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Lecciones de Bernard de Chartres.


scriptorium

Hace un par de semanas, nos leyeron este texto en Literatura Medieval Española:

“En la explicación de autores indicaba lo que era sencillo y hecho conforme a la regla. Hacía resaltar las figuras gramaticales, los colores retóricos, los matices de razonamiento y los puntos de su lección relacionados con otras materias, pero sin que en cada detalle diera explicación de todo. Y cómo la calidad de un texto está en su propiedad (es decir, en cómo un adjetivo o un verbo se unen con elegancia a un sustantivo) o en el uso de imágenes (es decir, en como el discurso evoluciona cambiando las significaciones por medio de afinidades aceptables). Todo esto lo iba inculcando en el alma de los oyentes aprovechando las ocasiones.

Y como con el ejercicio la memoria coge fuerza y el ingenio se agudiza, apremiaba a sus oyentes, a unos con insinuaciones, a otros a latigazos o con otros correctivos, a imitar lo que estaban oyendo.

Se le obligaba a cada uno a que al día siguiente desarrollara algo de lo que había oído la víspera, a unos más y a otros menos: así cada día era discípulo anterior.

El ejercicio de la tarde, que se llamaba “declinatio”, estaba tan cargado de gramática que si uno se dedicaba a él con intensidad durante todo el año, con tal de no hacérselo demasiado pesado, estaba en condiciones de dominar la técnica de hablar y de escribir y el secreto del lenguaje normal.

A aquellos de sus alumnos a quienes previamente encomendaba ejercicios en prosa y verso, les indicaba los poetas y oradores escogidos y les mandaba seguir sus huellas, haciendo recaer su atención en las construcciones del lenguaje y en los giros elegantes. Si a alguno se le ocurría echar mano de los hallazgos de otro para mejorar su trabajo, reconocía su robo, y con frecuencia no era castigado. A quienes eran de tal modo corregidos, si su torpeza lo merecía, él les invitaba con indulgente modestia a insistir en ensayar el modelo de los grandes autores y conseguía que quien imitaba a los antiguos se convirtiera en un modelo para la posteridad.

Él también enseñaba entre los rudimentos y lo metía en la cabeza de sus oyentes, cual es el valor de la economía de recuerdos, qué es lo que se ha de alabar en la belleza de las cosas y de las palabras, en qué esta la sencillez y la delicadeza del lenguaje, en qué la compilación aceptable, en qué el exceso, en qué la medida de todo.

Con insistencia recomendaba leer relatos y poemas, y a cada uno le exigía sin cesar, como bien de cada día, que guardara algo en la memoria.”

Juan de Salisbury, Metalogicus, I, 24

Tras haber acabado la lectura del mismo, la profesora hizo referencia a la pervivencia de la cultura clásica en el mundo medieval y como en la actualidad se podría aprender  bastante de ese texto, ante las grandes carencias que tienen los alumnos de secundaria (y otros de algún nivel superior) para redactar, ya que el sistema actual de educación no dedicaba muchos esfuerzos a este tema.

Por otra parte indagando un poco más sobre el protagonista del texto: Bernard de Chartres, en su biografía se recogía la siguiente cita tan sugerente:

“Somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por alguna distinción física nuestra, sino porque somos levantados por su gran altura.”

¡Saludos!

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  1. memorant
    octubre 24, 2009 en 1:11 pm

    Se me olvidó añadir que Bernard de Chartres fue el principal representante en el s. XII de la importante escuela catedralicia de Chartres, la cual decrecería notablemente su influencia tras el fortalecimiento de la Universidad de París un siglo más tarde.

  2. blademanu
    octubre 24, 2009 en 7:56 pm

    Excelente cita, Jonatan y muchas gracias por la aportación de este artículo. Te dejo otra perla para tu reflexión:

    “(al final de una de sus obras) Aquí termina el libro, pero no las preguntas”

    Bernardo de Claraval

  3. memorant
    octubre 24, 2009 en 9:56 pm

    La verdad es que son muy buenas citas las 2, y esta última no me la sabía, no. ^^

    Por si alguno andaba un poco despistadillo, con lo de los gigantes y los enanos, Bernard se refería a los primeros simbólicamente con los escritores clásicos y los segundos a sus propios contemporáneos. El debate sobre si la calidad de los intelectuales antiguos superaba a los actuales llegó incluso hasta la Edad Moderna:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Debate_de_los_antiguos_y_los_modernos

    Y de hecho, todavía hay algunos que se lo plantean, del mismo modo que tristemente hoy en día, algunos ven la cultura medieval infinitamente inferior a la de los antiguos…

    Un saludo!

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