “esclavos” a sus tierras, donde se fundaron colonias libres, de Gran Bretaña. Adam Smith también criticó la continuidad de la trata.

Napoleón, sin embargo, la reintrodujo en los territorios franceses, por intereses hacendados y transportistas, en 1802, contra las rebeliones en Haití.

Lo extraño es que en Europa se ignorase voluntariamente las denuncias que algunas voces privilegiadas fueron dando, cada vez con mayor conocimiento de causa.

 

 

6. GITANOS

 

-Es controvertido hablar sobre el origen de los gitanos. La lingüística nos dice que provienen de un tronco de poblaciones indoeuropeas de la India, se cree que provienen de los “drávidas”, clases bajas emigradas, del cual  heredaron el baile, la danza, el ritmo, los misterios y los cultos. Algunos han querido identificar al “gitano” con el “egipciano” (por su tez y sus facciones).

-Su idioma, el romaní está disperso y fragmentado, poco uniforme, sin germanismo y con muchos términos balcánicos y griegos, lo cual nos habla de su escasa estancia en el norte de Europa antes de llegar a España, por ejemplo. Junto a este, Gales es el país donde más se han asentado.

-Está constatada la presencia de gitanos en Bizancio, en 855; en Creta en 1322; desde 1348 en Valaquia y el Peloponeso; en 1414 en Basilea y en 1417 en Transilvania; 1422 en Bolonia y Roma; en 1427 París; en 1447 en Barcelona; en 1500 Rusia y en 1512 en Estocolmo. Generalmente se movían en grupos de menos de 100 individuos, patrocinados y defendidos por un conde o duque, a quien agasajaban y hacían labores.

En todas partes se describe su cultura como imbuida en la adivinación, la brujería y las razones demoniacas. Lo que sí parece cierto es que carecían de un corpus dogmático de para la religión, de ahí su capacidad de relacionarse y adaptarse a la lengua y cultura de los distintos países por los que atravesaron.

-A lo largo de la Edad Moderna encontraron numerosos detractores, especialmente entre los nobles de Alemania; pero Luis XIV, Carlos V, Francisco I de Francia, José I, en 1710, el propio Pío V, Enrique VIII, Catalina de Rusia,  o la ciudad de Berna en 1646 también impusieron leyes en su contra. Desde mediados del S.XVIII se pretende expulsarlos o agruparlos, dentro de la política contra la pobreza, con el fin de proporcionarles trabajo.

El caso español es similar al resto de territorios.

-Hasta 1499 cuando se firma una pragmática antigitana. Antes habían colaborado en la caída de Granada. La Santa Hermandad los persiguió como asaltantes de los caminos y ladrones; contribuyeron al estado de inseguridad. Con ello, la peregrinación como forma de vida se terminó.

-Entre 1499 y 1633, su expulsión fue el objetivo principal. La condena más común fue el envío a galeras. Se los tenía por improductivos y zánganos, peores que los moriscos. Un memorial de 1607-1611 recuerda las profusas acusaciones contra judíos y pide su expulsión o la pena de muerte para aquellos que se queden y no acepten las condiciones.

Las cortes de 1619 piden la dispersión de los gitanos por villas de más de 1000 vecinos.

-Entre 1633-1783 hubo una difícil asimilación de los gitanos, pues la Corte se sentía presionada, ya que el país estaba bastante despoblado y desconcertado con la guerra. Pero ahora se les permitirá justificar “sus tratos” y actividades, de tal modo que no se juzguen apriorísticamente, dando una oportunidad de igualdad a todos los súbditos de Castilla y Aragón. En 1694 una pragmática condenará a “los gitanos vagabundos”, no a los buenos vecinos.

La “Gran Redada”, preparada por el obispo de Tablada, seguida de expulsión o destinación penitenciaria. En 1717 se contaban 800 familias gitanas en 75 poblaciones. Las muchas condenas llevaron a millares de ellos a la cárcel, con la consecuente confiscación de sus bienes. En 1763 aún quedaban bastantes gitanos en los arsenales a la espera de que se hicieses efectiva la orden de libertad como “gitanos buenos”. Aunque en 1772 la situación parecía llegar a la normalidad, lo cierto es que no se les permitió acceder a ciertos oficios administrativos. Los recuentos  en 1788 arrojan cifras de 9886 gitanos en Castilla, menos de 1000 en Aragón, más de 1000 en Cataluña y ninguno en Navarra: 12000 gitanos, más o menos.

Tras 1783 destaca sobre todo la pragmática de ayuda a niños y ancianos, y sobre todo el reconocimiento de que existe “un problema gitano”, pues hay muchos bandidos y bandoleros que nada tienen que ver con este “pueblo”. George Borrow tradujo la biblia al vascuence y al romaní.

 

7. LA MUJER COMO MINORÍA

 

-La superioridad del hombre sobre la mujer se comprendía desde la perspectiva bíblica donde se nos cuenta que la mujer nace de la costilla de Adán. Desde que se realiza la historia de género encontramos más referencias a la mujer, generalmente vista como prostituta, bruja, viuda, sirvienta, monja y un largo etc.

-En las tareas domésticas y la cría de los hijos no había un esfuerzo físico visual, como el del labrador. Desde el campo las familias envían a sus hijas a servir a la ciudad con un contrato de aprendizaje hasta casarse, si lo logran. Las relaciones amos-criadas a la fuerza tenían que ser conflictivas debido a las diferencias de educación y cultura, punto de vista de la novela picaresca.

-La prostitución era una profesión legalizada y reconocida. Las cifras han sido exageradas para Roma por la reforma luterana y para Inglaterra por los informes de Cromwell contra Carlos II. Ya Solón vio conveniente legalizar esta profesión (con un tributo por delante, claro). En la Florencia del siglo XVI fue un oficio muy demandado. Los Papa no se atrevieron a denunciarlo del todo, sólo confinarlo a ciertas zonas. En Francia había hasta 60.000 prostitutas en época de la Revolución Francesa (Napoleón trajo muchas “negras” de Egipto).

                        –El caso español es más radical. Aquí hay una contradicción de base: la prostitución, las prostitutas, los fornicadores son pecadores, pero como favorecen el bien de la república solo puede regularse, no prohibirse (pues, por lo menos, evitan la zoofilia, la sodomía o el adulterio).Si Roma no había prohibido la prostitución, España, por no impedirla no caída en el pecado. Una cosa era permitirla otra legitimarla, y en esto no cayeron los reyes hispánicos. La prostitución se ejercía en “mancebías” (recinto más o menos cerrado apoyado por el concejo y con intereses de instituciones piadosas…) o “cantoneras” (en la calle). Desde el concilio de Trento, en 1563, se va fraguando una posición contra la permisividad reinante. El Padre Mariana y Magdalena de San Jerónimo propusieron medidas positivas como enseñar, educar y ayudar a las mujeres a salir de su mala vida. Entre el reinado de Felipe IV y 1859 hubo una lucha candente entre la permisividad y la prohibición de las mancerías. Finalmente se aceptaron.

 

-La brujería (cuyo mayor conocedor es Levack) llevó a la muerte entre 1450 y 1750 en Europa a unas 100.000 brujas. Fueron juzgadas por varones seleccionados por su ciencia jurídica y su posición. Ellas eran mujeres juzgadas, condenadas y ajusticiadas.

-El proceso comienza a darse entre 1435 y 1500. Recobra su fuerza en 1580 y su culmen lo alcanzará entre 1620-1630, para disminuir notablemente desde 1675. La mitad de las brujas ajusticiadas lo hicieron en suelo imperial.

-La existencia de la brujería está muy relacionada con el continuum de dioses paganos que han existido desde Grecia, con las particularidades propias de cada región. A ello le sumamos el total desconocimiento que la población tenía de su entorno, como los deseos de amor y venganza. Las brujas no tienen por qué ser malas. De hecho las meigas gallegas y xanas asturianas se las consideran con poderes blancos.

Los fenómenos de brujería son una creación de los tribunales europeos apoyados por los nacientes Estados modernos para eliminar toda disidencia y reforzar la unidad religiosa y social de los súbditos. Tanto fue así que se consideró herético no creer en la existencia de brujas, siguiendo tradiciones tomistas.

En el Malleus Malificarum se relaciona a la bruja con Satán, y por tanto con el oponente a Cristo: esto las llevaba, por otro camino, hacia la herejía imperdonable. Sabat y aquelarres eran acciones que, decían, practicaban las brujas. Orgía, profanación transgresión, sexualidad desbordada e incluso canibalismo eran motivos de acusación.

-Con las brujas, al contrario que con otros procesos inquisitoriales o civiles, se usó la tortura más habitualmente que con el resto. En los casos que no era usada las condenas finales eran de rango menor. El oficio de comadrona (por la alta mortandad infantil de la época) estaba muy mal visto (además de estar relacionado con la sangre) por la relación con los “sacrificios rituales para el diablo”.

-La guerra de los Treinta Años fue un momento culminante. Atropellos en distintos lugares del Imperio (como Suiza y, luego, la parte Sudeste) marcaron las diferencias. Desde que el inquisidor Salazar y Frías, en su expedición a vascongadas escribiera que “no hubo brujas” ni embrujadas hasta que no se empezó a hablar de ellas, el escepticismo hacia ellas en España se hizo mayor. La brujería se mostraba, como en otras partes, como un concepto intelectual de los cultos hacia las clases incultas.

-La certeza de haber matado a muchos inocentes hizo que a fines del siglo XVIII se fuese más cauto a la hora de condenar a ciertas personas: había que probar irrefutablemente la existencia del “maleficio” y el pacto con el diablo. Se restringieron los procesos de tortura: sin tortura no hay pruebas y sin pruebas no hay condena. Luis XIV ya vio la brujería como una simple superstición, sin existencia real. La última ejecución fue en Suiza en 1782.