“TOLEDANCIA”


 

El pasado día 6 de marzo, la asociación AJHISCAM (Asociación de Jóvenes Historiadores de Castilla la-Mancha) organizó una excursión a Toledo para asistir a la exposición “1808-1814. De súbditos a ciudadanos”, actualmente expuesta en el Hospital Santa Cruz de Toledo. Su organizador y comisario, así como  nuestro profesor de Historia Contemporánea de España en Ciudad Real, Sisinio Pérez Garzón, se ofreció para hacer de nuestro guía en este bucle temporal hacia los principios del siglo XIX, cuando la sociedad española reclamó poder gozar de unos derechos y un papel en la política. Nueve salas sirvieron para ilustrarnos diferentes perspectivas: la realeza, el clero, los burgueses, los criollos, la revolución científica, las técnicas médicas, los ropajes, las armas, la literatura, los periódicos, el desarrollo de la guerra, las Cortes de Cádiz, la Junta Central de Madrid y un sin número de anécdotas que a más de uno dejó con el ánimo y la curiosidad encendidos.

 

     Pudimos observar cuadros de Goya, Sorolla y Madrazo, representaciones de Carlos IV, Fernando VII y María Luisa de Parma, entre otros. Con la lectura de numerosos carteles luminosos, sala a sala nos acercábamos a la extraña realidad de un tiempo que parecía no haber acontecido jamás. El 90% de la población vivía del campo, los medios sanitarios eran escasos, la revolución científica no había hecho mella en la economía o la alimentación más allá de contadas ciudades. Solamente el alto clero tenía buena formación académica. El resto -capellanes, deanes, párrocos, curas- padecían una situación de carestía temporal, si no continua, que se extendía a la gran masa. Un proyector y un monigote servían para mostrar, de un modo extremadamente didáctico, cuál era la situación económica y familiar de un campesino que bien podría haber sido cualquiera de nuestros ancestros. La presión era insoportable: tributos reales, censos señoriales, el diezmo, malas cosechas, escasa alimentación y frío, mucho frío en el campo ante la falta de ropas lo suficientemente adecuadas para proteger de los rigores del invierno meseteño. La edad media no sobrepasaba los 40 años y la mortalidad infantil era una realidad con la que había que convivir.

 

     Las pantallas táctiles servían, al mismo tiempo, de alto en el camino y de aprendizaje práctico. Nos enfrentamos al reto de responder qué era una “jaqueta” o una “torerilla” o a acertar los hitos más importantes de la guerra, sus personajes y batallas. En otros simplemente había que atender a una explicación: la estrategia militar de los enfrentamientos de Uclés, Bailén, Arapiles o Vitoria, cómo se desarrolló y cuáles fueron los integrantes de las Cortes de Cádiz o la organización del alzamiento. En el cruce de pasillos, se dispuso una cúpula artificial en la que se hacía una proyección muy divulgativa sobre la historia: del alzamiento y la invasión a la derrota de Napoleón en Europa y la entronización de Fernando VII.  Quizá uno de los aspectos que más llamó la atención de los alumnos fue la sala de armas. En ella pudimos ver espadas, sables, machetes, trabucos, pistolas de perdernal, de una o dos bocas (de los bandos ingles, francés y español), los uniformes del ejército napoleónico, el sable de Murat (quizá con letras de oro grabadas en la empuñadura), el trabuco del Empecinado o una réplica de la máscara funeraria de Napoleón. También nos pareció de lo más curioso (y terrible) un garrote vil (¡método usado hasta el franquismo!).

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    El recorrido finalizaba con una sala dedicada en exclusiva a los periódicos (como La Gaceta) que informaron sobre lo que sucedió en España a lo largo de esos seis años, publicaciones literarias y científicas, como un tratado de biología o las obras completas de Leandro Fernández de Moratín en seis tomos. La efigie de Fernando VII, en un retrato que se creía perdido desde hace 150 años y que ha sufrido distintos procesos de restauración, servía como broche final a una época de revolución y cambios convulsos que, incomprensiblemente, devolvían a un rey absoluto al trono. Ahora bien, la España que tendría que gobernar el “deseado” Borbón no sería la de su padre, pues sus habitantes habían pasado de ser súbditos a ser ciudadanos de una nación con nombre e identidad propios.

  

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     Más allá del mito de “las tres culturas”, lo cierto es que un paseo por Toledo sirve para conocer diferentes modos de sentir la espiritualidad, para observar distintos estilos artísticos y espaciales, para sentir la historia bajo los pies con los que caminas. En cada piedra retumba la herencia del pasado. Una alcantarilla romana, una mezquita musulmana, una capilla cristiana, un jardín judío, todo ello conforma un mosaico de difícil comprensión. Solo, quizá, Constantinopla, Damasco y Alejandría conservan una diversidad cultural tan amplia y representativa como la de esta ciudad castellana.

     Con tan solo tres horas de tiempo libre, tras haber visto la exposición sobre la Guerra de Independencia, decidimos, con GPS y mapa en mano -es que somos muy torpes, jeje-, visitar un edificio típico de cada cultura: la mezquita del Cristo de la luz por los musulmanes; la sinagoga de “Santa María la blanca” por los judíos y San Juan de los Reyes por los cristianos.

     Nuestra primera parada fue la mezquita Cristo de la Luz. No me dentendré en más explicaciones pues he encontrado una página, verdaderamente recomendable por la explicación, pero sobre todo por las fotografías  (entrar) y un periódico donde podréis descubrir la apasionante historia de Rodrigo Amador de los Ríos, redescubridor de este lugar lleno de misterio y leyenda (entrar) .p3070390p3070386

 

 

     Dejando atrás los caminos de Mahoma, dirigimos nuestros pasos, circunvalando la muralla, hacia San Juan de los Reyes. Esta iglesia fue mandada erigir por los Reyes Católicos en 1474 para conmemorar la victoria en la batalla de Toro. Fue concebida como panteón real en un principio, aunque luego la catedral de Granada se erigiría como tal. Tiene una sola nave con capillas laterales. En la cabecera pudimos ver la impresionante cúpula octogonal sobre pechinas. En las claves de los nervios, así como en los pilares y paredes a lo largo de todo el templo, se puede observar las iniciales de Isabel (y = yugo) y fernando (f= flechas), así como el águila de San Juan, símbolo de los Reyes Católicos. Es significativo, si nos fijamos en la cronología, que ni Granada, ni Navarra aparezcan en el escudo real, pues una será conquistada en 1492 y la otra anexionada en 1512 por Fernando el Católico y las tropas del Duque de Alba. No es casual que las vidrieras estén situadas en la parte superior: la luz blanca -ya no de colores, como en el gótico- simboliza el mundo celestial. El creyente aún camina por las sombras del mundo terreno, por eso debe concentrar todos sus esfuerzos en orientar su alma hacia Dios. Que el altar y el coro estén a diferente altura que la nave principal nos habla de una conexión del poder celestial y terrenal: la iglesia y la monarquía. 

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             Accedimos al claustro, de estilo gótico tardío, en cuya segunda planta pudimos disfrutar del precioso artesonado con los escudos de las dos sicilias, Aragón y Castilla, entre los cuales, nuevamente, se repetían las iniciales de Isabel y Fernando. También desde aquí se asistía a un espectáculo majestuoso, el cimborrio del templo, una suerte de corona pétrea con pináculos adornados por bolas isabelinas. p3070472

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       Solo nos quedaba una de las culturas. Toledo y el judaísmo tienen una relación más estrecha y larga aún que con el cristianismo o con el islam. Desde el siglo IV se atestigua su presencia en la ciudad. Bajo los visigodos arrianos convivieron sin problemas, pero años después de que Recaredo abrazara el rito cristiano, padecieron persecuciones antisemitas. Bajo los musulmanes tuvieron suertes diferentes, aunque generalmente fueron respetados por su condición de dihmníes (“gentes del libro”). Fueron campesinos, como todos, pero con el renacimiento urbano se adaptaron a la vida en la ciudad y encabezaron oficios codiciados –como la medicina o la administración- que les granjearon numerosos enemigos llenos de codicia y recelo. En 1492 su presencia llegó a su fin, aunque no sin problemas posteriores con los conversos judaizantes, pero esto es otra historia.

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La sinagoga de Santa María la Blanca queda a pocos metros de San Juan de los Reyes. Nada más acceder a su recinto se percibe que algo ha cambiado. Los coches pasan a poco metros, pero el silencio comienza a hacerse eco en la cabeza. El interior es algo misterioso. Nada más entrar pudimos ver las cinco naves, columnas blancas, capiteles con motivos vegetales y una techumbre de madera que corre toda la nave principal. Los arcos de herradura nos traían a la mente la Mezquita de Córdoba o las construcciones visigodas del norte, pero también otras de oriente próximo, acaso de Siria. De nuevo, el silencio. El sol penetraba deshilachado por una celosía que hay sobre la puerta principal. Una monja recorría las calles con parsimonia y lentitud. Un joven monje, vestido de marrón, guarda las pinturas con motivos hebraicos expuestas por el perímetro interior. Intercambié unas palabras con ellos y rápidamente salí a la calle, no sin antes echar una mirada hacia atrás. Como ellos me dijeron, “ciertamente es un lugar hecho para el descanso, la meditación y la conexión con Dios”.

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     Y así terminó nuestra nueva visita a Toledo. Gracias a AJHISCAM, al profesor Sisinio Pérez Garzón y a todos los compañeros que estuvieron conmigo en ese maravilloso día. Si este artículo os ha ayudado a rememorar lo que sentistéis en aquellas horas me daré por satisfecho. ¡Un abrazo a todos!

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  1. historiadorhistrionico
    marzo 8, 2009 de 1:52 am

    Muy currado el post, bonita excursión, el lunes más… y no mejor, porque es imposible jaja

  2. igrain
    marzo 8, 2009 de 5:33 pm

    Felicidades!! Me ha encantado el artículo. Quizá sea uno de los tuyos que más me ha gustado. Esperemos que el lunes se de bien, aunq como dice Edu, no será mejor. Besos!!

  3. mercefonseca
    marzo 9, 2009 de 12:20 pm

    Hey, que día tan bueno, eh?? jejeje. Hay que repetir estos viajes. Una cosita, podríamos pasar un CD regrabable, que cada uno meta sus fotos y luego lo volvemos a pasar para que todo el mundo tenga las fotos de todos. Os parece bien? Venga un besito, nos vemos a las 3.30 en san pietro.

  4. sergio
    marzo 9, 2009 de 1:14 pm

    shit happens…

  5. thor8
    marzo 9, 2009 de 3:11 pm

    ¿CD regrabable? ¿para qué está el tuenti?. Los que no tengan ya estais tardando!! :p

  6. blademanu
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