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Las predicciones de Russell. Artículo online de la revista Filosofía Hoy


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Han pasado más de 80 años desde el momento en el que Bertrand Russell se propuso, en uno de los capítulos de sus Ensayos escépticos, imaginar el futuro. Russell, como reformista emocional, no podía resistirse a la tentación de anticipar el futuro. Todos los reformistas creen que la razón –la suya– deberá salvar al mundo y, por ello, desde su perspectiva pueden predecirlo. Y lo hacen, a pesar de que no tienen más que leer las predicciones que les han precedido para darse cuenta de lo inútil que es esa tarea habitualmente.


* Los niños serán, en el futuro, mayoritariamente criados por el Estado.
Por alguna razón, esta era una convicción profunda de Russell en 1928. ¿Por qué? El crecimiento de los sentimientos humanitarios hacia los niños le parecía una tendencia dominante: la gente se inclinaba a creer que los niños no deberían sufrir por las desgracias de sus padres. De ahí debería nacer una fuerte tendencia de los Estados a atender a niños desamparados, que llegará gradualmente a extenderse a una mayoría de los niños, al igual que ocurre con la educación.

* ¿Qué consecuencia tendría lo anterior? El matrimonio,
sin la tarea de atender a los hijos, dejaría de ser tan importante y podría llegar a desaparecer entre las clases bajas y medias bajas. Así, prácticamente sólo las clases acomodadas conservarían el sistema familiar, mientras las clases inferiores, por su parte, rendirían culto al Estado acogedor de sus hijos. En general, es probable que la familia desaparezca por completo, concluye Russell.
Esto traerá, consecuentemente, cambios profundos entre las parejas: el amor sexual será menos interesante y romántico. La poesía amorosa parecerá absurda.

* La higiene y la medicina reducirán la mortalidad, y la guerra, pues, sería el único modo –aunque no buscado– de mantener la población en unos ciertos límites. Dadas esas circunstancias puede temerse que llegue una época de guerras solo comparable a las invasiones de los hunos en la Edad Media.

* Los avances de la ciencia –reflexiona Russel– traerán, entre otros, el resultado de la mayor unidad del mundo. El aumento de las comunicaciones que el filósofo constataba entre los países, provocaría entre unos Estados y otros el incremento de relaciones amistosas u hostiles pero de todos modos determinantes.

* Nuestra civilización –como la anticipaba Bertrand Russell–solo se desarrollaría
en ese mundo unido mediante una autoridad central que gobierne el planeta entero. De no ser así, las guerras se multiplicarían.
¿Cómo será esa autoridad central? Probablemente no será un gobierno en sentido estricto. Es más fácil que se trate de una reunión de financieros convencidos de que la paz es ventaja para ellos. El mundo se inclinará del lado de la supremacía financiera; Russell, ya en 1928, estaba fascinado por la magnificencia del poder del dinero. La gente, sobre todo aquí, en Nueva York, no hablaba de otra cosa. Faltaban unos meses para que llegara la crisis de 1929 que dejó Norteamérica como un solar devastado.

* La autoridad central, que según las previsiones de Russell ya debería estar operando en nuestro mundo, tendría tres mandatos principales:
• Decidir en las demarcaciones territoriales.
• Regular los movimientos de población en el mundo.
• El racionamiento de las materias primas.
Como estamos observando, todas las tareas urgentes que Russell concebía siguen pendientes a estas horas.

* Las predicciones de Russell muestran obsesión por la administración de las materias primas, el control sobre el crédito financiero y la propensión al monopolio que podrá surgir en cualquier parte.
La tendencia de los reformistas a pronosticar el triunfo de los monopolios es muy común; les parece que nada es más apocalíptico que el final de todo en unas pocas manos. Por alguna razón siempre han dudado de que el mundo se atomizara en unidades independientes. Por otro lado, suelen confundir los oligopolios con los monopolios.

* Russel, antes de la popularización de la televisión y por supuesto de Internet, imaginaba que la prensa diaria sería suplantada por la radio, y quedarían algunos semanarios para las ideas de las minorías. Pronosticaba: leer puede llegar a ser una cosa rara, tomando su lugar el escuchar gramófonos o el invento que corresponda en su lugar. No está mal para 1928, ¿no? Análogamente, el escribir se reemplazará en la vida común por el dictáfono.

* La convergencia hacia un Estado que cuida de las proles y de los Estados hacia una gran autoridad única central con una sanidad eficiente para eliminar enfermedades y alargar la vida producirá un resultado: la llegada a un paraíso hedonista en el que casi todos encontrarán la vida tan tediosa que apenas la soportarán.

* Es de temer, escribe Russell, que en ese mundo surjan los impulsos destructores
irresistibles. Entre ellos, una mayor tasa de suicidios.

* ¿Son inevitables los cambios pronosticados (por Russell), se pregunta él mismo?
Sí, se responde. La educación promoverá los cambios necesarios. Al fin y al cabo, razona Russell, lo que llamamos “naturaleza humana” se compone de un décimo de naturaleza humana y nueve décimos de educación.

* “La tendencia de la cultura en nuestros tiempos es, y probablemente seguirá siendo, acercarse a la ciencia, alejándose del arte y la literatura. Esto se debe a la inmensa utilidad de la ciencia. Creo que antes de mucho tiempo nadie se considerará educado si no sabe algo de ciencia”. Bertrand Russell

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