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Un poquito de ocio constructivo

octubre 17, 2008 Deja un comentario

Cuando Ana Rodado nos decía que podíamos consultar la edición del Mio Cid en versión facsímil no lo decía en broma ni para el gran público perenne que las paredes son. Aquí os dejo un enlace que os mostrará la gran maravilla al alcance de unos pocos con gran calidad. Disfrutadlo.

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/80283852878795052754491/index.htm

BURKE, P.; La Fabricación de Luis XIV; Madrid, Nerea, 1995.

octubre 17, 2008 Deja un comentario

Capítulo 1.- Presentación de Luis XIV

 

Luis XIV de Borbón accede al trono en 1643 con cuatro años de edad, pero será coronado de forma oficial en 1654 permaneciendo en el trono unos 72 años, hasta 1715. Hijo de Luis XIII y Ana de Austria (hermana de Felipe IV de Austria<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–>), esposo de María Teresa de Austria (hija de Felipe IV de Austria).

Éste es el personaje real cuya imagen pública es objeto de estudio ya que el objetivo del autor en ésta obra es, textualmente, “presentar la imagen real como un todo […] Analizar sus imágenes individuales para ver su imagen pública […] Es un estudio monográfico sobre las relaciones arte-poder y sobre la creación de grandes hombres”.

Éste es un estudio sobre la “propaganda” de Luis, sobre los intentos de manipular la opinión pública, es decir, un estudio de la “ideología”.

 

La creación de la imagen de Luis será modelo para otros monarcas tanto coetáneos a él como no siéndolo. Esta imagen del “Rey Sol” está muy bien documentada a través de la conservación de numerosos retratos, medallas conmemorativas, documentos públicos y privados, esculturas y, sobre todo, su máxima obra representativa: Versalles.

Las diversas representaciones que conservamos de Luis serían encargadas para glorificarlo (“Gloire”). El fasto tenía en el s. XVII una función política ya que “daba éclat al rey”. Montesquieu: “el fasto y esplendor que rodean a los reyes forman parte de su poder”.

Por su parte, los detractores del rey creyeron que todo el fasto y lo impresionante de su corte le servía para distraer al pueblo y alejarlo de la política (cual circo romano -> panem et circenses).

 

Se hace mucha referencia a la “teatralidad” de su vida ya que se presenta su reinado como una gran representación teatral puesto que siempre había alguien observándole y su vida era, básicamente, pública.

La representación del rey se presenta en dos ámbitos:

-El rey representa tanto a Dios como al Estado (“él es Francia, y tú ¿de quién eres?, Cayuela).

-El rey era representado por sus subalternos, monedas, retratos, cartas y esculturas.

 

Capítulo 2.- Persuasión

 

Los medios de representación del rey serán de diversos tipos como Retratos y Estatuas ecuestres, medallas con bajorrelieves, arcos triunfales y, sobre todo, palabras. Palabras transmitidas tanto de forma oral como escrita, en prosa o en verso, en francés o en latín y en forma de sermones, discursos, poemas de alabanza, historias del reinado (L’histoire du roi) o inscripciones en latín.

En poesía (Art Poétique) eran sonetos, panegíricos, madrigales, odas, sermones o, incluso, historia. El estilo utilizado se conoce como la “forma grande” o “magnífica” ya que trata de idealizar al monarca a través de recursos como la hipérbole, la sinécdoque o la metáfora (sobre todo la metáfora).

Los rituales eran muy importantes para la imagen pública del rey, tanto públicos como privados: la estrada triunfal en una ciudad y a través de un arco del triunfo, la teatralidad al despertar y al irse a dormir, al comer, etc.

Lo más llamativo de las imágenes públicas de los monarcas son las comparaciones con personajes tanto históricos como mitológicos a las que se llegan. A Luis, en este caso, se le comparó con Clodoveo, con Carlomagno, con San Luis y se le representaba alegóricamente como Apolo, Júpiter, Neptuno, Hércules, Alejandro e, incluso, Jesucristo (como Buen Pastor).

 

Los retratos del rey serán uno de los medios de representación mejor conservados y podemos contemplar su magnificencia en el Retrato de Luis XIV de Hyacinthe Rigaud, 1700 (Louvre); su pintura más famosa. Normalmente se le solía representar vestido con una armadura (romana o medieval) o con el manto real, ataviado con una peluca del s. XVII (con el tiempo se fue quedando calvo debido a una grave enfermedad sufrida), con un orbe, un bastón o un cetro en la mano y con un aire de grandeza y majestad en la cara (jamás se le verá sonriendo). Muchas veces se le representa acompañado de personajes mitológicos como Minerva, Victoria o Fama o, simplemente, figuras en actitud de subordinación.

 

Podemos decir que, a su vez, gran cantidad de epítetos se le atribuyeron pero, todos ellos, pueden resumirse en uno: Grande, LOUIS LE GRAND (escrito en mayúsculas en los textos para dar más énfasis frente al resto del texto escrito en minúsculas).

 

Capítulos 3 y 4

 

A pesar de ser un monarca absoluto el poder del rey de Francia estaba limitado por las leyes fundamentales del reino salvaguardadas por el Tribunal Supremo. El poder real nunca podía sobrepasar la ley divina ni los derechos naturales de las gentes.

 

En 1660 se llevará a cabo la planificación de una “organización de la cultura”, es decir, la construcción de un sistema de organizaciones oficiales que movilizaran a artistas, escritores, eruditos al servicio del rey, tanto nacionales como extranjeros. Se dará una burocratización de las artes y las ciencias puesto que se crearán Academias y Comités y la administración de las artes recaería en funcionarios (sistema parecido al sistema de colegios de la Europa del s. XVII). La finalidad máxima era la creación de la imagen pública del rey, para lo cual, los historiadores tuvieron un papel importantísimo (Mézeray, Félibien). La organización piramidal de todo este entramado se distribuiría de este modo: en la cúspide, como es natural, se encuentra el rey, Luis, por debajo se sitúan Colbert (su primer ministro), Lebrun y Perrault (jefe arquitecto). A esta organización se la denominará “Departamento de Gloria” y su finalidad será la representación móvil de los principales acontecimientos del reinado.

 

Capítulos 5 y 6

 

Desde sus comienzos en el trono de Francia, Luis quiso dar una imagen de preocupación por sus súbditos y de deseo de llevar a la nación a un “estado de bienestar”. Sus súbditos más allegados quisieron causar una impresión inmediata en el público y los medios empleados fueron la Diplomacia y los Festivales. El primero de ellos, fue un recurso empleado para trasladar una intachable imagen de Luis y de Francia a los reinos extranjeros. Del mismo modo, los festivales servían, a la vez, para impresionar a los extranjeros y a las altas esferas sociales francesas.

 

Por su parte, Versalles, un pequeño chateau para Luis XIII en 1624, sería reconstruído por su hijo para su disfrute personal pero con una característica especial, dar posteridad a su magnificencia, es decir, que la imagen de Luis XIV de Francia representada por su gran palacio quedara como testimonio de su grandeza para generaciones futuras.

 

Para glorificar al monarca de Francia en los ámbitos militares, se cuenta con dos hechos histórico-militares que constituyen otro elemento de transmisión de la imagen pública que se quiere dar del rey.

Nos referimos a la Guerra de la Devolución, 1667-1668 en la que el rey reclama los Países Bajos para su esposa María Teresa a la muerte de Felipe IV (“los derechos de la reina cristianísima sobre varios Estados de la monarquía española”). Las celebraciones de esta guerra adoptarían formas permanentes y será desde entonces cuando se empiece a denominar al rey como Luis el Grande (Ludovico Magno o Louis le Grand) y cuando éste decida construir un nuevo palacio en Versalles.

Por su parte, en segundo lugar, la llamada Guerra de Holanda, desarrollada entre 1672 y 1678 sería justificada con motivo de la provocación por la “insolencia” de los holandeses hacia el rey de Francia. La hazaña más celebrada de esta guerra y que retribuiría muchas alabanzas hacia la persona del rey sería la travesía por parte del ejército francés del Rhin (los soldados cruzarían a nado todo lo ancho del río).

 

Capítulos 7 y 8

 

Todos los movimientos del rey estaban estudiados y cualquier acción cotidiana era susceptible de ser ritualizada, además, con una gran ceremonia ya que se establecían unas estrictas normas formales que, no obstante, no hacían inaccesible al rey (o eso quería hacer ver él).

 

Uno de los momentos culminantes de la organización de una “revolución cultural” en torno a la representatividad del monarca sería la llamada Campaña de las Estatuas desarrollada entre 1685 y 1686. Se llevó a cabo la fabricación de una serie de estatuas del monarca (en distintas posiciones, actitudes y circunstancias) y se repartirían tanto por la ciudad de París (por sus plazas) como por las provincias. Quizá, la más destacada de ellas sea la ubicada en la Place des Victoires. El carácter simultáneo y repentino de este proceso de erección de estatuas tanto en la capital como en las provincias ha llevado a pensar a los historiadores que no debió ser una decisión única y autónoma de cada ciudad sino que, más bien, habría alguna orden dictada directamente desde París que debía ser obedecida (ya que merece destacarse el interés del gobierno central por la imagen del rey en las provincias).

 

A parte de los dos acontecimientos de carácter bélico que hemos citado anteriormente, convendría decir que hay una serie de hazañas también celebradas durante el reinado de Luis XIV como serían los bombardeos de Argel (1683) y Génova (1684), la recuperación del rey de una grave enfermedad y la revocación del Edicto de Nantes por la que se proscribe el protestantismo.

 

Podemos decir que, en el año 1688, el rey contaba con 50 años de edad y llevaba la friolera de 43 años en el poder aunque “solo” fueran 25 los que gobernaba en persona. En este momento, al rey se le observan ciertos achaques de ancianidad acelerados por la influencia de las dos operaciones a las que tuvo que someterse y que le dejaron muy debilitado así como su padecimiento de Gota (ácido úrico).

Los últimos 25 años de su reinado constituyen un periodo denominado como el “Ocaso Real” y es que la celebración propagandística de los éxitos y victorias (por ejemplo, militares) del rey está cada vez más degradada. En este tiempo, pocos asuntos internos del reino se conmemoraron (por ejemplo con la costumbre de creación de monedas o medallas). Quizás el momento más destacado del rey en este periodo sería la creación de la Orden de San Luis que constituiría un punto culminante en la comparación de ambos monarcas y que llegó a institucionalizarse en la celebración del día de San Luis (que se aprovechaba para honrar al rey).

 

Su enfermedad se escenificó hasta el final y la última imagen que se quiso dar del rey sería la plasmada en su testamento donde pedía a su sucesor, Luis XV, que no rompiera con Roma, que prefiriera la paz (puesto que él había abusado demasiado de las guerras) y que no elevara los impuestos.

 

Capítulos 9 y 10

 

Lo cierto es que la imagen real de Luis no fue nunca muy llamativa puesto que no superaba el metro sesenta y, con la edad, fue perdiendo elementos corporales importantes como el pelo (tras la enfermedad de 1659) y los dientes.

Tras el periodo de “ocaso real” explicado anteriormente, deberíamos hacer una reflexión sobre la llamada “Crisis de las Representaciones” en la que se da una cierta decadenica de la Antigüedad como modelo cultural en el s. XVII y la “victoria” de los modernos y de Luis XIV. ¿A qué nos referimos con la victoria de Luis frente a los antiguos? Pues concretamente se trata de ver el triunfo del monarca francés a través de su representación pública frente a los grandes Augusto y Alejandro (por ejemplo).

No obstante, la revolución intelectual del s. XVII provocaría la pérdida del “Capital Simbólico” de los monarcas como bien expresaría Jürgen Habermas en su expresión “Crisis de Legitimación”. Por ello, tanto Luis como sus consejeros se verán obligados a adoptar nuevas fórmulas y estrategias de publicidad.

 

Bien, hasta ahora hemos visto y analizado (más o menos extensamente; quien quiera saber más que se lea el libro, jejeje) la imagen positiva de Luis. Sin embargo y, como no es de extrañar (creo), también hubo una imagen negativa del mismo. Al contrario de los personajes míticos con los que se le compara en gran medida, Luis también es susceptible de ser comparado con Faetón, Nerón, Herodes o Faraón, en algunos círculos sociales.

Desde este punto de vista, podemos distinguir dos oposiciones a las imágenes oficiales como serán los individuos que se definan a sí mismos como leales súbditos al rey pero se burlen de su representación así como los enemigos declarados del rey.

Los medios con los que cuenta la oposición serán los mismos con los que cuentan los súbditos para vanagloriar al rey, es decir, pinturas, grabados, poemas, prosa (comedia): romances burlescos, testamentos burlescos, catecismo burlesco, confesión burlesca, etc.

Los temas que más se criticarán serán la ambición del rey, la falta de escrúpulos morales y sentimientos religiosos, la tiranía, la vanidad y las supuestas debilidades militares, intelectuales y sexuales (a parte de su mujer, Luis gozaba de la compañía de sus cuatro amantes: La Vallière, Fontanges, Montespan y Maintenon) del rey.

 

Podemos decir que los personajes más destacados dentro del mundo artístico y cultural que se opondrán de una forma decisiva a Luis serán el pintor holandés Romeyn de Hooghe, Nicolás Chevalier, Joseph Werner (importante mercenario), F. Paul van Lisola (compuso panfletos contra el rey), G. Wilhelm LEIBNIZ o Jonathan Swift (literato inglés) entre otros.

 

Capítulo 11

 

Ya que hemos hablado tanto de la imagen pública del Rey Sol, cabría esperar la pregunta de a quién, en concreto, estaría destinada tanta propaganda, ¿al público?, no, puesto que no existía como tal. Los creadores de la imagen del rey ayudarán a crear lo que hoy conocemos como “Opinión Pública” y los objetivos que se perseguían eran la Posteridad, las Clases Altas francesas y los miembros de Cortes extranjeras.

Por otro lado, podemos ver los distintos tipos de reacciones que causaría esa imagen del monarca en los distintos grupos sociales:

 

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Nobleza. Hubo nobles que trabajaron para ensalzar la gloria de Luis aunque también hubo quien le criticó duramente.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Jesuitas y Municipalidades. Le glorificaron e hicieron una defensa a ultranza del rey mostrando su gran entusiasmo por su figura.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Por debajo de estos grupos, la documentación es más fragmentaria ya que entraríamos en el terreno individual, lo cual, es bastante complicado de analizar. Sin embargo, podemos decir que habría dos posiciones, una positiva y una negativa hacia la persona del rey.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Extranjeros. Se criticó la excesiva alabanza y glorificación del rey aunque se le imitaría en muchos aspectos, sobre todo, en el ámbito de la autorrepresentación.

 

Capítulo 12

 

El autor realiza un análisis comparativo de la figura de Luis con: gobernantes de su época, con personajes anteriores y, finalmente, con jefes de Estado modernos.

 

En primer lugar, Burke compara a Luis y sus circunstancias con Leopoldo I (emperador del Sacro Imperio Germánico) pues ninguno de los dos imitó al otro pero Luis siempre envidió el título de Emperador. Asimismo, también se compara a Luis con su padre y con su tío y suegro, Luis XIII y Felipe IV, respectivamente.

 

En segundo lugar, el autor establece similitudes entre la corte de Luis XIV y la corte de los Valois (Francisco I y Enrique III), con Cosimo de Medicis (un Gran Duque de Toscana); se le asimila con la conservación de los rituales medievales (Carlomagno y San Luis), se destaca su admiración por la Italia renacentista y por un modelo de gobierno también muy observado por él, Bizancio. A su vez, éste modelo bizantino tomará los modelos de gobierno del Imperio Romano (Augusto) que también será profundamente admirado.

 

Por último, Luis será susceptible de ser comparado con jefes de gobierno del s. XX puesto que el llamado “Estado espectáculo” de Luis podría asimilarse al “Sistema del estrellato en la política” protagonizado por personajes como Kennedy, De Gaulle, Pompidou o Carter.

Asimismo, los medios de persuasión con que contó Luis fueron similares a los utilizados pr Hitler, Mussolini o Stalin.

Por otra parte pero, del mismo modo, podemos establecer una asimilación en el proceso de consolidación del concepto de legitimidad que, mientras que con Luis, éste concepto hundía sus bases en Dios; el gobernante del s. XX recurre a la representación de la Nación como base de su poder.

<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> Felipe IV de Austria, rey de España.

¿Qué sucede en china hoy? III

octubre 17, 2008 Deja un comentario

.El aumento de precios en los productos básicos provoca manifestaciones en las calles de China. El gobierno dice que la inflacción está bajo control, pero que los precios continuarán subiendo, aunque más lentamente.
Categorías:Actualidad, Asia, Historia Contemporánea Etiquetas: ,

Hablando de… Hume

octubre 17, 2008 Deja un comentario

     En el siglo XVIII, DAvid Hume defendió el empirismo radical (la doctrina que afirma que sólo es fiable la información que nos llega a través de los sentidos), pero propuso corregirlo en la vida ordinaria con una buena dosis de sentido común, lo cual, a buen seguro, le evitó hacer el ridículo en más de una ocasión, a diferencia del protagonista del siguiente chiste.

     Un empirista visitaba una granja en compañía de unos amigos, cuando uno de ellos, al ver un rebaño de ovejas sin lana, comentó:

     -Se ve que las ovejas están recién esquiladas.

     Y el empirista, fiel a sus principios metodológicos, puntualizó:

     -Al menos, de este lado parece que sí.

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Una foto de grupo… ¡que ya era hora!

octubre 17, 2008 2 comentarios

Nosotros cinco, los de siempre, en Segóbriga

Nosotros cinco, los de siempre, en Segóbriga

Categorías:Historiadores, Propaganda