La memoria del dolor: Hiroshima


Desde hace dos semanas,  quizás por casualidad, la prensa y la radio han hecho resonar el nombre de Japón más de una vez en mis oídos. Aunque destacan su capacidad regenerativa, algunos comienzan a cuestionar la capacidad de la nación nipona para ponerse a la altura de las mayores potencias mundiales. Algunos atribuyen este hecho a su insalvable inferioridad demográfica frente a sus rivales económicos. Otros afirman que, en el devenir de las relaciones internacionales actuales, la hiel que produjeron las guerras del siglo pasado contra China (Guerra Civil) y EE.UU. (Hiroshima)  imposibilitan una alianza real con cualquiera de estos dos países (1).

Aquí la contradicción alcanza su mayor expresión. El 6 de agosto de 2009, el embajador de EE.UU. asistió por primera vez a la conmemoración en recuerdo de las víctimas de Hiroshima (2). Sin embargo, lo que podría parecer un gesto para cerrar las heridas del pasado, tiene tintes claramente estratégicos: ante el crecimiento del Gigante Asiático, el Tío Sam llama a la puerta de Japón, acaso para unir sus fuerzas (3), pues China  ya encabeza la clasificación mundial de inversión de I+D en detrimento de EE.UU. (4). Sin embargo, el frente occidental de este triángulo amoroso sigue abierto. Algunos periódicos han dejado entrever el peligro de un estallido bélico en extremo oriente (5). Estos malos agoreros tal vez estén en lo cierto, pues Japón ha planificado movilizar contingentes militares a ciertas islas del sur que también reclama para sí el gobierno chino (6).

El compositor y director de orquesta polaco, Krzysztof Penderecki, compuso en 1960 una obra que sería declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El Treno por las víctimas de Hiroshima es una pieza que durante unos ocho minutos desgarra el sosiego de nuestra vida pacífica y acomodada con el agudo desenfreno de toda una bandada de violines aparentemente desorquestados. Con el paso de los segundos se suceden aparentes gritos, sirenas, silencios cuya tensión dibuja en nuestra mente el perfil oscuro  de la muerte. El principal objetivo que perseguía quien fuera “Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2001”, fue  intentar perpetuar para el futuro el genocidio de aquel verano de 1945 en Hiroshima. Y precisamente ahora que parecen sonar trompetas bélicas en Oriente Extremo, queremos dar continuidad a ese empeño  de Penderecki por esculpir la memoria del dolor sobre las vías de un pentagrama.

Referencias

(1) Las opciones de Japón

(2) Embajador de EE.UU. asiste al recuerdo por las víctimas de Hiroshima

(3) Geopolítica de la reconociliación China, Japón y EE.UU.

(4) China supera a EE.UU. en inversión de I+D

(5) ¿Vienen guerras en Asia?

(6) Japón planea enviar tropas a las islas del sur

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  1. blademanu
    noviembre 23, 2010 en 6:45 am

    ATENCIÓN!!!!!!!!!!! Lo veníamos diciendo hace solo dos días. La guerra está a la vuelta de la esquina en oriente extremo…

    http://www.elpais.com/articulo/internacional/Artilleria/norcoreana/impacta/isla/Corea/Sur/elpepuint/20101123elpepuint_8/Tes

  2. blademanu
    noviembre 24, 2010 en 7:42 am
  3. J. Luis López de Guereñu Polán
    septiembre 6, 2011 en 5:18 pm

    El lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima no solo fue un crimen monstruoso que violó todas las normas del derecho, sino que jamás un tribunal internacional ha emprendido acciones para denunciar, perseguir y, en su caso juzgar a los responsables. Claro que el mundo tras 1945 no estaba para esos “juegos”. Pero aún considerando dicha monstruosidad, ¿que fue entonces, conocidos ya los efectos, el lanzamiento de la bomba sobre Nagasaki? Este género humano no sé si nunca debió haber nacido…

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