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Archive for 28 junio 2012

Reflexiones sobre la escritura académica de un reciente historiador.

junio 28, 2012 1 comentario

ImagenLa mayor parte de mi producción escrita ha estado destinada a adquirir una educación mediante apuntes, dictados, ejercicios, redacciones y exámenes. Tras haber alcanzado el fin de mi carrera universitaria y reflexionar sobre esta trayectoria considero que este aprendizaje queda estancado en la secundaria: si en primaria es necesaria una mayor carga de tareas repetitivas (copiar textos ya redactados, ejercicios destinados a localizar información o resumirla) necesarias para afianzar habilidades ortográficas y de tratamiento de la información; en la secundaria estas tareas quedan ya estancadas por falta de novedad y de un reto mayor ante una inteligencia más avanzada. Es en esta fase donde se podría inculcar nuevas herramientas más complejas pero igual de esenciales para la escritura como pueden ser el buen uso de la puntuación, la mejora en la redacción y el fomento de la creación de ideas propias.

En la universidad el panorama no cambia mucho, siguen predominando los trabajos-resumen, las copias y síntesis de las ideas de otros; tan solo se añaden destrezas relativas a la metodología imprescindible para moverse con rigor en el ámbito científico (reseñas, bibliografía, citar como es debido, etc). En las pocas ocasiones en que los universitarios hemos de dar nuestras propias ideas por escrito (por ejemplo, en las conclusiones y la valoración personal de las reseñas) el estudiante intenta hacer creer que dice algo cuando en realidad lo único que hace es escribir lo primero que se le pasa por la cabeza para rellenar hueco y pasar el trámite; pienso que esta pobreza argumental de recursos viene en parte dada porque casi ningún docente se toma muchas molestias por hacernos pensar: nos dan los apuntes ya mascados y listos para vomitarlos en el examen sin más complicación porque además la mayoría son exámenes sin preguntas ¿qué reflexión se puede sacar de lo estudiado si te plantan el título del tema o del apartado tal cual para que repitas como un papagayo otra vez el mismo rollo? ¿cómo no van a pensar de los historiadores que nuestra carrera es cosa de memoria bruta?

El valor de la escuela en la historia.

junio 13, 2012 1 comentario

La película “Si la cosa funciona”, de Woody Allen, comienza con un interesante debate entre unos amigos de barrio. El protagonista de la historia llega a la conclusión de que los grandes esquemas de pensamiento universales, desde el Cristianismo hasta Marxismo, yerran en un concepto de base. Piensan que, si se le da la oportunidad, el ser humano actuará éticamente. Es decir, que el ser humano es bueno por naturaleza. También nos advierte de que, generación tras generación, una nueva oleada de chavales jóvenes, de políticos más o menos comprometidos, de teóricos y filósofos se alzan sobre las masas para enarbolar un mensaje de denuncia pretendidamente novedoso y revolucionario. Nada más lejos de la realidad.

La historia se repite continuamente. Los debates que mantenemos hoy día abordan temas universales en esencia, exceptuando escasas variables propias del progreso tecnológico y la evolución -o involución- cultural. En este caso, os ofrecemos un párrafo que se salió a la luz en la publicación cultural cubana “Revista de Avance”, en el año 1927. El tema no puede estar más de actualidad: cómo nuestros dirigentes infravaloran y marginan la educación de sus propios ciudadanos, rebajando la inversión en profesorado y otras actividades necesarias que deberían desarrollarse en el colegio o al instituto.  Esto quizá se debe, como dice Parker, a que no aprecian lo que significa la educación en nuestra sociedad. El dinero destinado a esta causa nunca es dinero perdido.

“[…] La más grande cosa en la sociedad americana es la escuela. Si realmente apreciásemos este hecho y todo lo que él significa, y toda las consecuencias que de él se derivan, nos veríamos todos poseídos de un fervor- casi de un frenesí- por la construcción de escuelas. Haríamos de nuestros edificios escolares una expresión del pensamiento y del sentir nacionales. En el curso del tiempo, sría posible fomentar un gusto arquitectónico que nos permitiría adornar cada ciudad con edificios para escuela comparables a los templos griegos. Si no hacemos esto, no será porque no nos podamos permitir el lujo de hacerlo, sino porque no apreciamos la importancia de la escuela en la vida nacional. Será porque preferimos gastar nuestro dinero y nuestra energía en tabletas de chicle, luchas de boxeo y  diversiones plebeyas.”

Parker, T.N., ” Un nuevo concepto de la riqueza”, “Revista de Avance”, 1927, nº3, p. 53.