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Historia de Alsacia I: El Museo Alsaciano

diciembre 5, 2013 3 comentarios

Desde septiembre el blog de Historiadores Histéricos cuenta con una corresponsal en Francia. Los motivos que me han traído hasta aquí son una beca de prácticas “Leonardo”, las ganas de mejorar el francés y de descubrir una región con una historia apasionante. Porque ¿acaso hay algo con lo que un historiador disfrute más que viajando al lugar de los hechos para seguir el rastro de las huellas del pasado en el presente cotidiano?

Es esta pequeña sección que inicio, pretendo compartir con vosotros/as mis descubrimientos e impresiones sobre la historia de Alsacia. Sus peculiaridades históricas la convierten en uno de esos escenarios que despiertan la curiosidad de todo historiador. Cuanto más lees sobre ella, más interrogantes te surgen. La visión que intentaré transmitiros es la de una historiadora que estudia, vive y trabaja con alsacianos. A menudo, la memoria transmitida a través de las generaciones es una de las fuentes de conocimiento más preciosas para el historiador. Por lo tanto, espero que estas impresiones que compartiré en el blog desde mi experiencia en el terreno sean de vuestro interés.

La primera entrada de esta sección he querido dedicarla al Museo Alsaciano o Musée Alsacien, que es donde estoy llevando a cabo mis prácticas. Es un museo de artes y tradiciones populares que se encuentra en la Quai Saint-Nicolas, a apenas 5 minutos a pie de la catedral de Estrasburgo.

Cuando se atraviesan las puertas del museo uno tiene la sensación de penetrar en un pequeño universo congelado en el tiempo. El edificio que alberga la colección del museo corresponde a unos preciosos apartamentos de época renacentista propiedad de una adinerada familia de comerciantes. No es casualidad que el edificio se encuentre emplazado justo enfrente de la antigua aduana. En ella se controlaban y almacenaban todas las mercancías que atravesaban la ciudad. Es fácil comprender la importancia que tenía el comercio fluvial para una ciudad sin acceso al mar como Estrasburgo, desde la que se exportaba trigo, vino y madera hacia el centro y el norte de Europa.

Antigua Aduana antes de ser destruida durante la II Guerra Mundial. Fuente: www.alsatica.eu

Antigua aduana antes de ser destruida durante la II Guerra Mundial.
Fuente: http://www.alsatica.eu

Más complejo resulta comprender por qué un grupo de intelectuales y artistas reunidos en torno a la Revue Alsacienne Illustrée decidió fundar en 1907 un museo sobre la vida cotidiana en Alsacia. Para ello, tenemos que hacer un viaje atrás en el tiempo.

cour

Kermesse alsaciana durante la inauguración del museo.
Fuente: Museo Alsaciano

La derrota de Francia en 1871 frente al ejército prusiano del general Otto von Bismarck conllevó la pérdida de Alsacia. Sin embargo, se puede decir que Alsacia nunca había sido una región “históricamente” francesa. Sólo a finales del siglo XVII el Reino de Francia se hará con el control de este territorio el cual, gracias al sistema de alianza entre ciudades libres, había gozado de una gran independecia militar y financiera pese a formar parte del Sacro Imperio Romano Germánico desde el siglo X. La relación entre Francia y Alsacia no duraría por tanto apenas dos siglos. Eso sí, tiempo suficiente para que Francia expandiera sus gustos, modas e ideas entre esos alsacianos, quienes seguirían hablando en cambio un dialecto del alemán incluso mucho después del final de la II Guerra Mundial.

Frontera entre Francia y Alemania tras el Tratado de Fráncfort en 1871. Fuente: http://www.encyclopedie.bseditions.fr

Frontera entre Francia y Alemania tras el Tratado de Fráncfort en 1871.
Fuente: http://www.encyclopedie.bseditions.fr

La historia de Alsacia se encuentra por tanto a caballo entre esos dos gigantes que protagonizaron el siglo XX, Francia y Alemania. Y entre tanta destrucción, juego de poder y aculturación, el sentimiento de pertenecer a Alsacia se fortalece. Como refleja un antiguo dicho popular “Entre la Bretagne et l’Alsace il n’y a que la France“, es decir, entre Bretaña y Alsacia sólo está Francia. Como vemos, los nacionalismos periféricos no son algo exclusivo de España, si bien aquí no existe ningún ambición separatista. Al contrario, los alsacianos se sienten plenamente franceses, mientras que su relación con Alemania es algo más delicada. Abordaremos más adelante esta cuestión.

Así pues, la fundación del Museo Alsaciano responde a la voluntad de la Société du Musée Alsacien de proteger y hacer visible esa identidad alsaciana en peligro de extinción. En la actualidad, el museo alberga una colección de 50.000 objetos de la vida cotidiana en Alsacia entre los siglos XVII y XIX.

Particularmente, lo que más me gusta del museo es:

– La cour o patio interior: es el espacio en torno al cual se organizan las habitaciones de la vivienda. En este patio empedrado, el color cálido de la madera contrasta con los colores de la hiedra que trepa por el edificio anunciando el cambio de estación. Durante el invierno, la hiedra pierde todas las hojas y su verdor es reemplazado por un pino cortado en los alrededores de Estrasburgo que se decora como árbol de Navidad.

Fuente: Wikipedia.

Patio principal del Museo Alsaciano.
Fuente: Museo Alsaciano

– La Stub campesina: es la sala más acogedora del museo. La Stub era antiguamente la habitación principal de la casa alsaciana. En ella se comía, se pasaba el tiempo libre y a su vez hacía de dormitorio del matrimonio y del niño más pequeño de la casa, ya que era la única donde había una estufa. Cuando se entra en esta sala uno no puede evitar imaginarse la nieve cayendo alrededor mientras la familia se reúne al calor de la estufa para contar una historia.

Stub alsaciana campesina. Fuente: Museo Alsaciano

Stub alsaciana campesina.
Fuente: Museo Alsaciano

– El crujir de la escalera: una de las sensaciones que todo el que ha venido al museo destaca es la melodía de los escalones al subir y bajar las escaleras. El sonido de los pasos acompaña al visitante en cada sala y le hace transportarse a una época en la que la madera era un elemento protagonista del hogar.

– Los motivos decorativos: corazones, estrellas, flores, animales…La repetición de los signos decorativos nos ayuda a entender la mentalidad de una sociedad austera y tradicional que aprecia la sencillez decorativa inspirada en el medio natural que la rodea.

Fuente: Museo Alsaciano

Fuente: Museo Alsaciano

– Los dégorgeoirs: son mis piezas favoritas del museo. A través de las bocas de estos misteriosos personajes los molinos expulsaban el trigo molido. Al colocar estos objetos, los antiguos alsacianos pensaban que protegían el trigo de un hongo que podía llegar a producir alucinaciones si alguien comía un producto infectado. Curiosamente, los personajes representaban los miedos de la gente de la época: el diablo y los extranjeros.

Fuente: Museo Alsaciano

Fuente: Museo Alsaciano

En lo que respecta a los extranjeros los alsacianos se han vuelto mucho más abiertos, sobre todo desde que se instalaron aquí las instituciones europeas. Pero eso lo veremos en otro momento.

De momento si os ha gustado el artículo podéis buscar el “Musée Alsacien de la ville de Strasbourg” en Facebook para ver más fotos y estar al día de las actividades que vamos organizando.

¡Saludos históricos!

Paloma.

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