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Argumentos políticos no ideológicos para la entrada de España en las Organizaciones Internacionales a partir de la Transición


Firma del Tratado de Adhesión de España a la CEE por parte de Felipe González, presidente del gobierno en 1985.

1. Introducción

En el presente trabajo pretendemos analizar los argumentos políticos que empujaron a España a su inserción en los organismos internacionales a partir de la Transición, cambiando así el sino internacional con respecto al franquismo. España aposto desde el primer momento por romper el relativo aislamiento que había sufrido con el franquismo, sumándose a los proyectos de construcción europea.

El trabajo ha sido propuesto de tal forma que obviaremos los fundamentos ideológicos que en cada época se puso a este anhelo, centrándonos en los aspectos más concretos. Asimismo, nos centramos en el marco temporal de la Transición política española, que situamos desde la muerte de Franco hasta una fecha imprecisa que en este caso habrá que colocar a finales de los ochenta. Por tanto, no entraremos en el análisis de los organismos en que España entra durante el franquismo, aunque habrá que tenerlos en cuenta por su importancia. Gracias a su rehabilitación internacional tras el pacto con Estados Unidos, España entra en la ONU en 1955 y en organismos internacionales de signo económico como la OECE a finales de dicha década.

España siempre ha sido un país con vocación europeísta, inmersa desde la Edad Moderna en los debates sobre la europeidad. Sin embargo, la época del franquismo significó un apartamiento de España de la vida europea, así como de numerosos organismos internacionales, justo en el momento en que Europa empezaba a conformarse como una unión política y económica. Nuestro país estuvo, por tanto, fuera de los primeros pasos dados con la CECA o la EURATOM y finalmente en 1957 con el Tratado de Roma con que se asentaban las Comunidades Europeas.

Fue en 1962 cuando España consideró por primera vez su ingreso en el sistema europeo. El país estaba inmerso en la modernización económica, y ya era miembro de la ONU, desde 1955, así como de los organismos de Breton Woods. Pese a todo, este primer acercamiento de Castiella en 1962 fue un tímido asomo a la ventana europea, que devino en un no poco importante Acuerdo Preferencial de 1970, aunque considerase a España como un socio de segunda. Era la constatación clara de que España no podría insertarse en las organizaciones europeas sin ser un régimen homologable en el exterior, es decir, mientras no fuese una democracia.

Esta inserción se realizará una vez muerto Franco. El Consejo de Europa admitirá a España en el año 1977, tras las elecciones de junio de ese mismo año, pero todavía sin Constitución, hecho sin precedentes en el Consejo. Posteriormente llegará la entrada en la OTAN, en 1982, con su posterior referéndum de ratificación. La inserción plena llegó con la entrada en la CEE en 1986, con lo que España pasaba a ser un país plenamente europeo. El último apéndice fue la Unión Europea Occidental, donde España entra en 1988 como observador y en 1990 como miembro de pleno derecho, pero esta ya era una organización poco operativa, aunque significaba entrar en el sistema de seguridad europeo.

Para la realización del presente ensayo he consultado una bibliografía que ha intentado abarcar información acerca de las distintas organizaciones internacionales, utilizando a los autores que más han escrito sobre estos temas. Aunque la lista podría ser más amplia, y podrá echarse de menos alguna obra clave, la literatura consultada ha arrojado luz sobre las claves que se tenían presentes, así como otras que pueden surgir en este estudio a posteriori.

En cuanto a la estructura de este texto, he decidido abordar cronológicamente uno a uno los principales organismos internacionales en los que se inserta España en estos años. Tendrá mucho más peso el análisis de las motivaciones para entrar en la CEE o la OTAN, pero no nos olvidaremos del Consejo de Europa y de la Unión Europea Occidental. En cada apartado abordaremos las distintas motivaciones que empujaron a España a querer insertarse en estos organismos. Así, abordaremos las motivaciones en política interior, política exterior, política económica, política social o política de seguridad.

El trabajo finalizará con una valoración personal que tratará de resaltar las ideas principales del texto e introduciremos un pequeño balance sobre estos argumentos y su incidencia real sobre España. Queremos ver si esas motivaciones que llevaron a España a estas organizaciones se han cumplido y que impacto han tenido dentro de la modernización del país en las últimas décadas.

 

 

 

2. Consejo de Europa

El Consejo de Europa nació en La Haya en 1948, donde se celebra su Congreso Fundacional. Está regida por el Tratado de Londres de 1949, por tanto nacida al calor de la postguerra mundial, lo que le imprime su carácter de garante de las libertades y los Derechos Humanos, siendo requisito sine qua non ser una democracia para pertenecer a este selecto club.

España entra en el Consejo de Europa el 24 de noviembre de 1977, tras haberse celebrado las primeras elecciones libres en cuarenta años. No se contaba con una Constitución escrita aún, pero se habían dado otros pasos a favor de las libertades como las dos amnistías promulgadas.

Aceptar a un miembro en el Consejo de Europa sin Constitución escrita era un hecho sin precedente, lo que significaba un espaldarazo a la naciente democracia y una buena dosis de confianza en las reformas que se estaban llevando a cabo. Esta confianza se confirmó con el tiempo en España, país al que no se puso en duda sus credenciales democráticas incluso en momentos difíciles como el del 23 F. Puede ser que el ejemplo portugués, con una Transición bastante complicada, hiciese mella en el Consejo que quisiese demostrar que apostaba por un régimen democrático en España.

Las motivaciones españolas para ser miembro del Consejo de Europa iban en ese sentido, como señalan la mayoría de autores. La pertenencia al Consejo supondría una buena dosis de legitimidad para la naciente democracia, que buscaba la resonancia de un foro democrático. Asimismo, el proceso de Transición no estaba siendo idílico, sino que había resistencias de los nostálgicos del régimen franquista y una variada actividad terrorista que contribuía a la desestabilización del país. Por tanto, el engarce con Europa se veía como el medio de conducir a la normalización del país.

Precisamente la lucha antiterrorista era otro de los objetivos que se perseguían, como señala Muñoz Alemany. Hay que recordar que en la Transición España se vio azotada por una ola terrorista que amenazó la estabilidad de la Transición. Desde ETA, en sus múltiples ramas (ETA militar, ETA político militar y Comandos Autónomos Anticapitalistas), grupos de extrema izquierda como FRAP o grupos de extrema derecha como el Batallón Vasco Español. España firmó tras su entrada en el Consejo de Europa una serie de protocolos de Derechos Humanos y se suma al convenio europeo antiterrorista en 1978. Con esto, buscaba sobre todo la cooperación con Francia, con el objetivo de acabar con el santuario francés, aprovechado por ETA para moverse con impunidad.[1] Asimismo, en estos años se produce la colaboración de la policía española con la europea, en especial con la alemana, de donde se importa el modelo de los GEO y la UAR.

Asimismo, podemos señalar que entrar en el Consejo de Europa era el primer paso para el gran objetivo, que no era otro que la entrada en la CEE. Autores como Moreno Juste, lo incluyen dentro del periodo negociador de la entrada en la CEE, como un hito que permite a España tener una mejor posición negociadora.[2]  Y es que dentro del Consejo de Europa, estaba claro que España cumplía los requisitos democráticos que le pedían desde la CEE para su ingreso.

 

3. OTAN

La OTAN nace en abril de 1948 por medio del Tratado del Atlántico Norte que da nombre a la organización. Sus miembros fundadores son los signatarios del Tratado de Bruselas (Francia, Reino Unido y los países del Benelux), otros países europeos tales como Dinamarca, Islandia, Noruega y Portugal,  así como Estados Unidos y Canadá. Suponía otro paso más dentro de la seguridad colectiva occidental, una organización nacida claramente en el clima de la Guerra Fría, con unos tintes anti comunistas, de defensa ante la Unión Soviética que estuvieron claros desde el principio. Con el posterior nacimiento del Pacto de Varsovia, ambas Alianzas marcaron el paso de la Guerra Fría, definiendo las esferas de influencia de ambos bloques.

España no entró en su constitución como organización, ni en los primeros años, dado el aislamiento internacional al que estaba sometido. Sin embargo, la OTAN obtuvo pingües beneficios del pacto de 1953 que suscribieron España y Estados Unidos, por el que la alianza disponía del uso de las bases, así como de la privilegiada posición geoestratégica de España en el Atlántico y el Mediterráneo.

Fue en 1982 cuando España entró en OTAN, bajo el gobierno de la UCD presidido por Leopoldo Calvo Sotelo. Se había aplazado el debate de la OTAN durante el gobierno de Suárez porque se consideraba un tema espinoso, como en efecto fue, sobre todo por la oposición de la izquierda liderada por PSOE y PCE. De hecho desde la izquierda se esgrimieron argumentos como que la OTAN podía dificultar la entrada en las Comunidades Europeas. Existió una movilización social muy importante en contra de la entrada en la OTAN, que ligó este tema con la permanencia de las bases americanas bajo el lema “OTAN no, Bases fuera”.

Aprobado por el Congreso en abril de 1982, España entró en la Alianza, aunque sin integrarse en la estructura militar. La UCD unió el tema de la OTAN a la pertenencia al bloque occidental. Y aunque se intentó disociar el tema de la OTAN y el de la CEE, desde algunos foros europeos se empezó a pensar que eran temas bastante unidos. Como hemos visto en clase, el 23 F aceleró la entrada en la OTAN, aunque paradójicamente retrasó su debate. Probablemente la UCD aceleró el proceso porque veía que el PSOE no lo llevaría a cabo, aunque esto provocó una división en la ciudadanía.

Años más tarde, en marzo de 1986, ya con España dentro de las Comunidades Europeas, se realizó un referéndum en el que España confirmó su presencia en la OTAN. Este Referéndum fue realizado por el PSOE, que tras haber mantenido una campaña bastante activa por la no entrada en la OTAN, defendió en el Referéndum la permanencia en la Alianza, bajo una serie de principios, como era la no nuclearización de España y la no integración dentro de la estructura militar. Leves compensaciones para tratar de contentar a la opinión pública.

Una de las motivaciones más importantes que llevaron a España a la Alianza era la permanencia de las bases americanas. Se pensaba que una vez dentro de la OTAN, en un plano de mayor relevancia internacional, se podría renegociar el acuerdo de las bases desde un plano de mayor igualdad. Cosa que España consiguió a partir de la Transición, rompiendo la desigualdad que había caracterizado a este Tratado. Asimismo, dentro de la Alianza, se conseguía un compromiso de defensa que España nunca había obtenido de Estados Unidos.[3]

Otro tema que se pensaba que podía resucitar dentro de la OTAN era el concerniente a Gibraltar. Se pensaba que se podría desbloquear tras unos largos años de enfriamiento diplomático con Gran Bretaña tras el cierre de la valla. Sin embargo, no resultaba muy lógico pensar que España iba a entrar en una organización intentando crear problema con uno de los fundadores, como Gran Bretaña. En definitiva, eso fue lo que ocurrió y Gibraltar ha permanecido con el mismo estatus, pese a los gestos para la galería de ambos gobiernos.[4]

Dentro de ese sistema de seguridad, España quería incluir a sus territorios insulares, especialmente Ceuta y Melilla. Este argumento se presentó como uno de los objetivos que se conseguirían con la entrada en la OTAN, la seguridad de su entorno. Las relaciones privilegiadas de Estados Unidos con la zona del Magreb se pensaban que ayudarían a España. España ofrecía un entorno geoestratégico privilegiado, sobre todo en el entorno del Mediterráneo, que se presentaba como una zona caliente en los años 80. Sin embargo, buena parte de los beneficios de la OTAN ya los tenían con el acuerdo de las bases, aunque se valoraban cuestiones como la potente Marina española.[5]

Hablando de la OTAN, debemos hablar del ejército español. Uno de los temas que ha sido comentado en clase era el peligrosísimo estado del ejército español, con unas tendencias conspiracionistas muy fuertes, como quedaron demostradas en el 23 F y en posteriores intentonas, con unas ideas bastante peligrosas. Se adujo desde algún sector que la entrada en la OTAN contribuiría a “domar” al ejército español. El entrar en contacto con ejércitos de larga tradición democrática, el tener misiones fuera del territorio donde participar, podrían relajar el estado del ejército para que este dejase de estar tan pendiente de la vida política. Es decir, buscar aventuras exteriores, que contribuirían a un ejército mucho más profesional para dejar de vigilar al “enemigo interior” que llevaba resonando desde el franquismo.

4. Comunidad Económica Europea

La Comunidad Económica Europea, hoy conocida como Unión Europea, nace por el Tratado de Roma de 1957 con seis países firmantes (RFA, Francia, Italia y los países del Benelux). Esta era la culminación de un proceso que se había iniciado con la CECA y el EURATOM, con el fin de aunar esfuerzos en la Europa de postguerra. Como hemos hablado en clase, se instituyó por dos motivos claros: Impedir la guerra en Europa, cosa que se ha conseguido con éxito; y demostrar que el modelo social de mercado era superior al modelo al modelo soviético. Posteriormente se ha conformado como una organización supranacional que ha creado un Mercado Común y ha asumido muchas competencias en detrimento de los Estados. Hoy en día se halla en crisis, ante las reticencias de los distintos gobiernos de seguir legando soberanía para construir una Europa mucho más unida.

Como es sabido, España entra en 1986 en las Comunidades Europeas después de un largo camino. En 1957 España, aunque hubiese querido, no hubiese sido aceptada, por mucho que su alianza con Estados Unidos empezase a rehabilitarla en el concierto internacional. Como nos cuenta Powell, el nacimiento de las Comunidades fue acogido con una mezcla de escepticismo y aprensión, pero también se vieron en la tesitura de mejorar las relaciones bilaterales con estos países para no quedarse descolgados del tren europeo.[6]

Ante el desarrollo positivo de las Comunidades, España se vio en la necesidad de tener algún tipo de trato más cercano con ella. España, pese al escepticismo, vio desde el primer momento que Europa era un tren que había que tomar. En 1962, una vez visto que la EFTA no tenía el potencial de la CE, Castiella mandó una carta a Bruselas con el fin de conseguir algo. No pedía la adhesión, sino un cierto trato hacia España. Esto cristalizó en el Acuerdo Preferencial de 1970, que se mantuvo en vigor hasta 1986, regulando las relaciones de la CE con España.

A la llegada de la democracia, Europa aparecía como el gran objetivo. Europa aparecía como la solución a los problemas españoles, utilizando la formula orteguiana que haría máxima el gobierno de González. Europa aparecía nuevamente como el mecanismo de modernización del país, igual que había aparecido a principios de siglo XX. Este movimiento había quedado cortado por la Guerra Civil, pero ya desde los años 60 España se había marcado como objetivo el acercamiento a Europa, España quería ser vanguardia en Europa. Ahora aparecía como un anhelo mucho más factible, dado el carácter del régimen de la Transición[7]. Si el franquismo había buscado su rehabilitación internacional a través del “abrazo” con el amigo americano, la Transición buscará ese reconocimiento internacional dentro del proyecto europeo que ya estaba en marcha.

El ejemplo de Europa tenía un gran impacto en España. Las democracias sociales que conformaban las Comunidades eran el ejemplo que España quería seguir. Países con un Estado del Bienestar, con democracias consolidadas y con una amplia galería de derechos y libertades individuales.

En 1977, tras las primeras elecciones democráticas en más de cuatro décadas, España solicitó la adhesión. Europa se veía como el gran objetivo de la naciente democracia. Igual que hemos comentado en el caso del Consejo de Europa, la entrada supondría una gran legitimidad para el régimen democrático. Como ya hemos comentado, esta entrada se producirá en 1986 después de unos largos años de negociaciones. Los problemas estaban en el nivel económico y técnico, dado el volumen de la economía española. Además, hay que resaltar que Europa se encontraba inmersa en su fase de “euroesclerosis” que afectó a la integración española.[8]

Uno de los efectos que tuvo la integración europea en España fue la unanimidad, que destacan autores como Moreno Juste. Sin embargo, Europa era concebida de forma diferente por el amplio espectro político español. Por ejemplo, la derecha (que quedó excluida del proceso de integración, ya que UCD presentaba un centro alejado de la derecha de AP) que tenía claras tendencias atlantistas, apoyaron la vía europea ya que esta aseguraba no poner en entredicho valores occidentales como era la propiedad.[9] Para la izquierda, Europa aparecía como una garantía a las libertades políticas, síndicales, etc. Por tanto, Europa se convirtió en un concepto voluble, que todo el espectro político utilizó, aunque acorde con sus objetivos.

Con esta aproximación a las Comunidades Europeas, se conseguía otro objetivo como era el de romper con la política exterior franquista. En algunos aspectos esta política no se rompió, o siguió igual como con Estados Unidos, pero en el caso europeo era clara la vocación española de propiciar el acercamiento que el franquismo no había podido realizar, es decir, a nivel político. Asimismo, la nueva política exterior pretendía desarrollar unas relaciones de tú a tú con los principales socios europeos, rompiendo con la desigualdad que había marcado la acción exterior de la Dictadura. Como ya hemos reseñado, España pasa a ser un socio aceptable dentro del concierto internacional lo que le va a abrir las puertas de una diplomacia mucho más fuerte.

Siguiendo con la política exterior, España pretendía ser el puente de las relaciones entre las Comunidades y América Latina. España siempre había mantenido buenas relaciones con esta parte del mundo, así como siempre había entendido que debía jugar un papel como la “Madre Patria”, como en época franquista. Ahora, en la Transición, España pretendía mantener su papel, además en una época clave que llevó a la democratización de buena parte del continente americano.

Otra de las motivaciones que empujaron a España a la Comunidad Europea se entiende en clave de política social. Con la entrada en las Comunidades, 900.000 españoles que trabajaban en Europa pasaban a tener de golpe derechos sociales a nivel comunitario. Esto hacia que no tuviesen que abandonar de forma inmediata los países donde trabajaban si se quedaban sin empleo o que tuviesen derechos a prestaciones sociales como las ayudas al desempleo[10].

España no podía quedar lejos del panorama europeo a nivel político, pero tampoco a nivel económico. España veía como su situación antes de la entrada era asimilable a otros países del entorno mediterráneo, que eran una gran competencia en cuanto a los productos españoles. Como nos cuenta Bassols, el 48% de las exportaciones españolas iban a Europa, el 30% de las importanciones se realizaban desde allí también, así como el 41% de la inversión extranjera en España provenía del viejo continente. Europa era el mercado de los productos españoles, con lo que no se podía permitir el lujo de de no tener acceso a los medios financieros de las Comunidades Europeas.[11] Esto, a la entrada de España, generaría una gran inyección de dinero en ámbitos como el de las infraestructuras.

Uno de los beneficios económicos que reportó la CE a España fue en materia de política regional. Gracias a los planes de fondos a las regiones menos favorecidas, España encontró a su disposición una serie de fondos que han revertido en el desarrollo de las regiones españolas más deprimidas. Así, Europa se convirtió en vertebrador, tanto nacional como regional, de la España democrática. 

 

5. Unión Europea Occidental

Esta organización nace por el Tratado de Bruselas de 1948 con el objetivo de ser una organización europea de defensa y seguridad. La fundan Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda y Luxemburgo en un clima de postguerra mundial. Con la consiguiente formación de la OTAN el año siguiente, la UEO pasó a un segundo plano, pero tuvo gran importancia por el compromiso de actuación inmediata que suscribieron los gobiernos firmantes. Suponía la defensa de la Europa de mercado frente al enemigo encarnado en la Unión Soviética. Hoy en día ha cesado en sus actividades tras arrogarse la Unión Europea buena parte de sus funciones, manteniéndose activa hasta 2011, cuando se disolvió.

España entró como observadora en 1988 y como miembro de pleno derecho en 1990, es por tanto la última organización en la que entra y, quizá, la de menor importancia, pero también la hemos querido resaltar en este trabajo. Supone la culminación del proceso de integración europea de España, resaltando su compromiso con la seguridad de Europa Occidental, ya que con la entrada en la OTAN no era realmente prioritario entrar en la UEO. Sin embargo, dentro del proyecto europeísta que había llevado a cabo la naciente democracia, la entrada en la UEO suponía un nuevo compromiso con Europa, en este caso con el sistema de seguridad. Sin embargo, esto cambiaría con la caída del muro de Berlín con lo que está organización, fruto de la Guerra Fría, perdía el significado de su nacimiento.

Por supuesto, la entrada en la UEO era otro pequeño paso para la joven democracia española, con una Constitución con apenas 10 años de edad. Significaba el definitivo engarce con Europa, aunque pronto la UEO vería como la Unión Europea empezaría a asumir parte de sus cometidos.

Como nos cuenta Florentino Portero, la UEO se había propuesto como un contrapeso a la OTAN, es decir, un contrapeso europeísta, de seguridad colectiva europea, frente al atlantismo y a la alianza con Estados Unidos. Esto significaba un compromiso no poco importante con la defensa occidental[12]. Se intentaba así acallar todo el movimiento que se había generado con la entrada, y la permanencia de España en la OTAN. Así, se profundizaba en la corriente europeísta que el gobierno de González propugnaba, ya que la alianza con Estados Unidos provocaba reminiscencias del franquismo.

Pese a esta estrategia política, el objetivo más instrumental con el que se entra en UEO es ser partícipe de la seguridad colectiva europea. España reafirmaba su compromiso europeo, así como consideraba que la UEO sería de gran ayuda para garantizar la seguridad de su entorno. Con este entorno sobre todo se refería a la zona del Magreb, de Ceuta y Melilla, así como las Canarias.

 

6. Valoración personal

Para concluir este trabajo queremos ofrecer unas pequeñas reflexiones sobre el mismo. En primer lugar, no puede quedar duda de que la integración española en Europa fue un éxito. Se produjo en un periodo de tiempo relativamente rápido, ya que solo 8 años después de tener una Constitución ya estábamos en la Comunidad Económica Europea. El verdadero retraso fue el que se produjo con la dictadura franquista, que alejó a España durante cuarenta años de la construcción europea.

El engarce con Europa fue el gran objetivo de la Transición en política exterior y se logró con bastante consenso. La OTAN fue un tema mucho más complicado ya que generó posturas enconadas entre los partidos. Sin embargo, la entrada en los organismos europeos no generó debates en ese sentido, ya que hubiese sido un sinsentido haberse opuesto a Europa. Eso sí, luego cada opinión política entendía Europa de una forma diferente.

El contexto ayudó enormemente a España. Como sugiere el profesor Viñas, en los años 80 existió un contexto mucho más favorable a la democratización española que en los años 30.[13] Existió una Europa dispuesta a que España se integrase dentro del movimiento democrático, una serie de países con una larga tradición democrática y defensores del Estado del bienestar. Esto se demuestra con la entrada en el Consejo de Europa en una fecha tan temprana.

Precisamente el Consejo de Europa fue el primer punto dentro de la integración internacional de la Transición. Fue importante entrar y como se entró, sin Constitución, lo que suponía un espaldarazo sin precedentes a la naciente democracia. España se consolidaba como una democracia seria tan solo unos meses después de sus primeras elecciones. Existía una confianza internacional de que España sería una democracia respetable.

La OTAN supuso un elemento de debate y de enfrentamiento en la política española. No era un objetivo prioritario, y de hecho Suárez retrasó su debate en la política nacional. Sin embargo, ha otorgado algún beneficio de los que se esperaba. Por ejemplo, ha contribuido de forma muy importante a la modernización de un ejército que venía de un régimen muy duro. Lógicamente, la transición a un ejército democrático era difícil, además la salida a operaciones en otros lugares de Europa les apartaba de su secular ascendencia en la política española.

Pero el objetivo prioritario siempre fue la entrada en las Comunidades Europeas. Durante el franquismo ya fue prioritario el acercamiento, y durante la Transición no cabía esperar otra cosa que la completa y total adhesión. Europa era un tren que España no podía dejar pasar. Pese a las críticas de autores como Bassols, la anexión se produjo en un tiempo relativamente corto si pensamos en las dificultades por las que atravesaban las Comunidades en aquella época y que recibieron el nombre de euroesclerosis.

Desde entonces, España se ha beneficiado en enorme medida de la hoy llamada Unión Europea. La agricultura ha visto aumentar su calidad de vida, hemos recibido fondos para grandes infraestructuras… en definitiva, España se ha convertido en un país moderno, las diferencias con Europa se han recortado. La espectacular transformación del nivel de vida en España tiene mucho que ver con la entrada en Europa. Habrá que lamentarse de aquellos cuarenta años perdidos que nos han hecho entrar en Europa con retraso.

La UEO fue el organismo menos atendido, no era prioritario pero formaba parte de la estrategia europeísta. Además, la polémica generada por la entrada, y la posterior permanencia en la OTAN, hizo que la entrada en el sistema de seguridad europeo pudiese rebajar en algo la tensión generada con las campañas anti OTAN. De todos modos, tras la caída del muro de Berlín, esta organización nacida al calor de la Guerra Fría perdió bastante de su importancia como demuestra su disolución en 2011.

Podemos decir que la entrada de España en Europa se hizo en un tiempo record, superando el alejamiento del proyecto de construcción europeo que tuvo lugar durante el franquismo, donde España debió haber sido uno de los motores de Europa, como lo ha sido desde la Transición. España ha asumido su papel de propulsor del europeísmo, dándose cuenta de lo que beneficia a España una Europa fuerte.

El balance de la presencia en estas organizaciones no puede ser otro que positivo. Incluso en el caso de la OTAN, que generó mucho debate, la caída del bloque comunista en 1989 hizo que perdiese buena parte de su razón de ser anticomunista y que girase hacia otros escenarios. Pero España consiguió plenamente los objetivos marcados en la Transición. Consiguió hacerse un hueco dentro del panorama internacional, consiguiendo la legitimidad que el franquismo nunca pudo obtener. Asimismo, entró dentro del sistema europeo comercial y de seguridad, siendo un país plenamente integrado en el sistema europeo y mundial. Desde estas organizaciones, España ha podido proyectarse, siempre dentro de sus posibilidades. Por ello podemos concluir que los objetivos marcados en la Transición, las motivaciones que llevaron a España a estas organizaciones se han alcanzado en un alto grado. 

 

7. Bibliografía

BASSOLS, R. Veinte años de España en Europa. Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.

MORENO JUSTE, A. “España en el proceso de integración europea” en Martín de la Guardia R. y Pérez Sánchez G. Historia de la integración europea. Barcelona, Ariel, 2001.

MUÑOZ ALEMANY, E. El proceso de integración de España en el Consejo de Europa. Granada, Universidad de Granada, 1989.

PORTERO, F. “La política de seguridad, 1975-1988” en Tusell, J., Avilés, J. y Pardo, R. (eds.) La política exterior de España en el s. XX. Madrid, Biblioteca Nueva, pp. 413-453

POWELL, Ch. “La larga marcha hacia Europa: España y la Comunidad Europea (1957-1986) en Torres, G.y Morata, F. España en Europa. Europa en España (1986-2006). Barcelona, Fundació CIDOB, 2007, pp: 41-67

POWELL, Ch. “Cambio de régimen y política exterior: España 1975-1988” en Forner, Salvador (ed.) Coyuntura internacional y política española. Madrid, Biblioteca Nueva, 2010.

TAMAMES, R. La larga marcha de España a la Unión Europea: un futuro para el desarrollo. Madrid, Edimadoz, 1999.

VIÑAS, A. “Claves de la política exterior española. Del franquismo a la democracia” en Forner, Salvador (ed.) Coyuntura internacional y política española. Madrid, Biblioteca Nueva, 2010.

VV.AA. España y la OTAN: Perspectivas políticas y estratégica. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1988.

 

 


[1] MUÑOZ ALEMANY, E. El proceso de integración de España en el Consejo de Europa. Granada, Universidad de Granada, 1989.

[2] MORENO JUSTE, A. “España en el proceso de integración europea” en Martín de la Guardia R. y Pérez Sánchez G. Historia de la integración europea. Barcelona, Ariel, 2001.

[3] VVAA. España y la OTAN. Perspectivas políticas y estratégica. Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1988.

[4] POWELL, Ch. “Cambio de régimen y política exterior: España 1975-1988 en Forner, S. (ed.) Coyuntura internacional y política española. Biblioteca Nueva, 2010.

[5] VVAA. España y la OTAN. Op cit.

[6] POWELL, Ch. “La larga marcha hacia Europa: España y la Comunidad Europea (1957-1986) en Torres, G.y Morata, F. España en Europa. Europa en España (1986-2006). Barcelona, Fundació CIDOB, 2007. Pp: 41-67

[7] MORENO JUSTE, A. Op. Cit.

[8] POWELL, Ch. “La larga marcha hacia Europa…” Op. Cit.

[9] POWELL, Ch. “Cambio de régimen y política exterior:..” Op. Cit.

 

[10] BASSOLS, R. Veinte años de España en Europa. Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.

[11] BASSOLS, R. Op. Cit

[12] PORTERO, F. “La política de seguridad, 1975-1988” en Tusell, Javier, Avilés, Juan y Pardo, Rosa (eds.) La política exterior de España en el s. XX. Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 413-453

[13] Viñas, A. “Claves de la política exterior española. Del franquismo a la democracia” en Forner, S. (ed.) Coyuntura internacional y política española. Biblioteca Nueva, 2010.

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  1. historiadorhistrionico
    julio 15, 2012 en 5:06 pm

    Aquí os dejo el trabajo que he realizado en clase con Ángel Viñas, espero que os guste.

  2. Yvon Vazquez.
    julio 19, 2012 en 10:54 pm

    Me parece que estamos inmersos en una vorágine. Todo cambia para mal. Me parece que debemos inventar un nuevo modelo económico, político y social más plural y más abierto a nuestras necesidades como seres humanos, como entes históricos y como individius activos con derecho a opinar y modificar constantemente. Sabemos que nada debe permanecer pues se vuelve obseleto con el paso del tiempo. Les mando un saludo desde este México indeciso y temeroso al verdadero cambio.

  3. septiembre 11, 2012 en 8:51 pm

    He leído con mucha atención el artículo. Cabe pensar si la entrada de España en la Unión Europea estuvo condicionada a la entrada de España en la OTAN. En el organismo militar de defensa entró al año siguiente de haberse firmado el Tratado de Madrid, por el que España se integraba en la U.E. El caso de Francia puede servir de precedente: este país tiene una alianza con la OTAN “sui generis”, aunque su entrada en la UE no tiene nada que ver porque fue socio fundador. Es cierto que todos los programas de investigación militar que lleva a cabo la OTAN, que tienen también aplicación civil, tienen relación con una de las políticas más activas de la U.E. Sigo creyendo que cuando el Partido Socialista cambió de opinión en materia de pertenencia de España a la OTAN lo hizo por presiones internacionales más que por cualquier otra causa, pues hoy la OTAN ya no tiene el sentido que en el año 1986, cuando todavía existía el mundo comunista.

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