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Sputnik, mi amor


sputnik-mi-amor[1]

Haruki Murakami es, a día de hoy, uno de los más grandes escritores de Japón. Ese puesto de honor no es gratuito. La proyección internacional que le han dado novelas como Kafka en la orilla o Tokio blues, bien lo vale. Para la crítica y para los lectores ha sido un verdadero autor de culto. Esto es gracias a su capacidad de abstracción, a la habilidad para plasmar por escrito conceptos sin asidero para la razón. En ocasiones olvida al lector para centrarse en sus personajes, a los que, como si de Pinocho se tratara, dota de alma propia con tan solo agitar una varita. Es un autor, decimos, que sabe emocionar con lo más nimio. El detalle  insignificante de la vida cotidiana adquiere bajo su pluma un significado superior, cercano a la lírica prosaica:

“Se llevó una aceituna a los labios, tomó el hueso y, como un

poeta poniendo un signo de puntuación,

lo tiró  con gran elegancia dentro del cenicero”

7El satélite, Sputnik

Sputnik, mi amor es una novela breve. No sobrepasa las 250 páginas. Un joven profesor de primaria, cuyo nombre siempre desconoceremos, se enamora de Sumire, joven escritora frustrada por no haber conseguido escribir con éxito. Ambos se apoyarán mutuamente y buscarán las cálidas palabras del otro. Su relación, no obstante, pasa de la amistad al tácito, mudo amor, que no se consumará con relaciones sexuales. Las mantendrán por separado. Los diálogos que establecen, la emoción, los sueños, las fantasías eróticas jugarán un papel importante en los trémulos pensamientos y dudas ardientes que estoquearán sus destinos.

511100543_c1313f59f0Zhang-Ziyi[1]

Sumire                                                         Myu

Myu es la tercera persona en discordia. De excelente formación académica y con un gran plan de futuro, invierte su tiempo en una empresa de vinos heredada de su padre. Conocerá a Sumire, con quien mantendrá una amistad que rayará la agonía y la impotencia. Juntas partirán a Europa y desembocarán en una isla, “la isla de los escritores”. El amor homosexual es el ingrediente estrella del relato, y es aquí donde Murakami sabe poner el acento. Sumire y Myu terminan por experimentar el camino que hay al otro lado de la puerta con candado. Entre tanto, desde el lejano Japón, el profesor de primaria descubre las verdaderas inclinaciones de Sumire a través de sus misivas. Después, nada será lo mismo. Sumire desaparecerá “como el humo”, sin llevarse pertenencia alguna y sin dejar rastro en una isla tan pequeña y transitada; enigma que nos empujará a un desenlace lleno de misterio y situaciones casi oníricas.

kastellorizo3[1]Kastellorizo, “la isla de los escritores”; junto a la costa suroeste de Turquía

El estilo de Murakami es extremadamente habilidoso y dinámico. En ocasiones, especialmente en el par de epístolas que nos expone, puede llegar a resultar algo denso. Puede justificarse argumentando que quien las escribe está extremadamente confuso en el momento de confeccionarlas y también esto sea tomado en cuenta a la hora de componer los capítulos. Se agradece la inclusión de “música” en la obra. Desde Mozart o Brahms a la música de los 50 y 60, varias partituras y ritmos diferentes ambientan los distintos pasajes del relato; algo normal si indagamos en la vida personal del autor y es que gusta de escuchar Jazz de bien pequeño.

asdfasdfPuerto de Kastellorizo

Como satélites con órbitas que se entrecruzan, buscando su sitio en un triángulo amoroso de inquietud y duda, la vida misma queda reflejada en esta novela. Murakami logra dotar de un pasado con estela calurosa y de un presente palpitante a cada inquietud, acción o frustración pseudo humana. Por ignorancia propia no podemos decir que sea la obra cumbre de este autor, pero lo que sí está claro es que el deleite el detalle se agazapan a la sombra de cada párrafo y capítulo. En conclusión, recomendamos su lectura por los motivos explicados, pero sobre todo para agudizar nuestros sentidos y comprender con mayor precisión nuestro mundo circundante. No os arrepentiréis.

untitledHaruki Murakami, el autor

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  1. blademanu
    julio 21, 2009 en 10:37 am

    Dos apuntes a la reseña que acabo de publicar:

    1. las dos chicas que salen en las fotos son elegidas al azar entre las que busqué con las características similares a las descritas por Murakami en el libro

    2. En ningún momento se dice, a lo largo de la obra, que la isla de los escritores sea kastellorizo. No obstante, en el libro de Javier Reverte, “Corazón de Ulises”, que narra las peripecias del periodista por las islas griegas y la misma Hélade, hay un capítulo que toma como título precisamente el apelativo que Murakami da al lugar donde Sumire y Murakami viajan. Sin embargo, no es este el único criterio que he seguido para decidirme por ella. Las descripciones del paisaje y su situación geográfica no dan lugar a otra opción.

    Espero que, de animaros, disfrutéis con su lectura. Abrazos!

  2. historiadorhistrionico
    julio 21, 2009 en 2:22 pm

    Un grande Murakami, me lei Tokyo Blues, un gran libro, reposado, para pensar mientras se lee y disfrutar leyendo.

  3. memorant
    julio 26, 2009 en 10:15 am

    Tendré que leerme algo de él, no puedo seguir con un vacío literario tan grande durante muchos meses más jeje; siempre tuve curiosidad por kafka en la orilla…

    Ya me bajé música clásica que me recomendaste para mejorar la puntuación, pero la mayoría no me ha convencido demasiado, habrá que seguir buscando.

    Abrazos!

  4. Javi
    agosto 4, 2009 en 9:35 am

    Yo tengo que decir que hacía tiempo que no encontraba una novela que me agradase tanto en su desarrollo, me parece muy llamativo el uso que hace de descripciones mas actuales y concisas (como los ambientes de tokio o los movimientos musicales) con otras cargadas de tono casi poético (como el ejemplo de la aceituna que mencionabas) supongo que es innegable la influencia de la literatura japonesa más clasica

    La única pega que tengo que añadir es que cuando leí Tokio Blues me dio la sensación de que los perfiles psicológicos de los tres protagonistas eran algo similares a los de Sputnik, mi amor, pero con Kafka en la orilla me di cuenta de que Murakami no tiene ningún problema en crear diferentes personajes complejos.

    Supongo que esa conincidencia sería seguramente porque utiliza muchas experiencias propias en sus escritos y es inevitable que algunas que le hayan marcado mucho se repitan como una constante.

    Un saludo!

    • blademanu
      agosto 4, 2009 en 10:35 am

      Muchas gracias por tu comentario, Javi. Esperamos tus visitas más a menudo!!!!!!! Un abrazo muy grande!

  5. Amanda
    abril 23, 2010 en 11:33 pm

    creo que te has confundido al poner las fotos de Sumire y Myu. La rubia sería Sumire y la otra Myu. (Sumire tenía un aspecto más desaliñado, recuerda9

  6. naOmy
    noviembre 5, 2010 en 12:03 am

    un libro genial
    una historia muy muy interesante
    el final es wooow

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