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Ludwig van Beethoven. El Genio Romántico y la “Sonata Quasi una fantasia”.

noviembre 23, 2008 3 comentarios

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Si algún compositor puede decir, al modo del Rey sol, “la Música soy yo”, ése es Ludwig van Beethoven“. Así comienza Eugenio Trías, Catedrático de Estética en la Universidad Autónoma de Barcelona, uno de sus ensayos sobre el artista de Boon. La diferencia más importante, fruto también de la época que le tocó vivir, entre Beethoven y Mozart es que el primero pensaba en sí mismo como un “artista” (palabra que nunca aperece en la correspondencia del segundo). Beethoven, en cambio, se consideraba parte parte conformante de una raza especial, un espíritu creador y eso lo ponía al mismo nivel de la realeza y casi de los dioses. Bethoven se propuso ir más allá que cualquiera de sus antecesores. La composición era algo muy simple, su objetivo último era unir sentimiento humano, obra de arte y mensaje humanista en una sola partitura, de ahí que revisase hasta la saciedad cada uno de los detalles y no dejara lugar a la interpretación (tal vez ayudado por la invención del metrónomo, que le permitió determinar el tempo con mayor exactitud). Beethoven explotó los límites de la sonata hasta el último paroxismo; tanto es así que tras él, se dice, nadie más compuso grandes obras de este estilo, y quien lo intentó solamente logró que se le comparara al Gran Romántico, como el caso de Mahler en el siglo XX. Trabajaba hasta la saciedad cada una de sus obras, tanto como para emplear años enteros en cada una de ellas. Como ejemplo sirvan estas partituras (pulsar para ampliar).

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Goethe estaba absorto por la fuerza que desprendía su personalidad. Escribió: “nunca he conocido un artista con tanta concentración espiritual, tanta intensidad, tanta vitalidad y gran corazón. Entiendo muy bien lo dificil que debe resultarle adaptarse al mundo y sus formas”. Personalmente, esta fuerza y esta pasión, además de en sus composiciones instrumentales, las podemos encontrar en su escritura y en su mirada.

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Beethoven, como Wagner posteriormente, sentía que el mundo le debía una vida una vida porque él era un genio. “La simple audición de la Heroica puede significar presentarse ante el monstruo de las sinfonías. Una sinfonía más larga que cualquiera de las que se habían hecho jamás. Armonías complejas, fuerza titánica, disonancias feroces, marcha fúnebre, intensidad paralizante”, decía Schonberg. 

Todo comenzó a cambiar cuando, tras esta composición, el genio comenzó a padecer dificultades auditivas que empezaron a afligirlo aproximadamente. La Novena, Fidelio, Apassionata, y otras fueron compuestas en su época de extrema sordera. Cuando murió Beethoven estaba componiendo la Décima sinfonía, de la que sólo nos ha pervivido el primer movimiento y gracias a la atrevida reconstrucción de Barry Coope (entrar para escuchar). “La música de Beethoven no es cortés. Lo que él ofrecía a sus oyentes era un sentimiento de drama, de conflicto y de resolución, como ningún compositor había conseguido hacerlo luego. La música de la Novena no es bonita y tampoco atractiva… es simplemente sublime.

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Los quebrantos de Beethoven perduraron hasta su muerte. La sordera le producía dolores de cabeza, le impedía escuchar sus propias composiciones. En su testamento escribió “qué humillación cuando alguien parado junto a mí oía una flauta y yo nada oía, o cuando alguien oía al pastor en su canto y de nuevo yo nada oía. Varias veces llegué casi a la desesperación; un poco más y hubiera puesto fin a mi vida. Fue mi arte lo único que me detuvo [...] La recreación en la sociedad humana, los pasajes más deleitables de la conversación, las confidencias; ninguna de estas cosas es para mí; [...] si estoy en compañía de otros, cae sobre mí un terrible temor, el temor de que lleguen a saber de mi condición“. La mitad de su póstumas palabras están relacionadas con sus tormentos y su desesperación en vida. Su temperamento fue ardiente, profundo, decía que inhumano (testamento completo: http://laberintos.itam.mx/files/257.pdf ). Aquí os expongo la primera hoja del mismo.

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Sin embargo, la sordera de Beethoven dio lugar a una de las composiciones más bellas que el genio ha podido escribir. “Sonata quasi una fantasía”, más conocida por el nombre que le dio el crítico alemán Ludwig (que casualidad) Rellstab: Sonata Claro de Luna, por compararla al claro de luna que se proyectaba en el Lago de Lucerna (en imagen).

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Dicha composición, entrando primero en un plano algo más técnico, “es una de las obras que el lenguaje humano no puede comprender”, dice Berlioz. Beethoven dijo, con extrema humildad, ante el gran éxito de la misma “he escrito obras mejores”. Tres movimientos componen la pieza: un pianissimo (construido casi en su totalidad con las escalas mayores de la mano derecha. Prestad oído), un minuetto y un experimento en forma de sonata (pero que no lo es formalmente, de ahí el título “sonata quasi una fantasía”), formada por una suerte de arpegios y escalas a dos manos en un diálogo de réplica y contrarreplica.

Más bella es quizá la explicación romántica, a vuestro juicio lo dejo. Una buena noche de 1801, cuando ya contaba con 31 años, Beethoven paseaba por la ciudad de Boon con un colega de oficio. Beethoven, atormentado siempre por su sordera, se lamentaba de no poder escucharlo claramente y tener que prestarle atención en vano, por lo que a veces le dejaba una libreta que siempre llevaba encima para poder comunicarse con mayor claridad, lo cual retrasaba mucho los diálogos. Al pasar por una casa, su acompañante escuchó música. Ambos entraron en la misma. Allí una muchacha, la Condesa Giulietta Guicciardi, de 17 años, tocaba el piano. Beethoven se lamentó hasta el llanto de no poder escuchar a mujer tan bella tocar esas notas, pero ella le respondió diciendo “yo daría todo por ver una noche de claro de luna”. Efectivamente, la condesa era ciega. Al fin y al cabo él podía ver. Tan hondo caló esta desgracia en Beethoven que se propuso componer una pieza con la que transmitir a Giuletta Guicciardi la sensación que a él le invadía al contemplar, en una noche de cielo limpio y profundo, la luna en su completa entereza. Algunos estudiosos de música dicen que las tres notas que se repiten desde el principio son la plasmación sonora para las sílabas de la palabra “por qué” en alemán: warum (va-a-rum)… ¿por qué aquella muchacha estaba ciega?, ¿por qué no podía ver la luna?, ¿por qué yo no puedo escuchar?, ¿por qué es tal mi sufrimiento?. Las tribulaciones del genio eran muchas, como hemos visto.

Algunos dicen que Beethoven terminó enamorándose de la muchacha, pero quizá es otra de esas leyendas. Lo cierto es que escribir esta partitura le ayudó en cierta medida a salir de su resentimiento. Le hizo mirar la vida con otros ojos, y nunca mejor dicho. Hasta donde llegó tal mejora que años después escribiría el Himno de la Alegría.

Finalmente, sólo nos queda escuchar esta composición. Me ha sido imposible subirla a la página así es que os remito al siguiente link en el que podréis, además, contemplar una serie de imágenes del mismo Beethoven mientras la melodía se desarrolla. Os recomiendo que lo visualicéis a pantalla completa. http://www.youtube.com/watch?v=vQVeaIHWWck&feature=related

Por último, espero que hayáis disfrutado y, a continuación, empaticéis mínimamento con una de las mentes más altas que la historia de la humanidad ha legado a nuestro mundo actual.

Un abrazo chicos. Gracias por leer hasta el final. Esperamos vuestros comentarios.

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