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DEGLER, C.N.; Historia de Estadus Unidos. La formación de una potencia. 1600-1860; Ariel; 1986

octubre 31, 2008 Deja un comentario

 

1. Introducción

   Los cien años transcurridos tras la muerte de Isabel I, en 1603, pueden considerarse, en contra de todo lo establecido, como los primeros del verdadero mundo moderno. Galileo, Newton, Locke, Harvey, Descartes, Boyle son argumentos de peso para tal afirmación. Las características que identificarían a los estadounidenses se establecieron en este siglo.

Se dice que el capitalismo llegó en los primeros barcos. Los ingleses llegaron desde la isla con una concepción económica limitada a los horizontes que la “pequeña” isla les imponía. La esclavitud y las plantaciones eran más efectivas en el pobre, pero extenso, suelo de las colonias inglesas. En Nueva Inglaterra no se realizó experimento señorial ni feudal alguno. Los comienzos históricos de la región muestran un premeditado rechazo de las prácticas sociales y religiosas europeas.

No haber feudalismo con anterioridad implicaba la inexistencia d clases con privilegios conferidos por prácticas sociales de épocas precedentes. Ellos concedieron gran importancia al liberalismo lockiano o whig, así como al individualismo y al laissez faire.  Es decir, Norteamérica surgió ya liberada de la tradicional aristocracia medieval europea. “Los principales negocios de Norteamérica fueron los negocios”, decía uno de sus presidentes.

En Norteamérica se aplicaron dos conceptos que Marx Weber ha calificado de ética protestante: el puritanismo y el cuaquerismo. El primero, en esencia, constituye una relación directa entre religión y economía. La fe es un modo de servir a Dios, sirviendo a Dios se sirve al hombre, y sirviendo al hombre se sirve a Dios. El cuaquerismo abogaba por la sencillez, la diligencia, el ahorro, la frugalidad y la inutilidad de ser ostentoso. Como vemos, ambas doctrinas dan pie a una gran actividad económica basada en los intereses y el margen de beneficios. Weber afirmó que el consejo de Richard Franklin no es más que la ética puritana desprovista de su teología; en otras palabras el amor por los negocios y el desdén por su salvación externa.

 

-El puritanismo

Como el protestantismo, rechazaba los ideales ascéticos del catolicismo medieval. Decía Calvino que no debían rehuir los placeres corporales porque Dios “no se propone proveer solo las necesidades, sino también los deleites (pero no corruptos, como las cartas o los dados)”.  También restringía las formas de vestir, nada de pomposidad. Se negaban a la música en los templos (no a la música como género artístico o ciencia). Amparaban el divorcio, con más tolerancia que el resto de la cristiandad. Por otro lado, un gran porcentaje de puritanos mantenía relaciones sexuales prematrimoniales, de ahí que debamos desasociar el remilgo con este colectivo.

Fueron perfeccionistas materialistas y espiritualistas, en otras palabras, siempre creyeron tener una misión, mayor o menor, que realizar para el mundo. Para ello, intentaron conjugar la razón y la fe. Ellos veían ambas doctrinas mentales como complementarias, nunca antitéticas.

La educación formó parte integrante de sus intereses terrenos. Para ello, desde 1636, decenas de profesores formados en Cambridge y Oxford se instalaron en Nueva Inglaterra. En este movimiento conjunto se fundó Harvard, centro por antonomasia de la acendrada educación puritana. Se pensó que, más allá de la simple lectura de la Biblia (para lo cual se necesitaba saber leer), los niños necesitaban recibir una educación básica. Las leyes escolares de Massachusetts de 1647 preveían la contratación de un profesor por cada 50 familias y un instituto por cada 100 o más. En Inglaterra la educación era mayoritariamente privada y eclesiástica. Antes de 1800 las “las colonias” contaban con ocho grandes colegios (Queen’s College, Princeton, Columbia, Yale, Filadelfia, Haverford…).

 

 

-Los derechos de  los ingleses  se configuraron en base a la casualidad directa.

En Virginia, en 1619 la Compañía de Virginia sugirió a los colonos que “podrían intervenir en su propio gobierno”.  Tal impulso fue el que tomó la Gran Asamblea de Virginia que desde 1630 se atrevió a regular el Gobierno y el Consejo, cuyos miembros dependían de las decisiones de la metrópoli. En 1639 el rey dio el visto bueno a la existencia de dicha Asamblea.

En Massachusets, con la Carta de Privilegios en la mano, se solicitaron los derechos de hombres libres. Desde 1632, el gobernador Winthrop propuso la elección de tres delegados por población. Con ello se llegó a la primera asamblea representativa  en mayo de 1634 en Boston. A partir de 1648, en Nueva Inglaterra, cualquier hombre mayor de 23 años podía participar en las estructuras políticas: votar, ser elegido como oficial o actuar como jurado.

Podemos concluir que, la idea de democracia como convenio entre el gobernador y el gobernado estaba totalmente constituida en la Norteamérica protestante del siglo XVII. ¿A qué se debió un ascenso tan rápido de las estructuras contemporáneas? Muy posiblemente a la detenida lectura de la biblia en la que continuamente se leen acuerdos entre Dios y Adán, Noé o Abraham.

La idea de autogobierno era elemento esencial en la buena maquinaria del gobierno norteamericano. La fuerza del gobierno local, por tanto, procede de la herencia de los primeros colonos: inmigrantes que portaron una larga experiencia de autogobierno en los condados de la vieja Inglaterra. Dicho gobierno estaba formado por un sheriff, un juez de paz y un tribunal.

Los hombres de Virginia también ocuparon las tierras del interior. Allí la plantación de tabaco era asumible, por los abundantes ríos. La libertad de ocupar las tierras llevó a muchos hombres a convertirse en señores de terrenos vastos aunque baldíos.

 

-Negros en un país de blancos y el problema racial.

El problema racial no comenzó con la primera llegada de cargamento africano por una compañía holandesa en 1619, sino mucho después, a partir del siglo XVIII. En 1671 el 5% de la población “colonial” era negra, mientras que en 1715 lo era el 24% y en 1756 el 40% (fruto de la “trata de negros” y el comercio triangular).

Cuando se trata de descubrir las raíces de los prejuicios raciales y la discriminación contra los negros en Norteamérica, lo más adecuado es abandonar la idea de que la esclavitud fue un factor causal; es decir, resultado de la promulgación en Virginia el código de la esclavitud en 1660. Que antes de esta fecha ya hubo sometimiento y marginación parece evidente. La manera accidental en que apareció la esclavitud en este código, refuerza la suposición de que la práctica precedió ampliamente a la ley.

Algunos ejemplos anteriores a 1660. Al contrario que a los sirvientes blancos, a ellos se les prohibía llevar armas. Además, el hecho de que llegaran como fruto del comercio internacional de esclavos, confería a los ingleses superioridad intelectual. Además, en los inventarios de trabajadores, se suele inscribir el nombre de cada uno con los años de servicio que le restan al lado, en el caso de los negros no aparece. En 1640 encontramos escrituras en Maryland en la que la condición de esclavo no sólo era vitalicia sino hereditaria, tanto para hijos como para hijas. Mucho después, en 1712, se argumentó que “los negros, al ser bárbaros, son indignos para ser tratados por las leyes, costumbres y prácticas de la provincia”. Si nos fijamos en los datos expuestos en el primer párrafo, concluimos que los negros fueron infravalorados cuando aún no constituían ni un 5% de la población total.

En Nueva Inglaterra, si bien el número de negros era muy inferior, las condiciones previas a la aplicación de una ley que definiera la condición de “esclavo” para los negros (en 1698) fueron similares a Virginia: restricción de movimientos, de armamento, de acceso a los puestos “públicos”…

 

          2. El despertar de la nacionalidad americana

 

 

-La primera mitad del siglo XVIII fue la edad de oro de la cultura norteamericana: la elegancia, las comodidades, los plantadores y artesanos, la formación académica fueron asentándose en las “pequeñas Londres”: Boston, Nueva York, Charleston y Filadelfia. No obstante, lo paradójico es que el mayor apogeo de estas tierras bajo mandato inglés supuso la ruptura paulatina con los caracteres estancos de la cultura europea.

 

-Países primos.

A pesar de que las colonias tenían un contacto directo con la metrópoli en materia económica, el estadio cultural estaba bastante diferenciado. No hay más que comparar a los pintores ingleses Gainsborough, Hogarth y Reynolds con los colonos Feke y Copley, o a los escritores colonos –a excepción del Franklin o Paine, con Richardson, Addison, Johnson o Boswell. En la arquitectu-ra no encontramos un panorama mejor: los modelos británicos fueron copiados de los manuales de arquitectura británica.

 

-Bases materiales

Un experto en la temática afirma que “la historia económica de EE.UU es la historia del origen y desarrollo del sistema capitalista”. Los colonos del siglo XVIII impulsaron lo que habían comenzado a sus antecesores del siglo XVII: la difusión y elaboración de una economía nacida en la gran era de la expansión capitalista. Al igual que en el siglo XVII, la vida económica del millón y medio de habitantes en Norteamérica se ceñía a la agricultura, pero ya había una importante clase de comerciantes que constituían una de las grandes fuentes de la nueva riqueza.

La gran producción de Boston, Nueva York y Filadelfia no se correspondía con las escasas ganancias que concentraban. Comunes intereses llevaron a las colonias a unir lazos entre sí con tal de facilitar sus negocios. Tanto fue así que se estableció una primitiva red de “carreteras” en 1740 y un servicio efectivo de correos en 1753 (gracias a Franklin), así como un servicio regular de paquebotes que intercomunicaba los puertos más importantes.

Desde 1741 encontramos establecidas logias masónicas en la mitad de las provincias norteamericanas.

Entre 1713 y 1745 se estableció la publicación semanal de unos 40 periódicos (Boston era, tras   

Londres, la ciudad del Imperio Británico donde más libros se imprimieron). Se fundó la American Philosophical Society donde se reunía la crême de la clase intelectual colonial, conformada, sobre todo, por escritores y abogados.

 

Un país de hombres pobres

La economía en expansión de las colonias facilitaba las crecientes oportunidades. Tanto era así que Franklin, en 1741 afirmó que había mucha tierra “y tan barata que cualquier hombre trabajador y que entienda de agricultura, en poco tiempo podrá ahorrar bastante para adquirir suficientes terrenos donde instalar una plantación”.

Tales oportunidades y tal prosperidad se debía a la extensa distribución de la tierra. En 1764 sólo el 2% de habitantes entre todas las colonias, eran propietarios de explotaciones. Menos del 30% de la población carecía de propiedades y entre estos se incluían a los esclavos y los sirvientes; dato del cual deducimos que la situación estaba bastante equilibrada y tenía gran proyección. Esto tendría consecuencias posteriores: los americanos definirían la libertad como el derecho a administrar y controlar sus propiedades.

La tierra también se convirtió en un objeto de ascenso social. El único principio que se propagaba entre los jóvenes era conseguir dinero, pues los hombres sólo se valoraban por el dinero que poseían. Por tanto, la esperanza de poseer tierras y convertirse en terratenientes independientes es lo que atraía a la gente hacia Norteamérica.

El 70% de los Neoyorkinos, por un lado, y de los bostonianos comenzaron sus negocios en la pobreza (comparada con la riqueza que adquirirían posteriormente.

El hecho de que la mayor parte de los norteamericanos, fuese de la condición que fuese, mostrase tal avidez para enriquecerse causó malestar en Gran Bretaña. El nivel de vida que disfrutaba la unidad familiar blanca en las colonias era el más alto del mundo en la década de 1770 (incluyendo aquí a las ciudades circundantes a Londres). La clase social era piramidal, pero con truncatura. Que no hubiese estamento nobiliar benefició a las capas bajas, que estaban menos castigadas. La alta clase colonial era la clase media europea, en términos comparativos. Que una aplastante mayoría supiese leer y que hubiese un reparto equitativo de accesibilidad a la riqueza, supuso la confección de una mentalidad igualitaria.

 

No todos los colonos eran británicos

Es tópico afirmar que todos los colonos eran hijos de inmigrantes británicos. Lo cierto es que fue así hasta el último tercio del siglo XVII. A partir del siglo XVIII hugonotes franceses, “marranos” o criptojudíos portugueses, emigrantes españoles  huyeron de sus países por presiones sociales en busca de “la tierra de las oportunidades”. Ello queda reflejado en nombres como New Rochelle, New Bordeausx, Ravenal o Carolina.

Hemos de destacar la presencia de escoceses-irlandeses protestantes y presbiterianos (hasta 25.000) perseguidos y presionados por Jaime I en el siglo XVII. Los alemanes eran menos ruidosos y belicosos que éstos. Los podemos rastrear en términos como Mecklenburg, Orangeburg, Hagerstown, Fredericktown o Strasburg. La mayoría se encontraba habitando en Pennsylvania, en tal número que Franklin temía que influyeran en las costumbres de los colonos ingleses. Los holandeses también destacaron en cantidad, alrededor de New Amsterdan, Albany y Hudson.

Esta, calificada por Weare, primera oleada de extranjeros a Norteamérica tuvo por consecuencia alteraciones étnicas y religiosas. Los escoses-irlandeses eran presbiterianos, los alemanes introdujeron sectas protestantes (luteranos, menonitas, dunkers…) los franceses hugonotes también eran protestantes. Todos ellos, en 1776, suponían el 50% de la población colona.

La multitud de creencias llevó a una paulatina secularización de la sociedad. Esto no quiere decir que se perdiera el interés religioso. El descenso de la ratio iglesia-personas indica el efecto contrario que a primera vista parece: había menos “creyentes-practicantes”, pero aquellos que se empecinaban en sus doctrinas lo hacían de un modo que rozaba el éxtasis y la histeria. A este fenómeno se conoce como “Gran Despertar”, que barrió las iglesias de Nueva Inglaterra a Georgia. Uno de los más famosos predicadores fue Whitefield, que incluso predicó al propio Benjamin Franklin. En cualquier caso, la religión perdió en Norteamérica el aspecto teológico y formal tan propio del siglo XVII y recuperó un significado sentimental para el nostálgico. El sentimentalismo religioso era considerado antiintelectual.

 

Un paraíso femenino

El desequilibrio entre sexos era desmesurado. Entre los inmigrantes llegaba un número más elevado de hombres. Las mujeres eran minoría y padecían enfermedades más frecuentemente, caso de la malaria. En Europa esta proporción era más equilibrada e incluso superior para el caso femenino, pues las guerras desestabilizaron la pirámide demográfica.

Se ha llegado a creer que la escasez de mujeres se debía a su excelente posición, mientras era lo contrario. Las hijas de inmigrantes casaban a los 21 años, mientras sus madres a los 25. En general hombres y mujeres gozaban de equidad e igualdad ante la justicia: en una ocasión un hombre que dejó embarazada a su sirvienta fue condenado a casarse con ella o a pagarle un indulto por la “afrenta” (el hombre eligió lo primero).

Los historiadores Carr y Wals advirtieron una medida de gran valor en Norteamérica, en contraste con Inglaterra: muchos hombres cedían la administración de sus haciendas a la esposa. El mismo caso encontramos en las viudas. En 1770 había más mujeres dedicadas al comercio que en 1900, lo que nos indica qué grado de que “libertad” se llegó a gozar. En Inglaterra las mujeres no podían tener propiedades ni realizar contratos, mientras en las colonias las mujeres, incluso, realizaban negocios en nombre de su marido cuando se encontraba ausente.

Señala Thompson que si bien las medidas establecidas en el siglo XVIII no perduraron posteriormente, en adelante la posición de la mujer estadounidense será mejor considerada que la inglesa.

 

-Los norteamericanos cuentan con nuevos derechos

   Cualquiera que fuese la naturaleza de los cambios, a mediados del siglo XVIII se había renunciado a las prácticas inglesas y el sistema constitucional norteamericano del futuro era manifiesto. Hasta después de 1765 no fue evidente que norteamericanos y británicos decían cosas de distinto significado cuando empleaban las mismas palabras, pero las verdaderas diferencias en la práctica política y constitucional de ambos pueblos existían mucho antes de promulgarse la “Ley del Timbre”.

   Por otro lado, es cierto que en el siglo XVIII, salvo cuatro, todas las colonias continentales estaban dirigidas por un gobernador designado por el rey y, por consiguiente, mantenían con la gente de la colonia una relación similar a la del monarca con el pueblo. Además, contaban con una asamblea representativa modelar los poderes del Parlamente británico, con una división similar a la cámara de los Comunes y del los Lores. La omnipotencia con que concebían los ingleses al parlamento no era compartida con tanta indulgencia por los colonos. Más de un siglo de gobierno bajo constituciones escritas convenció a los colonos de la necesidad y eficacia de proteger sus propias libertades contra los abusos del gobierno.

   Para los norteamericanos el poder Legislativo y el Ejecutivo estaban más distanciados que en Londres, pues allí el gabinete de ministros germinado del propio Parlamento hacia las veces de poder práctico. En el caso de las colonias esto fue imposible pues el gobernador venía impuesto desde la metrópoli. Los colonos consideraron la asamblea representativa que la asamblea representativa de cada provincia estaba ampliamente considerada como el epicentro del gobierno, constitucionalmente competente para cualquier finalidad. Los ingleses, creadores de la asamblea representativa, criticaron profundamente la adaptación que sufrió bajo las presiones sociales de la colonia.

En las poblaciones de Massachusets, y colonias fronterizas, cotejando los datos que se nos ofrece, constatamos que de media podía votar el 50%-75% de hombres blancos, lo cual es un índice realmente alto. Además, también se comenzó a imponer la papeleta secreta en el voto. Contaban, paradójicamente, con un Tribunal Central (simiente del Supremo actual) que aprobaba o refrendaba la constitucionalidad de ciertas legislaciones promulgadas.

En 1798, de la mano de Jefferson, se llegó a la teoría del Decreto de Sedición, por la que una sociedad libre no podía prohibir las críticas aplicándoles las etiquetas de “prensa licenciosa” o similares.

 

Todos somos norteamericanos

Desde 1740 los colonos se volvieron cada vez más conscientes de su condición de norteamericanos e incluso llegaron a surgir ciertos brotes independentistas.  Con la Guerrra de los siete años, en parte porque la empresa fue un fracaso y principalmente porque los soldados norteamericanos y británicos compartieron nuevas experiencias, ambas partes apreciaron claramente las diferencias existentes entre norteamericanos y europeos.

La caída de Québec en 1759 desencadenó un torrente de profecías vaticinadores de que la estrella del destino norteamericano tenía una influencia cada vez mayor. La lengua americana comienza a captar poco a poco un acervo de nuevas palabras de origen holandés e indio. No debemos sorprendernos, por tanto, de que en 1756 el lexicógrafo Samuel Jonson aludiese a un dialecto norteamericano.  Con anterioridad a 1765, los estudiantes norteamericanos de la Universidad de Edimburgo solían aludir a su procedencia citando sus diversas provincias de origen.

También se extendió la creencia de que la sociedad británica era moralmente inferior, incluso decadente, comparada con las características sociales de las colonias. Muchos americanos que viajaron a Londres dieron cuenta de la manifiesta corrupción de la política británica. El pueblo norteamericano estaba alcanzando la mayoría de edad.

La obra de los llamados hombres de la Commonwealth de comienzos del siglo XVII atacaban mordazmente a la facción cortesana del gobierno inglés de su tiempo.

 

            3. UNA NUEVA CLASE DE REVOLUCIÓN        

 

Las causas se convierten en consecuencias (MUY IMPORTANTE)

   Jamás un pueblo colonial se había rebelado con éxito contra la madre patria, he ahí la novedad de la revolución norteamericana. Pese a haber sentado un precedente, la sublevación es notable porque no interrumpió seriamente el plácido curso del progreso norteamericano. Tanto en su intención como en sus hechos la Revolución más que rechazar el pasado lo conservó.

La derrota francesa, señala Lawrence Gibson, promovió una conciencia general de supervivencia entre los colonos. Sin los efectos de 1754-1763 la revolución hubieses sido imposible. G.Bretaña tuvo que cambiar su sistema administrativo, al encontrarse con una gran deuda militar. De ahí que reglamentase las “Leyes de Navegación”, de las que percibía cierta cantidad en concepto de importación y exportación. En otras palabras, surgió la necesidad de procurarse ingresos, no intereses privados. Asimismo, la “Ley del Timbre”, de 1765, y las tarifas arancelarias de Townshend, promulgadas dos años después, fueron intentos similares de distribuir las cargas financieras del Imperio entre los beneficiarios del triunfo alcanzado por G.Bretaña sobre los franceses.

No fue la injusticia ni la incidencia económica de los impuestos lo que motivó las protestas de las colonias, sino más bien la novedad de las exigencias británicas. Es sabido que sus cargas fiscales se caracterizaban por su levedad. Por ejemplo, la “ley del timbre” se consideraba como la devolución de un tercio de la inversión militar realizada en la defensa de las fronteras coloniales, el resto sería soportado por el gobierno metropolitano. La principal explicación que los colonos daban a su posición era el rechazo a que el Parlamento británico tuviera derecho legal o aduanero de imponer tributos a las colonias para obtener ingresos (lo cual, en realidad, era parte consistente del derecho  imperial marítimo), explicada por conceptos mentales: los colonos se sentían norteamericanos y no subordinados británicos.

Por otro lado, los colonos estaban totalmente convencidos (aunque no eran más que falsedades) de que tras la legislación británica se encontraba una compleja trama cuyo fin era despojarlos de sus libertades y propiedades: “un gran imperio es una gran amenaza”.

   El advenimiento de la revolución, se dice, tuvo factores económicos; pero con matices. El sistema de navegación era aceptable (Franklin lo alabó y sugirió en 1774 para las propias colonias, como símbolo de lealtad). Leyes no represivas carecen de importancia para una revolución. Además, los impuestos per capita eran superiores en 1698 o en 1791 que en 1773 (años antes del conflicto). Por tanto, como señala John Adams, “…la razón fundamental para justificar el advenimiento de la Revolución, como venimos argumentando, fue la autoconciencia nacional. La Revolución se había realizado antes de que comenzase la guerra. La Revolución estaba en las mentes y en los corazones del pueblo”. Al ser motivo, pues, de maduración de un pueblo joven, la ruptura resultaba esencialmente política. Y decimos esto porque el deseo más profundo de los norteamericanos no fue tanto la independencia (Washington la negaba en el Congreso Continental de 1774) como el deseo de restablecer el statu quo ante bellum (la situación anterior a la guerra).

 

Gobiernos nuevos con estatutos viejos

Cuando se perdió la lealtad a la Corona británica, que había sido la fuente judicial se hizo necesario contar con una nueva base legal del gobierno. Tomaron entonces los modelos de John Locke: el auténtico origen del gobierno procedía de un pacto de los gobernados para buscar el bien común. El convenio de Maryland de 1776 es un ejemplo la aplicación teórica contractual. Los norteamericanos, como buenos hijos de la ilustración, demostraron una gran fe en los documentos escritos para proteger la libertad del ciudadano. Por otro lado, la división tripartita del poder se veía como el modo más seguro de acercarse a un gobierno justo.

Para poder votar, cualquier ciudadano, desde el siglo XVII hasta, incluso, 1800, necesitaba de posesiones raíces. Aun faltaba algunos años hasta que “simplemente” se requiriese ser hombre para votar, como en las democracias del siglo XIX.

 

 

Los revolucionarios pueden ser conservadores

Con anterioridad a 1776 el término radical designaba a todo aquel que abogaba por mantener una política estricta con Gran Bretaña, incluso considerando la independencia si era necesario. Personajes como Sam Adams, Tom Paine y John Adams estarían comprendidos en esta categoría. Por otra parte, entre los conservadores se encontraban aquellos que deseaban en todo lo posible la conciliación con Gran Bretaña y elaborar algún acuerdo por el que pudiera evitarse la independencia. Tober Morris, John Dickinson yJoseph Galloway, este último siguió siendo legitimista hasta el final.

Los fines y las directrices que seguiría la nación liberada fueron los motivos de la secesión grupal entre los revolucionarios. Los artículos de la Confederación de 1781 expresaban la opinión radical, los de 1787 la parte conservadora. Finalmente triunfó la opción que abogaba por un gobierno libre supremo sobre los estados, es decir, un gobierno nacional. Desde que se aceptó la constitución conservadora, unos y otros la aceptaron por igual sin discusiones; ningún partido ni movimiento significado ha mediado para abolirla. Con el nuevo sistema legislativo se recortaba la autarquía de los distintos estados en materia económica o militar, entre otras.

   Una vez establecida la situación, Hamilton fue quien luchó y consiguió la creación de un Banco de Estados Unidos. Con ello quería respaldar los créditos públicos, estimular la industria y asegurar la lealtad de los ricos y los comerciantes. La teoría que Jefferson proponía no hubiera constituido un estado fuerte y rico.

Las doctrinas jeffersonianas eran opuestas a los negocio, temerosa de estos, antimonopolista y opuesto al favoritismo del gobierno hacia intereses especiales. El “New Deal” o la “Nueva Frotenra”, de Kennedy, tienen su base en estos argumentos que perduraron en el tiempo.

Las diferencias entre ambos, una vez más, eran de método y no de principios, pues ambos apoyaban la democracia. La perfecta finalidad del gobierno consiste en proteger la vida, la libertad y la propiedad, pues su imparcialidad debe primar sobre el resto de sus características. Si bien diferían en ciertos matices de equilibrio social, coincidían en la primacía de la autoridad nacional.

 

Los conservadores pueden ser innovadores

La consideración de simple supervivencia falsea el significado de la revolución. Iniciada con fines políticos y constitucionales, liberó fuerzas sociales que sus dirigentes no habían previsto. Por ejemplo, se separó la religión del Estado. Todo comenzó en 1786 cuando Virginia eliminó el apoyo a la Iglesia anglicana y no la sustituyó por otra. Se decretó y garantizó la libertad religiosa de cada individuo. Con ello se alcanzó un acuerdo visible entre conciencia religiosa y raison d’etat. George Washington afirmó que “los principios religiosos del hombre no perderán la protección legal ni le privarán del derecho a alcanzar y ostentar los más altos cargos que existan en EE.UU”.  Massachussets en 1833 fue el último de los estados que abandonó la relación que unía al estado con las iglesias. Esto no quiere decir que la sociedad americana fuese atea.

En 1781 se declaró el fin de la esclavitud por el Tribunal Supremo de Massachussets (curiosamente el último en separar estado-iglesia), ateniéndose a una afirmación de la Declaración de Independencia: “todos los hombres han nacido libre e iguales”.   

Por ello mismo se comenzó a tener en mejor consideración a la mujer. De primeras la guerra había obligado a muchos hombres a dejar la administración de sus propiedades a sus conyugues. Además, habían ganado el derecho a divorciarse. Por otro lado, a mediados del siglo XVIII sólo el 40%, frente al 80% de los hombres, sabía leer. Un siglo después, gracias a la fundación de escuelas mixtas, se igualaron los registros.  

   La nueva sociedad posrevolucionaria dio pie a otros indicios de lo que una generación anterior habría tildado de “tendencias igualitaristas”. La frase por antonomasia que define esta idea es la de “no todos pueden ser ricos, pero sí tienen derecho a intentarlo”. Pero, a pesar de ello, lo que más vale destacar es que las consecuencias sociales de la Revolución fueron realmente escasas. Tanto en sus fines como en su implantación no se puede equiparar a los cambios producidos en Francia o Rusia, al mismo tiempo. Sumando matices, no encontramos más que el compendio de fuerzas sociales ya evidentes en el período colonial. La dirección de los gobiernos prerrevolucionarios y sus distintos organismos fueron ocupadas por los mismos miembros que en el período posrevolucionario: las clases medias terratenientes (y en ningún momento encontramos una clase inferior que quisiera encauzar el movimiento revolucionario hacia otros fines). La gran mayoría de los firmantes de la Declaración de Derechos había estudiado en Inglaterra en lugares privilegiados, tenían cargos gubernamentales o jurídicos… y los conservarían posteriormente. En fin, la Revolución americana puede clasificarse de realmente conservadora.

    Lo que sí es cierto es que se desamortizaron las tierras de la corona británica y a los tories y se abolió el derecho de mayorazgo (con lo que se daba dinamismo a la compra-venta de propiedades), pero con el único fin de incrementar los ingresos estatales, de ahí que dichas extensiones no tuvieran una demanda popular demasiado intensa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

No es sorprendente la ausencia de un cambio amplio pues aquellas gentes habían vivido satisfechas bajo la Corona británica, lo hicieron también como revolucionarios y querían seguir tranquilos, sin interferencias extranjeras (al contrario de los insatisfechos campesinos franceses).

   Mediante la Ordenanza de 1787 y la Constitución acordaron que los territorios recién adquiridos podrían alcanzar la categoría de los otros trece Estados. Con ello, de un plumazo, esquivaron las tensiones y divisiones inherentes a un imperio colonial y sentaron sólida bases para un país unido y en expansión.

 

 

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Para situarnos: “mapa de las 13 colonias”

octubre 30, 2008 4 comentarios

¿Qué sucede hoy en… Asia? II

octubre 30, 2008 Deja un comentario

-Una serie de bombas en el noroeste de India causan 56 muertos y 300 heridos, estipulan los primeros recuentos. http://www.univision.com/content/content.jhtml?cid=1725012

-Tailandia, Indonsia y Malasia se han propuesto descender la producción par el año próximo en 210.000 toneladas de caucho. El aumento del precio del petróleo, las grandes pérdidas del sector automovilístico (masivos recortes de plantilla en Nissan, Seat…) auguran un mal curso 2009. Analizando estos factores, los tres mayores exportadores mundiales de caucho (suministran más del 70% de producción global) han preferido “poner sus barbas en remojo”. Si bien las consecuencias internacionales aún no se perciben, en el interior de sus fronteras se está manifestando prontamente un clima de animadversión generalizada de los campesinos que obtienen sus rentas exclusivamente de las plantaciones.

http://www.finanzas.com/noticias/empresas/2008-10-30/57689_principales-productores-caucho-recortan-produccion.html

¿Qué sucede hoy en… China? IX

octubre 30, 2008 Deja un comentario

-Desde la última infructuosa relación en marzo de 2008 entre el Dalai Lama y el gobierno de china, dos representantes de voz y voto reanudarán sus conversaciones por la independencia de Tíbet la semana que viene.

http://www.europapress.es/internacional/noticia-china-tibet-representantes-dalai-lama-desplazan-pekin-reanudar-conversaciones-20081030094954.html

¿Qué sucede hoy en… China? VIII

octubre 29, 2008 Deja un comentario

-Hoy se lanza al espacio a “Simón Bolivar”… no, no es un acto de condena “post mortem” de la Inquisición contra el feroz independentista, es el satélite que han fabricado chinos y venezolanos, hermanos de sangre dorada (eso que llaman ahora llaman “coin”), para hacer llegar los medios de comunicación al norte del país sudamericano. A las 00.28 (16.28 en España) se efectuará la operación de despegue. Los venezolanos podrán seguir el acontecimiento en directo por televisión.    http://www.milenio.com/node/104148

-El lanzamiento se ha realizado de acuerdo con lo previsto www.prensa.com/uhora/cienc_2008102912103645.shtml

Historia + inglés

octubre 29, 2008 Deja un comentario

-Aquí os dejo el enlace a una página completa y rigurosa (eso sí, sólo tiene artículos hasta el siglo XV en la mayoría de los apartados). Os la recomiendo porque en ella ha publicado el historiador cuyo libro estoy resumiendo para colgar próximamente en nuestra página. Un abrazo chicos!

http://www.shsu.edu/~his_ncp/265Read.html

http://translate.google.es/translate?hl=es&sl=en&u=http://www.shsu.edu/~his_ncp/265Read.html&sa=X&oi=translate&resnum=1&ct=result&prev=/search%3Fq%3Dread%2B%252B%2Bhistory%2B265%26hl%3Des (versión en español)

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Mirad lo que hace navegar por el Intenné

octubre 29, 2008 Deja un comentario

Habeee Floriang… Mirad chicos, debeis hacer caso a vuestros papás y no navegar por intenné porque os pasará como a mí, que encontrareis cosas supercuriosas como la que he descubierto esta tarde. Resulta que buscando unas canciones del grupo Potasio Argón (sí, llamadme friki), e encontrado un blog de un chico de madrid que también va de excavaciones y que justamente este verano estuvo en Ampurias. Os preguntaréis, bueno ¿y qué? Pues resulta que uno de mis compañeros de Baelo, Erik, también estuvo allí y, curiosamente, nuestro amigo Marcos (Mustafa) también. Pues bien, todo esto viene a que el chico del blog (que no sé cómo se llama y da igual) ha subido un video de la campaña y salen fotos de Marcos vestido de ROMANO!!! Con una toga azul oscura!! jajajaja, yo me troncho y también se hace una alusión a Crispín “el Guardia Civil de Valencia”, jejeje. Bueno, a la mayoría os dará igual pero a Manu y a mí sí que nos afecta, aquí os dejo el link, por favor, teneis que verlo. Un besito:

http://pearlysumaleta.blogspot.com/

El artículo se titula: Ampurias patria querida…

Categorías:Historiadores