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Palacios de Francia. El cancer del tercer estado.

noviembre 25, 2008 3 comentarios

     En un intento de dar luz a algunos de los muchos aspectos que tratamos en clase, pensé hace ya algunos días hacer este artículo, pero no he podido hasta hoy.

     Como ya sabéis, el fastuoso gasto de la corona carcomió los cimientos de la Hacienda nacional, a costa siempre, claro está, de los estamentos que pagaban impuestos. Rey, cortesanos, nobleza y alto clero estaban exentos de tales cargas fiscales. Llegado el momento, el pueblo pasó el cuchillo por la piedra y cuando soltó chispas de desconcierto y bravura, se lanzaron a la calle para dar con ello un giro diametral más al curso de la historia en la segunda mitad del siglo XVIII; pero ese no es el tema de nuestro artículo, aunque tiene que ver.

     En este caso vamos a hacer un repaso fotográfico de algunos de los palacios de Francia que ya nombraron en clase y cuyo coste tanto rencor fue acumulando en el seno de las masas campesinas y urbanas que veían en este tipo de absolutismo la degradación de unos derechos que los americanos, ya independientes, vinieron clamando tras 1783 desde América a Europa.

 CHATEAU CHANONCEAUX

Los dos primeros son los “palacetes” de Don Francisco I de Francia… esos que “flotaban” sobre el Loira?… aquí os los dejo (como siempre, pulsar para ampliar… merece la pena, os lo prometo).

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CHATEAU CHAMBORD

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VERSALLES

La ambición, en Luis XIV, pudo más que el raciocinio y que el paternalismo hacia su pueblo. He aquí el fastuoso palacio de Versalles. He tratado de ilustrarlo desde sus muchas perspectivas (incluso desde el Google Earth).

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Esta es una imagen que he tomado a 7 km y medio de altura (se puede ver en la esquina inferior derecha) del Palacio de Versalles. La línea roja comprende todo el recinto. El punto naranja que se puede observar en el centro de la imagen es, a modo de referencia, la carpa de un circo y los aparcamientos que había por ahí cerca en el momento de realizar la fotografía desde satélite… impresiona, eh?.

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Os presento la habitación donde aposentaba su real efigie María Teresa de Austria o cualquiera de las otras esposas del monarca Luis XIV…

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… y aquí el mismísimo Rey Sol.

GALERÍA DE LOS ESPEJOS

Pero si hay algo que fascina a los visitantes es la llamada “Galerie des Glases”, o Galería de los espejos. Voilá!

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Esta es uno de los “candelabros” con velitas de la Galería con cristal de… no me acuerdo, jo!.

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Y PARA TERMINAR UNA FOTO DE LA GALERÍA DE LOS ESPEJOS PERO NADA COMÚN… ESTA ES, CHICOS, LA FIRMA DEL TRATADO DE VERSALLES DE 1919 (anteriormente acogió la proclamación de Guillermo II como emperador de Alemania, también creada aquí como símbolo de la derrota infringida a Francia en la batalla de Sedán en 1870).

 

Espero que hayáis disfrutado con este paseo ilustrativo. Sé que hay muchos otros palacios de los que hemos hablado, pero eso quedará para otro artículo. Hasta entonces, espero vuestras impresiones. Un abrazo a toooooodos!!!!.

En honor a Carlos V

noviembre 21, 2008 4 comentarios

     ¿Qué os voy a decir de este “reyezuelo” que no os haya dicho ya Salazar o que no podáis encontrar en una buena biografía de este hombre (como la de Pierre Chaunu o la de Manuel Álvare Fernández?. Simplemente trataré de ilustraros tanto texto arduo que nos exponen en clase con algunas imágenes que he encontrado, creo, las que mejor resumen su vida.

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     Carlos V no era, de nacimiento, un chavalote muy hermoso, como podéis ver, pero tenía dinero y sus papis y abuelitos eran muy importantes. Él no tuvo que pedir beca del ministerio ni nada de eso. Cuando quiso viajar lo hizo. Pero tenía un trauma muuuy grande: su papi había muerto por beber agua muy fría en un descanso de juego de pelota (dice Luis Suárez que le empezó a sentar mal y, una vez metido en cama, no volvió a salir el señor don Felipe “el hermoso”) y su mami estaba de la chaveta como para hacerle una broma (la única que le hicieron los de las Comunidades se la tomó tan mal que no quiso volver a verlos).

 

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    Llegó a Castilla con el cazo puesto para recibir la corona de Castilla, la de Aragón, la de Barcelona y la de Valencia, pero esta última quedó en el tintero cuando recibió una llamada que le anunciaba la muerte de su abuelo paterno, que era el dueño de unas tierras más sustanciosas -eso es lo que sabía, nada más-, pues dijo que para allá que iba. Cojió los bártulos, se montó en la borriquilla y puso rumbo a Galicia, de donde partiría a Aquisgrán. En el trayecto se le pusieron tontos los nobles y campesinos del país -que si gastas demasiado, que si nos explotas, que si eres extranjero y no te queremos por racismo y amor a la patria, que si Juana es la verdadera reina…-. En fin, que les dieron calabazas y punto. Los amigos de Valencia no se preocuparon tanto por esos “asuntillos” que aturdían a los súbditos descabezados de Villalar. Ellos sentían rencor hacia el rey y tenían celos de Castilla, Aragón y Cataluña porque el rey había rechazado el trono de su virreynato. Carlos, mientras ponía pies en polvorosa, mandó a unos cuantos mozalbetes armaos y zanjó el asunto.

Solucionado el problema en Castilla, finalmente llegó a Aquisgrán, le dieron el título de emperador, todos los príncipes, nobles, clérigos y demás calaña de chupasangre le rindieron honores. Él tenía poder y ellos tenían un sustituto en la corona imperial; todos contentos.

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A partir de entonces se hizo mayor (cuadro 2). Se granjeó la enemistad del rey francés, que otra cosa no tenía pero dinero y buen gusto mucho. Franciso I se hizo amiguito de Leonardo Da Vinci, Benvenuto Cellini, se construyó seis palacios a orillas del Loira (o Loire -luaj!-) y tenía una de las mayores industrias de cáñamo, ya lo sabemos. Llegaron a las manos hasta seis veces -¿para qué arreglar las cosas diplomáticamente? como la Hacienda de Castilla da dinero tendré que gastarlo en algo-. ¿El asunto? principalmente Borgoña, Milán y Flandes. Sin embargo, en un período de paz ambos se reunieron en París, contrataron a unos cuantos bufones, un par de payasos para hacer malabares, los de las germanías llevaron la traca (esto es mentira, eh!) y se pegaron unos bailes y unas risas -¿por qué nadie ha pintado un cuadro sobre esto?-. Un par de años después estaban pegándose de leches otra vez. Tanto se prolongó la cosa que Francisco I murió ya de la desesperación. Fue su hijo, Enrique II quien terminó con el asunto dejando todo como estaba: hicieron las paces, se pidieron perdón y Carlos V se echó a llorar sobre su silla, enfermo de gota, porque el final de su vida estaba próximo y su política exterior había resultado un fiasco.

Pero había sido un fiasco no sólo por Francia, sino también por los Turcos y por los alumnos rebeldes de Lutero. Para estas campañas necesitó ir al banco a sacar dinero y que mejor que llamar a los Függer (cuadro 3), a los que regaló una casita -no un palacio, ni pensarlo- en un pequeño barrio de Almagro donde preparaban berenjenas y facturaban bolillos. Allí los banqueros germanos se llevaron sus arcones llenos de lingotes de oro y prestaron todo lo habido y por haber al monarca hispano-borgoñón, pero no sin ánimo de lucro. Este se endeudó hasta los dientes (pero no por eso dejó de comer carne cuando se los cobraron), tanto que a veces los intereses a pagar fueron mayores que el importe ordinario (aunque muy a finales de su reino), lo que llevaría a las tres bancarrotas del reinado siguiente.

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Lo dicho. Desde Turquía, hacia el continente y por el Mediterráneo, llegaron los turcos. Por resumir. A Viena llegó Solimán, a Orán (Túnez) don  “jidr ‘ibn Ya’qub”, más conocido como Barbarroja (¿ya sabéis porque lo apodaban así, no?. Carlos V tuvo que repartir palos a “tuti plebes” (perdonadme la pedantería). Con mucho empeño logró una gran victoria en Orán plaza que recuperó de manos musulmanas (cuadro 4; Carlos venciendo al furor, metáfora de los turcos, en el Museo del Prado); pero que volvería a traerle dolores de cabeza en sucesivas ocasiones. Posteriormente tuvo que viajar a Viena para proteger la ciudad del asedio turco por tierra. Allí vivía su chache Fernando, quien se cobijó en su regazo. Acudió debidamente con los ejércitos imperiales y gran número de mercenarios (pagados con el oro de América y los subsidios de los burgueses de Almagro). Finalmente salieron vencedores (quizá va  a ser porque los persas estaban llamando a la puerta trasera del reino turco). En cualquier caso, salió victorioso y engrandecido.

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Pero ahí no quedaba todo. Quejándose continuamente porque no tenía vacaciones (éste no se iba a Ibiza con la parienta a pasar un veranito como Don Juancar I, el deber lo llamaba continuamente), agachó la cabeza y acudió a ocuparse del problema protestante, que, gracias a Francia y a Turquía, amigos en lo oscuro y enemigos a ojos del Papa, se había extendido y consolidado por toda Europa. Antes se pasó por el taller de un pintor veneciano llamado Tiziano y se hizo un retratito muy mono en el que cabalga contra los luteranos. Carlos montó en cólera (y en su caballo, esta vez de verdad), tomó toda su artillería y se lanzó contra los herejes del norte. Tras múltiples días de viaje los logró despistar y pillar por sorpresa, lo que le facilitó la victoria. Actualmente disfrutamos de ese cuadro en el Museo del Prado (cuadro 5).

 

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Casó con Isabel de Portugal (cuadro 6) , anteiormente, claro, cuando era mozo joven y fornido, ofreciéndole tierras y ganao (nada más y nada menos que ser emperatriz de los territorios maritales). Carlitos lo llamaba, pero en contadas ocasiones, porque estaba más fuera que dentro de casa, como los marineros. Dicen que el propio Carlos tuvo un romance con la mujer de Fernando, su abuelo… pero ya sabéis lo que dice Salazar: Dios hace milagros, pero no preña viejas. Pero parece más una leyenda. Otros hablan de una alemana, pero de esta sabemos más. Ahora lo vemos. Lo cierto es que con Isabel tuvo varios hijos, uno de ellos el solitario y oscuro príncipe Felipe, futuro Felipe II, de cuyas hijas y mujeres ya hemos hablado en otro artículo.

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Cuando ya se veía vejete (cuadro 7), el pobre Carlos, como un Quijote decaído, avanzó con su triste figura hasta Flandes, donde abdicó para dejar a Fernando los territorios Patrimoniales de la familia Augsburgo, y en su hijo Felipe(II) “España” y las Américas (cuadro 8, Carlos posa sus manos en las cabezas de Felipe, arrodillado, y Juan de Austria, en pie) en una espectacular ceremonia que no dejó desatado ningún cabo.

 

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Rápidamente se volvió a España para curar de gota, la enfermedad que padecía, en una bonita región de Jaramillo. Pero lo que se dice rápido, rápido… tardó un mes y tres días en llegar (trayecto en foto 9)

 

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. Una vez alcanzó su destino se encontró con la casa a medio hacer y los muebles sin poner. El amable duque de Oropesa lo acojió en su guarida personal. Solamente un año después pudo instalarse en el monasterio de Yuste (cuadro 10).

 

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Allí escuchó cantos de su capilla borgoñona y de los monjes jerónimos y contempló los mismos cuadros de Tiziano durante los últimos meses de su vida. Sin embargo aún le deparaba una sorpresa más: conocer al hijo bastardo que concibió con esa alemana que citamos, robusta, bien dotada y pelirroja (que digo yo), llamada Bárbara de Blomberg, gran cantante (cuadro 11, con Carlos V) y quien, por cierto, morirá en 1597 en Laredo. Ese niño que iba a conocer, tan gallardo y de refinado en sus modales se llamaba Juan, Juan de Austria, quien luego dirigirá los ejércitos en la batalla de Lepanto, pero esa es otra historia.

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Carlos morirá enfermo de gota en 1558, con el crucifijo de su mujer entre las manos. Amor eterno más allá de la muerte… Tras de sí había dejado múltiples batallas, miles de kilómetros de viaje, una par de mujeres, una piara de críos -pero los bastardos fueron mejores gobernantes, mira tú que casualidad-, una Castilla con una conciencia “más nacional”, una Europa desmembrada religiosamente hablando y, eso sí, una Hacienda, la de Castilla totalmente arruinada.

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Espero que lo hayáis pasado bien y hayáis aprendido mucho. Como en anteriores ocasiones os dije, si bien me ha llevado muchísimo tiempo terminar este artículo, la satisfacción ha sido inmensa. Un abrazo!!!!!!!!! (por cierto, sé que me he saltado el “Sacco di Roma”, pero es que no había foto… abrazos).