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Un cronista de la guerra. Miguel Hernández.


 

Todos conocemos al gran pastor que fue poeta, al gran poeta que fue pueblo. No obstante, la gran mayoría ignora la faceta que ejerció de periodista en múltiples momentos; a destacar, sobre todo, la Guerra Civil española, que arrastraría sus huesos a una cárcel fría y húmeda que acabaría con su vida, dejando solos por el mundo a una mujer sin esposo, a unos hijos sin un padre al que pedir comida. Ofrecemos aquí un capítulo de sus crónicas de guerra, esperando con ello haceros ver, no solo la capacidad expresiva de este escritor, sino también el ardor de la contienda bélica que fue aquella de 1936, en primera persona. Con un fusil en una mano, con una pluma en otra, así vivió Miguel Hernández los tres años siguientes.

Un poeta en guerra

“Siempre será guerra la vida para todo poeta; para mí siempre ha sido y me vi iluminado de repente el 18 de julio por el resplandor de los fusiles en Madrid. Las fuerzas de mi cuerpo y de mi alma se pusieron más de lo que se ponían a disposición del pueblo, y comencé a luchar, a hacerme eco, clamor y soldado de la España de las pobrezas que nos quieren legar, que nos quieren separar del corazón, donde está atada.

     Comienza la tragedia española. la muerte del poeta Federico García Lorca, asesinado por el fascismo en agosto y en Granada, muerte en agosto como el ‘Amargo’ de su romance:

‘El veinticinco de julio

abrió los ojos Amargo,

y el veinticinco de agosto

se tendió para cerrarlos”.

    La desaparición de Federico García Lorca es la pérdida más grande que sufre el pueblo de España. Él solo era una nación entera de poesía. Desde las ruinas de sus huesos me empuja el crimen con él cometido por los que no han sido ni serán pueblo jamás y es su sangre, bestialmente vertida, el lamamiento más imperioso y emocionante que siento y que me arrastra hacia la guerra. Es su sombra, desaparecida de sus pies, y es su voz, arrancada de su lengua a tiros, la que me empuja irresistiblemente contra sus asesinos en un violento deseo de venganza. Me siento más pobre, más poeta, y un día cogí el fusil que me correspondía, despue´s de cavar trincheras que han anegado tantas sangres nobles…

 

El hijo del pobre 9-4-1937

     Al hijo del rico se le daba a escoger títulos y carreras; al hijo del pobre siempre se le ha obligado a ser el mulo de carga de todos los oficios. No le han dejado ni tiempo ni voluntad para elegir un camino en el trabajo. Se le ha empujado contra el barbecho, contra el yunque, contra el andamio; se le ha obligado a empuñar una herramienta que, a la vez, no le correspondía. Las universidades nunca han tenido puertas ni libros para los hijos de los pobres, que no han conocido en la niñez más alegría que la que da el mendrugo a los hambrientos, ni más descanso que un sueño de cinco horas.

     -“A trabajar a la mina, gandul!- dijo al hijo pobre su padre que, porque lo fue y no deja de ser desgraciado, vive amargo de expresión y de alma. Y el hijo, temeroso del palo, con la espalda encogida, llevó su carne a sangrar, a desgarrarse o a endurecerse, junto a los viejos mineros, viejos desde su juventud.

     Han pasado mis ojos por los pueblos de España, ¿qué han visto? Junto a los hombres tristes y gastados de trabajar y mal comer, los niños yunteros, mineros, herreros, albañiles, ferozmente contagiados por el gesto de sus padres: los niños con cara de ancianos y ojos de desgracia.

     Ha sonado la hora de salvación para los niños que se hundían y nadie los salvaba; que se perdían en los surcos y nadie quería encontrarlos; que se desplomaban en los pozos minerales y nadie les tendía una mano. Mientras ellos, mientras nosotros éramos desterrados de la alegría, de los juegos y las fiestas, de la hermosura de vivir limpios y satisfechos, mientras nos comían el calor y el frío, los hijos de los ricos, por muy dignos de cuidar cerdos que fueran, gozaban de todo y sólo para ellos se abrían las aulas.

     La España infantil y pobre, oscura siempre, maltratada y oscura, comienza a clarear.

 

La vida en retaguardia. 13-4-1357

     Es triste ver cómo en los pueblos de la retaguardia y concretamente en los pueblos de la provincia de Jaén, hombres jóvenes de 16 a 20 años, hacen aún a los nueve meses de guerra, la misma vida que hacían en tiempos de paz.

     Solamente sienten la guerra, porque las existencias de tabaco son llevadas preferentemente a los soldados que combaten y ellos sienten alguna escasez.

     Al atardecer, cando el sol dora las montañas dondesus hermanos de clase luchan por la libertad de España, una muchedumbre de jóvenes con ridículo traje de fiesta (planchadísimo pantalón blanco y corbata con los colores de las banderas sindicales) pasean por la calle principal del pueblo como en una exhibición de feria, acompañando a muchachas de su misma edad que lucen también “elegantes” vestidos, que destacan aún más cuando se cruzan junto a ellos el sobrio traje de algún soldado.

     Todos estos jóvenes tienen una labor que hacer; los hombres, intensificar la producción (que es labor que atañe sobre todo a la juventud) y aprender en las escuelas de preparación premilitar la instrucción y el manejo de toda clase de armas, para formar con ellos  en su día un ejército de reserva que sea suficiente y capaz de aplastar al fascismo internacional que intenta apoderarse de las riquezas de nuestro suelo. Las mujeres, trabajar en la confección de ropas para el ejército y prepararse para suplir a los jóvenes en los trabajos de la retaguardia.

     En los pueblos donde aún no hayan organizado escuelas de preparación premilitar y obrarodres de costura para los frentes, debe organizarse rápidamente para la molicie de la juvenud en la retaguardia que es el peor mal que podemos tener en nuestras filas.

 

  1. memorant
    abril 25, 2009 de 1:17 pm

    No conocía demasiado esta faceta suya como cronista, desde luego lo de Lorca le tuvo que afectar bastante no solo como poeta, me parece que fue uno de los pocos de la generación del 27 que hizo esfuerzo por integrar al de Orihuela en el ambiente literario de la época…

    El último texto es representativo de la desorganización y el desaprovechamiento en hombres y recursos del frente republicano…

    • blademanu
      abril 25, 2009 de 1:38 pm

      Tampoco hizo tanto Lorca para integrar a Miguel Hernández en el Madrid de los años 30. Cito a Ian Gibson, biógrafo de Lorca:

      “Lorca conoce en Murcia a un joven poeta-pastor de Orihuela muy dotado y muy pobre, Miguel Hernández, que en estos momentos corrige las pruebas de su primer libro, ‘Perito en lunas’. Anima al muchacho que tiene sólo veinte años -los que tenía Lorca al publicar ‘Impresiones y paisajes’-, le manifiesta su admiración por los poemas que le acaba de leer y le promete que lo promocionará en Madrid. Sin embargo, cuando se edita el libro poco tiempo después, en medio del más absoluto silencio, Lorca no cumple con su promesa de reseñarlo, y recibe una serie de desconsoladas cartas desde Orihuela solicitando su ayuda. Hace lo posible por consolar a Hernández, diciéndole que a él le pasó lo mismo y que su primer libro de poemas se ignoró de forma parecida (lo cual no era del todo verdad). Le aconseja que continúe trabajando, peleando y luchando y, sobre todo que no sucumba a la tentación de la vanidad: ‘Tu libro es fuerte, tiene muchas cosas de interés y revela a los buenos ojos pasión de hombre, pero no tiene más cojones, como tú mismo dices, que los de casi todos los poetas consagrados. Cálmate’. Con Miguel Hernández, Lorca, de hecho, nunca llegaría a congeniar.”

      Creo que es un dato suficiente para contestarte; pero hay más. A lo largo de la biografía del poeta granadino, Gibson solo cita seis veces a Miguel Hernández, tres de las cuales son en la bibliografía y anotaciones y una es la que acabo de exponer. El resto son para justificar la ausencia del murciano en la presentación de los libros de García Lorca. Como puedes ver, Jonathan, no todo el campo es orégano. Abrazos!!!!!!

      • memorant
        abril 26, 2009 de 12:04 am

        Me doy por satisfecho Manu, yo solo tengo ese conocimiento por alguna clase de literatura en secundaria.

        Aunque alguna huella personal y no solo como poeta le tuvo que dejar para dedicarle ese espacio en su testimonio, ¿no?

      • blademanu
        abril 26, 2009 de 12:17 am

        A eso no sabría contestarte. De todas formas, Lorca pudo ser un mártir para algunos republicanos, Miguel Hernández incluido. De todos modos, que Lorca no lo apoyara en la edición de sus libros no quiere decir que le retirase su admiración como poeta. Lo cierto es que, más allá de su conflicto personal, España había perdido un gran poeta. De eso se hace eco el pastor de Orihuela, pienso. Abrazos!

  1. marzo 28, 2010 de 2:21 pm
  2. mayo 31, 2011 de 7:21 pm

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