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DOOB, M.; Estudios sobre el desarrollo del capitalismo; SIGLO XXI; 1971 (Amplicación del resumen. Pag. 262 a 377)


 

               6. CRECIMIENTO DEL PROLETARIADO

I.

Allí donde la tierra es muy barata y todos los hombres son libres; allí donde todo el que lo desee puede obtener un  pedazo de tierra para sí, no solamente el trabajo es muy caro, en cuanto a la participación del trabajador en el producto, sino que la dificultad consiste en obtener la cooperación de trabajadores, a cualquier precio que sea.

-Raras veces los teóricos del capitalismo dejaron de hablar de la inversión y la circulación de dinero para centrarse en la más que necesaria clase proletaria, motor de la producción y por extensión del dinero. Dice Marx que para que madure el capitalismo “han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías: los propietarios de dinero y medios de producción y los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo”

Por tanto: el régimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo…  la llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de productor, sumado a la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino.

-Lo que también aquí nos interesa son los factores que inciden sobre la proporción de la población repartida entre diferentes clases sociales, y no tanto los que inciden sobre el tamaño de la población total. En base a esto, el licenciamiento de las mesnadas feudales, la disolución de los monasterios, los enclosures para la cría de ovejas, así como los cambios en los métodos de labranza, desempeñaron valores relativos en la creación de un ejército de menesterosos que recorrían toda Inglaterra. En el período Tudor y Estuardo las aldeas se despoblaban, pobres, enfermos y miserables se veían obligados a vender todo, en el que los caminos se llenaron de bandidos que veían en el robo su única salvación y el período, en fin, en el que las penas y los colgamientos fueron aplicados como penas más comunes  y se producían abundantes cacerías de vagabundos.

-El Estatuto de Artífices de 1563 (en el que se obligaba a trabajar en la agricultura a todo aquel desocupado, prohibía a los dependientes a abandonar su ciudad sin autorización), como vemos, constituyó el instrumento más poderoso imaginado para degradar y empobrecer al trabajador inglés.

-El ritmo de la expropiación y creación de tierras cercadas en el siglo XVIII se aceleró desmesuradamente respecto al ya bastante cruel período Tudor, cuyas consecuencias hemos visto. En los últimos períodos del siglo XIX se llegó a parcelar hasta ocho o nueve veces más que en el primer período: hasta 1/5 del país. Además de las expropiaciones forzadas, muchas fueron renuncias personales a las tenencias en vista de la gran competencia de las grandes cercas y de sus métodos agrícolas. No era raro, pues, a mediados del siglo XVIII encontrar doce arrendatarios donde antes había entre treinta y cuarenta.

-Cuando la falta de trabajadores se agudizaba o surgía demanda excepcional de fuerza humana de trabajo, se echaba mano a medidas especiales, como el reclutamiento forzoso de trabajadores.

-Sería un error suponer que en los siglos XVI o XVII el proletariado constituyó una parte importante de la población. Su número siguió siendo pequeño y su movilidad estuvo limitada,  restricciones legales que tendían a proteger los señoríos y las explotaciones. Por un salario prescrito cualquier hombre capacitado podría ser puesto a trabajar. Con Isabel I se fijaron, también, los salarios mínimos.

-Es conveniente aclarar que, a pesar de los cambios sobrevenidos en el período Tudor, no sería hasta fines del siglo XVIII cuando el desarrollo de la industria capitalista se diese con total libertad. Debería llegar la revolución industrial para que este semiproletariado rural fuera, por fin, desarraigado de la tierra y se eliminaran los obstáculos para la movilidad de trabajadores de la aldea a la ciudad.

-Todo lo anteriormente dicho se debe, sobre todo, a que el siglo XV en Inglaterra fue de notable prosperidad salarial (aumentó hasta el doble respecto al comienzo del siglo XIV) y a partir del 1500 se inició un momento inverso: decrecimiento económico abrupto.

(Importantísimo conclusión que referencia todo el libro) Es común afirmar que un cambio de precios que afecte por igual a todos los sectores de población no supondría cambios al nivel de los señalados por Hamilton en referencia al oro llegado de América, por ejemplo. Pero el período Tudor sufrió una inflación de precios que tuvo como principal afectado los ingresos relativos de diferentes clases. En el grado en que los salarios monetarios no aumentaran en la proporción del nivel de precios de las mercancías, todos los patronos y poseedores de capital se enriquecían anormalmente a expensas del nivel de vida de la clase trabajadora. Ésta fue la génesis de la inversión británica en el extranjero”: enriquecimiento de una minoría.

-Además, la inflación de ganancias se invirtió de España a Inglaterra en el año de la Armada Invencible. Aun con eso, en 1600 los salarios reales se habían reducido a la mitad desde 1500.

-Siguiendo a Max Weber, en la época de la revolución de precios Inglaterra era un país con excedente de trabajadores por todos los motivos citados (concentración de tierras, decadencia del feudalismo, enclosures, disolución de monasterios), mientras en España la iglesia y el feudalismo los demandaba. La gran diferencia entre ambos países se centraba en el reemplazo de muchas propiedades pequeñas por unas pocas grandes. Dinamarca y Suecia disfrutaron de procesos similares, pero en el siglo XVIII.

-El excedente de trabajadores se produjo de igual modo en los Estados Bálticos de Rusia, bajo el Zar Alejandro I en 1861, una fecha muy tardía. Se desposeyó al campesinado de sus tierras, de manera que pasaron a constituir un proletariado sin tierras, obligado a trabajar, pero ahora nominalmente contratado bajo salario.

II.

-El surgimiento del proletariado tiene una primera vía que ella hemos visto (desposesión de tierras para crear enclosures) y otra de la que hablaremos ahora: la acusada diferencia que supone la desigualdad de factores como la calidad o cantidad de las parcelas, los instrumentos de labranza y los animales de tiro.

-Un ejemplo lo encontramos en las comunidades mineras. Cierto número de trabajadores independientes sin una organización gremial, aparte de los tribunales de minería, negociaban por unas parcelas, bajo control de los “negociadores” y explotaban su dominio con material restringido, buscando con ello que nadie se apoderara de la producción sobre los demás. Pero siempre habría alguien cuyo filón de carbón fuera más productivo que el resto.

-Las primeras señales de influencias que marcaron las diferencias entre estos, fue el sistema de “acuerdo de costos”. Con ello, muchos de los mineros vendían participaciones en sus propiedades. Está claro que una clase que extrajera su ingreso del derecho de propiedad y no de la actividad productiva prosperara con este sistema. El único excedente que podía aparecer era el equivalente a la renta diferencial.

-Con las disputas en Inglaterra por el estaño, la minería y la acuñación, los mineros (no acomodados) lograron la subordinación del productor al capital. Dos capas de usureros caracterizaron esta subordinación. En la cúspide estaban los mercaneros, traficantes y fundidores, quienes, dado el bajo precio del estaño que extraían, conseguían un margen de ganancias del 60%. Los maestros mineros, traficantes y fundidores de estaño, adelantaban dinero a los tributarios y obreros, y llegaban a tomar hasta un 80% de beneficios. La explotación de la usura declinaba y el sistema capitalista del asalariado empezaba a ocupar su lugar.

-El paso de la minería libre al trabajo asalariado seguramente se debió a la integración del monopolio en la fundición del mineral concedido a empresarios capitalistas, quienes erigieron altos hornos en el bosque de Dean.

-En el caso de Sajonia se impuso el arriendo del trabajo en las minas, estipulando que los arrendatarios de la mina fueran trabajadores sin bienes, y que se excluyera a campesinos que poseyeran tierra. De aquí, directamente, se aplicaron los derechos monopólicos de capitalistas fundidores que tomaron el carácter de un capitán de industria.

En el caso de Rusia, el “arrendamiento por hambre”, incapacidad de comprar sus propios aparejos o de alimentar a sus animales, produje que la tierra y la misma mano de obra se dispusiera muy barata al terrateniente. Esta situación retrasó la introducción de maquinaria, como señala Lenin. La relación de dependencia que llevó a muchos campesinos a someterse a gente con posible, hizo que en pocos años, debido a que había unos impuestos al año que había y no podía pagar, pasaron por familias enteras al proletariado rural.

En conclusión, podemos decir que el agotamiento de la tierra libre no es el único factor para la creación de una clase asalariada dependiente, como a veces se ha sostenido. La producción para un mercado distante (pues hace falta medios con que transportar la materia) o la falta de dinero para adquirir aparejos y animales de carga, revisten enorme importancia de igual modo. Como hemos visto, la “acumulación primitiva” presenta dos caras: vuelta hacia la vieja clase dominante y vuelta hacia el pequeño productor necesitado de un acreedor.

Como venimos tratando a lo largo del libro, la transferencia de patrimonio da empuje a la formación de la clase burguesa, que es un objeto permanente de inversión. Los dones de la naturaleza son limitados; los recursos minerales se agotan; la usura, como las sanguijuelas, puede desangrar la fuente de que se alimenta; hasta las poblaciones de esclavos parecen tender a extinguirse. Pero el proletariado posee la valiosa cualidad, no sólo de reproducirse en cada generación, sino de hacerlo en escala siempre mayor.

 

                7. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL SIGLO XIX

EDAD MEDIA Y SIGLO XVI. Los antecedentes a la Revolución Industrial, especialmente desde el período Tudor son muchos, pero siempre tendrán una aplicación de carácter individual y sin conexión alguna con la situación política que se vivía, no del todo propicia para los grandes cambios del siglo XVIII. Por ejemplo, encontramos la invención de la máquina de tejido de punto por William Lee en 1589, lo que sólo afectó al sistema de alquiler de máquinas ya explicado. También encontramos la invención del batán, la rueda hidráulica y la bomba aspirante.

-A modo de curiosidad: el siglo XIX contempló la invención de 108 grandes inventos que cambiaron la concepción de la industria, mientras que en segundo puesto se encuentra el siglo XV con 50 inventos y luego el XVIII con 43. Muy de lejos los sigue el siglo XX con 27 inventos.

-REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. Esos tiempos, en los que era barato imprimir y la alfabetización se había vuelto casi universal, nos ha legado fuentes documentales en tal abundancia, como para dejarnos pocas dudas acerca de los lineamientos generales del periodo.

-Dos hechos nos deben quedar claros, de primeras, sobre este período:

. CAMBIO Y MOVIMIENTO.  El tempo del cambio económico (estructura de la industria, relaciones sociales, volumen de producción, variedad del comercio) fue enteramente anormal, juzgado con lo visto en siglos anteriores. Tan anormal como para transformar radicalmente las ideas de los hombres acerca de la sociedad (de una concepción del mundo más o menos estática, según la cual los hombres, de generación en generación, estaban destinados a permanecer durante su vida en el puesto que les había sido asignado con el nacimiento, y en la que el apartamiento de la tradición era algo contrario a la naturaleza, a una concepción del progreso como la ley de la vida y del perfeccionamiento continuo. Desde 1760 en adelante el progreso económico se volvió “portentosamente rápido”.

. CONDICIONES EXCEPCIONALES. El escenario económico del siglo XIX presenta una combinación de circunstancias excepcionalmente favorable para el florecimiento de una sociedad capitalista. Período de cambio técnico, en él aumentó rápidamente la productividad del trabajo; presenció, también, un incremento anormalmente pronunciado del número de proletarios, junto con una serie de acontecimientos que ensancharon simultáneamente el campo de inversiones y el mercado de consumo, en una escala sin precedentes.

-La esencia de la transformación se debió a varios factores que, seguramente, estaban entrelazados entre sí. El descenso de la mortalidad infantil produjo un aumento de población y, por ende, ya que la mayoría de personas estaba en condiciones proletarias, de trabajadores. A ello hemos de sumar las condiciones previas de que disfrutó cada país antes del estallido de la misma, si bien suceden en períodos muy separados en el tiempo dependiendo el lugar. Hemos de señalar que la esencia de la transformación fue ese cambio en el carácter de la producción que se asocia, por lo común, con la utilización de máquinas de fuerza no humana y no animal. El paso “de la herramienta al mecanismo”, dice Marx.

-A todo esto ya dicho como introducción hemos de sumar el elemento, la innovación estrella: el uso del vapor en sustitución de la fuerza motriz.

-El trabajo colectivo en cadena practicado en las fábricas supuso el resto de la transformación.

-Para dirigir a este ejército de nuevos trabajadores el burgués debía imponerse como capitán de industria, ya nunca como usurero o comerciante en su almacén.

-Las cuatro grandes invenciones en la industria del algodón fueron:

.la jenny (torno de hilar) patentada por Hargreaves, en 1770

. la water frame (bastidor de rodillos) inventada por Arkwright en 1769

.la mule de Crompton de 1779

. la mule automática, inventada por Kely en 1792.

-Pero a todo ello se ha de sumar la máquina de vapor de James Watt en 1769. Otro invento muy destacable es el telar mecánico de Cartwright, de 1785 (cuyo uso se difundió en 1820, aproximadamente), así como la máquina de telar de Paul y Watt.

-Hacia fines del S.XVIII la producción básica de hierro y el sistema de pequeña escala que empleaba carbón vegetal en los viejos hornos fue casi abandonado. Sin embargo, en 1860, en el sector de la fundición y la joyería encontramos pequeña producción de artesanos a domicilio. En otros casos las fábricas, si bien suponían ser trabajo colectivo, estaban fragmentadas en múltiples talleres. La sastrería y la fabricación de zapatos producían gracias a las manos de pequeñas empresas domésticas. En 1850 sólo la mitad de obreros de la industria de la lanada de Yorkshire trabajaban en fábricas.

1ª conclusión. La supervivencia, en la segunda mitad del siglo XIX, e las condiciones de la industria doméstica y de la manufactura, tuvo una importante consecuencia para la vida y la población industriales, raras veces valorada. Implicó que la clase trabajadora no empezó a cobrar, hasta el último cuarto del siglo, el carácter homogéneo de un proletariado fabril.

-Hemos de apuntar que los comienzos del nuevo sistema económico fueron trémulos e indecisos. El carácter primitivo de la relación de empleo, estorbó al incremente de la productividad. El tiempo de trabajo, el esfuerzo agotador, la mano de obra infantil y el pago en especia así como el desprecio a la salud y la seguridad son algunos de los aspectos más contradictorios.

-También se dio el sistema del subcontrato, con lo que se daba margen a la tiranía y las trampas del pago.

-La tendencia hacia una creciente productividad del trabajo y la formación cada vez mayor de plusvalía son las bases para una revolución posterior de la estructura de la industria capitalista, tal y como la conocemos hoy: “capitalismo accionista” de gran escala, monopólico.

-La invención de maquinaria y el avance conjunto de sociedad e industria fueron derivados de hombres prácticos, que procedían empíricamente y tenían aguda conciencia de las necesidades industriales de la época. Si bien el estado que prevalecía en la industria restringía el tipo de descubrimiento que podía hacerse, las condiciones de la industria misma también indujeron y guiaron el pensamiento y las manos de los inventores. Por tanto, los inventos introducidos en el mundo moderno no sólo estuvieron íntimamente entrelazados en cuanto a su progreso, lo estuvieron también con el estado de la industria y de los recursos económicos, con la índole de sus problemas y el carácter de su personal, en aquel período primitivo del capitalismo en cuyo terreno crecieron.

David Ricardo y Malthus debatieron sobre la relación directa que existía entre la población efectiva trabajadora, la sobreproducción y la falta de demanda en caso de no alimentar bien a la gente para que descendiera el índice de mortalidad. El capitalismo, si quería expandirse, necesitaba proletariado contento y con buena salud. Pero, que la población no creciera ya nunca al nivel que lo hizo en las últimas décadas del siglo XVIII provocó que la economía política clásica, para la cual el ejército proletariado aumentaría siempre en el grado requerido por la acumulación de capital, fuera vista como un castillo de naipes.

-Cuando los economistas hablaban de oferta se referían a la cantidad y al precio. Exigían que la oferta fuera, no sólo suficiente para cubrir un número dado de empleos disponibles, sino superabundante hasta el punto de hacer que los trabajadores compitieran despiadadamente por los empleos, con lo que se impediría que el precio de esta mercancía subiera al aumentar su demanda.

(Factor importante) Puede suceder, simultáneamente, que la disponibilidad de trabajo proletario a un precio inferior a determinado nivel decisivo constituya una condición necesaria para el crecimiento de la industria capitalista, pero que la presencia de este elemento necesario, esto es mano de obra barata, en un grado desproporcionado con los otros ingredientes esenciales de la situación, pueda contribuir a retardar, precisamente, ese cambio técnico que está destinado a precipitar el advenimiento del nuevo orden económico. Pero no cabe duda de que si no hubiese sido por el abundante número de proletarios una vez el efecto dominó de la revolución se puso en marcha, jamás podría haber sido tan rápido el cambio e, incluso, se podría haber detenido.

-De entre los veintiocho “industriales e inventores” de éxito, inmortalizados por Samuel Smiles, catorce fueron pequeños propietarios o arrendatarios independientes, maestros tejedores, fabricantes de zapatos, maestros de escuela y profesiones similares. Sin embargo, la mayoría del capital para la industria del algodón parece haber sido proporcionada por mercaderes ya establecidos.

II. Los cambios técnicos del s.XIX

-El efecto de un perfeccionamiento de la Revolución Industrial en general fue bajar los costos y, por lo tanto, los precios: y mientras la cantidad de producto aumentará, su precio por unidad, y la ganancia a obtenerse por unidad de producto, será proporcionalmente menor. El cambio técnico per se no debe figurar entre los factores que rigen la ganancia del capital. No obstante, como señala claramente Marx, si el progreso técnico afectaba la producción de los medios de vida de los obreros de la misma manera que otras líneas de producción tendería a abaratar, no sólo los productos de la industria, sino la fuerza de trabajo misma.

-(Importantísimo) El producto ahora tendría el mismo valor de cara al mercado, pero el precio de su producción sería menor. Gracias a esto, la subsistencia de los trabajadores se abarató y por tanto podían descenderse sus sueldos. Aquí es donde está el beneficio del empresario capitalista. Si los cambios técnicos no tienen la fuerza de abaratar la fuerza de trabajo con relación al valor de su producto, esa consecuencia no se dará.

No obstante, como en todo, aquí encontramos variables que tampoco es necesario revelar. Sin embargo, cabe argüir que no se ha sabido separar los efectos del perfeccionamiento técnico como tal de los producidos por la simple acumulación de capital, a saber: el efecto de un cambio en el conocimiento técnico, en condiciones de relativa constancia de la masa de capital, y el de una acumulación de capital, dad un cierto estado de la técnica.

-Como señala Marx, “el progreso de la industria está esencialmente limitado por la tasa de expansión del ejército proletario. A la inversa, la desocupación podría considerarse síntoma de una escasez absoluta de capital”.

-El inversor se encontraba ante la situación de elegir entre una gama de alternativas cuya elección correcta estará determinada por el cálculo (espíritu inglés) de las tasas prospectivas de ganancia a obtener invirtiendo en cada una de ellas en la situación dada. Lo más común, apoyándose en la inversión de capital frente a un estado constante de conocimiento técnico (es decir, sabiendo que un modus operandi con herramientas concretas, es beneficioso) es la inversión de capital en el ensanchamiento, en otras palabras, en multiplicar el número de plantas del tipo que ya resultaba beneficioso en el primer proyecto. Existe un movimiento inverso, la profundización. Con ello se procura adaptarse a una situación adversa caracterizada por la escasez del proletariado y en la que hay que abaratar costos.

-Por otro lado, David Ricardo decía que “el aumento de sueldos provocaba descenso de ganancias”, como es evidente. Y en esta situación había que tener en cuenta las opciones alternativas que se presentan para subsanar el problema, basadas acaso en el tipo de interés del préstamo capitalista o bien en las novedades en maquinaria.

-Capital y maquinaría interaccionan conjuntamente con el mercado en el ritmo de la inversión capitalista y su progreso en base a las condiciones de su empleo rentable. Esto es así por lo que también señala David Ricardo. El consumo depende siempre de la producción –no a la inversa-. Se trata del supuesto implícito de que todo ingreso percibido era gastado en cualquier forma de modo que, aun con una corriente mayor de ingresos, ingresos y gasto, marchaban más o menos acordes con una simple diferencia de tiempo.

-Entre 1840 y 1850 entró en escena una nueva actividad que, en cuanto a su absorción de capital y de bienes de capital, sobrepasó en importancia a todo otro tipo de gasto en inversiones anteriores: el ferrocarril. Pero no llegamos a apreciar la importancia estratégica única que la construcción de ferrocarriles ocupó en el desarrollo económico de este período. Los ferrocarriles ofrecen la inestimable ventaja, para el capitalismo, de absorber capitales en proporciones enormes (sólo superadas por los armamentos de la guerra moderna.

-El ferrocarril requirió, entre 1847/48, 2.000 millas de líneas, medio millón de toneladas de hierro (la mitad de la producción total de estos dos años) y produjo cerca de 300.000 puestos de trabajo, en las propias líneas y en toda la cadena que se necesitaba para útiles del sector. En 1860 ya eran 10.000 millas (16.000 kilómetros; en términos comparativos, 16 veces la distancia entre Barcelona y Cádiz).

La inversión en el exterior de Inglaterra no fue menos impresionante. Más de 15 millones de libras esterlinas en 1850, que hacia 1870 ya eran 50 millones. Exportó raíles a Canadá, Argentina, India, Australia y EE.UU. El conjunto de kilómetros de vías en estos países en conjunto eran de 62.000 millas en 1870, mientras que 30 años después llegaron a los 262.000 (un crecimiento de) +200.000. Las cifras hablan por sí solas.

III. La crisis de 1873

-Lo que se conoce como la Gran Depresión, que comenzó en 1873 hasta 1895, más o menos, ha llegado a ser considerada como un punto bisagra entre dos etapas del capitalismo: la primera vigorosa, próspera y animada de un osado optimismo; la segunda más perturbada, más vacilante y, según algunas opiniones, marcada ya con los signos de la vejez y la decadencia.

-La crisis en Inglaterra pudo darse a varios motivos. El primero seguramente fue al aumento de sueldos a mediados del s.XIX, lo cual indicaba un aumento de la demanda de trabajo empezaba a sobrepasar la expansión del “ejército” de proletarios. Los costos de la mano de obra ascendieron desde 1860 a 1875 hasta un 50% (curiosamente hasta el año en que el malestar económico comenzó a sentirse). Las estimaciones nos hablan de que se triplicó la inversión en ferrerías y se duplicó en minas entre 1867 y 1875.

-“La composición orgánica del capital”, como lo llamaba Marx, era el motivo principal por el que había aumento y descenso de precios, de coste de mano de obra, de maquinaria, de intereses y demás aspectos económicos. 

 

-El descenso de los precios en 1870/80 no se debió al abundante oro, sino al abaratamiento de la maquinaria y, por tanto, de la producción. El incremento en la masa de capital puede tomar dos direcciones efectivas:

.la primera es la caída de la tasa de ganancia por el descenso del precio de venta de los productos, sino se soluciona el costo de maquinaria o de mano de obra

.la segunda un aumento de inversión de plantas que no se viera acompañado de un crecimiento de la demanda, lo cual llevaría a la imposibilidad de reproducción a las nuevas sede-empresariales.

-Ambos factores afectaron igualmente, pero en proporciones difíciles de definir, en la crisis. Pero sobre todo la mayor pérdida sufrida, debido al descenso de los precios de las manufacturas, por los patronos que por los proletarios. Pero será la gran inversión exterior el principal factor de la crisis en Inglaterra, pues coincidió este momento tan delicado con la paralización de la demanda de raíles sustitutorios de los puestos, pues ahora se estaba invirtiendo en el acero, más perdurable. Esta freno a la demanda extranjera trajo grandes consecuencias.

(Muy importante) El Informe Final explicaba la crisis de este modo “Pensamos que… la sobreproducción ha sido uno de los rasgos más prominentes del curso de los negocios en años recientes; y la depresión que sufrimos hoy puede parcialmente explicarse por este hecho”. La producción se expandía, superando al número de hombre, y por tanto a la demanda, había stock, y el ritmo natural de los acontecimientos aconsejó abaratar los precios en porcentajes terribles; el capital no constituía un sustituto suficiente de la fuerza de trabajo. Esta crisis daría lugar a una época cuyo sistema económico sería conocido como el “neomercantilismo”, caracterizado por el temor, no a los bienes, sino a la capacidad de producción.

-En Norteamérica comenzó a darse los trust, en tanto en Inglaterra sólo un fenómeno parecido de mucha menor entidad aparecía en la década de 1890. Aquí también se sufrió la crisis, igual que en Alemania.

-En el segundo período del siglo XIX en Inglaterra, cuando sobrevivía el monopolio, se hizo frente a la contracción de la demanda mediante restricciones de producción y mantenimiento de precios.

-El Neomercantilismo del que hablamos se interesó por el control de ciertas esferas privilegiadas en el exterior, con las cuales comerciar y en las cuales invertir, para recibir beneficios futuros. Este nuevo mercantilismo estaba impulsado por el interés en encontrar nuevos campos de inversión. Para compensar la pérdida del mercado americano había que compensarlo con el mercado colonial. Decía Joseph Chamberlain “el Imperio es comercio”.

-Ampliación de campos de inversión, búsqueda de estímulos para mantener el funcionamiento de plena productividad, la carrera por el reparto de las zonas no desarrolladas del planeta, pasaría a ser la orden del día en la política exterior de los países más desarrollados de la Europa con el susto de la crisis aún metido en el cuerpo. Los países imperialistas actuaron de parásitos de territorios que se llevaron la peor parte del negocio, el gasto de capital. Gracias a ello vivieron una prosperidad inusitada entre 1896 y 1914, período en el que se vivió un grandioso crecimiento de la industria, hasta niveles muy superiores, en 1906, a los de 1872.

Electricidad, química, ciclismo y buques fueron nuevos negocios en los que invertir en el cambio de siglo. Ferrocarriles, puertos, servicios públicos, telégrafos y tranvías, minería, plantaciones, compañías para hipotecas de tierras, bancos, y compañías de seguros fueron los objetos favoritos de este boom de inversiones. Comparando los mejores niveles de exportación de la década de 1870 con los dados entre 1905 y 1910, la exportación de textil aumentó en al triple y la de hierro y acero hasta un 70% en tonelaje y un 30 % en valor y las yardas de algodón hasta en un 40%.

-Pero en todo esto había inconvenientes. Mientras la inversión interna al par de la externa avanzaban a una velocidad considerable (comparada con la de 1865-1895, algo lenta) había signos de un progreso considerablemente más lento para reducir los costos de la industria. Además de que la población redujo su ritmo de crecimiento en un 30% respecto al del capital invertido.

-Finalmente, los “términos de intercambio” impuestos por Inglaterra al resto del mundo se estaban volviendo en su contra en los años previos a la primera guerra mundial. En el siglo XIX la inversión fue dirigida al desarrollo del transporte y de la producción primaria, mientras se importaban productos de primera necesidad. A medida que otras partes del mundo experimentan en el campo de la industria manufacturera y hasta en industrias de bienes y capital, los términos de intercambio entre las exportaciones manufacturadas de los países industriales más avanzados y los productos primarios ya no tendían a inclinarse a favor de los primeros. Tendieron, incluso, a moverse en dirección opuesta.

-El ingreso del movimiento obrero en la política estaba a punto de iniciar una nueva era, con el reconocimiento estatal de los convenios colectivos y el salario mínimo legal. Lograrían influir sobre el funcionamiento de la industria.

(sigue en página 377 con “El período de entreguerras y sus consecuencias”)

  1. noviembre 3, 2012 de 9:27 pm

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