La internacional situacionista


Esta corriente existía en Francia ya desde 1958, ligada a corrientes de las vanguardias artísticas y literarias, como el letrismo, el surrealismo o el dadaísmo. Cruza su devenir con el Socialisme ou Barbarie de Castoriadis, dentro de la reflexión sobre las experiencias del consejismo alemán, del comunismo de izquierdas y de los comunistas libertarios.[1] Constituirá posteriormente la corriente más radical y revolucionaria durante el Mayo francés y será protagonista de las ocupaciones de Estrasburgo, en la que nace el documento De la Misère En Milieu Étudiant que circula por toda Europa desenmascarando las teorías recuperadoras que etiquetaban la rebelión en curso dentro de la periódica revuelta juvenil, y como no, una señal premonitoria de lo que se avecinaría en 1968.

            Pese al protagonismo francés, el movimiento nace en Italia en 1957 con personajes como Pinot Gallizio, Piero Sismondo, Walter Olmo (de la Bauhausimaginista) o Guy Debord[2]. Precisamente este último escribió el documento programático del situacionismo, que se va a ver completado por las tesis de Hamburgo de 1960. Buscan proyectarse como un conjunto separado de la realidad, rechazando el reformismo. Para ello quieren construir bases situacionistas, con un urbanismo unitario y una forma de vida liberada. Otro de sus objetivos es el de restituir a la vida su preeminencia frente a los modos míticos, inmutables y cuantificados, definiendo así nuevos deseos en el campo actual de posibilidades. Por último, desean adueñarse de los medios técnicos que dominan lo posible y que les impiden realizarse[3].

Este movimiento va a tener su mayor expansión en Francia, gracias a los textos de Debord, y de la revista Internacional Situacionista que se publicará hasta 1969. Entre sus logros está la capacidad de análisis de los mecanismos de dominio real del capital, la crítica radical de los aparatos burocráticos, y de gran parte de la tradición leninista, unido a una solida reflexión sobre las experiencias de las tendencias ajenas a la Tercera Internacional. Llaman a la abolición del trabajo asalariado, de las clases, de la jerarquía, pero sin pasar por el modelo leninista. Moroni y Balestrini nos recuerdan que entienden la revolución sin partidos ni sindicatos, sino con una base firme de rechazo ahistórico del pasado.[4]


[1] Moroni, P. y Balestrini, N. La horda de oro: 1968-1977. La gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial. Sugar Coedizione, Milán, 1988. P. 144

[2] Debord, G.  Revolutionary. Len Bracken, Feral House 1997

[3] Ibídem. P.145

[4] Ibídem. Pág. 150

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