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Rincón del relato: Náufrago.


Náufrago

Una tarde de principios de año, me dispuse a escribir un simple texto con todas las cosas interesantes que me habían sucedido a lo largo del pasado año y los nuevos propósitos para el presente. Esta narración es fruto de ello que si bien conserva su intención inicial, el formato cogió inesperadamente unos tintes literarios. Hoy me gustaría dedicar en especial el texto a dos amigos que creía naufragados de mi deriva hasta hoy.

Después de tantos años a bordo, sentí que el tiempo pasaba pero no marcaba, los días seguían pero no llenaba, me refugié en las historias como un náufrago se agarra a un tablón de madera en  medio del mar, como un mendigo a un mendrugo de pan.

Este último año que pasamos fue diferente, en una tormenta fui arrojado a las olas; tras el fiero temporal de forma improbable conseguí sobrevivir y sin darme cuenta llegué ondeando a un banco de arena de una isla desierta donde pobladores indígenas me recogieron inconsciente, me repusieron y me enseñaron su forma de vida: a cazar los momentos, pescar experiencias, macerar sentimientos, fabricar ropaje de autoestima y a cantar a los dioses nihilistas moradores de las estrellas.

Ya llevo más de 4 meses aquí, sigo conservando mi viejo tablón, es lo único que he podido conservar de mi vida pasada, me da pena porque se que ya no lo podré usar como antes porque era náufrago del mar y ahora soy cautivo de esta isla que me ha dado  una existencia más humana. A veces miro al horizonte y me pregunto que me deparará el futuro ¿seguiré en este apartado y apacible paraíso tropical? ¿Me echaré otra vez a la mar con mi vetusto madero? ¿Acabaré en las afiladas rocas del  precipicio norte? No lo sé, no lo sé, los nativos me dicen que no me atormente por cosas que solo tienen respuesta en las nubes que se suceden cada día sobre nuestras cabezas y que a veces dan sombra, otras tormenta y otras solo una vista bonita; me recuerdan a esos estilizados veleros, me gustaría que encallase uno aquí algún día.

De momento no me planteo más: seguiré visitando de vez en cuando mi deslucida carcoma que tanto tiempo me sustentó, disfrutaré con ellos de las tareas sencillas y las conversaciones profundas, de las noches en vela y las mañanas de brisa… y por las tardes, por las tardes continuaré mirando al horizonte con ojos infundidos de tenues destellos de mi no-sino.

Doy gracias a esos pocos pero geniales nativos* que me devolvieron la vida que nunca tuve, que me pusieron aliento en el vacío e ilusión donde antes solo había madera: GRACIAS.

(“Silencio”)

Jonatan Sánchez Martín.

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  1. blademanu
    marzo 28, 2010 de 12:04 pm

    Jonatan! qué robinson-taogirano te ha quedado (sí! es un palabra mu raro, lo sé! XD). Me gusta el sentimiento que le imprimes, pero evidentemente, como ultratextualista, debo admitir que, tras las palabras, hay un significado que no logro aprehender, pero es mejor que quede así el relato. El último párrafo se parece a algunos párrafos de “Regalo de Amante”, de Tagore. Gracias por colgar este relato hoy.

    • Memorant
      marzo 28, 2010 de 12:52 pm

      Es normal que tengas lagunas con el relato Manu, es más o menos una autobiografía comprimida, tenía que jugar con los símbolos jeje. Me alegra mucho que te haya gustado! 🙂

      De Tagore no leí nada, eso tendré que solucionarlo este verano. ^^

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