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Nacionalismo y relaciones de género: Emakume Abertzale Batza


Desfile de Emakumes por Bilbao en el Aberri Eguna de 1932

1. Introducción.

A la hora de estudiar el nacionalismo en este trabajo,  partimos de la concepción de la nación como un concepto moderno, que surge en la edad contemporánea. Siguiendo a autores como Ernest Gellner[1], es el nacionalismo el que crea las naciones. Existen elementos de la nación que se han ido desarrollando en otras épocas, pero no podemos hablar de naciones en el Medievo o en la Antigüedad. Asimismo, entendemos la nación en ese plano mental que Benedict Anderson[2] ha dado en llamar “la comunidad imaginada”, la nación se siente como algo subjetivo. El nacionalismo sigue vivo pese a la creencia de Hobsbawm[3] que los creía muertos, ya que vivimos en una época de resurgir etnonacionalista.

El nacionalismo ha sido estudiado de una forma seria a partir de los años 60, 70, con autores como Gellner. Aunque podemos señalar a Weber o Gramsci como primeros autores que se aproximan a esta temática, el nacionalismo ha sido relegado por parte de los estudios científicos por considerarlo una teoría de “segundo nivel”, con un carácter excluyente que no hacía atractivo su estudio. Además, la mala imagen que se derivó del nacionalismo tras la II Guerra Mundial hizo que solo se encarase el estudio del nacionalismo con el resurgir nacionalista del tercer mundo.

En este trabajo pretendo examinar la relación que se ha determinado entre el movimiento nacionalista y el papel de la mujer en el mismo. Vamos a analizar cómo se ha abordado esta cuestión, qué discursos se han utilizado para legitimar el papel de las mujeres en el nacionalismo y la dinámica de las mujeres en el nacionalismo vasco con el estudio de un caso concreto, la organización femenina Emakume Abertzale Batza.

 

 

 

 

 

 

2. Las relaciones de género en el estudio del nacionalismo.

La relación entre diferencia sexual y construcción nacional es de reciente estudio, así como la consolidación del sexo y género en desarrollos históricos nacionales. Hay que entender el género como parte del conjunto de factores que intervienen en la constitución del Estado, y sin él no puede alcanzarse un conocimiento completo de la realidad política.

Debemos destacar el olvido de los estudiosos del nacionalismo por las cuestiones de género. Aunque hay nombres como Chatterjee que atiende al tema de las mujeres en el nacionalismo, que también ha sido abordado por el feminismo. En este primer punto pretendemos repasar la producción historiográfica de nacionalismo y género a partir del artículo de Mercedes Ugalde: “Notas para una historiografía sobre nación y diferencia sexual”[4].

2.1 Primeros trabajos de relaciones de género y nación.

A partir de los 80 empieza un tratamiento serio de cuestiones de nacionalismo y género desde las distintas Ciencias Sociales. En 1984, Nira Yuval Davis organiza en Londres el encuentro “Women and national reproduction”, así como en 1987 D. Kandiyoti organiza un seminario en Richmon College. En 1990, “Women and identity politics”, promovido por el Instituto mundial para la investigación del desarrollo económico de la Universidad de las Naciones Unidas. Organizado por Moghadam, aporta al conocimiento de las sociedades musulmanas contemporáneas en el proceso de cambio revolucionario como caso particular de identidad nacional y de género.

Las historiadoras aparecen a partir de los años 90 con diferentes encuentros en los que reflexionar sobre nacionalismo y género. El primero se produce en 1992 con “Gender, nationalism and national identities” organizado por la revista Gender and history. Encuentro de 24 participantes, supone un trabajo heterogéneo. Un año después se celebra el “European Forum of Left Feminist”, 8ª conferencia sobre “Nationalism, racism and gender in Europe”. Constituye un estudio comparativo entre viejo y nuevo nacionalismo y sus articulaciones con género y raza.

En cuanto a la producción historiográfica, contamos con complicaciones de artículos como las llevadas a cabo sobre Canadá por parte de Hamilton y Barret o las del asentamiento colonial realizadas por Stasiulis y Yuval Davis. Importantes son los monográficos como el de Feminist Review en 1993 “Nationalisms and national identities” También un número especial de Women’s studies international fórum, “Gender, ethinicity and nationalism”

La historia, pese a estar presente de forma minoritaria, ha desempeñado un rol central derivado de la incorporación del análisis del cambio histórico a las distintas disciplinas sociales. La historia de las mujeres y del género, en los últimos años, después de una primera fase de acumulación de información y predominio de estudios monográficos ha empezado a abordar síntesis y visiones de conjunto de amplio recorrido en el tiempo y en el espacio. El retraso en el desarrollo de los estudios históricos sobre diferencia sexual y nación ha hecho que su incorporación a estas obras esté siendo hasta ahora parcial y desigual. El nacionalismo ha tendido a acaparar y subordinar tras sus objetivos cualquier otro proceso y cualquier otra movilización.

2.2 Enfoques interdisciplinares.

Estas aportaciones siempre se han hecho desde un carácter interdisciplinar, con hincapié en el trabajo teórico y la participación de investigadores varones, que neutralizan la determinación de género que hace aparecer los estudios que tienen en cuenta la diferencia sexual como centro de interés exclusivo de investigadoras.

Los estudios realizados desde la perspectiva de la diferencia sexual han contribuido, en gran medida, a llamar la atención sobre la rica variedad de identidades colectivas oscurecidas por el protagonismo de la identidad nacional y han hecho avanzar el conocimiento de los mecanismos de su construcción y de sus relaciones mutuas. Investigaciones sobre Tercer Mundo y los estudios sobre racismo y sexualidad han cumplido un papel muy importante en el desarrollo de este conocimiento, al haber puesto en cuestión la validez de los modelos pretendidamente universales de construcción nacional, de feminismo y de comportamiento sexual procedentes de occidente. Destacados son los estudios de Chatterjee sobre el Tercer Mundo o de Jayawardena que critica la asunción de un único modelo de feminismo en el Tercer Mundo.

 Cuando empezó a ponerse en cuestión la homogeneidad del feminismo y de las mujeres en general, las diferencias de clase fueron las primeras en ser tenidas en cuenta. La consideración de las diferencias étnicas y raciales se abrió paso más tarde a feministas del Tercer Mundo, el etnocentrismo y racismo existentes en la práctica, y en la teoría del feminismo blanco occidental. Esto ha dejado al descubierto la implicación de colectivos de mujeres y de feministas de grupos privilegiados, en la construcción de desigualdades de clase, de raza o de otro tipo, que oprimen a otros colectivos, entre ellos colectivos de mujeres. Esto ha llevado a la postura extrema de considerar que el feminismo no es vía apropiada para la liberación de las mujeres de color y del Tercer Mundo.

Una de las primeras aportaciones al estudio sobre diferencias raciales y étnicas en relación con las mujeres y el nacionalismo fue el Encuentro Internacional de Londres de 1984, aproximación a países Tercer Mundo. También el trabajo sobre Canadá de Hamilton y Barret, la realidad canadiense dio facilidades para explorar la complejidad de las relaciones sociales, confluencia de distintas identidades nacionales de raíz europea, conflicto de identidad, con reminiscencias. Gran desarrollo del socialismo y existencia de opciones feministas distintas.

Otro de los aspectos configuradores de identidades colectivas es el comportamiento sexual. D. Halperin ha señalado que la distinción entre heterosexualidad y homosexualidad se creó a finales del XVIII. Se genera una diversidad de significados sobre una misma práctica sexual para los integrantes de diferentes culturas. Esto es incompatible con la posibilidad de establecer ciertas características generales en la relación entre sexualidad y nación. Nos muestra el carácter masculino de esta camaradería, que se construye en torno al símbolo de la madre idealizada y el rechazo a la homosexualidad, que garantiza el carácter fraternal de las relaciones entre estos. La identidad nacional construida sobre la alienación de los individuos mujeres en su función de madres y prohibición de relaciones sexuales no reproductivas. Este papel de género en la construcción de la identidad nacional, ofrece dificultades muy difíciles de salvar a las aspiraciones, y a la misma constitución autónoma de los colectivos de feministas, gays, y lesbianas, que se ven abocados a la contradicción de asumir expresión nacional para alcanzar legitimidad política, y no poder alcanzar sus objetivos sin poner en cuestión los presupuestos sobre los que se construye la nación.

En cuanto a los debates que se han generado entre nación y relaciones de género, Sylvia Walby ha cuestionado los presupuestos de Yuval Davis de que hombres y mujeres están igualmente implicados en los proyectos nacionalistas. Uno de esos indicios es la actitud de las mujeres hacia el militarismo, que en la mayor parte de los casos rechazan. Además, frecuentemente el éxito de la lucha nacionalista tiene como beneficiarios directos a los hombres (más bien algunos), una vez conseguida la independencia nacional pasan de subordinados a legisladores, mientras que la función de las mujeres no cambia sustancialmente[5].

Lo que caracteriza el desarrollo de los estudios sobre la diferencia sexual y nación es precisamente la apertura a ese proceso hacia la totalidad y el propósito de conocer la articulación de las diversas dinámicas de género, clase, casta, raza, etnia o nación. Aunque en ocasiones el énfasis se  ponga en algunas de ellas, es la interrelación lo que se va imponiendo como recurso metodológico.

2. 3 Nación y género en España.

En España, es partir de los años 70 cuando proliferan los estudios académicos sobre la historia de los nacionalismos periféricos, no así del nacionalismo español, que pierde su monopolio. Pronto se descubre la presencia de mujeres organizadas en el ámbito político catalán y vasco, con los primeros estudios de Elorza en 1977.

En esta misma década se produce el desarrollo de la historia de las mujeres. Primeros hitos son la tesis de licenciatura sobre feminismo en Cataluña de Duch o la imagen de la mujer en el movimiento cultural catalanista de Martín. El nacionalismo es desplazado por un nuevo objeto, las mujeres. A medida que la teoría feminista se ha ido elaborando de una forma más compleja, el énfasis se ha ido desplazando desde la subordinación a consideraciones más positivas sobre la actividad de las mujeres en el marco nacionalista.

En los 80’s, contamos con estudios desde la Antropología de Aretxaga, así como desde la historia se aproxima Ugalde utilizando el género como categoría de análisis en el estudio del nacionalismo. Los temas tratados versan sobre las diferencias entre hombres y mujeres, y la consideración del Hogar Vasco como estrategia indirecta de los nacionalistas. En estos años se publican los primeros trabajos sobre Emakume Abertzale Batza, a la que se considera mero apéndice del PNV. Ascensión Martínez es la primera que se aproxima a esta agrupación, que en 1992 analiza Mercedes Ugalde en su tesis, que comentaremos en el último capítulo.

 Es en los 90 cuando se potencia definitivamente el estudio de la nación y el género con Congresos como el de Santiago de Compostela de 1994 o la Celebración del centenario del nacionalismo vasco en 1995. La tendencia interdisciplinar ha sido determinante en la orientación de los estudios sobre diferencia sexual y nacionalismo, que se han visto así enriquecidos con la aplicación de la perspectiva histórica y el énfasis sobre la interrelación de factores tan diversos como la raza, la etnia, el género, la sexualidad, la clase y la construcción del Estado. En España ha tenido un escaso desarrollo, pero se empiezan a tratar debates internacionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. Discursos del nacionalismo acerca de las mujeres.

La conexión de las mujeres con el Estado es compleja. Han participado en las colectividades en cualquier momento, como cualquier otro sujeto histórico, pero como categoría social ha tenido un rol particular. Los intentos de conceptualizar la conexión de mujeres y estado se ha encontrado en la dimensión de la ciudadanía, de cómo se construye la diferencia entre la mujer y el hombre. Se ha construido el Estado en base a una categoría masculina según sus capacidades y necesidades.

Tenemos que recordar que las mujeres no son un grupo homogéneo, están divididas por clase, etnia o ciclo vital, por lo que adoptan estrategias diferentes. Por tanto no podemos hablar de las mujeres como un todo, por cuanto se adscriben a otros fenómenos colectivos.

El nacionalismo ha utilizado discursos y metáforas en clave de género como nos señalan Begoña Aretxaga para el caso irlandés[6] y Partha Chatterjee para la colonización en la India[7].  En el caso irlandés, se caracteriza desde Londres a Irlanda como una amante ofendida ante Irlanda del Norte o como una prostituta. Chatterjee, por su parte, establece cómo las mujeres indias se convirtieron en las depositarias de la cultura india durante la colonización. Esta cultura fue presentada como más alta que la británica, lo que supuso una afirmación del carácter nacional indio.

Las estudiosas de la nación y el género Nira Yuval-Davis y Floya Anthias han analizado en diversos artículos, y especialmente en su libro Woman-Nation-State[8], los discursos que el nacionalismo ha desarrollado acerca del papel de las mujeres en la construcción y reproducción nacional. Han elaborado una serie de cinco puntos en los que contemplan dichos discursos respecto de la mujer:

A. Reproductoras biológicas de la colectividad étnica: Las mujeres, por razones obvias, son las encargadas del control de la población, controlan el número de miembros junto con la inmigración. Se usan discursos nacionales para ello, las mujeres deben aportar nuevos miembros a la nación. Las políticas más extremas las desarrollaron los nazis al limitar la reproducción en base a la raza. -Reproductores de los límites del grupo étnico

B. Reproductoras de los límites del grupo étnico: Son las que marcan lo que debe hacerse. Marcan los límites honrosos de la etnia, por ello una afrenta contra las mujeres lo es contra todo el grupo. Por ejemplo, no pueden emparejarse con otras etnias (matrimonio como control).

C. Reproducción ideológica de la colectividad y transmisora de la cultura: La mujer también desarrolla un papel como reproductora ideológica, en especial como socializadoras de los niños, que asumen la herencia de los símbolos étnicos.

D. Significados de la diferencia étnica, construcción categoría étnica: La nación como representación de la mujer, como una amante en peligro o madre. Se producen exaltaciones de la nación como la “Madre Patria” o una “amante vejada”. La sexualidad de la mujer aparece con un papel central en la dialéctica de género.

E. Participantes en los asuntos nacionales, económicos, políticos y militares: La mujer participa en los temas nacionales y étnicos, sobre todo apoya a los hombres. Se han generado distinciones de género en cuanto a la actuación respecto de la nación.

Yuval-Davis y Anthias advierten sobre la problemática del concepto de reproducción. Ha sido criticado por las feministas a la hora de hablar de reproducción nacional, étnica y racial. También indican la compleja conexión entre los procesos etnonacionales y el Estado, reforzada por la legislación estatal. También hay que tener en cuenta la legislación de la mujer, que delimita sus campos de acción. Por último, como decíamos al principio, hay que tratar a las mujeres de forma diferente según sus capacidades, clase… Debemos poner el énfasis en que los roles que juegan las mujeres no son siempre impuestos, las mujeres también participan de ese proceso de reproducir y modificar roles, en especial las de edad más avanzada.

Representación en Aberri del discurso de lanzamiento de EAB por el irlandés Ambrose Martin el 10 de abril de 1922

 

4. Las mujeres en la construcción de la nación vasca.

Milagros Amurrio en su artículo “Las mujeres en el proceso generizado de construcción de la nación vasca”[9] reflexiona acerca del papel de las mujeres en el proceso que constituye la construcción de la nación y el nacionalismo vasco.  El interés de la autora se dirige a los objetivos del nacionalismo vasco y a la situación que para conseguirlos se ha vivido. Los objetivos son: unidad, autenticidad y autogobierno de la nación vasca, tanto a nivel territorial, como moral y social.

La idea de nación estructura unas relaciones de género asimétrica, vamos a analizar cómo se relacionan la nación y el género en dos momentos históricos del pasado siglo en Euskadi. El primer momento se sitúa en la década de los 20’s y 30’s, tras el desarrollo del primer nacionalismo político vasco. Este fue fundado por Sabino Arana con fundamentos en la raza, lengua, ley vieja y de carácter conservador sobre la base de la moral cristiana católica. En cuanto a las mujeres, comparte el discurso ambivalente difundido por el catolicismo. Este se basaba en la naturaleza, que definía la función social de las mujeres, “seres débiles necesitados de protección”, debían vivir bajo la protección del padre o el marido, para no interiorizar las costumbres extranjeras (que los hombres si podían interiorizar como nos cuenta Partha Chatterjee en el caso Indio)[10].

El lado positivo del discurso ponía el acento en la maternidad, que aseguraba la reproducción de la especie y la primera socialización de las niñas y los niños. Asimismo, se le responsabilizaba del cuidado de los más débiles (aún más débiles que ella) como enfermos, pobres o ancianos. Para ello fundamentan sus argumentos en la madre María (AndraMari), convirtiendo a la mujer vasca en símbolo cultural a través de la maternidad, símbolo de linaje y de la casa. La madre se convierte así en el símbolo de la patria, la Madre Patria. Al estar el nacionalismo vasco, en parte, fundamentado en la raza, la maternidad cobra mucha importancia, al ser las portadoras de la colectividad, con lo que se regulan sus matrimonios.

El primer nacionalismo fue difundido fundamentalmente por el PNV, fundado por Arana. Este partido tiene en la nacionalización de la sociedad una de sus prioridades, aspira a ser un “partido-comunidad, como lo define José Luis de la Granja[11]. Las mujeres también son de interés para el movimiento nacionalista, como demuestra la creación de Emakume Abertzale Batza en 1922, a la que dedicaremos un apartado a continuación. A las emakumes se les asigna la difusión del nacionalismo, educación, beneficencia y servicios afectivos, ámbitos alejados de la acción masculina, esto es, fuera del ámbito público. Otro de los organismos clave será Eusko Ikastola Batza, que surge en 1932 a iniciativa de la reconstituida EAB y de Euzko Gaztedi (Juventudes del PNV). Las mujeres, la mayoría emakumes, tuvieron una labor muy importante en estas ikastolas, llevando la educación nacionalista a los niños.

En esta primera fase, se produce un salto cualitativo de las mujeres vascas. No desaparece el carácter de portadoras de la comunidad, pero también pasar a ser transmisoras de cultura. Sin embargo, son marginadas del cuerpo político. Su participación se da en un nacionalismo sin Estado, en que las mujeres no ponen en cuestión la estructura de género asimétrica de este nacionalismo, imbuido de valores religiosos y tradicionales.

El final de los 50’s, es considerado el segundo momento a partir del cual el nacionalismo vasco vive un resurgir cultural. La mayor innovación de la época es el surgimiento de EKIN en 1952, que en 1959 se constituye como ETA. Se sustituye la raza como elemento fundamental del nacionalismo por la lengua y la cultura, con lo que todas las iniciativas nacionalistas tendrán un marcado carácter para evitar la muerte del euskera. Aquí la mujer tiene mucho que decir, puesto que la lengua tiene mucho que ver con la cultura y la educación. Las mujeres vascas, como madres y amas de casa, enseñan y transmiten el euskera. Ni que decir tiene que la labor política en estos años es restringida por la falta de libertades.

Los otros factores que promueve ETA dentro del movimiento nacionalista son la aconfesionalidad y la independencia. Se percibe el cariz radical de ese nuevo proyecto, que elabora un nuevo discurso de género. Se reconoce a las mujeres en igualdad de derechos a los hombres en todos los ámbitos de la vida, así como se define el ámbito doméstico como de trabajo, con lo que le corresponde un valor económico. Se toma en consideración la educación por parte de la mujer, separada del trabajo doméstico. Por último, se critica la opresión de las mujeres, en especial la mujer casada.

En este discurso se percibe la necesidad de que a mujer participe como el hombre en las cuestiones sociales. Un elemento clave es su acceso al mercado de trabajo para adquirir independencia económica, por ello se promueven iniciativas como la creación de guarderías, jornadas reducidas para mujeres casadas… Estas iniciativas parecen ser obra de la tendencia ETA Berri, que fue expulsada de ETA en 1966 por su deriva “españolista”, con lo que la relación entre nacionalismo vasco radical y feminismo queda en suspenso.

Como expresa la autora, las ideas feministas no eran incompatibles con el quehacer patriótico de transmisoras culturales, aunque este se impusiera en la práctica. La actuación de transmisora cultural conlleva ser sujeto patriota y sujeto político. Este discurso generizado del nacionalismo vasco llevó a la mujer al ámbito público pero de forma limitada, habrá que esperar a la democratización de Euskadi para ver progresos. El nacionalismo vasco radical será muy sensible a los temas feministas, en especial la tendencia “poli-mili” que realizará varias campañas profeministas como relata Mario Onaindia en sus memorias[12].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Emakume Abertzale Batza.

En este último capítulo queremos estudiar un caso concreto dentro de la relación entre género y nacionalismo con el análisis de Emakume Abertzale Batza, Organización de Mujeres Patrióticas a partir de la tesis de Mercedes Ugalde[13]. Esta organización operó durante 1922-23, y tras ser prohibida en la Dictadura, reflotó en la República. Supone el intento por parte de las mujeres nacionalistas vascas de entrar en la vida pública, en una sociedad marcada por su conservadurismo.

5.1 Antecedentes.

En España el fenómeno feminista fue tardío, algo aún más acentuado en País Vasco, por su carácter conservador y el gran peso de la Iglesia Católica, contraria al cambio de rol por parte de la mujer. La industrialización fue tardía, aunque mucho antes que en otras zonas de España, sin embargo la especialización en los sectores minero y siderúrgico no favoreció la incorporación de la mujer al empleo.

Las mujeres nacionalistas vascas aparecen públicamente a partir de 1906, principalmente a través de la prensa. Aparecen de forma tímida e insegura en la prensa nacionalista como Bizkaia. Podemos destacar a primeras escritoras destacadas como Tene Múgica, Mirentxu, o Raquel de Alde.

La oposición de los varones a la entrada en lo público de las mujeres las relega al terreno asistencial. Así toma cuerpo el proyecto de Ropero Vasco, con el doble objetivo de contribuir al nacionalismo vasco colectivamente y fomentar los valores jelkides.

Mientras en la década de los 10’s y 20’s, se produce en otras partes del mundo la incorporación de las mujeres a la vida pública, en Euskadi no hay un movimiento feminista organizado. La Iglesia capitaliza el movimiento femenino con Acción Católica de la Mujer, a la vez que contiene el feminismo impregnándolo de ideología católica.

5.2. Primera época de Emakume Abertzale Batza.

Sin embargo, las mujeres presionan para conseguir una organización femenina. Tras la escisión en 1921 del movimiento nacionalista vasco en Comunión Nacionalista Vasca (más moderada) y el sector aberriano (que conserva siglas del PNV), en el seno de este último nace EAB siguiendo el ejemplo irlandés de la organización Cumann na mBan, que incorporó a las mujeres a la lucha por la independencia. En su vocación como partido-comunidad, el PNV fomenta la creación de organizaciones sectoriales[14]. EAB nace en 1922 en Bilbao como organización femenina complementaria de las organizaciones masculinas y subordinada a su política. Aceptan su papel secundario y se dotan de órganos de gobierno, una Asamblea General anual de afiliadas y una Junta Directiva elegida de la misma. La primera presidenta sería… y en la Junta Directiva estaban representadas las grandes familias de la burguesía vizcaína. Otro proyecto se llevó a cabo desde la opción comunionista, liderada por Tene Múgica y el diario Euzkadi. Emakume Aberri Bazkuna tuvo una vida muy corta, pero pretendía ser una opción más conservadora de organización femenina.

Tras operar desde mayo de 1922, tras el golpe de Estado de Primo de Rivera de septiembre de 1923, la organización es declarada ilegal. La actividad de la mujer se replegará al ámbito cultural y asistencial ante la imposibilidad de la labor política.

5.3. Emakume Abertzale Batza en la II República.

La actividad de las mujeres reaparecerá con fuerza en la República, que las dota de voto y de igualdad de derechos. Hay interés de dotar de infraestructura de participación a las mujeres, con lo que se vive un enorme despliegue de EAB. El PNV de hecho cambiará sus estatutos para que se puedan afiliar mujeres, lo que provocará las protestas de Luis Arana. Sin embargo, pocas se afiliarán, ya que los puestos de responsabilidad siguen estando en manos de varones.

EAB sigue estando ligada a EGI y PNV, pero se dota de agrupaciones locales, así como de organismos regionales y nacionales. Sin embargo, el papel rector seguirá siendo el de EAB de Bilbao. La primera presidenta será Carmen Errazti como en el primer periodo, pero desde 1932 será sustituida por Teresa Azkue. EAB vive en estos años una enorme expansión desde las 94 agrupaciones con las que cuentan en 1931 hasta las 218 con que cuentan en 1936. Sin embargo, seguirán teniendo menos penetración en Álava y Navarra. Asimismo viven una escalada de afiliaciones hasta las 14000 de mayo de 1934, a partir de entonces se estanca su número.

En esta década, el PNV siguió poniendo límites a la actuación de EAB: propaganda, educación, labores asistenciales, religiosidad, apoyo a los varones… Las mujeres aceptaron su posición secundaria, pero avanzaron tanto en sus modos de expresión como en la participación política, puesto que aparecen en los gobiernos municipales. Sin embargo, esto se hizo sin voluntad de voltear el sistema de relaciones de género, puesto que asumen el discurso del feminismo católico, salvo voces aisladas como Antonia May. Los hombres tuvieron que aceptar la entrada, pero se pusieron barreras para contener sus aspiraciones.

EAB no colaboró con otras organizaciones femeninas, a las que vio como contrincantes, especialmente a las de izquierda. Colaboró en primer momento con organizaciones católicas, pero el giro al centro del PNV llevó al fin de estos contactos. Ni siquiera la propia organización se organizó a nivel nacional, solo Tene Múgica propició la coordinación de los organismos guipuzcoanos.

La entrada en la política de las mujeres vascas fue impulsada por la situación económica y social y por el alto grado de desarrollo del movimiento feminista en el mundo. El PNV siempre opuso límites a su entrada, aunque se aprovecho de su labor de proselitismo de la doctrina nacionalista. Las mujeres lograron entrar en el movimiento nacionalista y ser parte de la escena pública, pero a cambio de aceptar su papel secundario.

Emakume Abertzale Batza no resucitó en la Transición, porque la lógica de los tiempos indicaba que la lucha femenina debía ir por otros cauces. Tuvo una existencia corta, frustrada tanto por la Dictadura de Primo de Rivera como por la Guerra Civil, pero constituyó la primera experiencia colectiva a nivel político de las mujeres vascas.

 

6. Conclusiones.

Debemos empezar las conclusiones relatando la falta de trabajos sobre las relaciones de género y nación, agudizado en España. Desde los años 80 se ha producido un esfuerzo considerable que se refleja en la cantidad de trabajos publicados, pero se echa de menos una mayor atención a este tema, especialmente de los principales especialistas del nacionalismo. Los hombres deben atender también a este campo de investigación, pues el género no solo versa sobre las mujeres.

En España queda un camino por recorrer que nos indica que este campo puede tener bastante que ofrecer a la investigación. Investigadoras como Mercedes Ugalde son algunas de las pioneras que están abriendo el camino en este país.

Una de las claves de los trabajos publicados ha sido el acercamiento a los discursos por los cuales el nacionalismo ha justificado el papel de la mujer en los movimientos. El nacionalismo, como cualquier otra teoría política, ha otorgado a la mujer un papel, que como en otros movimientos la ha relegado a un papel secundario. Todo esto se ha visto revestido de una exaltación de la maternidad de la mujer y de su papel como guardiana de la nación, que sólo enmascara el rol al que se la ha relegado.

Hablamos de mujeres, en plural, pues la mujer es una categoría heterogénea. No es un grupo que comparta una misma idiosincrasia, sino que las mujeres se dividen a su vez por ideología, clase, raza… con lo que tenemos que tener cuidado a la hora de hablar de la mujer como categoría unitaria.

Las mujeres han tenido una importancia creciente dentro de los movimientos nacionalistas. Los ejemplos de las mujeres indias que hemos visto en Chatterjee, o la evolución de la mujer vasca que hemos analizado a través de las obras de Aretxaga y Ugalde, revelan esa evolución. En concreto, la mujer vasca ha asistido a una revalorización de su papel en la vida pública. Ha partido desde un papel claramente secundario dentro de un movimiento claramente tradicionalista que asumía la teoría de las dos esferas, hasta ser una participante activa en el actual sistema democrático. En esta evolución, aparte de procesos más amplios como la democratización del país, o la expansión del feminismo, debemos destacar los esfuerzos de las mujeres vascas, que a través de sus esfuerzos organizativos han ido venciendo barreras. Este ejemplo es análogo al de muchas otras naciones en el mundo, así como un anhelo para las mujeres de naciones en las que aún son relegadas a un papel subordinado.

Hemos centrado la atención en último lugar en Emakume Abertzale Batza, organización nacionalista femenina que constituyó la primera experiencia colectiva de las mujeres vascas. Pese a sus limitaciones, tanto por parte del PNV, como de la propia ideología de las mujeres, supusieron una  cuña importante en un mundo que se pensaba que era exclusivamente de hombres. Desde labores no políticas, consiguieron proyectar una imagen pública de la mujer vasca, tanto que sobrepasaron los esquemas y en la II República aparecen en ayuntamientos de País Vasco, en una época en que la mujer ya puede votar.

No sólo tenemos que echar la mirada hacia atrás para analizar estos discursos. Sólo hace falta ojear los periódicos cada día para ver el discurso que en las sociedades occidentalizadas se sigue construyendo sobre la mujer, en un mundo supuestamente globalizado. Al mismo tiempo, no debemos perder de vista la situación de muchos otros países, de muchas otras naciones en que la mujer está aún oprimida. Esos discursos que veíamos en el segundo punto aún permanecen vigente y se hace necesario denunciar día a día su situación, pues la autocomplacencia con la situación actual solo hace que las conquistas del pasado queden sin efecto, debemos seguir denunciando y luchando por la verdadera igualdad a nivel mundial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7. Bibliografía.

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Yuval-Davis, N. “Nación y nacionalismo” en Cheris Kramarae y Dale Spender (ed.) Enciclopedia internacional  de las mujeres. Madrid, Síntesis, 2006.


[1] Hall, J. (ed.) Estado y nación. Madrid, Cambridge University Press, 2000.

[2] Anderson, B. Comunidades imaginadas. México D.F., Fondo de cultura económica, 2006.

[3] Hobsbawm, E. Naciones y nacionalismos desde 1789. Barcelona, Crítica, 1997.

[4] Ugalde, M. “Notas para una historiografía sobre nación y diferencia sexual” en Arenal: Revista de historia de mujeres. Vol. 3, nº 2, 1996. Pág. 217-256

[5] Ugalde, M. Op. Cit. Pág. 234

[6] Aretxaga, B. “¿Tiene sexo la nación? Nación y género en la retórica política sobre Irlanda” en Arenal. Revista de historia de mujeres. Vol. 3, nº 2, 1996.  Pág. 199-216

[7] Chatterjee, P. “Colonialismo, nacionalismo y mujeres colonizadas: el debate en la India” en Arenal. Revista de historia de mujeres. Vol. 3, nº2, 1996. Pág. 177-198

[8] Anthias, F. y Yuval-Davis, N. Woman-Nation-State. London, McMillan, 1989. Pág. 6-12  citado en Smith, A.D. y Hutchinson, J. Nationalism, Oxford, Oxford University Press, 1994. Pág. 312-316  Yuval-Davis, N. “Nación y nacionalismo” en Cheris Kramarae y Dale Spender (ed.) Enciclopedia internacional  de las mujeres. Madrid, Síntesis, 2006.

[9] Amurrio, M. “Las mujeres en el proceso generizado de construcción de la nación vasca” en Cuadernos de Historia Contemporánea. 2006, vol. 28. Pág. 119-134

[10] Chatterjee, P. Op. Cit.

[11] De la Granja, J.L. El nacionalismo vasco: un siglo de historia. Madrid, Tecnos, 1995.

[12] Onaindía, M. El aventurero cuerdo. Madrid, Espasa, 2004.

[13] Ugalde, M. Las mujeres vascas en la vida pública. Gestación y desarrollo de Emakume Abertzale Batza: 1906-1936. Madrid, Universidad Complutense, 1991.

[14] De la Granja, J.L. El nacionalismo vasco: Un siglo de historia. Madrid, Tecnos, 1995.

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  1. nuria sanchez
    marzo 14, 2012 en 12:19 pm

    Muy bueno el artículo, me encanta esta linea de trabajo sobre historia y relaciones de genero. A seguir aportando cosas! un saludo.

  2. julio 9, 2013 en 1:48 pm

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