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Historia negra de los Tercios


“El saqueo de una ciudad estaba regulado por una ordenanza especial, un bando que era leído a los soldados después de la toma de la ciudad. Tenía que limitarse a tres días: por ejemplo, en Malinas en 1568, la primera jornada se resevó a los españoles, la segundo a los valones y la tercero a los alemanes. Los eclesiásticos y los objetos sagrados eran teóricamente intocables; las violaciones, los golpes, las heridas y los homicidios estaban rigurosamente prohibidos. Pero, aunque fuesen nobles y católicos, los soldados de los tercios españoles, impulsados por el frenesí del saqueo, se mofaban de las normas y olvidaban toda ley : en Malinas, como decíamos, iglesias y conventos fueron saqueados tanto como las viviendas de los particulares y el palacio de las antiguas gobernadoras de los Países Bajos, Margarita de Austria y María de Hungría, fue igualmente asaltados; las personas andaban desnudas por las calles.

Poseídos preferentemente por la sed de riquezas, los soldados se entregaban seguidamente a la orgía y las pulsiones sexuales. Estos hombres solían estar privados de mujeres. En Walcheren, en el mismo año, situados en la gran plaza, los soldados se hacían servir toda clase de manjares y de bebidas por las mujeres de la ciudad, previamente desnudas, y según su fantasía y capricho se apoderaban de una o de otra de estas mujeres indefensas y las poseían en el instante. En Amberes, después del saqueo de 1576, las calles aparecieron llenas de cadáveres, cuyos dedos estaban cortados, los lóbulos de las orejas mutlados; hombres y mujeres habían sido despojados de sus joyas de la manera más expeditiva. Muchas veces se torturaba a los niños delante de sus padres para que éstos entregasen sus riquezas…

Las largas privaciones, los retrasos interminables en la percepción de sus soldadas, el espíritu de venganza, por último, favorecieron estas atrocidades. De 1571 a 1573 el tercio no fue pagado y el invierno de 1572 fue muy duro. En Flessinga, los calvinistas habían ejecutado públicamente al capitán español Hernando Pacheco, habían cortado con unas tijeras los genitales de sus soldados, a los que seguidamente quemaron… Hemos de recordar, por otra parte, que en la misma época, las guerras de religión en Francia habían revelado a unos artistas de la atrocidad más refinados todavía: Symphorien de Durfort, señor de Duras, hizo explotar a las mujeres católicas de Agen después de haberles rellenado el sexo con pólvora, mientras que Blaise de Monluc hacía cocer a fuego lento a los setecientos hugonotes, hombres y mujeres, capturados en Penne…”

Fragmento extraído de:  BENNASSAR, B.; La España del Siglo de Oro; cap. “Vivir en el siglo de Oro”; p. 315-318; RBA; 2006

  1. historiadorhistrionico
    marzo 29, 2009 de 1:20 pm

    Y por eso a los niños holandeses para que se vayan a la cama, les dicen que si no vienen Farnesio y Alba

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