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Archive for the ‘Historia de las palabras’ Category

El origen ideológico y gráfico de nuestro alfabeto.

noviembre 14, 2011 6 comentarios

Cerámica con inscripciones del alfabeto griego.

Ante las evidencias no cabe más que agachar la frente, admirar la obra y felicitar el mérito. Hoy hemos encontrado uno de esos artículos por los que postulamos en nuestro blog. La divulgación debe ser una tarea igual o más meditada que la propia investigación, porque conlleva un doble proceso intelectual: la comprensión de lo estudiado y la plasmación por escrito, pero de forma lo suficientemente comprensible como para que el público en general pueda disfrutar de la lectura. Hoy hemos optado por recoger la publicación de una página que también se dedica a esta bonita tarea.

En esta ocasión “http://cienciaparatontos.blogspot.com” (cuyo título, no obstante, critico y sanciono a título individual), nos ofrece un texto que intenta explicar un tema de gran interés. A lo largo de sus líneas descubriremos cómo la realidad espacial inspiró a las primeras civilizaciones “históricas” del oriente próximo las ideas que posteriormente se materializarían en un lenguaje escrito que alumbraría nuestro actual alfabeto. En otras palabras, lo que venimos aquí a presentar es la historia, el origen, la vida oculta de las letras con las que, mismamente, escribimos esta breve entradilla.

Espero que sea de vuestro agrado. Un cordial saludo a la comunidad Histérica.

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Fuente: http://cienciaparatontos.blogspot.com/2011/11/letras-para-tontos-con-inquietudes.html

“Nuestras letras modernas descienden de la escritura jeroglífica de las civilizaciones antiguas. En particular de la egipcia. Prácticamente todos nuestros caracteres se pueden encontrar en un jeroglífico. Y sin embargo no somos capaces de reconocer ninguno de ellos. ¿Por qué?

Los sistemas de escritura se suelen dividir en ideográficos y fonológicos. Es decir, en ellos un dibujo es capaz representar una idea completa o un único sonido. Entre estos dos extremos de complejidad se han desarrollado todos los alfabetos que ha inventado la humanidad. Existen los silábicos, los consonánticos, etc. Ninguna ortografía se libra de tener un cierto carácter ideográfico o fonológico. Por ejemplo nosotros seguimos escribiendo ‘hombre’ con H porque en latín primitivo la H de ‘homo’ sí que se pronunciaba, y la razón de que la conservemos no es filológica, sino ideográfica: estamos acostumbrados a encontrar una H para reconocer la palabra visualmente. Una lectura en diagonal de un texto que contenga frases como “un ombre be a su ijo” nos cuesta entenderla, no por las faltas de ortografía, sino por la falta de costumbre de encontrar algo así. Esto hoy en día nos parece tonto, pero durante la Edad Media, Renacimiento y Edad Moderna los únicos textos de valor de los que se disponía estaban escritos en latín, donde se veía “homo” con H, “videre” con V y “filius” con F. Era necesario intentar ser fiel en la escritura de los nuevos idiomas con el latín que usaban los clásicos. Va en la cultura de un pueblo ser conservador o reformista con la ortografía. Idiomas como el francés han conservado muchas más letras latinas aunque no las pronuncien (p.ej. “doigt” se pronuncia simplemente “duá” pero conserva la G y la T de “digitus”). Palabras como “figuera”, “filio”, “fava”, conservadas en catalán, perdieron el sonido de la F en castellano, y ante la desazón que provocaba el vacío pusieron allí una H. El italiano fue más radical y aceptó “ora”, “erba”, “emorragia”…
Los mismos egipcios se dieron cuenta de que la escritura puramente ideográfica presentaba graves problemas a la hora de expresar conceptos complicados. Es fácil dibujar “el jefe caza un buey”, pero para “tengo miedo” o “Marco Antonio quiere a Cleopatra” había que recurrir a metáforas que no siempre eran entendidas por las generaciones siguientes. El amor para nosotros reside en el corazón, pero otros pueblos lo situaron en el estómago, y llegará un día en el que los enamorados grabarán en un árbol sus nombres embarcados por un cerebro. La escritura egipcia de las últimas dinastías evolucionó hacia la fonética. Cada dibujo representaba un carácter. ¿Cuál? el inicial de la palabra. Como si nosotros para decir “hola” dibujáramos un hombre, un oso, una ladilla y un avión.
Esta situación se mantuvo así hasta la aparición de la cultura judeocristiana. En ella se ordenaba el segundo Mandamiento que nosotros hemos transformado un poco, pero que para muchos pueblos significa “no harás imágenes”. Por eso las culturas árabes, judaicas, protestantes y demás no hacen representaciones humanas ni de animales. Esta nueva visión (imposición) del mundo supuso prácticamente la extinción de la escritura. En nuestra Europa occidental por ejemplo, la cultura celta la prohibió y los druidas transmitían sus secretos por vía oral. Tenemos enormes lagunas de conocimiento a partir del año 3000 a.C. por culpa de esta pérdida de la tradición escrita.
Pero hubo quien se las ingenió. Si bien las imágenes estaban prohibidas, nadie había dicho nada acerca de hacer rayas, y en el Sinaí encontraron la manera de evocar las imágenes por medio de rayas simples. Cojamos un ejemplo: la letra A se representaba por un toro. Era el aleph, el símbolo de la fuerza. El símbolo no se podía representar ya, pero ¿qué es lo más característico de un toro? Sus cuernos, ¿no? Bueno, pues se puede dibujar algo así . Y de ahí a había un paso. Después ya el tema de la orientación horizontal o vertical del carácter fue una cuestión de estilo. Pero la transformación hacia la abstracción estaba hecha.
La misma historia se puede contar para todas las demás letras. Vamos a ello:
– La A. (ya comentada), el aleph da .
– La B. Es la casa, , casi siempre con puertas , y de ahí .
– La C y la G son inicialmente la misma letra. Los romanos necesitaron distinguirlas para adaptarlas a su fonética y a una de ellas le añadieron un palito transversal. La C es el camello, el “camel” también pronunciado “gamel” que dio “gamma”. ¿Qué es lo más característico de un camello? la joroba. Bueno, pues aquí la tenemos . La representación más rectilínea dio la gamma . Insisto, olvidaos de la orientación.
– La D. Es la puerta. Inicialmente se representa pero por identificación con la puerta púbica (sí, sí, el triángulo, la matriz) se pasa a representar . Qué cochina es la D.
– La E. Es la oración. Un hombre rezando acaba siendo .
– La F, U y V. Es el clavo o la almohada de la antigüedad , por extraños motivos algunos dibujos se inclinan y hacen .
– La H es la barrera . Está clara la evolución.
– La I, J y Y son deformaciones de la misma letra, el yod, un híbrido entre I y J. Dicen que en el catalán de Barcelona se puede escuchar la yod al pronunciar Valls por ejemplo. El yod es el brazo que se solía representar con la palma de la mano al final. Cuando se prohibió dibujar brazos se quedó el palo solo.
– La K es la mano. da .
– La L, el látigo. se convirtió en .
– La M es el agua, o el mar. En casi todos los idiomas del mundo el mar empieza por la letra M. ¿Lo más característico? las olas. y luego . Es bonita la M.
– La N es la serpiente, y sobre todo la serpiente que levanta la cabeza: la cobra. da .
– La O es el ojo (oyin). Curiosamente en los jeroglíficos no se representaba por un círculo, sino por o por . Cuando se prohibió representarlo se pasó a la O que conocemos.
– La P es la boca. Difícil verla en . La escritura tiende a estilizarse para hacer . Una letra complicada.
– La Q. Un misterio. Representa el mono y se dibuja .
– La R. Esta es bonita, es la cara . Está clara la reducción iconográfica.
– La S. Cuesta imaginar que era un diente, un molar probablemente . Pasó a y de ahí se quedó sólo en las curvas. Es más fácil ver la evolución a la sigma griega .
– La T es la cruz o la marca, signo utilizadísimo mucho antes que los cristianos. o se estilizaron perdiendo un palo.
Y ya está. Otro día, ¡los números!
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Qué queremos decir con… “Pelandusca”

enero 17, 2011 9 comentarios

La prostitución, escuché decir una vez, es cosa tan antigua como la necesidad humana de procurarse placer. Y no es que haya sido un oficio monopolizado por las mujeres, pero las evidencias fisiológicas nos incitan a concluir que el sector que mayores servicios sexuales ha demandado en este campo ha sido el masculino. Por lo tanto, parece razonable pensar que el campo semántico para definir a las mujeres que han ejercido el arte de la satisfacción de la líbido varonil cuenta con tantos vocablos como sociedades requirieron de una voz para describir dicha profesión.

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Origen de algunas expresiones españolas

julio 20, 2010 17 comentarios

Hoy día escuchamos frases tales como: “¡Quien se fue a Sevilla, perdió su silla!” o “Ha pasado un ángel”. En muchas ocasiones las utilizamos inconscientemente y, en la mayoría de ellas, desconocemos su origen. Aquí traemos alguna de ellas, tanto su significado, como su posible historia.

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¿De dónde proviene el “regadío”?

septiembre 21, 2009 4 comentarios

 

     En la historia de España, el regadío ha sido un elemento trascendental debido al clima excesivamente seco de la mitad sur peninsular. Fueron los romanos quienes introdujeron avanzadas técnicas de control y canalización del agua. La llegada de los árabes dio un gran impulso a estos sistemas e introdujeron otros más avanzados. Recordemos que eran poblaciones provenientes del otro lado del Mediterráneo, donde las condiciones climáticas requerían un mejor aprovechamiento de los recursos naturales. Los sirios construyeron en Valencia y Murcia los molinos e irrigaciónes (qanat) más avanzados de Oriente próximo. A tal complejidad llegó la política del agua que se organizó el “Comité del agua” en Valencia, que hoy día sigue existiendo, aunque su importancia va decreciendo. Durante la mal llamada “reconquista”, los cristianos desahogaron su odio contra el infiel destruyendo, entre otros elementos, parte de las canalizaciones, hecho constatado, entre otros, por el profesor Glick en Cristianos y musulmanes en la Edad Media.

     Esta es la historia en las fuentes romanas y árabes, pero ¿cuándo se utilizó por primera vez el término “regadío” en las fuentes castellanas?. El primer documento que registra la palabra “regar” data de 1161. Es una palabra castellana que viene del latín “RIGARE”, que significa “regar o mojar”. De esta derivan otras palabras como regata (1222), que significa “reguera pequeña”, “irrigar”, de 1490 o “regacho” 1495.

La historia secreta de la “guerra”

agosto 14, 2009 1 comentario

 

 

          La palabra “guerra” en castellano data de 1037. Aquellos años eran los tiempos de Fernando “el Grande” de León, padre de Alfonso VI, y los últimos momentos del Califato de Córdoba. La anarquía militar, la disgregación de las provincias que constituían el mundo árabe peninsular, la consolidación de los reinos del norte y las razzias pintaban un panorama en el que la música más habitual eran las espadas en duelo y el sordo trotar de los caballos pertrechados.

          El antecedente más inmediato lo podemos situar en un germanismo werra, que significaba ‘discordia’, ‘pelea’; o bien de wërra, que significaba ‘confusión’, ‘tumulto’. Sus derivaciones posteriores dieron lugar a Guerrero, sobre 1076; Guerrerar, que lo encontramos en documentos hacia 1140 y aguerrido, posiblemente tomado de los franceses tras la Revolución Francesa.

          Os invitamos a ampliar la información aquí.

La historia secreta de la “historia”

agosto 12, 2009 1 comentario

 

Grande_e_general_estoria_(c%C3%B3dice_del_Escorial)[1]Legajo de la “Grande e general estoria de espanna”, de Alfonso X ‘el sabio’.

 

     “Historia” es una palabra castellana tomada del latín y este del griego “historía”. Significaba ‘búsqueda, averriguación’ y derivaba de “histor”, ‘conocedor, sabio’. La encontramos por primera vez en las fuentes castellanas entre 1220 y 1250, coincidiendo con la expansión de las crónicas sobre la historia de los territorios peninsulares (véase la imagen que publicamos).

     Algunos de sus derivados son “historiador”, de 1295 e “histórico”, que lo encontramos en documentos de 1490. La primera vez de que se tiene constancia en nuestras fuentes de la palabra “historiógrafo” es en 1438, lo cual es significativo del auge que tuvieron los estudiosos de esta materia en el Renacimiento, cuando el pasado se usaba para justificar el origen del linaje y los méritos que obstentaban la nobleza y la monarquía, y no como un intento de conocer los procesos acontecidos mediante una ciencia sistemática, como en la actualidad.