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Rincón del relato: “La biblioteca del mar”.


El relato que os voy a mostrar hoy le tengo un especial cariño, es con el primero que me inicié hará ya 3 años. Tiene su pequeña historia de trasfondo: un sueño que no me hubiera permitido olvidar, la necesidad de retener en papel un paraíso freudiano es lo que me hizo empezar a escribir literatura. Espero que os guste, ahora cerrar los ojos por unos segundos, intentar vaciar vuestra mente de los exámenes por un momento y comenzar a leer…

“Todo esta oscuro, lo único que se puede sentir es el sonido del viento y las olas que dejan un ambiente húmedo muy relajante; nuestro joven viajero parece despertarse de su largo sueño y abre los ojos, al principio todo es muy confuso parece como si estuviese volando. Está amaneciendo, las gaviotas son en ese momento sus únicas compañeras que vuelan a su alrededor entre las nubes, recorre todo el horizonte con la vista, es un lugar costero muy hermoso, hay un gran acantilado rocoso salpicado por pequeñas plantas que han logrado echar sus raíces entre las duras rocas; el acantilado hace cobijo a una pequeña playa o cala desierta, parece un paraíso natural, virgen.

En cambio, al fijarse mejor, se da cuenta que en medio y a primera línea de playa hay una construcción, una especie de pequeño laberinto. Finalmente la curiosidad puede con él y decide bajar para verlo más de cerca. Al principio, actúa con mucha cautela, hasta llegar a lo que parece la entrada desde la playa de ese pequeño edificio laberíntico sin techo, entonces se da cuenta no es un laberinto sino una biblioteca, las estanterías que se confunden con las paredes son de un estilo muy fino, son de un color marfil con ribetes dorados; dentro de ellas hay libros de todo tipo: fantasía, aventuras, poesía entre otros tantos.

Y cuando quiere darse cuenta está eufórico, quiere llevarse todos esos libros para poder leerlos, pobre iluso, no puede llevarse ninguno, porque todo le fascina tanto que no puede optar por coger alguno, sigue caminando por aquel pequeño corredor, a medida que avanza le va recorriendo una sensación de paz y sosiego difícil de explicar; cuando ya llega hasta el final del pasillo se detiene, contempla el horizonte, y se queda prendado por el paisaje, es la imagen más bonita que habían visto sus ojos, estaba en la parte que daba al mar y veía como radiante, el Sol emergía del mar como cual sirena homérica preparada para cantar, para regalarle ese momento tan íntimo y especial como si fuera su primer beso.


Pero al igual que todo lo bueno acaba, esta situación no iba a ser menos. Su último pensamiento fue que no pudo traerse ningún libro, trágico. Al despertar le embarga un gran sentimiento de melancolía y le bastaron un par de días para comprender que hubiera sido más que un sacrilegio llevarse algo de ese bello paraje, debería haber vivido mejor el momento y no haberse preocupado tanto por el tener. Y desde ese día todas las noches antes de dormir, ruega a Morfeo que le deje entrar otra vez en la biblioteca del mar y así poder leer un buen libro a la tenue luz del amanecer.

Carpe diem (Aprovecha la oportunidad y no esperes a mañana, porque puede ocurrir que mañana la oportunidad ya no exista).

Jonatan Sánchez Martín.

  1. junio 13, 2010 de 2:18 pm

    Interesante relato, muy sensitivo. Un homenaje de paso a la literatura, ese gran arte con el que tantos disfrutamos.

    • Memorant
      junio 13, 2010 de 2:34 pm

      Gracias por tu comentario. ^^

      No vas tan mal desencaminado, la verdad es que por esa época devoraba bestseller y novela histórica todas las noches antes de caer rendido y acostarme, supongo que eso debió de influir jeje.

      Abrazos!

  2. junio 13, 2010 de 3:49 pm

    Enhorabuena por el magnifico homenaje que has hecho sobre la literatura, con tu relato parece que estamos en ese utopico laberinto tan bien descrito, es muy bueno ese homenaje al arte que todos sin excepcion disfrutamos.

    • Memorant
      junio 13, 2010 de 9:21 pm

      ¡Muchas gracias Manzaneque! Que grata sorpresa encontrarte por aquí. 🙂

  3. blademanu
    junio 18, 2010 de 11:11 am

    El sueño de las bibliotecas infinitas merece una reflexión más extensa aún. Conozco tres personas, a las que me uno, que han tenido un pensamiento algo parecido. Te encomiendo a leer el prólogo (y el libro entero, si tienes ánimo, porque es cortísimo) “Manual del Guerrero de la luz”. Te gustará mucho su prólogo.

    Abrzos

    • Memorant
      junio 18, 2010 de 12:51 pm

      Supongo que todos soñamos con una biblioteca a nuestra medida 😉

  4. Memorant
    junio 18, 2010 de 12:30 pm

    ¡Oh! Suena tentador. ^^

    Muchas gracias por la recomendación Manu. Por cierto ¿El otro libro sobre bibliotecas infinitas es “la sombra del viento”?

    ¡Abrazos histéricos!

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