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Petróleo, la clave de Libia


Os dejo aquí el artículo de Jean-Pierre Séréni publicado en el número de Abril de Le Monde Diplomatique en español:

“A priori es inexplicable. Sus pocos socios lo consideraban imprevisible, incoherente y caprichoso. En 1986, el presidente Reagan lo había tildado de “perro loco del Medio Oriente”, antes de enviar a la VI Flota a bombardear Libia y de imponerle un estricto embargo petrolero. En ese entonces, Muamar el Gadafi era considerado un paria… Y sin embargo, veinte años después, el coronel logró convertir a su país en uno de los primeros exportadores de petróleo crudo gracias, entre otras cosas, a las grandes empresas petroleras estadounidenses. ¿Cómo fue posible semejante proeza? Sin duda, “Gadafi el petrolero” demostró tener un espíritu más racional en la conducción de sus negocios del sector que en sus otras iniciativas políticas, internas o externas, tal vez porque se involucró menos en ellas. Sin duda, también, los países petroleros de todo el mundo aprendieron a vivir -y a ganar mucho dinero- en el contexto libio, particularmente inestable, cuando no hostil. Pero de todos modos, la paradoja viene de lejos. En 1951, Libia, durante mucho tiempo apodada “el reino del vacio” obtiene la independencia en la miseria más absolua. Ésta es fruto de la anacrónica unión entre un imperialismo británico en decadencia y una cofrafía musulmana subsahariana, la Sanoûsiyya (de donde viene el rey) ¿Cuál es su única exportación? La chatarra recogida en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Los trabajos de un grupo de geólogos italianos realizados en los años 1930 -y continuados por expertos del ejército estadounidense- sugieren la presencia de petróleo en el subsuelo del extenso país (1,7 millones de km cuadrados) La ley del petróleo adoptada en 1955 marca una ruptura con la regla de un concesionario único por país, hasta entonces vigente en Medio Oriente: La Anglo-Iranian en Irán, Aramco en Arabia Saudita o Irak Petroleum Company en Irak. Al contrario, en Libia, las concesiones están limitadas en el tiempo (cinco años) y en el espacio. Cuando abunda el petróleo, es sabio que haya posibilidad de elección.

La exploración comienza a toda prisa con unas diez compañías. Seis años despúes, en 1961, Exxon inaugura la terminal de Marsa El Brega: se embarca el primer cargamento. En menos de cinco años, la producción supera el millón de barriles diarios, algo nunca visto. Diecinueve compañías, entre las que se encuentran Exxon, Shell, BP y ENI, operan en 1962: treinta y nueve en 1968. Nace un nuevo modelo petrolero que se impondrá poco a poco en el resto del mundo.

Desde su llegada al poder -después de un golpe de Estado, el 1 de Septimebre de 1969- el coronel Gadafi se pone manos a la obra. Su objetivo es conseguir un precio más alto para su crudo. Asesorado por el primer ministro saudi para el petróleo, Abdullah Tariki, apodado el “jeque rojo”, hace competir a las empresas unas contra otras, oponiendo primero a la más grande, Esso, contra una prqueña petrolera independiente, Occidental, recudiendo autoritariamente a la mitad su producción diaria a fin de obtener  un aumento de los ingresos para el Tesoro. La primera puede reemplazar el crudo local por su producción en otros países. La segunda, que no posee nada fuera de Libia, es el eslabón débil, sobre todo porque las Siete Hermanas, las siete petroleras más grandes del mundo, se niegan a ecederle el más mínimo barril. “Tiene todos los huevos en la misma canasta”, ríen los negociadores libios. La empresa firma su rendición. Como el Canal de Suez está cerrado, el Cártel capitula en septiembre de 1970. Los precios y los impuestos aumentan un 20% de golpe.

Para los otros países exportadores queda demostrado: es mejor tratar con varios operadores que con uno solo y es sabio equilibrar la presencia de las grandes empresas internacionales, las Siete Hermanas, con la de otras empresas, más modestas y sin recurso alternativos. Así, los inversores independientes y las empresas europeas irrumpen en la escena petrolera mundial.

Gadafi y su Consejo Revolucionario, como buenos discípulos de Nasser, están totalmente decididos a recuperar las riquezas nacionales. Pero también han sido testigos de varias experiencias desafortunadas: la del primer ministro iraní Mohammed Mossadegh, removido del poder por la CIA en 1953 por haberse atrevido a tacar a la Anglo-Iranian; también la del coronel argelino Huari Bumedian que, después de nacionalizar los yacimientos de las petroleras francesas en 1971 debió enfrentar un oneroso embargo.

En eso también Trípoli hace su propio camino. En diciembre de 1971, los soldados iraníes del shah ocupan los islotes del Tumb y Abu Mussa en el golfo antes de que las tropas británicas evacuaran la región. Entones la BP es nacionalizada. El pretexto es lábil, pero el desafio es grande: La BP posee la mayor parte del yacimiento de Sarir, el más importante de Libia. Despues de un tumultuoso pleito jurídico, se llega a un acuerdo: el país retoma la totalidad del yacimiento…

En cada prueba de fuerza, el escenario es el mismo: los técnicos extranjeros sufren maltratos y acosos, el trabajo en las plataformas se desacelera y la productividad se ve afectada. Molestas, Gulf, Philips, Amoco, Texaco, Socal y otras abandonan poco a poco sus yacimientos (y dejan el país). La empresa pública Libyan National Oil Company, formada según la escuela estadounidense, retoma la explotación sin mayores dificultades. En diez años, los ingresos del país se multiplican por cinco para alcanzar los 10000 dolares per capita en 1979.

Las dificultades vendrán del cambio político. En diciembre de 1979, el Departamento de Estado de Estados Unidos publica su primera lista de Estados que apoyan el terrorismo. Libia ocupa un buen lugar, en especial por su colaboración con algunos movimientos palestinos radicales. Poco despues, Washington cierra su embajada en Trípoli y prohíbe a los ciudadanos estadounidenses que compren crudo libio. Por último, en junio de 1986, se declara ilegal todo comerco con la Jamahiriyya.

Los atentados contra un Boeing 747 de Panam que sobrevalaba Lockebir (Escocia), el 21 de diciembre de 1988, y luego contra el DC10 de la empresa francesa UTA, en novimebre de 1989, dan lugar a sanciones internacionales que afectarán a la industria petrolera libia. Éstas se suman a otros inconvenientes, como la caída de los valores mundiales del crudo, el peso de obras faraónicas, o la desorganización de la economía tras la aplicación de las recomendaciones del Libro Verde, un largo y oscuro tracto anarco-colectivista redactado por el líder de la Revolución, que sueña con un “tercer camino universal”, a medio camino entre el capitalismo y el marxismo.

Si bien la LNOC encuentra sin dificultades nuevos mercados en Europa, Turquía y Brasil para reemplazar las exportaciones perdidas a EEUU, el embargo destruye sus planes de desarrollar la exploración, la petroquímica y el gas natural. Al no poder atraer los capitales occidentales, la tecnología, la pericia y los equipos “made in America” los grandes proyectos se ven frenados. Se instauran redes para evitar el embargo vía Tunez y Egipto, pero hay que pagar el alto precio de los embaucadores bien ubicados que se reclutan en ambas costas del Mediterráneo. La más mínima tuerca pasa a costar entre cicnco y seis veces más que antes de 1986. Los yacimientos envejecen y se vuelve imperativo reactivar la exploración si se quiere evitar una caída a pique de la producción.

El periodo que va de 1992 a 1999 es particularmente dificil. El crecimiento de la economía cae (+0,8% por año) y el ingreso per cápita se reduce un 20%. Hay un gran descontento general, estallan revueltas en Cirenaica y se multiplican las tentativas de derribar el régimen. El coronel Gadafi debe ceder. Sin ninguna vergüenza, entrega a sus propios agentes acusados del atentado de Lockerbie e indemniza generosamente a sus 270 víctimas (un poco menos a las 170 víctimas del DC10 de UTA). Despúes del 11 de septiembre de 2001, Trípoli se alinea detrás de Washington entre los partidarios de un antiterrorismo islámico intransigente. Por último, Gadafi renuncia públicamente en 2003 a dotar a su país del arma nuclear, unos días después del ingreso de los tanques estadounidenses en Bagdad.

 

 

 

 

El 13 de noviembre de 2003, se levantan las últimas sanciones internacionales y se abre el camino para la reactivación petrolera. Gadafi sueña con duplicar rápidamente la producción para llevarla a más de tres millones de barriles diarios, lo cual igualaría a Libia con Irán y la convertiría en un miembro influyente en la OPEP, el cartel que orienta los precios del oro negro. En agosto de 2004, la LNOC saca a licitación quince permisos de prospección. Se produce un “rush.

Ciento veinte compañías manifiestan su interés. Varias de ellas son gigantes estadounidenses y británicas que se habían retirado de Libia en 1986 sin nunca haber sido nacionalizadas. Se atribuyen once de los quince bloques a empresas estadounidenses (Occidental, Amerada Hess, Chevron Texaco). Claramente, la prioridad es volver a asociar las petroleras de Estados Unidos con su industria, en detrimento de las empresas europeas como Total, que, sin embargo, lo habían apoyado durante el periodo de las sanciones.

Las petroleras internacionales, por su parte, se comen los codos de impaciencia, aunque las condiciones son severas -ciento treinta y tres millones de edolares a pagar a la firma, un mínimo de tresciencos millones de gastos de exploración-  el rendimiento modesto. En el mejor de los casos, les quedará el 38,9% de la producción, pero con más seguridad, apenas el 10,8%.

¿De donde viene esta fascinación recíproca y sostenida en el tiempo de las petroleras -de la más pequeñas a las más grandes- por un país tan difícil para ellas como Libia? En efecto, su crudo es de excelente calidad y los yacimientos están cerca de las refinerías europeas más importantes del mundo. Hoy, el petróleo representa aproximadamente un 14% del consumo de Francia y  menos del 10% del de la UE.

Pero lo que ocurrió, principalmente, es que la relación de fuerzas se trastocó en medio siglo. En 1960, las Siete Hermanas, mayormente anglosajonas, controlaban la mayor parte de la producción no comunista. Hoy, las empresas nacionales de los países productores las han reemplazado. Actualmente propietarias del subsuelo, controlan el acceso a éste, aunque aún necesitan a las empresas internacionales para una etapa esencial de la actividad petrolera: la exploración, la prospección de nuevos yacimientos.

Buscar petróleo es arriesgado, cuesta muy caro y exige, pues, inmensos capitales y un saber tecnológico de punta. Las empresas nacionaes no disponen ni de una cosa ni de la otra. La mayor parte del dinero que ganan se gasta fuera de la industria petrolera nacional (la familia Gadafi -cinco hijos y una hija- se lleva una buena porción) y su zona de actividad propia no supera sus fronteras. Más allá de las expulsiones, las revoluciones y las nacionalizaciones, su reencuentro con las grandes compañías extranjeras es inevitable, con o sin Gadafi.”

Fuente: Le Monde Diplomatique

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  1. Manu
    abril 4, 2011 en 8:36 pm

    Luego que por qué la Historiografía Marxista… aish!!! También se podría hacer referencia al deshielo del polo norte y la búsqueda de petróleo en aquellas nuevas zonas al descubierto, ricas en el oro negro.

    Abrazos!

  2. J. Luis López de Guereñu Polán
    septiembre 5, 2011 en 9:47 pm

    El asunto del petróleo como móvil de las intervenciones militares en occidente podría servir hasta hace poco, pero creo que la cosa ha cambiado para el caso de Libia. En primer lugar aquí hay un pueblo que ha demostrado su resolución para acabar con una dictadura. Gadaffi no ha permitido jamás la libertad de expresión, ni la de prensa, ni la división de poderes, ni que se moviese la oposición. Lo que sí ha hecho es enriquecerse, lo que se demuestra por los depósitos de dólares en bancos a su nombre de miembros de su familia. Calro que Gadaffi, en su momento, fue un factor de lucha contra una monarquía corrupta; igual que el régimen que él incubó, pero esto no es exclusivo de Gadaffi, sino de todos los regímenes del norte de África, aunque Argelia y Marruecos hayan evolucionado levemente. África al sur del Sahara es otra cosa. Si no interviene la comunidad internacional, con el acuerdo de la ONU, en Libia (ojalá lo hiciera en Siria, pero aquí está el problema de Irán) la población insurgente libia sería masacrada por el régimen. Es evidente que la intervención de la OTAN ha llevado a hechos condenables; la población de todo el mundo debe debatirlo y decir lo que haya que decir, sin paliativos. Los insurgentes también han cometido actos de barbarie que han sido denunciados. El presidente francés ya ha llegado a un acuerdo con las nuevas autoridades para que compañías francesas exploten el petróleo libio, pero esto no cambia nada. Ya eran compañías extranjeras las que tenían derechos en la explotación del petróleo libio. Un saludo.

  3. historiadorhistrionico
    septiembre 8, 2011 en 11:30 pm

    Pero al final no deja de ser lo de siempre, si no tuviese petroleo, no habría tanto interés en Libia. De hecho ha habido ya revueltas anteriores de una forma cíclica en Libia, pero creo que esta inercia de Tunez y Egipto han propiciado un buen momento para intervenir y sacar tajada. De todos modos, vamos a ver que actitud toman estos denominados rebeldes y que tipo de Estado tendremos después de Gadafi, que tengo muchas dudas al respecto

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