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Del Parlamento a las “Casas colgadas”


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Entre el 27 de agosto y el 1 de julio no hemos parado de viajar. Aquel sábado, Carmen, mi hermana y yo, quedamos con Mercedes en la plaza San Francisco de Ciudad Real. Eran las 8:30.  Había amanecido hacía tiempo y habíamos desayunado poco. El viaje no se hizo muy pesado, pues hicimos un alto en el camino para tomar un café y un refresco. Al llegar a Madrid nos percatamos de que todo seguía como siempre: mucho tráfico, mucha gente… ah! y una calle cortada por las obras públicas. Nos apeamos del autobús en la Plaza Neptuno y rápidamente cogimos la Carrera de San Jerónimo para conseguir plaza en entrada gratuita de los sábados al Congreso de los Diputados. Esperamos tres cuartos de hora bajo un sol abrasador. Las chicas, mientras tanto, se hicieron unas cuantas fotos con los leones del Parlamento, aquellos forjados con el hierro de los cañones que los marroquíes usaron contra Prim y los suyos allá por 1860.

A veces, a los lectores, nos gusta más la leyenda, la fantasía, que la explicación histórica. Hace largos meses, leí uno de los relatos que escribió Leopolodo Alas “Clarín” en Cuentos morales. Siempre le he hablado a mis familiares de esta historia, pero tampoco le pusieron excesivo interés. Todo el mundo conoce la famosa portada del Parlamento: escalinata, leones que mantienen bajo sus patas una bola, columnata y frontón de estilo clásico; ahora bien, ¿alguien se ha fijado en la diferencia entre los dos fieros mamíferos que custodian nuestra democracia? El escritor nos desvela la clave esencial que diferencia al león de la izquierda (en la fotografía) del que está a la derecha: el halo de humanidad  que le proporciona una cicatriz en medio de la frente. Paso seguido, deja la palabra al protagonista, quien nos relata las peripecias que precedieron a su actual estado. Para no abusar de vuestra paciencia, pero sabiendo de vuestro interés, os encomiendo a que leáis su maravilloso testimonio.

A las 12:30, tras el recuento y la recogida del DNI, penetramos en el edificio por uno de sus laterales, el mismo a través del cual acceden los políticos. Desde este pasillo se podían observar unas cuantos bustos que representaban a algunos de los políticos del siglo XIX, como Mendizabal, Castelar o Sagasta. Accedimos al “Salón de conferencias”, donde, se nos adviritió, se conservan los muebles y la decoración en el mismo estado en que los dispuso Isabel II y sus ministros. En el centro, una mesa sostenida por esfinges o sirenas -apostaría por lo segundo- sostiene una graciosa copa o ataifor de plata.  Después accedimos a una de las “oficinas”, desde las cuales se puede escuchar todo aquello que se discute en el hemiciclo y donde los diputados, independientemente dle partido, trabajan con gran cantidad de documentos. En esta sala también encontramos el reloj astronómico de Alberto Billeter. Podría describir algunos detalles más, pero en la página que aquí os facilito podréis hallar  fotografías con gran detalle, tanto de lo ya descrito como de los tiros de Tejero (que fueron hasta 32, por cierto!) o el resto de salas a las que no tuvimos acceso.

1586182w[1]Congreso de los diputados

La entrada al hemiciclo fue, extrañamente, de lo más cotidiano, como si hubiese ido muchas veces en mi vida. Lo primero que pensé, y creo que el resto de la gente comparte mi opinión, fue “qué pequeño es y qué grande parece por televisión”. Nos hablaron de las funciones que tiene esta cámara, de la posición de los diputados, dónde se sentaba Suárez, dónde Gutierrez Mellado, dónde lo hizo Felipe González o dónde lo hace la Casa Real en las sesiones de investidura. Al mirar la cúpula atisbamos perfectamente los disparos que el teniente coronel Tejero efectuó la tarde del 23 de febrero de 1981; pero también se podía disfrutar de las muchas y bellas pinturas que decoran el cielo de la sala, entre las que encontramos unas cuantas “cariátides”, por así llamarlas, que representan virtudes como la tolerancia o la justicia. En general, nos pareció extremadamente curioso que cada uno de los allí presentes gozara de un micrófono para intervenir en las sesiones, un teléfono, un teclado y una pantalla de ordenador con acceso a internet y todos lujo de tecnologías. También decir que es posible asistir a casi cualquier día a las jornadas políticas y debates entre los partidos, siempre que se reserve plaza con antelación.

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A las 15:00 teníamos concertadas las entradas para la colección de Joaquín Sorolla que realiza el Museo del Prado. Consta de 102 cuadros, perfecta antología de las obras cumbre que el artista realizó a lo largo de su carrera, desde la infancia hasta la madurez. Destacan lienzos como Cosiendo la vela (1896), Desnudo de mujer (1902), Saliendo del baño (1908) y el muy querido por el mismo Sorolla, Bata rosa (1916).

stiere_und_boot_im_wasser[1]Sol de la tarde, 1903

Pero si bien todos estos cuadros serían suficiente para afirmar que el pintor valenciano es uno de los más grandes en la historia del arte español, hay que sumar las inmensas panorámicas-paneles que le encargó la Hispanic Society de Nueva York: “Visiones de España” (desde aquí agradecemos al Museo del Prado el esfuerzo por traerlas para disfrutarlas). La fiesta del pan, el juego de los bolos, la pesca de atunes, la Semana Santa o la tauromaquia son algunas de las actividades y fiestas que caracterizaban a Castilla, País Vasco, Andalucía, Huelva o Aragón, entre otros. Una última sala estaba dedicada a una faceta poco conocida del autor, el paisajismo. En su vejez se dedicó a lienzos más pequeños e intimistas, acaso realizados sobre un taburete, pensativo, sumido en el silencio de los Alcázares de Sevilla o en el rumor de las aguas del Tajo desde el Puente de Alcántara.

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Siempre tuve una visión oscura del final del siglo XIX. Las guerras Carlistas, la controvertida y azarosa I República, el sistema parlamentario bipartito, el caciquismo, el pucherazo, la guerra de Cuba y el desastre del 98, el comienzo de las huelgas obreras, la mala situación cotidiana de las familias… todo me hacía ver una España oscura, fría, alejada de una Europa más idealizada. En parte esa es la visión que nos ha quedado a nosotros, los estudiantes y aún más a los pocos interesados en la divulgación histórica. Cuando sales de esta exposición, no obstante, la concepción cambia. Nuestro país parece lleno de luz, los colores sustituyen a las aburridas y mortecinas de Peris, suegro del pintor, y visten de primavera el desolado invierno negro y blanco. Contemplando algunos cuadros se llega a percibir el olor a salitre proveniente de la mar, incluso si afinas el oído a lo lejos reconoces la música sibilante de las caracolas. Gaviotas, voces de marineros, paisajes que están destinados hoy día al puro ocio, explotan con todo su esplendor ante nuestra vista atónita. Impresionismo y una pizca de romanticismo, cierta influencia del encuadre fotográfico y mucha cotidianeidad, pero sobre todo un tratamiento sublime de la luz es lo que podemos encontrar plasmado en las pinceladas del valenciano.

Cosiendo%20la%20vela[1]Cosiendo la vela (1896)

Un día de piscina, otro de lectura y otro de reflexión sirvieron para llevarnos a los comienzos de julio. El año pasado, por estas mismas fechas, pusimos rumbo a Uclés, bellísimo pueblecito sede de la Orden de Santiago durante largo tiempo, enclavado en uno de los más bellos parajes de la serranía conquense. Entre los muros de su iglesia y su claustro el frescor se mantiene hasta en pleno verano. Sosiego, tranquilidad, algo de misterio, una puerta que rechina y una luz que se enciende.

P7030215Convento de Uclés

En aquella ocasión fuimos para recibir unas conferencias por el centenario de la batalla de Uclés. El organizador fue Francisco Ruiz, catedrático de historia medieval por la UCLM. El invitado estrella del acontecimiento sería Julio Valdeón, pero su mala salud le impidó realizar el viaje. Hoy nos lamentamos de no haberlo conocido, pues falleció no hace dos semanas. De aquella excursión nos queda la memoria de Segóbriga y los “leones del anfiteatro” (los histéricos me entienden), pero también una pequeña nostalgia, típica semilla grave de los viajes breves. Allí conocimos en mayor profundidad a Fernando Arias, pequeño gran historiador que hace poco más de un año disparó su carrera con su tesina sobre la economía en tiempos de Alfonso XI y que a día de hoy, si no erramos, anda por tierras escocesas. Allí tuvimos la oportunidad de intercambiar puntos de vista con otros aficionados o estudiosos de la historia, conocer la imagen del Mío Cid, el papel que jugaron los almorávides y almohades en la historia medieval de España o la figura de Alfonso VI y el conflicto familiar que supuso su mítico matrimonio con la hija de al-Muttamir, rey moro de Sevilla.

untitled Casco antiguo de Cuenca

Esta vez, en 2009, otro motivo nos empujaba a tomar carretera y manta. El vicerrectorado de Cuenca, organizador del “I Concurso de Blogs UCLM”, nos concedió el tercer premio por lo que suponía “mantener un espacio constantemente vinculado a la divulgación de la historia y la cultura en general”, en palabras de Albentosa. Nuestro viaje a la ciudad del Huecar y el Júcar fue algo cansado. Nos levantamos a las cinco de la mañana para tomar el autobús a las seis. Dos horas largas de parajes manchegos fueron inundados por una arboleda de altos pinos y sombras entrecortadas a través de los cuales la carretera serpenteaba, gris y vertiginosa. De pronto, tras una loma, aparece la urbe, acaso con no más de 50.000 habitantes. Poco más de seis horas permaneceríamos en aquel lugar. Con un dichoso mapa en la mano, ascendimos en paralelo al Huecar hasta vislumbrar las casas Colgadas y el Puente de San Pablo. Se respiraba aire limpio, fresco. Era fácil emborracharse de licor tan escaso y preciado. Allí realizamos unas cuantas fotos de rigor, en poses parecidas a los Beattles, como me recordó Mercedes.

casas-colgadas[1]Casas colgadas de Cuenca

Para hacer tiempo hasta la ceremonia de entrega de trofeos, anduvimos tranquilamente por el Casco antiguo. Vimos la catedral -por fuera-, las calles empedradas, la geología circundante desde los balcones de piedra, la calle del Cristo de la luz (?), la Plaza del Trabuco -el del empecinado- y el Archivo Histórico Provincial, donde nos atendieron muy amablemente y donde conocimos a Alberto González, archivero del mismo. Este edificio es todo un emblema de la ciudad, aunque muchos de sus visitantes lo ignoren. Fue alcazaba musulmana, castillo cristiano, sirvió como Consejo de la Suprema y General Inquisición, como cárcel en la Guerra de Independencia, estuvo asediada por los carlistas y sirvió como prisión Provincial. Aquí se forjó el famoso y trascendental “Fuero de Cuenca”, que sirvió como modelo de regulación administrativa y social a muchas ciudades de Castilla y Aragón, entre otras al lugar de nuestro Campus universitario, Ciudad Real.

archivo-historico-provincial[1] Archivo Histórico Provincial de Cuenca

Se acercaba la hora prevista, las doce de la mañana. Descendimos por la calle San Pedro. Pasamos al lado del Colegio de los jesuitas para llegar definitivamente a la Plaza Mayor. Allí estaba Edu, sentado al pie de la catedral, sobre los blancos escalones. Tenía mala apariencia, cabizbajo, cansado y algo enfermo. Jonatan compró una botella de agua fría. Había cámaras te televisión haciendo pruebas de toma y policías apartando coches de los aparcamientos. Después descubrimos que el jefe de la oposición de la oposición en el gobierno estaba a punto de llegar, pero no supe el motivo.

museo-de-las-ciencias-castilla-la-mancha-cuenca_250x250[1]Museo de las Ciencias de Cuenca

La entrega de premios sería en el Museo de las Ciencias. En la sala donde ser celebraría el acto había poca gente. Al fondo, un hombre con arduo acento hablaba de las nuevas redes sociales de comunicación; parece sorprendente, pero estuvo más de media hora explicando aspectos interesantes de Facebook y Tuenti. En relación al curso de verano, una vez terminada esa ponencia, entró el vicerrector, Albentosa, con un par de hombres, todos ellos trajeados y con corbata. Escéptico de mí, seguramente se hizo de este modo, no porque los temas estuvieran relacionados, sino para que la sala no estuviese vacía… En cualquier caso, se hizo una pequeña introducción y se nombró a los ganadores desde el tercero al primero. Nuestro compañero, fundador y colaborador del blog, Eduardo Parra, se acercó para recibir los respectivos premios por este, nuestro blog. “Mi prima, la de Cuenca” y “Compulsiones”, por este orden, consiguieron el segudno y primer premio.  Tras la fotografía de rigor nos invitaron a una comida conjunta a las dos de la tarde.

DSC_0294saura_felipeII[1]Felipe II. Antonio Saura

La hora que restaba hasta la cita nos permitió visitar el Museo de Arte Abstracto. Primeramente casas medievales de estilo gótico, las Casas colgantes fueron reformadas en el siglo XVI, pero sobre todo en el primer tercio del siglo XX. Albergan hoy día un retaurante y el Museo. Un principiante en la pintura como yo debería haberse abrumado con estos cuadros, pero lo cierto es que, aunque ha sido una experiencia extraña, he de decir que me algunos pocos me parecieron fascinantes. Pudimos ver a autors de segunda fila, como Cuixard, Riveira o José Guerrero, pero también a los grandes del arte contemporáneo español como Luis Feito, Manuel Hernández Mompó, Fernando Zóbel, Manuel Millares, Antoni Tapiés o el mismísimo Antonio Saura, uno de cuyos cuadros exponemos arriba.

ajoarriero2[1]

morteruelo-su3--[1] Morteruelo                                                                            Ajoarriero

En el restaurante, además del buen humor, aprovechamos para conocer mejor nuestros gustos e inquietudes, qué estudiábamos los participantes y el porqué  de nuestros “espacios” en internet. También pudimos degustar la gastronomía típica del lugar, como fue el ajoarriero y el morteruelo, algunos pidieron también gazpacho, otros, huevos rotos. Debemos dar las gracias a los miembros de la administración que nos acompañaron, por mostrarse tan amables y acogernos con tanta cercanía. No olvidaremos Cuenca y seguro que el año que viene volveremos a intentarlo.

autobus1[1]

P:   por lo que a mí respecta, me despido hasta dentro de tres semanas. Este tiempo estaremos excavando en el cerro de Alarcos, yacimiento íbero y medieval, tratando de indagar en la historia del castillo que en su loma se asienta. Con un gorro de paja, bajo este sol de justicia, pensaremos en vosotros, compañeros, amigos y lectores… aún nos quedan muchos viajes e historias que contar.

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  1. historiadorhistrionico
    julio 2, 2009 en 1:54 pm

    Buena excavación, me quedo aquí como guardián del blog 😀

  2. Gery
    julio 2, 2009 en 2:15 pm

    ¡¡¡Bravo!!! Genial. Manu me ha encantado tu relato seguir escribiendo y contando cosas ( las leo todas)

    Feliz excavación

  3. historiadorafrancesa
    julio 2, 2009 en 5:40 pm

    bueno veo que ya habeis viajado un poco ! Y qué relato tan interesante, yo viaje mucho pero nunca entré en el parlamento, y lo que habeis comido en cuenca…..parece muy muy rico ! Buenas excavaciones a los que excavan, y a los otros…buenas vacaciones !

  4. historiadorhistrionico
    julio 3, 2009 en 11:46 am

    Reiterar las gracias a la gente de Cuenca por como nos trataron durante el día que estuvimos allí.

  5. historiadorhistrionico
    julio 5, 2009 en 2:56 pm

    http://www.publico.es/viajes/236360/cuenca
    Publico hace hoy un reportaje de 24 horas en Cuenca… nosotros estuvimos 6 horas jaja

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