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Woodstock: 3 días de paz y música


"Cartel del festival"

 

And it’s one, two, three,
What are we fighting for ?
Don’t ask me, I don’t give a damn,
Next stop is Vietnam;
And it’s five, six, seven,
Open up the pearly gates,
Well there ain’t no time to wonder why,
Whoopee! we’re all gonna die.

Esto cantaba Country Joe Mcdonald y tarareaban miles de personas un Viernes 15 de agosto de 1969. Country toco sin su banda, los The Fish, pero no se quiso perder esta fiesta de la paz y la música. Quizá estos versos resuman más que nadie el sentir de una generación, de la generación rebelde de los 60. Los hijos de los veteranos de guerra, que habían luchado en las Ardenas, o en Japón salvando la democracia en el mundo y habían vuelto para disfrutar de los dorados 50, con una situación económica excelente por los dividendos que aporta la economía de guerra. Aquellos chicos que leían a Keruac o a Ginsberg, escuchaban a aquellos melenudos ingleses como The Beatles o The Who, fumaban marihuana y tenían ideas antiimperialistas. Corría el año 1969, España se retiraba del Ifni y ganaba el festival de eurovisión con Salomé. Yoko y Lennon se casaban y el hombre pisaba la luna en Julio por primera vez. En las radioformulas de todo el mundo sonaban el My Way de Sinatra, o el Yellow Submarine de los Beatles, o aquella canción pegadiza de The Archies, Sugar Sugar. En España, Rocío Dúrcal cantaba a Las Leandras.
Lo que voy a narrar a continuación está sacado del documental “Woodstock: The Film” dirigido por Michael Wadleigh y montado por Martin Scorsese
Aquellos jóvenes, se reunieron un fin de semana de Agosto en un festival organizado en la granja de Max Yasgur cercana a Woodstock, la localidad del Estado de New York donde se debería haber celebrado. Poco importó que algunos grandes grupos declinaran la invitación. Allí no estuvieron The Beatles, que unos meses antes habían dado su último concierto en el tejado de Apple Records. The Doors canceló su presencia en el último momento, creyendo que iba a ser una versión cutre del Festival de Monterrey. The Byrds, Led Zeppellin o Bob Dylan fueron otros de los ausentes ilustres, cada uno por una razón concreta.
El festival consiguió reunir a unas 500.000 personas, en un festival de música, pero con muchos elementos artísticos anexos. Era la expresión de la cultura hippie, ese movimiento instantáneo que había surgido en San Francisco dos años antes, en el llamado “Verano del Amor”. Pregonaban la paz, pero no el antiamericanismo, por lo que tanto eran atacados. Querían una América libre y en paz, no una América que estaba enfrascada en una Guerra de Vietnam sin ningún interés para la nación, y que solo reportaba a esta más y más muertos.


Richie Havens inauguró el festival a eso de las 5 de la tarde del viernes. Entre sus canciones tocó uno los himnos del movimiento hippie como Strawberry Fields forever, de los Beatles. Freedom fue otras de las canciones que interpretó y que inaugura el canto a la libertad que supondría el concierto. Tras el subió un momento al escenario el indio Swami Satchidananda, para una proclama espiritual.
Country Joe Mcdonald y John Sebastian fueron los siguientes en intervenir. Cada uno con su guitarra en solitario. Country salió con su chaqueta de la U.S. Army y su bandana en la cabeza. Le podemos ver en el primer video del artículo. John Sebastian cantó a las nuevas generaciones, a los muchos pequeños que retozaban libre y animosamente por el césped, bajo la atenta mirada de sus padres.
Entre otros conciertos, el día se cerró con la voz de Joan Baez, la “Reina de la Canción protesta”.


El segundo día nos dejó el paroxismo a la guitarra de Carlos Santana, la voz rota de Janis Joplin, que moriría al año siguiente, a Sly & The Family Stone con su Stand! Que puso en pie a todo el festival. Terminó la larga noche con la Creedence, y con los Who, que terminaron su concierto con My Generation y Naked Eye. Para los más valientes aún quedaba Jefferson Airplane a las 8 de la mañana.


El tercer día se abría con Joe Cocker y su With a Little help of my friends, que a más de uno le sonará de una legendaria serie americana, y que se convirtió en uno de los himnos de estos años. Ten Years after amenizaba la tarde después de una larga tormenta que obligó a suspender el festival. The band, CSNY, Sha-na-na o Johny Winters prolongaban la noche hasta que llegó el momento de Jimmy Hendrix. Con un paroxismo solo igualable al de Santana, Hendrix lanzó su guitarra en uno de sus últimos conciertos antes de la sobredosis letal. Su himno americano en clave de guitarra, deslizando sus dedos por las cuerdas simulando el sonido de aviones rasantes lanzando bombas puede ser una de las imágenes del festival y del No a la Guerra de Vietnam.


El documental, no solo es música. También es tocan muchos temas colaterales al festival y a este movimiento. El tema de la Guerra por supuesto, es un tema muy candente, estamos en 1969 en pleno rechazo frontal de la juventud americana a la guerra. Solo un año después del Mayo de 68 que reclamaba libertad en medio mundo. Hay también un apartado colateral en el documental y es cuando preguntan a la población local sobre el festival en sí y sus participantes. El tema de la droga, ya que hubo un consumo masivo de sustancias como LSD o Marihuana durante los 3 días. Eso sí, solo hubo una muerte debida a estas causas. Como ya hemos comentado, dos de estos cantantes morirían al año siguiente por ello como Joplin y Hendrix. Otro tema tratado en el documental es el del nudismo. La expresión del cuerpo, y la opinión dentro y fuera del concierto. Dentro se suceden las prácticas nudistas, la expresión del cuerpo de unos y otros. Fuera, las críticas de la cerrada sociedad americana.


También se habla de toda la infraestructura del festival. De la comida, de los servicios de limpieza, de los retretes… y también de las actividades paralelas. Como las pequeñas tiendas de hippies, o las clases de yoga colectivas. Por eso decimos que Woodstock fue algo más que música.
Si alguien tiene la oportunidad de hacerse con el documental, no dudéis en verlo. Es una forma única de recrear aquellos 3 días en algo más de tres horas y media. Buena música, paz y libertad. Esas eran las tres recetas de aquellos soñadores, con el festival que dio nombre a una generación, y que quizá también fue su canto de aurora. Después llegarían los 70, y el desengaño ante un mundo que no puede ser cambiado.

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