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MARÍN NIÑO, Manuela; Las mujeres musulmanas en Al-Andalus: género, clase y religión.


Al-Andalus es medieval, patriarcal e islámica. Es bastante parecida a la cristiana. La historia de la mujer andalusí debe mirarse desde tres puntos de vista: género, clase y religión. En el Corán (palabra divina) no hay diferencia entre hombres y mujeres; por eso, desde la religión no se diferencian en nada. Es el estatus económico el que marca la diferencia entre unas y otras. El hecho de tener una religión no tenía tanta importancia. El estatuto personal y el económico son los aspectos a tener en cuenta.

Estatus personal

Es el matrimonio el estado natural del creyente islámico, el estado ideal. El estar soltero significaba, en palabras del Profeta, ser “medio musulmán”. El celibato existía, pero no es algo mayoritario. La poligamia y el divorcio eran habituales, aunque tenían ciertas restricciones o trámites legales a los que acogerse.

El marido estaba obligado a alimentar, vestir y dar las necesidades materiales básicas a su esposa. Además, ellas podían conservar sus propiedades y bienes, tanto durante el matrimonio, como en caso de separación. El matrimonio era un acto legal, civil, pero no religioso. Nunca se celebró en una mezquita, pues esta era lugar para el rezo o la enseñanza.

Al fin y al cabo, un enlace de dos personas era un contrato de mutuo acuerdo en el que se establecían las condiciones que gobernarán en el mismo. Se establecía la dote que el marido habría de pagar a su esposa (un avance respecto al derecho romano, en el que el hombre daba esta donación al padre y no directamente a la futura contrayente). El pago de los bienes antifernales se hacía en dos plazos: uno en el momento de las nupcias, otro posteriormente, bien en una fecha acordada, gradualmente o tras una hipotética disolución del contrato.  En el caso de que la mujer tuviera un estatus elevado –vemos cómo la posición económica influye- esta podía negarse a trabajar y pedir al esposo que contratase un servicio doméstico.

La ley islámica, por otro lado, marcaba un límite a las ausencias del marido. En una sociedad guerrera como la de la Plena Edad Media, los viajes y las campañas militares duraban meses o años, a lo que hay que sumar la peregrinación a la Meca o los continuos desplazamientos de los mercaderes. La legislación islámica preveía estos “abandonos temporales”. Si el hombre no volvía en un tiempo determinados por los cadíes, la mujer tenía la potestad de anular el matrimonio y volver a la soltería (y a su vez, si aún no la había percibido, reclamar la segunda parte de la dote).

Encontramos también cláusulas de monogamia, en las que se establece que el varón no pueda estar casado con más de una mujer. Es verdad que se podía practicar la poligamia -hasta cuatro mujeres legales simultáneamente y cuantas concubinas pudieras mantener por igual en el mismo estatus que al resto-, pero no era algo muy extendido. Este modelo conyugal estaba restringido a las clases sociales altas, pues suponía unos gastos muy altos y al alcance de un escaso número de personas.

Se temía más el divorcio que la poligamia porque era más fácil que el varón repudiara a su esposa que al revés. No obstante, si no deseaba continuar con ese connubio, existían medios legales a los que recurrir. Podía solicitar el divorcio por malos tratos físicos o económicos –es decir, que no estuviera igualmente atendida en lo que a necesidades materiales se refiere en comparación a sus coesposas. Sin embargo, no era fácil demostrarlo. Había que hacer una investigación con encuesta incluida. Pegar una sola vez o por querer salir de casa sin permiso del esposo, no era motivo de intervención judicial; solo en caso de palizas periódicas, se intervenía para establecer el castigo correspondiente. Esta situación, que nos resulta tan extraña para los tiempos que eran, tenía un círculo reducido de aplicación: el ámbito urbano. Las mujeres del mundo rural estaban algo más desprotegidas.

Estatus económico

Las mujeres andalusíes fueron trasmisoras de propiedad, por ejemplo la dote o la herencia paterna –si bien era la mitad que la de un varón. También heredaban las propiedades del marido difunto, repartidas entre su persona y sus hijos. Sin embargo, la ley establecía que los animales y los esclavos eran parte del marido, al igual que los edificios –bienes, todos estos, mucho más estables y de mayor duración-, mientras para las mujeres quedaban los textiles, las alhajas y otro tipo de manufacturas menores. Ellas podían dedicarse al comercio y al artesanado, actividades comerciales de primer orden en el mundo medieval. Gestionaban su patrimonio, especialmente en las clases que no lo tenían tan permitido, como es el caso de las agricultoras y las campesinas.

La importancia de la mujer en Al-Andalus tiene su máxima expresión en la actuación que desempeñaban como mecenas de los edificios e instalaciones públicas. Por ejemplo, las princesas de la familia Omeya financiaron todas las mezquitas de barrio –dejando a un lado la Mezquita Alhama. Algunas, incluso, tomaron el nombre de sus “mecenas”.

Las mujeres andalusíes trabajaban en múltiples oficios, como señala el poeta Ibn Hazm en una de sus obras: acudían al horno, a lavar la ropa, al mercado o a hacer transacciones económicas, etc. El hilado también era muy común, pues era algo propio de su sexo y, además, se realizaba dentro del ámbito doméstico, sin tener que salir del hogar por ninguna causa. Más relevante es el oficio de bordadoras, calígrafas o maestras –aunque, en caso de que el profesor fuera un varón, estaban separadas de él por un cortinaje y en las escuelas quedaban a un lado los chicos y al otro las chicas; tampoco podían estudiar derechos islámico, algo prohibido por ley-.

Ponencia ofrecida el 31-III-2009 en la facultad de letras de la UCLM

  1. historiadoramatyt
    marzo 31, 2009 de 5:24 pm

    La verdad es que me ha encantado la conferencia de esta mañana, por lo menos el ratito que he estado. La conferenciante ha estado tranquila y lo ha explicado todo muy bien y muy claro.

  2. memorant
    marzo 31, 2009 de 8:34 pm

    Es una de las mejores conferencias que he asistido hasta ahora en la uni, no se ha hecho para nada pesada, ha habido bastante participación y la ponente tenía bastante soltura y era un auténtico archivo andante. XD

    Las reflexiones de Ángela al final han estado bastante acertadas también.

    Un saludo. 🙂

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