Inicio > Hª Contemp. España, Literatura, Política > El compromiso político en la literatura española del siglo XX (2ª parte)

El compromiso político en la literatura española del siglo XX (2ª parte)


“Generación del 14”

Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914, y a lo largo de todo el reinado de Alfonso XIII, desarrollado bajo un clima de bipartidisto desgastado, los grupos republicanos y obreros fueron calando entre la población. Una serie de escritores y escritoras influidos por estas tendencias y que tuvieron la oportunidad de acceder a la enseñanza universitaria por primera vez, se agruparon en la que hoy conocemos como Generación del 14. Esta comenzó su actividad literaria en los años posteriores, diferenciándose de la Generación del 98, en parte, por su europeísmo, su sentido racionalista y sistemático, el fuerte activismo en la transformación del país, el clasicismo y el conceptualismo vanguardista de un modo, en ocasiones, hasta elitista.

Ortega y Gasset, filósofo, ideólogo y periodista español

Entre este grupo destacarían algunos autores como el poeta Juan Ramón Jimenez, premio Nobel en 1956,  que entraría en el ambiente de la Liga de Educación Política contribuyendo en el periódico El Sol y acercándose a las ideas krausistas acerca del destino del hombre. El poeta onubense, al igual que Giner de los Ríos y Ortega y Gasset, creyó en el “genio inspirador de hombres” que pudiera intervenir en los asuntos de la nación a fin de implantar nuevas ideas. El vate siempre afirmó que no tenía ideas políticas, sin embargo, en 1936, por motivo de la guerra civil, abandonó España, trasladándose a Washington donde continuaría su obra literaria.

Azorín, por su parte, considerado el más importante cronista de la vida política española de la primera parte del siglo XX, defendió un ideario políticas y religioso que evolucionaron desde anarquismo juvenil al conservadurismo, ya en su madurez. Destaca en su obra su pensamiento en torno a la crónica parlamentaria y sus opiniones de la prensa madrileña. En 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín ya estarían instalados en el conservadurismo, y más tarde, entre 1907 y 1919 fue cinco veces diputado y dos breves temporadas subsecretario de Instrucción Pública.

Clara Campoamor

No hay que olvidar la obra de dos grandes escritoras. Victoria Kent fue opositora del sufragio femenino por considerar que la mujer de la época no estaba preparada ni social ni políticamente. Participó en las filas del Partido Radical Socialista, y se hizo cargo de la creación de refugios para niños y de las guarderías infantiles durante la guerra civil. Clara Campoamor mantuvo una intensa disputa con aquella, posicionándose a favor del sufragio femenino en su obra El voto femenino y yo(1935), y denunciando la represión sufrida durante los años posteriores al levantamiento de Asturias en su libro Sobre la represión del levantamiento revolucionario de Asturias(1934).

En 1.923, empieza la dictadura del Miguel Primo De Rivera, que no fue una solución política si bien emprendió la pacificación del Norte de África tras la derrota de un ejército español en Annual (Marruecos), la construcción de importantes obras públicas y nuevas reformas por las que los judíos tuvieran la posibilidad volver de entrar en España –sin demasiado éxito-. Bajo la Dictadura, se disolvió el parlamento, se clausuró el Ateneo de Madrid, se censuró, como no se hizo en tiempos del Absolutismo, la labor científica y divulgadora y la deuda pública ascendió hasta límites insospechados. Esta contexto socio-político causó el descontento social que derivó en la protesta colectiva de intelectuales de la época como Ortega y Gasset, quien abandonaría el país por su oposición al régimen.

Famosa fotografía que retrata a los miembros de la Generación del 27

Ya en 1927, con motivo del aniversario de la muerte de Luis de Góngora, surgió en el panorama cultural de la época un grupo de poetas, novelistas, ensayistas y dramaturgos denominados como Generación del 27. A la vez que surgió otro conjunto de escritores apodados la Otra Generación del 27, alguno de cuyos integrantes formarían parte de la publicación humorística La Codorniz durante casi toda la dictadura Franco. La original reuniría a escritores de la talla de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. Este grupo de literatos se caracterizaría por una tenencia significativa al equilibrio entre lo intelectual y lo sentimental, entre lo universal y lo español, y entre lo tradicional y la renovación.

Mientras, en enero de 1930, Primo de Rivera se ve obligado a dimitir, sucediéndole en el gobierno Dámaso Berenguer y Juan Bautista Aznar-Cabañas, que simplemente alargaron la decadencia en la que se había sumido el Estado. Tras las elecciones democráticas restauradas de 1931, los partidos republicanos triunfan en las zonas urbanas y el 14 de abril de este mismo año se proclama en la Segunda República, dando así fin a la restauración borbónica en España.

Durante este nuevo régimen republicano, se desarrolló la que sería bautizada como Edad de Plata de la literatura española, y no sin razón. En ella convivieron tres generaciones de escritores: La Generación de fin de siglo conformada por escritores nacidos en torno a 1870 en torno a Giner de los Ríos;  la Generación del 14 agrupados en torno a la figura del pensador español José Ortega y Gasset y, por último, la Generación del 27, dominado por la experimentación artística y la búsqueda de un arte puro. Esta Edad de Plata de la literatura española acabaría en 1936 con el levantamiento del general Francisco Franco y sus tropas, produciendo el estallido de la guerra civil.

Antonio Machado, Gregorio Marañón, Ortega y Gasste y Pérez Ayala

Durante los tres años de contienda y primeros años de la posguerra, muchos escritores exiliaron, tal son los casos de Josep Lluís Sert, Miguel Buñuel, Pedro Salinas, Juan Ramón Jimenez, Luis Cernuda, Max Aub o Emilio Prados. Otros decidirían quedarse y morirían en el conflicto como Miguel Hernández, Machado, Unamuno –aunque este no moriría asesinado- o Federico García Lorca. Unos pocos, como Dámaso Alonso, Gerardo Diego o Vicente Aleixandre –que transformaría su obra a una posición solidaria y cauta-, permanecerían en España. Los escritores que aún seguían vivos tras la Guerra Civil continuaron su obra, como Rafael Alberti. Sin embargo, el exilio, la represión y la censura configuraron un precario panorama, agravado por las penurias editoriales y, en general, por el empobrecimiento intelectual del país.

A la sombra de la cultura oficial, pasarán a primer plano una serie de jóvenes escritores junto a otros más viejos que se acomodaron a la situación política y social. Ello explica el conformismo de una exigua producción novelística, entre testimonial y panfletaria, que se enfrenta con la novela comprometida de preguerra. Así surgen autores como Camilo José Cela, las primeras obras de Miguel Delibes, Carmen Laforet y poco más tarde, Luis Martín-Santos.

Lentamente, durante los años 70, la narrativa en España va tomando un carácter más tradicional, alejándose de la búsqueda y la experimentación y las intenciones políticas y configurando una novela limitada al placer de narrar.

Y es que aquí acaba definitivamente el compromiso de la literatura Española con la sociedad y política de la época. El centro de esta tendencia se ha desplazado al otro lado del Atlántico, pues solo unos pocos escritores latinoamericanos siguen militando en estas posiciones ¿no será que habrá calado en el subconsciente colectivo de los escritores españoles aquella vieja expresión de Unamuno «¡Que inventen ellos!»?.

Más información.

Anuncios
  1. cliopatra90
    septiembre 26, 2010 en 12:39 pm

    Felicidades por una síntesis tan buena sobre un tema tan amplio y complejo 🙂

  2. Memorant
    septiembre 26, 2010 en 3:17 pm

    Algunas de las tertulias como la de la foto con los 4 magníficos se dieron en el cigarral de Marañón en Toledo. Para los que conozcáis bien la ciudad o por si tenéis interés, la generación del 27 cuando venía en Toledo se solía reunir en la cafetería Venta de Aires. Además tenéis el circo romano al lado (y parte de él bajo la misma histórica cafetería jeje) así que os merecerá bastante la pena pasaros por allí.

    Unamuno fue un gran ideologo de la identidad nacional. Además tiene bastantes anécdotas con las otras lenguas cooficiales: fue invitado a dar a una conferencia en Barcelona y como hicieron su presentación en catalán (lengua que no conocía) el hizo la conferencia en vasco. ^^

    Me ha gustado tando la forma y el contenido ¡Sigue así Sergio! 😉

  3. rojojse
    octubre 3, 2010 en 1:27 pm

    ¡Muy buen artículo Sergio! El compromiso político de la literatura se ha esfumado, algo parecido pasa con los cantantes. ¿Quién escribirá y cantará a la libertad en el futuro?

  1. octubre 9, 2010 en 11:07 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: