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Firmin. La novela de Sam Savage


FIRMIN GRANDE

A lo largo de la vida, mientras vas desentrañando libros y más libros, como si de una gran sombra se tratase, la ignorancia parece extender, sin disimulo, su vestido negro ante nosotros. A cada historia que das fin se muestra un nuevo camino pleno de reflexión y aprendizaje, miles de ramales que recorren todos los campos de la vida. Sin embargo, guardo aún la esperanza de estar sembrando este terreno inculto de manera apropiada.

Hace mucho me dijeron que cada libro tiene su momento. Leer a Cervantes con diez años puede llegar a ser disparatado, casi una pérdida de tiempo. Todo fruto ha de ser recogido en su momento. Con mi edad, aún son muchos los grandes escritores con los que debo dialogar y pasar horas imaginando mundos paralelos. En esta ocasión, y casi por casualidad, he topado con una novela llamada a perdurar en la memoria de todo aquel que decida aventurarse entre sus páginas. Esto lo sé porque ante su lectura me he sentido como un explorador desnudo e inerme perdido en la selva negra.

Firmin es el decimotercero y último de sus hermanos. El devenir le ha guardado demasiados momentos agridulces.  Su madre era alcohólica, nació en un lugar oscuro, polvoriento y, por diferentes motivos, sus hermanos lo marginaron -¿o fue su decisión?-. Problema añadido, nuestro protagonista tiene una particularidad, es un ratón. A resguardo de los peligros callejeros, su madre trajo al mundo a sus criaturitas en el sucio sótano de una librería de Boston. Poco a poco se verá en el gran problema de no contar con alimento y deberá hacer uso de su astucia. Desde ese momento no dudará en hincarle el diente a la materia que abunda en aquel lugar: los libros. Quizá por ingerirlos, quizá por estar en contacto con ellos, Firmin cambiará su concepción. Dejará de comerlos para devorarlos, esta vez lectura tras lectura.

20080227120307-libreria1[1]

Firmin es un personaje entre lo patético y lo heroico, entre lo repugnante y lo entrañable, algo trastornado, pero totalmente inocente. No es este un cliché de contrarios que usemos como herramienta crítico-literia. Su aspecto y su personalidad son tal que así, diamentralmente opuestos y complementarios. El lector ignora por qué el ratón comienza a leer -o acaso no-. En verdad se deja arrastrar por el goce de los sentidos. Se percata de que aquello que antes ingería por la boca podía ser mucho más útil si lo saborea con la vista. Por sus manos pasan Cervantes, Dovstoievsky o Truman Capote, autores todos ellos que le ayudarán a consolidar la concepción que tiene de sí mismo y de su entorno. Será consciente de qué y quién es, de sus limitaciones y de la pena que se vive de puertas para afuera. En otras palabras, adquirirá capacidad de reflexión:

“Cuando alguien está desesperado y te cuenta lo frío y despiadado que es el mundo y el sacrificio que implica seguir adelante con la vida, sabiendo que no tiene sentido, y te dice lo solo que se encuentra, y resulta que tú estás de acuerdo con él en todo, el caso es que la posición en que quedas no es muy airosa”

El mayor sueño de Firmin es poder entablar contacto pacífico con esos seres bípedos que caminan erguidos, que sonríen, que charlan continuamente, que mueven las manos, que destruyen casas y que permiten la pobreza; ansía conocerlos, hablar con ellos. Además de un voraz lector, es cinéfilo. En la gran pantalla descubrirá las clásicas películas americanas y las lindas Beldades luciendo sin reparo alguno sus vergüenzas a los hombres con los que practican el sexo vorazmente. Sin embargo, la experiencia y el transcurrir de los días, como si de un Quijote se tratase, le mostrará el mundo descarnado y su decepción carcomerá los ideales que forjó con empeño incansable de estantería en estantería.

rata[1]Firmin “Lo que bien se come, bien se lee” -lema que repite a lo largo del libro-

Podemos encuadrar la novela dentro de la fábula, pero no debemos pensar que es un cuento para niños. La historia que vive Firmin encierra multitud de mensajes: filosóficos, morales, literarios a todos los niveles. En algunos párrafos es un alegato en defensa de la lectura, de la intelectualidad, rememorando a las figuras literarias que cualquier antología habría de citar obligatoriamente. Sin embargo, la obra también es una crítica solapada contra la misma humanidad, capaz de crear las mayores hazañas literarias y perpetrar las peores catástrofes fraticidas. A través de su mirada cabizbaja, de la soledad que llegará a padecer y su resignación, observando cómo el mundo se derrumba sin reparo bajo sus pies, tomamos un punto de vista distinto desde el cual podemos observarnos a nosotros mismos a través de un prisma más pulido, sin manchas, ni cortinas de humo.

“Y en África, en épocas de hambruna, los niños hambrientos comen tierra. A buen hambre no hay pan duro. El mero hecho de masticar y tragar algo, aunque no alimente el cuerpo, nutre los sueños. Y los sueños de comida son como cualquier otro sueño: puedes vivir de ellos, mientras no te mueras”

Al fin y al cabo, Firmin es una historia de muchas historias; entre otras la del propio autor, Sam Savage. Acaso el escritor borracho del relato, o el mismo ratoncito puedan contener pequeños retazos de su alter ego. Nacido en Carolina del Sur en 1940, se doctoró en Filosofía en la Universidad de Yale. Sin embargo, su vida no fue un camino de rosas. Trabajó de mecánico, carpintero, profesor y pescador. Su mayor ambición fue un pesado lastre con el que tuvo que lidiar continuamente. Fue un escritor fracasado desde su juventud. Siempre trató de escribir una novela, pero jamás pudo pasar de los primeros capítulos. No obstante, el relato que aquí nos ocupa fue compuesto con ligereza, como si de un dictado se tratase. Su publicación le ha valido varios premios en EE.UU. y una calurosa acogida por la masa de lectores en gran parte del mundo.

samsavage300[1]Sam Savage

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  1. memorant
    julio 25, 2009 en 1:58 pm

    Enhorabuena por la entrada Manu, me ha gustado bastante la reflexión inicial. Por tu exposición de la obra, parece una novela sugerente; sí la conocía de pasada en las librerías, pero no la había leído y tampoco sabía de que iba. La añadiré a mi larga lista de pendientes jeje.

    ¿Te la recomendó alguien o simplemente te atrajo desde un principio?

  2. blademanu
    julio 25, 2009 en 2:57 pm

    Siempre tuve la sensación de que conocía la novela con anterioridad. Su nombre y su historia me sonaban, incluso creo que he escuchado el nombre del autor en alguna película. No obstante, esto puede ser una de esas tantas ilusiones creadas por nosotros que terminamos por creer que fueron ciertas.

    Quizá, decirlo suena un tanto patético. Conocí el libro por la revista de Círculo de lectores. Ahí lo pedí hace medio año y desde entonces este ratoncito dialoga, de estantería en estantería, con otros que esperan igualmente a ser descubiertos. Se la voy a dejar a Parra para que lo acompañe en su viaje a Munich, a ver qué moraleja(s) extrae de la novelita. Si en este mes de agosto desearas leerla deberías pedirla en la universidad de Toledo a la de Cuenca o Puertollano, donde se encuentran. Si esperas te la podría prestar.

    ABRAZOS, JONATAN!!!

  3. memorant
    julio 25, 2009 en 5:51 pm

    Habrá sido un deja-vú. Me encantan esas sensaciones en que notas que todo tiene relación sin saber por qué. ^^

    No te preocupes Manu, puedo esperar, me compré la mayoría de las lecturas del verano en junio y todavía no sé si me dará tiempo a leer estas que me había propuesto; ya te contaré en septiembre porque sí me gustaría leérmelo.

    Ahora voy por la mitad de la Fiesta del Chivo, a ver si cuando lo termine hago una reseña decente; es un libro que está muy bien escrito, aunque al principio requiere algo más de esfuerzo y costancia. También me gustaría hacer otra entrada de aquel libro que os recomendé en casa de Carmen y… bueno, también está la de Alarcos y alguna otra que tenía pensado, jajaja como de costumbre mi pensamiento va mucho más adelantado que mi acción, en fin T.T XD

    Tempus Fugit Manu!

  4. octubre 3, 2009 en 2:08 pm

    De lo mejor que he leído en mi vida. Y he leído bastante, aunque nunca lo suficiente. Llegó a mis manos por medio de un préstamo. Es un libro inquietante porque la sensación que te deja es que lo tienes que volver a leer muchas veces y nunca se agotará. Desde los vasos comunicantes con la literatura (casi escribo gran literatura, pero esa es una palabra de cuidado,hasta puede resultar descriminatoria), con lo que se ha escrito, con lo que es probable que se escriba, lleno de metáforas, una enorme dosis de poesía, un personaje que me recuerda a los de la picaresca, con nostalgia por lo que no es, viviendo muchas vidas (¿no leemos para eso, entre otras cosas?) en rebeldía con sus limitaciones. Un sobreviviente (en el mejor de los sentidos) gracias a los libros. Hay mucho para decir, estoy preparando un post para mi blog.No soy críctico literario, escribo mi impresión sobre lo que leo cuando un libro me gusta. Puede ser muy personal y subjetivo pero cada libro será de acuerdo a las vivencias del lector. Muy interesante tu artículo. No quería leer nada sobre el tema para evitar contaminaciones pero fue imposible no salir a averiguar ¿Quién es este señor que ha escrito este libro tan extraordinario?.

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