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Despedidas de Yojiro Takita


Daigo Kobayashi (Masahiro Motoki) es un violonchelista que toca en una orquesta en Tokyo. El cierre repentino de la misma hace que regrese a su tierra natal en el interior de Japón, alejado del ruido de la capital.  En ese viaje le acompaña su mujer Mika (Ryoko Hirosue) que siempre tiene una sonrisa con la que acompañarle. Allí se encuentra no solo con sus conocidos de la juventud, sino también con sus recuerdos. En especial la colección de discos de música clásica de su madre fallecida, y el vago recuerdo de un padre al que hace bastante que perdió la pista.

El afán por conseguir un puesto de empleo lleva a Daigo a una empresa de amortajamiento donde da con el jefe magistralmente interpretado por Tsutomu Yamazaki. Esta profesión no está muy bien vista en Japón y por eso Daigo oculta su trabajo hasta que llega a oídos de todo el pueblo, incluso de su mujer, quien ante la negativa de Daigo de abandonar su trabajo se vuelve a Tokyo. A partir de aquí el protagonismo vuelca su arte frustrado del chello en el amortajamiento, conviertiendo ese ejercicio de espiritualidad y paciencia en un arte.

La película nos ofrece imágenes bellísimas en cuanto la laboriosidad del trabajo del amortajamiento, acompañado de música clásica excelentemente escogida. Todo ello hace al espectador sentir el vello de punta. Pese a ello las escenas cómicas también abundan en la película, consiguiendo el efecto de romper la tensión para volver a emocionar al espectador una y otra vez. Sin duda una película tremendamente estética, con escenas larguísimas que nos recuerdan que el cine no es un producto de escenas cortas y vibrantes, sino que la escena se debe madurar, y nos dice una y otra vez que el silencio forma parte del cine, así como forma parte de la vida.

Os dejo el trailer en V.O. de esta película, que ganó en 2008 el Oscar a la mejor película de habla no inglesa:

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  1. blademanu
    marzo 10, 2011 en 10:25 am

    Buen artículo, buena película, histriónico.

    Estoy de acuerdo contigo en todo y añado un par de ideas. Primero, sí, sin el silencio la música o el diálogo de las personas no existiría. Son estos los que hacen posible el lenguaje a todos los niveles. El silencio o la nada y su necesaria comprensión son dos de los grandes logros de la música y las matemáticas.

    Es verdad que en ocasiones la película cae en la teatralización excesiva: la chica parece sacada de un cuento, siempre sonriendo, siempre contentísima, siempre apoyando en todo volcándose hasta la última célula en los proyectos de su pareja y mirando con una inusitada ilusión la vida misma. No obstante, el ritual ceremonioso, también teatralizado, del amortajamiento, nos habla de otra concepción de la cultura de la muerte, acaso parecida a la que los egipcios con más posibles dedicaron a sus muertos tiempo atrás.

    Me encantó el detalle del lenguaje de las piedras… lo dejo apuntado aquí para que no se olvide, porque me pareció fabuloso, una forma muy romántica y en sintonía con la naturaleza.

    Una apreciación: se te olvidó señalar en la última línea “qué premio ganó”.

    Saludos!!!!

  2. junio 4, 2013 en 11:53 pm

    Thanks for sharing your info. I truly appreciate your efforts and
    I am waiting for your further post thanks once again.

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