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El cartismo o la lucha parlamentaria por los derechos del proletariado


 

           Entre 1780 y 1790, una oleada de grandes cambios sacudió el mundo y modificó su aspecto para siempre. La doble revolución, francesa e industrial, fue el acicate definitivo que alimentó los numerosos alzamientos del siglo XIX. Como diría Fichte, mientras la primera buscaba reducir las diferencias político-sociales entre unos sectores privilegiados y otros desfavorecidos, la segunda asestaba nuevos golpes a esa brecha.

La Revolución Industrial dio un acelerado impulso a la economía y la producción

 

            En la Inglaterra de 1815 se estaba produciendo un rapidísimo desarrollo industria, especialmente al norte del país. El ferrocarril y el algodón fueron los pilares sobre los que se cimentó el imperio mundial. Su sólido mercado financiero le permitió dominar, sin presentar batalla, a gran parte de la Sudamérica que se independizaba de España, pero también a las naciones más débiles del Viejo Continente. Los terratenientes ingleses profesaban una mentalidad comercial únicamente preocupada por el cómputo de sus ganancias. En un principio los rendimientos se multiplicaron exponencialmente, lo que enriqueció rápidamente a un pequeño sector de inversores y patronos. Sin embargo, una cadena de producción a tal nivel requiere de un gran mercado de consumidores para mantenerse, pero esto no siempre fue posible.

 

Representación de la batalla de Waterloo, en1815, con Napoleón en primer plano

 

             Tras la batalla de Waterloo, las potencias absolutistas de Antiguo Régimen volvieron a copar la dirección de la mayoría de países europeos. Inglaterra quedó al margen de la Santa Alianza y esto le granjeó algunos enemigos comerciales. La oferta de trabajo en las fábricas, siempre en condiciones precarias, hizo rápidamente de las ciudades focos de insalubridad y hacinamiento, donde los obreros tenían que convivir con el miedo a caer enfermos. El éxodo a la ciudad causó un brusco descenso en la mano de obra, lo que provocó, asimismo, que se cosecharan menos frutos. El fin de las guerras napoleónicas acentuó la situación de paro y hambre en Inglaterra. Hasta 300.000 hombres, anteriormente alistados, quedaban exentos de acudir al servicio militar. Ante la crisis, las fábricas decidieron sustituir a los obreros expertos por otros novatos, con un sueldo menor, o incluso por máquinas. El movimiento ludita comportó una serie de revueltas entre 1811 y 1812, pero también en 1817, en las demarcaciones de Nottingham, Yorkshire o Leicester. El mítico –e inexistente- personaje Ned Ludd fue tomado como insignia por grupos anónimos de obreros que, ante el peligro de perder sus puestos por la introducción de nueva maquinaria, destruyeron y quemaron fábricas, tejedoras y cosechadoras. Este tipo de reivindicación no tuvo aceptación y fue inviable a largo plazo.

 

 Caricatura el movimiento ludita

 

                 A partir de 1820 el capitalismo hacía estragos en Inglaterra: las cosechas fueron escasas por lo que se acentuó la carestía de alimentos; el fin de las guerras en Europa impulsó la inflación de los precios y aumentó el número de pobres (asistidos por la misma ley desde época de Isabel I); como hemos dicho, creció el paro por la desmovilización de soldados; los obreros trabajaban y vivían en pésimas condiciones  -como apunta McDouall y nos ilustra Charles Dickens en Oliver Twist-. El Parlamento, aun viendo la situación social, se negó a desarrollar los impuestos sobre la renta.

 Fotograma de la película “Oliver Twist”, basada en la obra homónima de Charles Dickens

 

                Con el paso de los años, artesanos, tejedores, herreros, montadores, una variada tipología de trabajadores fueron hilvanando una consciencia grupal, resultado de vivir las mismas experiencias traumáticas y de defender intereses similares. Así fue como nació la “clase obrera”, pero no en el sentido marxista de estructura o categoría previa, monolítica, sino como un fenómeno histórico moldeado por un largo proceso.

 

 

                   La dinámica de los acontecimientos, tarde o temprano, conllevaría un giro en la situación. La idea se venía rumiando desde los comienzos del siglo. Los textos de Bentham y Paine alentaban a la clase obrera, pero los sucesos antes expresados colmaron el vaso de “la economía moral de la multitud”, en palabras de Thompson.

 Los niños menores de diez años también trabajaban en las minas durante doce horas

  

                   En este contexto debemos situar los primeros movimientos socialistas (no como los entendemos hoy) del siglo XIX en Inglaterra. Las revoluciones inglesas tras Napoleón y hasta 1848, apunta Hobsbawm, tuvieron un carácter entre lo radical y lo socialista, aspirando siempre al “Estado del bienestar” y a la democratización de la población por medio de una república socialista.

 

 El movimiento obrero se forjó en base a una conciencia identitaria de oposición

  

                    En 1824 se aceptaron por primera vez los sindicatos, que acaso recogían la idea ancestral de las corporaciones gremiales. Un año después se permitió la creación de asociaciones obreras para negociar con los patronos los salarios y las horas de trabajo, pero en ningún momento se accedió a que conformasen una oposición sólida frente a las fuerzas capitalistas. Inspirándose en los carbonarios, la clase obrera inglesa se determinó por “acción directa”, bien de un modo hostil –como hemos visto-, bien de un modo legal. Los empujó a ello la traición de los burgueses, que progresivamente buscaron el cobijo de los poderosos y simpatizaban más con los intereses del gobierno.El descontento generalizado derivó en una serie de importantes revueltas en Kent. Sin embargo, en vistas de que la fuerza no pasaba por ser un arma efectiva en la negociación, algunos tomaron la vía pacífica, como la “Liga Antiproteccionista” de Richard Cobden.

 

  William Lovett, principal promotor del movimiento “cartista”

 

                    La “Ley de reforma”, de 1832, y la “Ley de Industria”, de 1833, no satisficieron las demandas obreras. Siguiendo la línea de Cobden, los cartistas saltaron a la palestra en 1838. William Lovett y Francis Place escribieron la “Carta del pueblo”, un programa político integrado por seis puntos básicos para la transición pacífica hacia un nuevo modelo político y socio-económico inglés, adaptado a los nuevos tiempos y a las condiciones que requería el sistema de fábricas y el empobrecimiento generalizado de la clase obrera:

Versión original de la “Carta del pueblo”

  

-sufragio universal masculino

-no hace falta ser propietario para ser diputado

-convocatoria anual del Parlamento

-distritos electorales homogéneos

-salario para los diputados 

-voto secreto

  

 Caricatura de la entrega de la “Carta del pueblo” al Parlamento

  

           En 1839 consiguieron aunar esfuerzos hasta recoger 1 millón de firmas, pero el Parlamento rechazaría con contundencia sus peticiones. En 1841 lo volvieron a intentar. La Asociación Nacional del Cartismo llegó a reunir hasta 3 millones de firmas, pero la estabilización y mejora de la economía inglesa calmó el ímpetu revolucionario y ahuyentó a gran parte de los descontentos. No obstante, como la protesta popular se comportaba y respondía a los estímulos económicos, la crisis agrícola de 1846 y 1847 dio fuerza al movimiento. En Kennington, Fergus O’Connor, líder de la NCA ya en 1841, reunió a miles de personas. Sin embargo, la oposición militar del gobierno amedrentó a la clase obrera que, con la intención de evitar un enfrentamiento armado, decidió disolverse.

 

Los manifestantes amenazaban con el amotinamiento

  

            Este movimiento, político y social a un mismo tiempo, no consiguió grandes logros. Es verdad que las propuestas efectuadas en la “Carta del pueblo” terminaron tomando cuerpo de ley posteriormente, pero pasaría mucho tiempo hasta que así fuera: en 1872 se aprobó el voto secreto; en 1908 se promulgó una ley que reducía las horas de trabajo para la población adulta contratada en las minas a ocho horas; en 1874 se fijó la edad laboral en 10 años y en 1920 en 14. El sufragio universal masculino tardó mucho en extenderse y la mujer no pudo votar hasta 1926. Desde Lovett a O’Connor, el objetivo principal que se persiguió fue conseguir transformaciones sociales por la vía legal parlamentaria, siempre apoyándose en un documento escrito inspirado en la opinión pública; camino que no contemplaron los luditas.

 

Engels y Marx, autores del Manifiesto Comunista

 

               El socialismo, con un variado espectro de matices, tomó la última posta de los cartistas y, en su lugar, dio continuidad a la lucha por los derechos de la clase obrera sobre las cenizas de un proyecto malogrado. Los “utopistas”, como Owen o Fourier, plantearon algunas propuestas difíciles de llevar a cabo desde su concepción ilustrada e ilusoria de las “comunidades ejemplares. Lo aquí narrado puede parecernos más o menos relevante, pero si no lo considerásemos en su justa medida sería imposible comprender de dónde surgió el gran fantasma al que hacían referencia Marx y Engels en el Manifiesto comunista.

 Manifiesto Comunista, edición alemana

Bibliografía:

-ANTÓN, J.; “El liberalismo”, p. 87-102, en CAMINAL; Manual de ciencia política; Tecnos; 2005

-HOBSBAWM, E.; La era de las revoluciones. 1789-1848; Crítica;

-MARX, K. y ENGELS, F.; “El Manifiesto Comunista” en KARL MARX; Expansión; 2009

-THOMPSON, E.P.; La formación de la clase obrera; Crítica

-TOWNSON, D.; Breve historia de Inglaterra; Alianza Editorial de Bolsillo;

Esquemas de lo explicado:

 

 

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  1. historiadorhistrionico
    noviembre 30, 2009 en 9:02 pm

    Muy buen repaso a los primitivos intentos de socialismo del s. XIX. Quiza te ha faltado alguna referencia al movimiento luddita en España, que lo hubo. Si no me falla la memoria, uno de sus actos fue quemar la fábrica de los Bonaplata.

  2. historiadorafrancesa
    diciembre 2, 2009 en 11:52 pm

    Y tambien al primer intento de socialismo utopico frances con Louis Blanc por ejemplo, o sino el anarchismo de Proudhon. A parte de eso, muchissimas gracias Manu que es une parte de mi programa de la oposicion, asi que tus esquemas me van a servir muy pronto para lo del cartismo !

  1. marzo 14, 2010 en 12:51 am
  2. abril 2, 2010 en 6:19 pm
  3. agosto 17, 2015 en 12:10 am

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