Inicio > Hª Mod. de España, Libros > Discurso sobre el fomento de la industria popular

Discurso sobre el fomento de la industria popular


  1. Discurso sobre el fomento de la Industria popular

Antes de empezar con el comentario, he de señalar que he estructurado este texto en base a las ideas principales de la obra. Campomanes estructura en un índice su discurso, pero sus ideas fuerzas están planteadas durante todo el texto en su conjunto. Las ideas principales de su reformismo se dejan notar en la formulación y sobre todo en las coletillas que utiliza para terminar sus frases. El libro está escrito en forma de sentencias, con breves párrafos que contienen una idea determinada, puesto que hay que recordar que ante todo este texto es un informe que el Fiscal del Consejo de Castilla eleva sobre el estado de la Industria en España.

Para analizar este libro, debemos referirnos al título en primer lugar, que nos da la clave para seguir la obra. Fomento y popular, los dos caracteres que Campomanes quiere imprimir a la industria. Ya en la introducción nos deja ya claro Campomanes cuales son sus propósitos. Parte de la premisa de que el trabajo es algo innato al hombre, por lo que todo el mundo debe trabajar, de acuerdo a sus condiciones físicas y según su edad. Por ello, no se puede permitir que haya ociosidad en el país, como la de las mujeres, que constituyendo la mitad de la población reducen a la mitad la capacidad productiva del país. La idea es que cuántos más brazos trabajen, más producto se obtendrá, esa es una de las premisas básicas del pensamiento económico del s. XVIII. Para ello, hay que darle trabajo a todas esas personas ociosas, hay que fomentar la creación de industria para dar cabida a todo ese potencial productivo.

 

3.1 Un país agrícola

Esto conecta con el primer capítulo. “La agricultura por sí sola no sostiene un país”[1]. Estamos ante una agricultura anticuada, de subsistencia, basada principalmente en el cereal y que aunque ha vivido una cierta regeneración a lo largo del siglo, sigue siendo casi totalmente dependiente de la climatología, por lo que una mala cosecha arruina la economía. El proyecto es crear un cuerpo, un tejido económico nacional donde agricultura, ganadería e industria se complementen entre sí. La manufactura, se convertiría así en un complemento al campo (nunca sustitutivo), que permitiría una segunda fuente de ingresos a la familia, sobre todo por la ocupación de mujeres y niños, nunca de los hombres, puesto que de lo que se trata es dar a la familia una segunda fuente de ingresos, no convertirlos en trabajadores industriales y convertirles en esclavos de la fábrica como ahora lo son del campo, se quiere que aumenten su poder adquisitivo. Esto conecta con la intención de los reformistas por crear una mesocracia rural, figura del campesino medio, con un cierto poder pecuniario que fue exaltado por una serie de autores. Todo esto, debe combinarse con la industria, idea base de todo el texto. Así, los trabajadores adquirirán un complemento económico a su actividad primaria. Sistema muy del gusto de Campomanes, que opina “que la agricultrua sola es insuficiente e incapaz de sostener un País”[2]

 

 3.2 Autoabastecimiento y equilibrio de la balanza comercial

El fomento de la industria también busca otro objetivo básico del pensamiento del s. XVIII, el del autoabastecimiento del mercado nacional. Se busca producir lo necesario en el país para reducir las importaciones tejiendo así un mercado nacional autosuficiente. Así, nuestra balanza comercial se equilibra, y podemos lanzarnos a exportar, pero primero hay que satisfacer la demanda interior. España tiene materias primas, y trabajadores para ello, lo que hace falta es fomentarlo. Al hablar de las manufacturas, la que predomina durante toda su discurso es la industria textil. España es un gran productor de materias textiles, sobre todo de lana, así que el autoabastecimiento es posible. Campomanes habla también de cáñamo, lino, algodón o seda. Por tanto, hay que trabajar estas materias primas, según haya en cada región, donde la Sociedad Económica de cada territorio, evaluará sus posibilidades. Si esa materia prima que tenemos, la trabajamos no solo abastecemos el país sino que podremos exportar, productos ya trabajados que tienen un alto valor añadido. Obtenemos más beneficio que exportando solo la materia prima, y más industria en el país al destinar gente a esas labores: como el batanado, tintado, etc. La más importante de todas es la industria de la lana, no en vano España tiene unas 4 millones y medio de cabezas de merina, según las cifras que maneja Campomanes. Pero más de la mitad de esa producción va fuera en forma de materia prima mientras que exportamos productos textiles manufacturados del exterior, por lo que el beneficio es menor de lo que debería. Campomanes propone que hay que estimular todo una industria en torno a nuestro producto estrella que es la lana, reconocida en todo el mundo. Para ello se necesita un fomento de la producción, que a su vez se integre de un verdaderamente vertebrado mercado nacional. El autor, como luego comentaremos por extenso, ensalza el modelo gallego de producción, por la complementación de la agricultura con la industria, y es precisamente ese modelo el que quiere Campomanes, porque es el primer paso para dejar de depender de las manufacturas extranjeras, equilibrar la balanza y sentar las bases para una economía que pueda exportar bienes elaborados.

3.3 Industria textil

Otra idea clave en el texto es la diferencia que el autor hace entre dos tipos de industria. Las destinadas a la fábrica popular, y la fábrica fina. La popular, o “basta”[3], son los artículos destinados al grueso de la población, elaborado con lana, cáñamo, lienzo…; y la fina se refiere sobre todo a la seda, que es el ropaje que utilizan los miembros de más alta alcurnia. Deben situarse según los recursos de cada región y deben ser fomentadas por los personajes importantes del lugar, como el párroco que constituye figura destacada dentro de la sociedad y que por tanto debe ayudar a desarrolla la industria. Asimismo, caballeros y acomodados deben auxiliarle, deben tener conciencia de que la riqueza del pueblo es la suya propia. Sería importante que ayudaran a crear Sociedades Económicas y ayudar a impulsar la educación. Para ello, lo primero sería crear en la capital de provincia una serie de ayudas a la industria, como una escuela de diseño, o contratar maestros de telares, torneros, maquinistas… hay que favorecer las inversiones, ya que se recuperar en poco tiempo. Para financiar todo esto, Campomanes expone que bien se pueden utilizar los expolios y las vacantes de obispados, así como el sobrante del erario público. Entre ellas, se decanta por las fábricas bastas puesto que son productos con un mayor público, cuya demanda es más importante que sea cubierta. Las finas solo son accesibles a ciertas capas de la sociedad, por lo que no debe concentrarse tanto esfuerzo. Campomanes a la hora de hablar de las fábricas finas y bastas incluso se aventura a su ubicación. Las lencerías y mantelerías deben situarse en la costa, porque no les viene bien el interior seco, donde podrían situarse algodón y seda. Relacionado con la industria textil está la industria tintorera. Para su fomento hay que poner en la capital maestros tintoreros, pagados por los caudales públicos. Para esos trabajos se pueden poner a trabajar a expósitos y niños abandonados, que estarían a cargo de la Sociedad Provincial, y así no se sacan brazos del campo. El gobierno debe estimularles con premios y proporcionarle los medios, así como dejar libres de derechos a los ingredientes. Hay que estar asimismo al tanto de las novedades en diseño, sobre todo de Paris. Y es una de las premisas del pensamiento del XVIII, abrirse al conocimiento europeo y no desdeñar lo nuevo porque sea de fuera. Si no estamos al tanto de la innovación no se puede corregir el retraso.

3.4 Modelos regionales

Campomanes quiere saber qué recursos realmente hay en el país y las posibilidades de nuestra industria. Por ello, se aventura a elaborar un estudio de las regiones, con informaciones que tiene e interpretaciones que elucubra el propio autor. Esta, además, sería uno de los principales acometidos de sus Sociedades Económicas. Realiza un repaso por la Historia Natural de cada región para conocer sus recursos vegetales y minerales aprovechables. A esto se añaden las condiciones de relieve, clima y población de cada provincia, para ver que industrias son las más favorables para su instalación. Este estudio será obra de las futuras Sociedades Económicas, pero Campomanes como decíamos antes, hace un repaso región por región y va proponiendo remedios a los males del país. El modelo que más le gusta es el de Galicia, a la que atribuye ser la región más poblada del reino. Destaca que en esta región la agricultura, la ganadería y el trabajo del lienzo están perfectamente integrados permitiendo el autoabastecimiento, por ello ve Campomanes un ejemplo de lo que quiere en las demás regiones.  En otro lugar está Cataluña, donde la industria está al nivel de la agricultura. Sin embargo, existe todavía una nobleza fuerte que hace pervivir un modelo improductivo, por lo que hay que quitar los derechos solariegos, tarea a la que se dedican los ministros de Carlos III. Otro modelo distinto se da en Levante, donde la industria queda descuidada por la importancia de la agricultura frutícola. En Andalucía, también se descuida la industria, de la que apenas encontramos rastro. Sin embargo, también pervive una agricultura atrasada, por lo que el esfuerzo aquí es doble. En el Norte del país, da recetas para mejorar la industria. En Rioja, hay gran variedad de recursos para fomentar las manufacturas. Al igual que en la costa, donde se puede fomentar la quincalla, junto a la pesca y a la madera. Peor es el panorama en La Mancha, Canarias y Baleares, donde apenas hay industria, hay que hacer una fuerte inversión en estas áreas.   Como resumen de este estudio, vemos como el modelo que más favorable le parece a Campomanes es el de Galicia, por tener perfectamente imbricado ese sistema tripartito, y permitir el autoabastecimiento. Ese es el modelo a seguir para su proyecto. En cuanto a la localización dentro de las regiones, cuando la población es dispersa hay que conectar las fábricas ordinarias con la labranza, mientras que en las ciudad, más populosas y con mayor demanda se pueden situar las fábricas finas.

 1.5   Crítica a los gremios

La crítica que se sucede durante todo el texto es la que Campomanes dedica a los gremios. Les dedica un capítulo, el XV, que es ya elocuente en su título: “Los gremios exclusivos, con fueros privilegiados y sus cofradías son contrarios a la industria y a la buena policía. Hay muy poca enseñanza en ellos. Medios para cortar los abusos que impiden la industria[4]”. Utiliza un lenguaje preciso, contrarios a la industria, poca enseñanza y abusos. Así resume Campomanes la actividad de estos gremios ancestrales. Son sociedades muy pequeñas que compartimentan la industria, y que además tienen ordenanzas que excluyen y estancan cortando el crecimiento industrial. Asimismo, tienen una justicia propia lo que aumenta el corporativismo. Son contrarios a la educación, a los extranjeros, y a las mujeres y niños, con los que cortan el número de productores. El que no es del gremio no puede trabajar, se ha permitido tanto por falta de cálculo público, pero ya es momento de acabar con ello. En cada gremio hay una cofradía, cuyos dirigentes no trabajan en todo el año, alimentando su vanidad. Hay que fomentar la educación con las universidades, cosa de la que no se preocupa en absoluto el gremio… El modelo debe cambiar hacia producciones familiares ya que Campomanes desconfía de las fábricas grandes con acumulación proletaria, que convierten a los campesinos en trabajadores industriales, descuidando así el campo. Lo ideal es quela industria sea un complemento a las actividades primarias, no un sustituto. Además, al ser por cuenta propia, se pone más esmero y diligencia en las manufacturas, y el comerciante es aceptable en este modelo para dar salida al producto y adelantar dinero al trabajador. El autor cree que es época de cambiar el modelo y acabar con el anquilosamiento y deshonor que han propiciado estas sociedades gremiales.

1.6   El progreso viene (no sólo) de Europa

Como adelantábamos al hablar del tintado, hay que estar abierto a los que pasa en el resto de Europa, donde la industria avanza a pasos agigantados en el siglo que nos ocupa. Ese es uno de los llamamientos de Campomanes y los ilustrados en general, colectivo abierto siempre al pensamiento europeo del s. XVIII. En España hay que introducir las artes que faltan, dice Campomanes, bien mandando naturales a formarse al extranjero, o trayendo a maestros extranjeros que nos enseñen en esas artes innovadoras. Las Sociedades Económicas deben hacer esto, creando lugares de intercambio de ideas, y repartiendo artesanos por toda la provincia, para que haya un verdadero tejido industrial en el país. Hay que desterrar las ideas contra los extranjeros, da igual su procedencia, puesto que si trabaja para el fomento de la industria, el beneficiado es el país, el bien común de toda España. Por ello no hay que ahorrar esfuerzos e incluso se pueden aprovechar a los delincuentes o a los gitanos, por medio de la educación en ciertas artes.

1.7   Las Sociedades Económicas

Campomanes diagnostica los males de la economía española, así como sus potencialidades, como estamos viendo a través de este trabajo.  Para mejorar la situación de la economía, así como para administrar el proyecto que propone, son imprescindibles las Sociedades Económicas. De estas Sociedades ya da noticia Campomanes que existen instituciones similares en Valladolid, Sevilla, Zaragoza y Barcelona. Serían instituciones públicas, situadas en las capitales de provincia, que velarían por el fomento de la industria popular, que es de lo que se trata en este libro. Estas Sociedades, como ya hemos visto, son las encargadas de formar el estado de la provincia, de cotejar el valor de las cosechas y su producción de manufacturas. Pero también, debe promover la educación y la instrucción, valor fundamental para Campomanes, así como la lealtad al rey y a la Patria. Vemos aquí como en todas las reformas de Campomanes, el doble juego entre la reforma pero el mantenimiento del orden, nunca se quiere romper con el absolutismo. De hecho, anima al clero y nobleza a entrar en estas Sociedades Económicas. “La Sociedad Económica ha de ser compuesta para que pueda ser útil, de la nobleza más instruida del país”[5] Debe conocer no solo las materias de la provincia, sino también su población, cosa fundamental a la hora de recaudar impuestos y aportar soldados. Deberá fomentar no solo la industria, sino también la agricultura, ganadería, pesca, comercio y navegación, con nuevos experimentos, la introducción de cálculos y sobre todo instruyendo. Deben ser una herramienta contra la ociosidad y que reduzcan la importación que tanto daño hace a la economía. Asimismo, deberán votar los premios a los que se aventajen en las artes y promover las cosechas a introducir, todo ello con la lectura de obras económicas, labor que es más que necesaria, para tener una economía totalmente racional. Entre sus funciones estarían las de examinar proyectos económicos y rectificarlos para luego entregarlos en los Ministerios. Asimismo, deberán estar atentos a todo cuanto acontece en Europa. No tendrán jurisdicción ni fuero privilegiado, al revés que los gremios, por lo que deberán pasar por la justicia ordinaria. Tendrá miembros no solo en las capitales de la provincia, debiendo llegar a todo el público. Por ello, se apunta a los párrocos como indicábamos antes para ser agentes informadores de las Sociedades. Entre sus miembros, no habrá preeminencias ni etiquetas, quiere evitar la excesiva jerarquización de organizaciones como los gremios. En estas Sociedades habrá así dos clases de miembros: Los numerarios, que asistirán a las juntas por vivir en la capital; y los denominados correspondientes que estarán distribuidos por los pueblos.

En cuanto a la organización de la Sociedad, se elegirán cargos electivos. Habrá un Director y un Secretario que serían perpetuos, mientras que el censor y tesorero tendrían elección trienal. La financiación de estas Sociedades se haría por contribución de los socios de todo el país, pero los cargos no tendrían sueldo, solo los sirvientes. Ese dinero serviría para comprar libros de economía política nos dice Campomanes, es decir, para estar al tanto de lo que ocurre en Europa e instruir a los naturales. En este proyecto de las Sociedades Económicas pone muchos esfuerzos Campomanes, puesto que constituyen para él, el pilar necesario para construir el nuevo sistema económico español. Unas instituciones públicas que fomentes y auxilien tanto al agricultor como al industrial, dispongan los medios y ayuden a que lleguen las inversiones, y sobre todo que instruyan sobre las novedades de la industria, para que el país vuelva a ser una potencia de primer orden. Pone como ejemplo para dar énfasis a su discurso a otras naciones Europeas, como Suiza que también adoptan este modelo, y donde se fomenta el desarrollo industrial. Aquí introduce el término felicidad, palabra recurrente dentro del ideario ilustrado, de buscar la felicidad pública, el bien y la opulencia del país y la sociedad.     El resultado no será lo que espere Campomanes, aunque se constituyen algunas Sociedades Económicas, como la de Madrid impulsada por él en 1775, e incluso ya 10 años antes, cuando escribe Campomanes hay una constituida en Vascongadas, y poco a poco en la década de los 70 y 80 del s. XVIII España se va poblando de estas instituciones, pero no lograrán los objetivos marcados. Si conseguirán, en cambio, ser centros de socialización donde lleguen las nuevas ideas, un caldo de cultivo para los que posteriormente pasarán a ser afrancesados.  En ellas tendremos un marco de asociación y de puesta en común de políticas reformadas, pero como repetimos en todo este comentario, será un parche, valido con experimentos positivos a nivel tanto teórico como práctico, pero que quedarán coartados por la falta de cambios sociales en el país que podrían haber propiciado reformas mucho más profundas.

J. B. Colbert, adalid de las políticas mercantilistas

1.8 Decadencia de España

Otro tema que toca Campomanes es el de la decadencia de España. Muy presente en el s. XVIII, incluso ya desde el siglo anterior, la conciencia de decadencia en España es clara. Pese a conservar casi toda America, la conciencia de que España ha dejado de ser una potencia de primer orden está muy extendida, y en ese pensamiento los ministros del XVIII, y en especial los de Carlos III buscan analizar las causas y proponer remedios. La receta es poner a trabajar a todo el mundo, aprovechar todos los brazos libres, esto es poner a trabajar a las mujeres Incluso Campomanes recurre a un principio religioso para reforzar su argumento, y es que “hay que ganarse el pan, reforzando la necesidad de trabajar como obligación religiosa”. Aquí también vemos su pensamiento decididamente poblacionista. Cuantos más seamos, más produciremos. Incluso Campomanes recurre a un principio religioso para reforzar su argumento, y es que “hay que ganarse el pan, reforzando la necesidad de trabajar como obligación religiosa. De hecho, estos ministros de Carlos III desarrollaran políticas natalistas, aunque no con buenos resultados, pero al menos propiciaron el aumento de la población con medidas de salubridad e higiene. Así que al igual que el mito de la ociosidad que tratamos a continuación, constituye una coletilla recurrente de los reformistas, uno de los objetivos contra los que luchar. Ellos como ministros, buscan una mejor gestión del Estado y como decimos a lo largo de este resumen, quieren volver a encumbrar a España al nivel de primera potencia, por lo que ese sentimiento de decadencia del gran Imperio es una de las ideas que tienen grabadas en su mente toda esta generación.

3.9 Derribar los mitos

Campomanes destierra el mito de la ociosidad española a lo largo de todo el texto. Ya en el prólogo le dedica una frase lapidaria: “Nació el hombre sujeto a la pensión del trabajo para adquirir su sustento y evitar los perjudiciales estragos de la ociosidad”[6]  

Es una coletilla permanente, la del que el español no es vago por naturaleza, defendiéndose de percepciones que veían en los países mediterráneos, menos dotados para la industria que lo del norte de Europa. El problema realmente no es de los españoles, ellos quieren trabajar, pero hay que darle los medios a la gente para trabajar y velar porque todos los recursos humanos en España se pongan a trabajar. Esto también es culpa del modelo productivo, que al estar tan volcado en la agricultura, es estacional. Esto, sumado a la gran cantidad de días festivos (93, indica Campomanes) reduce considerablemente la producción, así como el dinero percibido por el trabajador. Todo esto, con la connivencia de las autoridades, especialmente las religiones que son las guardianas de las celebraciones. Hay que poner a todo al mundo a trabajar, cosa en la que incide Campomanes, refiriéndose a mujeres, niños, delincuentes o gitanos, sectores marginales dentro del sistema laboral. Hay preocupación dentro de los ilustrados por los marginados, y en especial por saber su número: “Es preciso saber el número de vagos y mendigos, las causas que influyen a ello y discurrir los medios de que puede valerse el Gobierno para destinar ambas clases a ocupación que los mantenga”[7]

2. Conclusión

                Para finalizar este trabajo sobre la obra de Campomanes, podemos referirnos a algunas de las ideas que hemos ido viendo de manera más o menos implícita en él. Campomanes realiza un agudo estudio de la situación de la economía en España, y propone los remedios, no de un calado social para cambiar el orden de las cosas, sino a nivel superficial, esos pequeños detalles que pueden hacer que el Estado vaya mejor. Por el camino, mejora la situación de las clases populares, pero lo realmente importante es que si suben su nivel, puedan aportar más al Estado, que es la clave de todos los pensadores ilustrados. Como dice el manido tópico del Gatopardo, de “que algo cambie, para que todo siga igual”. No pretende Campomanes con este escrito llevar a una revolución social ni mucho menos, sino que prevé soluciones, parches a los males de España. Demuestra una gran capacidad de diagnosticar esos males, y de proponer esas soluciones, pero estas van a tener poco recorrido. Aunque también sería justo decir, que unas medidas revolucionarias, no hubiesen sido tampoco admitidas por la sociedad, y que la reforma gradual podría haber sido otro camino para la mejora del país.

Qué queda de este estudio de Campomanes es una pregunta interesante. Hemos visto que en el S.XVIII se producen ciertos avances en la agricultura como en la industria, pero no los necesarios. Como en tantas cosas, el s. XVIII adelanta de cierta forma los procesos que van a acaecer en el s.XIX, cuando el régimen de la propiedad cambie sustancialmente con la abolición de los señoríos y las desamortizaciones, y una incipiente revolución industrial penetre en ciertos puntos del país. Del modelo de modelo económico compartido entre el campo y la industria poco queda, las Sociedades Económicas tienen un recorrido corto por el país, y se colapsa como tantas cosas con Carlos IV. Pero queda la constante preocupación por el campo, tema que aún hoy está presente dentro de la economía, en este caso, europea. Queda esa preocupación por una industria deslocalizada, no concentrada en grandes megalópolis industriales, sino cerca de las materias primas y de la población, ya que la acumulación de trabajadores en grandes ciudades no se tenía como método muy recomendable, y posiblemente estaba en lo cierto.


[1] Campomanes, P.R. de, Discurso sobre el fomento de la industria popular. Madrid, Mº Hacienda. 1975 P. 50

[2] Ibid. P. 50

[3] Ibid. P. 59

[4] Ibid. P. 90

[5] Ibid. P. 103

[6] Ibid. P. 47.

[7] Ibid. P. 105

3. Bibliografía

Campomanes, P. R. de, Discurso sobre el fomento de la industria popular. Madrid, Mº Hacienda, 1975. (Edición de John Reeder)

Fernández Díaz, R y García Carcel, R. Historia de España. Tomo VIII: Los Borbón. Espasa Calpe, Madrid, 2004.

Fernández Diaz, R. Historia de España. Tomo IX: La economía en el s. XVIII. Espasa Calpe, Madrid, 2004

Fernández Diaz, R. Historia de España. Tomo X: La sociedad en el s. XVIII. Espasa Calpe, Madrid, 2004

 Para saber más:  

Biografía de Campomanes

Anuncios
  1. Kutzi Romero
    marzo 3, 2011 en 7:14 pm

    Hola, me ha gustado mucho este post. Estoy haciendo un trabajo sobre este texto para una clase en la uni y me gustaría citarte, podrías darme permiso y en ese caso darme tu nombre?

    Gracias!

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: