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1/3 EXCURSIÓN A CÁDIZ: De Ciudad Real a Chiclana y el Ateneo gaditano.


Esperando a los años que no vuelven, como flotando, uno se percata de que todo pasa y todo llega. Entre los días 8 y 10 de abril tuve la oportunidad de disfrutar de la que, quizá, sea la penúltima excursión de mi carrera universitaria. Aprovechando ese deje de melancolía y plenitud, quiero escribir el relato de aquel viaje. Lo publicaré en tres entregas en orden cronológico, de las cuales este post es la primera. Ojalá mis palabras contribuyan a reavivar algunos de los recuerdos que hemos rescatado de esa bonita aventura entre quijotesca y cayuelesca que disfrutamos en común.

Recuerdo la frase con la que un profesor de Historia Medieval terminó su asignatura: después de ocho siglos de ‘Reconquista’ por las áridas tierras del campo ibérico, a los castellanos solo les quedaba por delante una cosa: el mar’. No podía ser de otra forma. A lo largo de esta etapa de nuestras vidas, hemos visitado numerosos sitios juntos: Toledo y Madrid un par de veces, Salamanca, Cuenca, Almagro, El Escorial, Calatrava, Sevilla, Granada, Albacete… pero nada comparable a Cádiz.

Contienda de Valdepeñas. 6-junio-1808. Juana la Galana, a la izquierda de la imagen amenaza al invasor francés con una porra de madera.


El viernes 8 de abril por la mañana, quizá con un imprevisto frescor, partimos desde Ciudad Real sobre las 8:45 a.m. El viaje formaba parte de un seminario de tres días titulado “La ruta de la libertad: entre la Mancha y Cádiz en la Guerra de Independencia”. Pocos minutos después de nuestra salida, el profesor José Gregorio Cayuela se dispuso a narrarnos la Guerra de Independencia sobre el paisaje con su inconfundible estilo histórico-narrativo rayano la épica desmesurada. Nos dirigimos a Valdepeñas donde nos contó la gran batalla que, tanto allí como en Ciudad Real, enfrentó a gabachos y españoles castellanos, con “Juana la Galana” como figura destacada. Varios días de asedio, miles de muertos, mujeres violadas y un incendio que se llevó por delante parte de la pobre infraestructura de la urbe, en la que, dicen, ya había por entonces más vino que agua.

Batalla de “Las Navas de Tolosa”, 1212. Nuestro profesor Cayuela djo que Sancho VII “el fuerte” medía más de dos metros y lo tomamos como una exageración… pero quizá estaba en lo cierto.

Una vez atravesado el siempre impresionante desfiladero de Despeñaperros –deténganse de nuevo en el nombre de la orografía…- el profesor nos narró las batallas de las Navas de Tolosa (1212) y posteriormente de Bailén (1808), ambas con un calor de mil demonios, en pleno mes de julio y con ropajes que no eran precisamente transpirables como el algodón o la seda. La primera contienda, la más importante del medioevo peninsular, supuso el retroceso definitivo de las tropas almohades hacia el valle del Guadalquivir y el avance vertiginoso de los cristianos hacia Córdoba y Sevilla en poco más de treinta años.

Batalla de Bailén. 19 a 21 julio-1808 (Entrar para ampliar información)

El segundo de los choques que acontecieron en esta zona significó la primera derrota de un ejército napoleónico en campo abierto. Bien es cierto, como apunta Charles Esdaile (La guerra de Independencia, Crítica, 2004) que el ejército francés no estaba precisamente compuesto por la flor y nata de la infantería gala, pero los sucesivos errores estratégicos del general  Dupond y la ofensiva en pinza de los generales Redding y Castaños provocaron su rápida rendición.

Batalla de Bailén. La autovía A-4 en diagonal descendiente hacia la izquierda, cruza el campo de batalla

Recordamos con cariño las exageraciones casi gore de las que hace gala nuestro profesor Cayuela, quien afirma que los Percherones de Alfonso VIII pesaban 2.000 kilos, las lanzas de sus ejércitos 12 metros o que los soldados del ejército gabacho salivaban sangre en plena contienda de Bailén por el esfuerzo que suponía transportar las riquezas saqueadas en Córdoba. En cualquier caso, ambos enfrentamientos alimentan, aún hoy en día, el estoico y maltrecho espíritu nacional.

El caballo percherón, de unos 1.000 kilos de peso, era el usado por la caballería cristiana en la Edad Media


Transcurridas casi seis horas de viaje, llegamos a Carmona. El calor era notable para la época del año en la que nos encontrábamos, pero el enclave geográfico tampoco invitaba a ser más optimista. Bajo unos 30ºC de temperatura, realizamos la reglamentaria parada para saciar los rugidos de nuestras vísceras revoltosas. Patatas con huevo, pimiento y algo de pollo fueron suficiente para afrontar el tramo final de nuestro viaje.

Típico cortijo andaluz del s.XIX

El clima atlántico se apreciaba en parte de la vegetación que podíamos apreciar a ambos lados de la carretera. Además, Cayuela hizo bastante hincapié en cómo los Cortijos de esta zona son resultado, casi directo, del imperfecto proceso de desamortización llevado a cabo durante el siglo XIX. También pudimos contemplar campos de algodón, caballerizas jerezanas y dehesas donde equino y vacuno inclinaban sus fauces a la yerba fresca y verde.

Puente de Carranza, desde su extremo oriental, es el nexo artificial que une Cádiz con “tierra firme”.

Los paneles de carretera y la grúa del Navantia a lo lejos anunciaban la inminente llegada, el soñado regreso a la ciudad de Cádiz. Tras una pequeña loma, aparece el puente de Carranza dividiendo la bahía gaditana en dos lenguas de mar calmado. La marisma, un tanto oscura, quedaba a pocos metros bajo las ventanas del autobús. Para muchos fue una escena inolvidable. Y de nuevo otra sorpresa. Un giro a la izquierda nos dejó al descubierto la primera fortaleza de la Gades fenicia, pero también las bravías aguas del Atlántico rompiendo en la playa de Santa María, compartida por cometeros, surferos y nudistas.

Mapa Cádiz s.XVIII. Rodeado de amarillo se puede observar el Puente “Suazo”, hoy conocido como “Zuazo” (Pinchad para ampliar)

De camino a la Barrosa de Chiclana, donde nos alojaríamos, atravesamos San Fernando, cuyo Pabellón de los hombres ilustres y su Observatorio Astronómico son inconundibles hitos desde la distancia. En este trayecto, el profesor Cayuela nos explicó el asedio francés a Cádiz. El Puente de Zuazo y las esclusas de la marisma fueron factores claves en la defensa de la ciudad. El uno fue volado por los aires con dinamita, eliminando así el único puente que permitía el acceso al istmo gaditano -mirad mapa superior-; las otras fueron usadas para inundar la zona con las aguas oceánicas, que impedirían el acceso a través del barro y la arena a las pesadas artillería e infantería francesa.

El Puente Zuazo en 1895, en la actualidad en desuso

La otra opción para Napoleón fue usar la flota para bombardear Cádiz desde el mar, pero recordemos que desde la derrota de Villeneuve en Trafalgar, Inglaterra era dueña y señora de los mares, y en este momento era aliada de los hispanos. Aunque pueda parecer una exageración decirlo, toda España se redujo a una isla. Los cerca de 10.000 franceses dispuestos en las proximidades de San Fernando nunca pudieron poner un solo pie en la Cádiz constitucional.


En amarillo Baluarte de la Candelaria, en rojo Ateneo de Cádiz, en verde Teatro Falla, en naranja, Playa de la Caleta, en azul Castillo de San Sebastián. El paseo arbolado que queda a la derecha es el Parque del Genovés.

Una vez instalados, pero cansados hasta decir basta, nos pusimos el traje de los domingos para ir a la recepción que nos tenían preparada en el Ateneo de Cádiz, situado en el Centro Cultural Municipal Reina Sofía, junto al baluarte de la Candelaria -mirad fotografía-. Allí, nos hablaron brevemente de la Historia de la ciudad, así como del proceso Constitucional de 1812 y de la batalla de Trafalgar. Con mucha amabilidad también nos mostraron la biblioteca del Ateneo, que alberga muebles y libros muy valiosos de fondo antiguo, protegidos con finas alambradas para impedir que la mano furtiva se vea tentada de “tomar prestado”, quién sabe, un ejemplar original de Jorge Juan o Meléndez Valdés.

Baluarte de la Candelaria en primer plano, Ateneo a la derecha e iglesia de Santa Carmen a la izquierda, vistos desde el mar

Disfrutamos después de unos minutos para tomarnos una cerveza en el Baluarte de Candelaria, junto a unas farolas ya encendidas sin que el atardecer hubiera culminado su zambullida en el Atlántico. Esta escena me recordó por instantes a aquel cuadro de Magritte, Imperio de la luz, solo que con una coloración anaranjada en la misma línea del horizonte. El viento nos golpeaba con intensidad, pero sin demasiada fuerza. Podíamos sentir en nuestro rostro la textura tersa característica del aire marinero.

Imperio de las luces II, Magritte

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  1. Mónica
    abril 15, 2011 en 3:05 pm

    Muy chulo

  2. junio 25, 2011 en 8:21 pm

    Os dejo este enlace con más planos e información.
    http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20bailen.html
    Enhorabuena.
    Paco Domingo

    http://www.fdomingor.jazztel.es
    http://www.grandesbatallas.es

  3. José Gregorio Cayuela Fernández
    junio 7, 2012 en 10:18 am

    Querido Manu,
    Ha quedado estupendo. Espero que al igual que a ti, el impacto de entender la historia con un paisaje prenda en todos aquellos alumnos que con gran cariño y esfuerzo me han acompañado estos años al Seminario de la “Ruta de la Libertad”. Me ha encantado ver tu trabajo… No te preocupes, encajo bien las críticas de “mis posibles exageraciones casi gores” y mi sentido de la narrativa “cercano a lo épico”. Por supuesto, ¿cómo piensas que podía llamar vuestra atención en un viaje tan duro donde muchos andában medio-dormidos, medio-ligando? Además, uno es apasionado y la historia se narra, no solo se estudia, con pasión. Y veo que, además de ciencia, tu también tienes pasión. Que nunca se te apague esa lucecita, que también se llama vocación.
    Con mi mayor afecto,
    José Gregorio Cayuela Fernández.

  4. enero 1, 2016 en 1:20 pm

    ¡¡ A VER , QUE EL PROFESOR NO EXAGERÓ !! :
    -Sancho el fuerte era un tipo físicamente enorme (mira las investigaciones al respecto).
    -Los caballos percherones para las cargas de caballería (batalla de Las Navas) con todas las armaduras, jinete y material de guerra llegaban prácticamente a las dos toneladas (que eran percherones, que pesan de por sí más de mil kilos).
    -Las “lanzas” que comentas (batalla de Bailén) eran larguísimas porque no eran lanzas (que él lo explicó), sino garrochas; se trataba de guerrilleros garrochistas con varas larguísimas, no para atravesar hombres, sino para tumbar al caballo del enemigo. Una vez en el suelo el jinete enemigo, pues ya sabes: lógicamente “a salivar sangre” (y lo he comprobado en fuentes francesas)..… Así seguiría con más cosas, pero prefiero que lo estudies y no prejuzgues. ¿Tono de épica desmesurada?, pero hombre, si da gusto oír al Cayuela así de clarito y con su vozarrón. Lo que tienes que hacer es darle las gracias.
    La Esco.

    • historiadorhistrionico
      enero 3, 2016 en 9:52 am

      Te acepto el comentario simplemente para poder responderte.
      En primer lugar, rogaría que no se introdujesen faltas al respeto como has hecho en el otro comentario, el cual he borrado, con palabras como “enterao”.
      En segundo lugar, esto es un blog personal, con unas opiniones personales. Con lo cual con unas va a estar de acuerdo y con otras no.
      En tercer lugar, ¿estuvo usted en ese viaje? Si es así me gustaría saberlo. Yo estuve y ciertamente me lo pasé muy bien, lo que no quita que el profesor exagerase en algunas cuestiones. Pero vamos, que no es ningún drama. Es una crítica como otra cualquiera, constructiva. De todos modos, por mucho que se critiquen algunas cosas, ha sido el único viaje de este profesor del que tengo constancia que se hace un reportaje de este tipo, bastante interesante. Y más que darle las gracias a Cayuela, que también, yo se las daría a la delegada de Historia de aquel año, Verónica, que fue la que organizó el viaje enteramente.
      Y en último lugar, la invito a visitar el resto del blog pues seguro que encontrará contenidos muy interesantes.

      PD: Por su mail intuyo que puede ser familiar del propio Cayuela. Reitero que el artículo está hecho con mucho respeto. Y creo que la mayor muestra de ello es que se realizaron tres artículos muy largos explicando cosas que vimos con este profesor, algunas matizándolas u ofreciendo nuevos datos. Y sepa usted que nuestro trato con este profesor es también muy bueno. Saludos.

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