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12 de octubre ¿”Descubrimiento” de América?


Carta universal de Juan de la Cosa, 1500.

El eterno debate sobre la autoridad del descubrimiento de América que oscila entre Colón y los Vikingos resulta por momentos incongruente pues obvia muchas barreras cronológicas, con todo lo que eso conlleva en el campo de lo social y lo científico. No obstante, en esta ocasión, intentaremos hacer un artículo comparativo al respecto para concluir por qué ninguno de los dos sujetos históricos debería portar tan laureado mérito.

Hasta donde puedo intuir, una de las diferencias entre ambos estriba en que los Vikingos, como grupo, no percibían que Vinland fuera una “tierra de otro continente”. Partiendo de que no tenían esa perspectiva y esa noción de “Europa” como una gran superestructura, ni siquiera de la cristiandad, que la caracterizaba, como uno de los rasgos que definía la la identidad vikinga, parece difícil que vieran en Terranova una entidad territorial y social diferente.

Debemos intentar ver el mundo medieval y moderno sin la perspectiva de las fronteras nacionales o europeíastas de la actualidad; por tanto, sin caer en el presentismo. Una forma de hacerlo es analizar un mapa del Atlántico Norte trascendiendo la tradicional concepción “norte-sur”; es decir, girándo un mapa físico del mismo 90º. De esta forma es más fácil percatarse de cómo para los Vikingos la ruta natural se proyectaba, no hacia el Mediterráneo, sino hacia el Báltico y el Atlántico en cualquiera de sus latitudes. En su imaginario, había más continuidad entre Noruega y Groenlandia que con Grecia, a la que no les unía ningún vínculo estable. Dicha continuidad con Norteamérica podía leerse en clave geográfica -franja climática, jornadas de navegación similares entre Noruega y las islas Shetland que entre estas e Islandia- o de hábitos de vida -sociedades cuya economía era dependiente del mar e intercambiaban sus respectivos productos-.

En otras palabras, es bastante probable que ellos no fuesen conscientes de que con sus viajes estaban llegando a territorios desconocidos para el resto del continente, sino que simplemente estaban siguiendo rutas de navegación transitadas por los habitantes de aquellas islas desde siglos atrás. Al fin y al cabo, como veíamos en anteriores artículos, ni siquiera en las “Sagas nórdicas” se percibe el asombro que se presupone en alguien que llega a una tierra que se considera “nueva”. Los rumores sobre costas allende el Atlántico siempre existieron e incluso, aunque no se haya conservado hasta la actualidad, es posible que dichos vikingos manejasen algún mapa que marcase remotas rutas por el Atlántico norte.

"El descubrimiento de América", Dalí, 1955.

A nuestro parecer, los viajes vikingos vinieron motivados por una sociedad que no poseía grandes materias primas en sus propios territorios y debía expandirse para buscarlos, en este caso, a través del océano. Es verdad que, posteriormente, los castellanos y portugueses también encontraron en el comercio la principal motivación de sus viajes, pero estos fueron precedidos y seguidos por debates teológicos, cartográficos, astronómicos y geográficos, así como por la creación de escuelas náuticas, de puestos oficiales -como el Cartógrafo mayor- e incluso con la creación de nuevos órganos administrativos, todo ello con la misión de gestionar de forma más efectiva las nuevas fuentes de producción. Nada de esto sucedería entre los “noruegos”.

4º Viaje de Colón: itinerario real -rojo- e imaginario -blanco-.

Se podría  añadir en contra de mi opinión que Colón también falleció sin ser consciente del calibre que representó su hazaña. Vivió siempre convencido de que había arribado a las costas de Cipango, o cuanto menos a las islas que lo precedían -mapa superior del 4º viaje-; pero en un debate tan delicado no es recomendable manejar una doble vara de medir. Vamos a explicarlo.

Desde hace ya unas décadas, se le atribuye a “los” Vikingos el mérito de haber sido los primeros descubridores del continente. Se les estudia históricamente desde la pluralidad, como “grupo descubridor”, como un “grupo colonizador”, y en función de un “proceso” que les ocupó hasta tres siglos. Si hacemos extensivo este criterio a los conocidos acontecimientos de finales del siglo XV, deberíamos incluir como agentes del “descubrimiento moderno” a navegantes como Vespucio, Alonso de Ojeda, los pinzones, Juan de la Costa… pero incluirlos para estudiar y valorar sus méritos de forma inseparable, como “descubridores”.

Al fin y al cabo, la conjunción de sus hallazgos posibilitó que, tan pronto como en 1500, Juan de la Cosa esbozara el primer mapa -en portada de este artículo- donde aparece la “Tierra firme”, no como el producto de la fantasía extremo-oriental que espoleaba las ansias del almirante genovés, sino como lo que era: costas anteriormentes no “exploradas”, no “colonizadas”, no “explotadas” económicamente hablando, por los habitantes del “Viejo continente”. Desde la “Carta Universal de Juan de la Cosa” -cuyo original custodia el Museo Naval de Madrid-, América aparece como una “unidad geográfica ” con un perfil de costa inconfundibles con otras partes del planeta.

Los lingüistas, neurólogos y filósofos suelen decir que no aprehendemos algo, que no comenzamos a captar y capturar su esencia hasta que no le asignamos una palabra que lo identifique, con la que nombrarlo y hacerlo nuestro en parte. El nombre que le proporcionamos a los objetos también contribuye a entender cuál es la posición desde la cual nos acercamos a los mismos. Hasta la fecha, a las tierras halladas por Colón se las denominaba “Indias” precisamente porque se pensaba que habían arribado a “la India. A diferencia del realizado por Juan de la Cosa, en el mapa de Waldseemüler de 1507 -abajo-, se va un paso más allá: América adquiría una entidad y carta de naturaleza propia, recibiendo su particular bautismo cartográfico y político. Recibiría el nombre de -quizás- el primer explorador que habló abiertamente y por escrito sobre aquellas tierras como “Mundo Nuovo”: Américo Vespucio. Ahora bien, como el resto de continentes tenían nombre de mujer, se decidió tornar el vocablo en “América” -como podemos leer sobre la representación de sudamérica en el mapa inferior-.

Que en aquellos años se la llamara “América”, “Pinzonia”, “Colonia” o “Mundo Nuovo” no tiene mayor relevancia; lo verdaderamente importante es que la “nueva denominación” implicaba una “nueva concepción”, una “nueva construcción mental”, una “nueva posición intelectual” de acercamiento respecto a las tierras halladas al otro lado del océano. Ya no se concebían como el extremo oriental de Asia, sino como algo totalmente independiente, con identidad propia.

Mapa de Waldseemüller, 1507.


No pretendo restarle mérito a las hazañas que desempeñaron los nórdicos en torno al año 1000, pero hay que reseñar otras cuestiones añadidas que, por lógica, deberían llevarnos a concluir que el mérito del “descubrimiento” de América corresponde, no a Colón como individuo, sino a “los exploradores” en su conjunto, bien como grupo social contemporáneo a los hechos o como construcción histórica a posteriori:

                  1. Descubrimiento no quiere decir ser el primero en llegar, ser el primero en tener el conocimiento de algo para sí mismo o para un grupo cerrado. Al fin y al cabo, Fleming, por ejemplo, no fue el primero en conseguir la elaboración de la penicilina, ya se hizo mucho antes, pero fue el pionero en aplicarla para el campo de la medicina y darle posterior difusión, de ahí su mérito. Entonces, ¿qué determina un descubrimiento, el HECHO, su APLICACIÓN PRÁCTICA o su DIFUSIÓN? Vayamos por partes.

           2. Si hablamos del HECHO –cosa que no comparto- como eje de un descubrimiento, también podríamos atribuírselo a los a los primeros cartagineses –que los hubieron- que intentando circunnavegar África padecieron un golpe de viento o una tormenta tropical y fueron arrastrados hasta América. De estos casos tuvo que haber bastantes, pues si bien no vivieron para contarlo, y no ha quedado testimonio de su odisea, sí es cierto que sabemos de barcos engullidos por las aguas del tenebroso Atlántico. ¿Dónde fueron a parar? O bien al fondo del mar, o bien a las costas de aquel continente… E incluso, es más, en este aspecto se podría afirmar que los primeros descubridores del continente fueron los cazadores que atravesaron el estrecho de Bering y llegaron a América entre el 30.000 y el 14.000 a.C., pero su hazaña no tuvo trascendencia ninguna para el resto de la humanidad hasta que los arqueólogos dieron luz a su Historia a lo largo del siglo XIX y XX.

                    3. Si hablamos de la APLICACIÓN PRÁCTICA, es decir, de la circulación comercial entre unas tierras y América como pilar fundamental de un descubrimiento, también quizás podríamos hablar de los chinos. En el siglo XIV Europa no era más que el último apéndice de una macrosuperficie, Eurasia. China fue, con mucho, la mayor potencia naval a lo largo de toda la Edad Media, por lo menos hasta 1430. Sus descubrimientos científicos y náuticos no tienen comparación en sociedades más preocupadas por las guerras civiles -Tudor y Lancaster o trástamaras- u otras que trascendían fronteras -como la “Guerra de los cien años” o la particular cruzada de los RR.CC. contra reino nazarí-. Estos acontecimientos bélicos no dejaban tiempo para el amor por la ciencia, algo que en un imperio medianamente estable como el chino sí fue posible; repito, posible hasta los años previos a 1430.

Que “El imperio del centro” –China- llegó a la costa pacífica de América, no solo fue posible, sino también probable, pues contaba con la tecnología suficiente -los “juncos” eran embarcaciones hasta 5 veces mayores que las carabelas colombinas- y el poderío económico. Aunque no es algo totalmente comprobado, ni admitido por la comunidad científica, cuenta con varias evidencias recogidas por el siempre polémico Gavin Menzies. Aun así, suponiendo que en Oriente alguien supiera de la existencia de América, no creo que este saber se hubiera difundido más allá de la élite comercial y la misma cúpula política. ¿Hace esto que China se merezca el título de “descubridora”? No lo creo. Insisto en esta idea para que quede clara porque es fundamental en mi argumentación: desde mi punto de vista, el descubrimiento conlleva necesariamente la difusión del hallazgo.

Controvertido mapa de Piri Reis, cartógrafo otomano. 1513.

                   4. Los vikingos no difundieron la noticia de sus viajes porque no pudieron -falta de medios técnicos- y porque no quisieron -acaso porque no lo consideraban un hecho relevante, como hemos dejado entrever-. Tras su llegada y su regreso de Vinland, el mundo, en todos sus aspectos, continuó siendo el mismo.

Quienes me conocen en persona saben que no soy sospechoso de chovinismos gratuitos, pero si hablamos de la DIFUSIÓN como parte fundamental de un hallazgo, Castilla, y en concreto los navegantes-exploradores que levaron anclas bajo su bandera, tienen todos los requisitos para ser considerados como “los descubridores de América”, si bien su efímera singladura fue rapidamente imitada por el resto de “estados europeos”, como veremos a continuación.

Ahora bien, esto no habría sido posible sin un factor técnico clave: el éxito de la imprenta. Los años inmediatamente posteriores al regreso de Colón a Barcelona, comenzaron a imprimirse y a circular por media Europa sus epístolas, las de Américo Vespucio y otras impresiones sobre la llegada a América, que contaron con varias reediciones. Ni que decir tiene que la llegada del oro azteca traído por Hernán Cortés superó con mucho el impacto psicológico de los textos.

Antes de 1497, tanto Inglaterra como Francia, inmersas en sendos procesos de paz tras sus respectivas guerras civiles y continentales, habían enviado expediciones de reconocimiento a las costas de América. El flujo de información era tan intenso que, como hemos dicho, el propio Juan de la Cosa, posteriormente cartógrafo oficial de la Casa de Contratación en Sevilla, incluyó en la susodicha carta de 1500, no solo los hallazgos de “navegantes castellanos” los descubrimientos de Juan Caboto, navegante que llegó a Terranova bajo bandera inglesa solo un par de años atrás. Pero hay más. Antes del cambio de siglo, el Imperio Otomano ya tenía noticia de los hallazgos llevados a cabo por las coronas de la cristiandad, tanto es así que el sultán encargó a Piris Reis la compilación de mapas parciales y la elaboración de una carta lo más exacta posible de las costas del “nuevo continente” -mapa inmediatamente superior a estas líneas-. Esto en lo que a trascendencia internacional se refiere.

Sin embargo, el conocimiento del hallazgo de “nuevas tierras”, de América como lo que ya hemos explicado que era desde Vespucio y Wadseemüller, no solo era un conocimiento que circulaba entre la élite política y cultural ¿cómo si no cientos de hombres, la mayoría incultos soldados, campesinos y labradores de tierra adentro, andaluces y extremeños primero, luego vascos, castellanos y gallegos, iban a estar interesados en formar parte del proceso colonizador? Está claro que la noticia de la existencia de un “nuevo mundo” impregnó a la sociedad, sino en su totalidad, al menos de una forma antes desconocida. Que lo hiciera a través de historias exóticas o de tratados científicos no es relevante para el tema que nos ocupa, el caso es que la gente tenía noticia de “América”, y aunque pudiera resultar algo lejano, aquelas historias que trascurrían de boca en boca tenían su origen en lugares que existían y podían ser avistados, transitados y habitados.

Este hecho se hace exponencialmente más trascental en 1521 cuando, después de tres años de travesía, unos cuantos marineros consiguen llegar con una sola nave al puerto de San Lúcar de Barrameda tras circunnavegar el planeta. Y es que Castilla y Portugal, personalizados en las figuras de Magallanes y Elcano, unieron con una fina hebra todas las partes conocidas del planeta hasta la fecha; pero en lo tocante a nuestro tema, con su viaje confirmaron la existencia de un “Mar del Sur”, lo que contribuyó a  delimitar y confirmar así la naturaleza del “América” como unidad independiente de lo hasta entonces conocido.  Fue así como, simbólicamente, unos cuantos navieros dieron inicio a la época de la globalización. Desde entonces, el mundo quedaría unido. Las grandes migraciones del paleolítico cerraron su ciclo en 1521 y no antes.

1ª circunnavegación del planeta, de Magallanes y Elcano. 1519-1521.

Conclusión

El polifacético artista del Renacimiento, Miguel Ángel, dijo a propósito del “David” que su único mérito estribaba en haber eliminado los sobrantes y haber rescatado su esbelta figura del interior de aquel monolito marmóreo. Siguiendo dicha metáfora, América, como el David, ya existía mucho antes de que los humanos se atrevieran a imaginarla, incluso antes de que el género Homo se aventurara siquiera a poner un pie fuera de África. Sin embargo, el “descubrimiento”, o lo que es lo mismo, la “construcción mental” de América como espacio independiente de lo hasta entonces conocido, así como su difusión al mundo, no puede atribuírsele a cartagineses, templarios o Vikingos, por los motivos ya explicados;  ni a Colón, porque él se estancó en la idea de haber llegado a Asia; ni a Américo Vespucio, que no dirigió la primera de las expediciones hacia las profundidades del Atlántico; menos aún a la Corona de Castilla por haber sido tan solo la primera fiadora de los gastos derivados.

Se me puede acusar de estar siendo poco científico, y admitiré todo tipo de corrección, matiz o crítica instructiva al respecto de este artículo. En definitiva, un descubrimiento, para que sea tal, implica una difusión de lo descubierto. En base a lo dicho, el historiador no debería asignar el mérito del que nos ocupa en este artículo ni a “un solo individuo” -sea cual fuera su época de nacimiento-, ni a un grupo de humanos anterior al hallazgo de la imprenta. Por tanto, creo correcto afirmar que los exploradores bajo bandera castellana entre 1492  y 1521* son en justicia los “verdaderos descubridores”. Y no solo porque contribuyeron de forma incomensurable a que América pasara a formar parte del imaginario colectivo de los habitantes del “Viejo mundo”, sino también porque dieron a conocer la existencia del “Viejo mundo”, con lo que eso implica, a los habitantes de las tierras bautizadas como América.

*Entendiéndolos como un colectivo que supera la dimensión de la suma de los individuos que lo integran.

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  1. manu
    octubre 12, 2011 en 10:40 am
  2. Memorant
    octubre 12, 2011 en 10:47 am

    Hola Manu. Se ve que te ha llevado trabajo, es un artículo bastante exhaustivo y muy bien fundamentado.Solo dos apreciaciones a lo que has dicho.

    -Los vikingos también dieron un nombre nuevo a América y ese fue Vinland. Como has explicado, un nombre nuevo implica la delimitación abstracta de una realidad nueva. Pero es que no solo fue Vinland, también dieron más nombres nuevos a las diferentes partes que conformaban Vinland.

    -Usas difusión en el sentido como si implicase necesariamente universalidad. Los vikingos sí que hicieron difusión de su hallazgo entre su propia cultura. Otra cosa distinta es que no manejaran el concepto de continente y que su cultura y medios intelectuales fueran inferiores a los que se alcanzaría a finales del s. XV. Los vikingos fueron los primeros en descubrir tierras americanas y hacer difusión de la existencia de esta territorio como una tierra desconocida anteriormente para ellos y por lo tanto una tierra por fuerza nueva para su imaginario. Al menos sí fueron los primeros de los que tenemos constancia probada de ello tras la llegada los propios nativos.

    ¡Abrazos!

    • historiadorhistrionico
      octubre 12, 2011 en 10:53 am

      Pero si no me equivoco, Vinland es un nombre que se circunscribe al pedazito de tierra que conocieron. A ver, mi opinión que es que no existe descubrimiento de algo descubierto. Por tanto, yo no usaría esa palabra, ni con Vikingos ni con Colón. Deberíamos usarla con los asiáticos que pasaron por Bering, pues si fueron los primeros humanos que llegaron a ese continente.
      En cuanto a que europeo llegó primero. Yo creo que los vikingos no tenían conciencia real de donde habían llegado. Sin embargo, los castellanos y compañía si lo comprendieron y ello cambió no solo su conciencia, sino la del mundo entero. Por tanto, no hay que olvidar lo que hicieron los vikingos, hasta donde llegaron, pero sus hallazgos geográficos apenas tuvieron un impacto en la sociedad europea, mientras que los castellanos cambiaron la cosmovisión del mundo. Aún así, interesantes artículos los dos.

  3. historiadoramatyt
    octubre 12, 2011 en 11:07 am

    Muy buen artículo Manu,¡¡¡ enhorabuena!!! Estoy de acuerdo contigo en que para hablar de “descubrimiento” se debe hablar de difusión, es por ello por lo que se conocen los “descubrimientos”.
    En mi opinión, creo que hay que retrotraernos a las migraciones que tuvieron lugar en el estrecho de Bering para empezar a hablar de “primeros descubridores” del Nuevo Mundo, si bien, su hazaña no ha tenido la repercusión que los viajes que Colón realizó miles de años después.
    Me reafirmo, muy buen artículo……..y ¡¡¡¡muyyyyy largo!!!!
    Un abrazo :D

  4. manu
    octubre 12, 2011 en 11:46 am

    Chicos!, me parecen comentarios muy acertados.

    John, en este punto sería muy interesante indagar por si hubiera algún estudio, ensayo o artículo sobre el impacto que tuvo la llegada de los Vikingos a América -si lo encuentras háznoslo saber, por favor-; es decir, sobre la difusión que tuvieron las sagas y no solo eso, sino la relevancia que esto tuvo en la cristiandad o en la economía.

    No sé qué pudo ser, pero me da la sensación de que la cantidad de obras publicadas y difundidas (desde Colón, Vespucio y Acosta hasta Sahagún, Díaz del Castillo, Ovando y otros autores) no tendría mayor relevancia sin un creciente interés por lo que estaba sucediendo más allá de los puertos de Sevilla o Lisboa. Dicho vulgarmente, a mayor demanda, mayor oferta. ¿Por qué? Esto quizás venía motivado, no solo por los avances técnicos como la imprenta, que permitía la difusión de conocimientos a una rapidez nunca imaginada -¡¡cómo ponderar la influencia que tuvo cada cosa!!-, sino también por la mayor credibilidad que la ciencia estaba cobrando a las puertas del siglo XVI (giro copernicano, cisma eclesiástico, humanismo); el espíritu caballerescto y de frontera en el que vivían inmersas personas que aún imaginaba lugares remotos y desconocidos que explorar; también acaso por la búsqueda del paraíso en la tierra o de mitos como la Atlántica, pero además, parece claro, por encontrar la ruta comercial hacia las islas de la especiería por el oeste.

    Todo mezclado, pero no revuelto, obliga a que 1492 no se deba entender como un acontecimiento “en sustantivo” -el descubrimiento-, acaso atribuible a esos primeros nómadas de los que habláis; sino más bien como un “verbo” -descubrir algo a alguien, en este caso, a la mayoría de la humanidad-.

    En definitiva, hasta donde me parece, nadie supo o quiso descubrir “América” a los demás como nueva construcción mental antes que las potencias europeas atlánticas del siglo XV, comenzando por Castilla. Ni siquiera lo hicieron los Vikingos -bien por falta de medios técnicos, bien por su escasa credibilidad ante el resto de la cristiandad, bien porque tampoco les interesaba que demasiados marineros conocieran sus “nuevas” rutas comerciales-.

    Un abrazo a todos!!!!

  5. Memorant
    octubre 12, 2011 en 7:28 pm

    En mi opinión os centráis en aspectos complementarios infravalorando el hecho en sí. No obstante, respeto vuestra opinión porque yo mismo la compartía anteriormente ¡Abrazos!

  6. manu
    octubre 12, 2011 en 7:56 pm

    ¿Entonces cuál crees que puede ser la cuestión principal que infravaloramos?

  7. gueb16
    octubre 12, 2011 en 8:22 pm

    Creo que John se refiere a que estais siendo “eurocentristas”, es decir, América se descubre a raíz de que Europa tiene conocimiento de ella. Un descubrimiento no implica necesariamente difusión. La difusión sólo sirve para “dar a conocer” a una multitud o a un grupo interesado lo que has descubierto, pero descubierto está tanto si lo dices en África, en Austrialia, o como si solo lo dices en tu pueblo. Yo creo que se puede hablar de varios descubrimientos o que estos no fueron tal cosa. Aunque los vikingos no tuviesen nociones completas del lugar en el que estaban no se puede negar que ocuparon tierras nuevas, a las que les pusieron un nombre, punto. Colón hizo lo mismo, ¿cómo podemos decir que “descubrió América”? como si “América” hubiese sido siempre lo que es ahora, como si hubiese mirado detrás de una cortina. Ambos llegaron a una tierra nueva y les pusieron nombre, es tan sencillo como eso.

  8. historiadorhistrionico
    octubre 12, 2011 en 8:52 pm

    Es que Colón no descubrió América, ni los vikingos. Ahora, lo que si me parece es que los castellanos tuvieron una idea de América radicalmente distinta de lo que tuvieron los vikingos, quienes apenas se adentraron en la inmensidad del continente. Yo noestoy hablando de descubrimiento, que no lo descubrió nadie, sino de la conciencia de donde se estaba y lo que provocó en cada época

  9. manu
    octubre 12, 2011 en 9:42 pm

    Mae, lo que planteas en tu comentario está bien. Voy a intentar redefinir ideas y explicarme mejor y en menor espacio que en el artículo.

    ***¿Eurocentrismo?: Ahora bien, nos acusas de estar siendo eurocentristas y no estoy de acuerdo. Eurocéntrico sería decir, por ejemplo, que Castilla llegó primero al “nuevo mundo” porque era la potencia navalmente mejor preparada, la civilización más avanzada del siglo XV a nivel planetario, lo cual es una mentira y por eso se me podría acusar de “eurocéntrico”. Dicho esto, es verdad que en el último párrafo de mi artículo digo varias veces “Viejo mundo” donde debería decir “resto del mundo”; pero aún así, estaría en lo cierto al afirmar que la difusión de los “nuevos descubrimientos” al mundo comenzaron por Europa, hablemos de Vikingos o de “Colones”. Esto no es ser eurocéntrico, es ser objetivo. No obstante, voy a intentar explicar mejor cuál es la idea que me ronda por la cabeza y que quizás no he dejado claro en el artículo.

    ***¿Descubrimiento o descubrimientos?:
    1) “El descubrimiento solo se produce una vez”.
    Si, como he explicado, afirmamos que el simple hecho de llegar a un lugar antes desconocido ya supone un “descubrimiento”, entonces deberíamos hablar de un solo descubrimiento, el primero de los primeros, el que acaso se produjo el día X del mes X del 40.000 a.C. por un nómada que en un buen día se propuso cruzar lo que hoy conocemos como estrecho de Bering.

    2) “Descubrimiento solo hay uno, pero hay varias expediciones sin mayor trascendencia tras las glaciaciones”.
    Por otro lado, también podríamos añadir en esta lista de “viajeros precolombinos” a otros muchos. Por ejemplo, y no va con sorna, a los pueblos polinesios, australianos y melanesios que según diferentes teorías -algunas de ellas con mucho peso- atravesaron el Pacífico aprovechando las corrientes y llegaron a “América” por su occidente. E incluso, como dije, podríamos añadir los accidentales viajes de los náufragos fenicios, cartagineses o, por qué no, árabes que por un azar de la vida se desviaron de su ruta y toparon con aquellas costas.

    3) “Descubrir no solo es llegar a un lugar, sino también regresar, difundir la noticia aunque a pequeña escala”.
    Si descubrir presupone no solo una llegada, sino también un regreso, creo que los monjes irlandeses pudieron adelantarse a los vikingos, solo que nunca tuvieron ese afán de colonizar y comerciar que movió a los nórdicos. En justicia hay que decir que los Vikingos regresaron sucesivas veces, trayectos con los que establecieron una ruta comercial con puestos de intercambio de productos, y escribieron en sus sagas acerca de las “nuevas tierras” a las que dieron un nombre. Pero puesto que el “descubrimiento”, expresado como sustantivo, solo se puede llevar a cabo una vez, si podemos atribuir algún mérito extraordinario a los Vikingos es el de primer pueblo postglacial en comerciar regularmente con los indígenas de “América”, pero cuyas dimensiónes territoriales y humanas escapaban a su comprensión.

    4) “El Gran Descubrimiento: descubrir algo a alguien”. Sin embargo, las expediciones cuyo pistoletazo de salida fue 1492 y que yo haría extensibles, aproximadamente, hasta 1521, con la llegada de Cortés a México y la primera circunnavegación, sí resultan excepcionales frente a las protagonizadas por nómadas, melanesios, cartagineses, monjes irlandeses, vikingos o chinos. Excepcionales, digo, por la trascendencia que tuvieron a todos los niveles; pero eso sí, una trascendencia de doble vía. Desde entonces el horizonte mental de la población mundial no sería el mismo; no hablo solo del conocimiento de América “en” Europa, pero sí del conocimento de América al resto del mundo “a través” de Europa, y más concretamente de Castilla. Al fin y al cabo, esta corona puso a América en el centro del escenario globalizado que dio a luz el siglo XV; pero, hay más: por diferentes actos y circunstancias más o menos éticos, Asia, África y Europa pasaron también a formar parte del imaginario colectivo de los indígenas de América. América se proyectó hacia el mundo entero, pero también el mundo entero penetró en el imaginario de “los indígenas americanos”.
    Por otro lado, se quebraron muchas fronteras filosóficas, teológicas y geográficas: un territorio antes no contemplado por las escrituras, ni por los sabios de la antigüedad en una época en la que Roma y Grecia estaban siendo revalorizadas era un impacto demasiado fuerte. Un “Mundo nuovo”, una “Quars pars” de tierra que dio pie a miles de nuevas historias y mitos, a un intercambio cultural, de productos, a una trasfusión antes jamás llevada a cabo por ninguno de los pueblos que se atrevieron a cruzar los océanos anteriormente. Y esto sí que resulta verdaderamente novedoso.

    Entonces ¿por qué 1492? Porque a partir de ese año el mundo quedaría inevitablemente entrelazado, a mayor o menor ritmo e intensidad, hasta la actual época de internet. La interconexión entre las dos partes del mundo que previamente se desconocían -aunque hubiera habido expediciones previas que terminaron cayendo en el olvido o no trascendieron fronteras- ya jamás se deshilacharía. Los expedicionarios de la Europa atlántica, casi fortuitamente, y con ayuda de la imprenta, dieron inicio a un proceso que no consistió en un “descubrimiento”, algo muy abstracto y difícil de situar, sino en algo más complicado y novedoso, un ir “descubriéndose mutuamente”.

    Un abrazo!

  10. manu
    octubre 13, 2011 en 12:16 am

    Historia práctica: ¿pudieron las sociedades menos desarrolladas de las que tengamos constancia cruzar el océano Atlántico? Artículo SUPER-interesante por cuanto tiene de científico.

    http://matiascallone.blogspot.com/2009/07/cualquier-cosa-que-flote-arrojada-al.html

  11. Memorant
    octubre 13, 2011 en 12:51 pm

    Pero es que no se puede pretender que los vikingos tuvieran la misma idea de América que la de los españoles del s. XVI que es la que se nos ha legado hasta hoy en día (recalco esto). A parte de que todos partimos de la base en que había nativos en América con lo que implica, eso nadie lo pone en duda.

    Tampoco los españoles ocuparon la totalidad del continente para conocerlo, además que eso es algo secundario. Imagina que un arqueólogo descubre un yacimiento arqueológico pero es otra persona la que al final lo excava ¿Quién fue el primer descubridor del yacimiento tras quedar bajo tierra?

    Mae ha explicado bien mi punto de vista. Pienso que no tendríais esa postura tan definida de no ser españoles/ herederos de la cultura occidental.

    ¡Saludos!

  12. octubre 13, 2011 en 3:09 pm

    Acababa de escribir un comentario digno de las manos de Manu, pero las benditas tecnologías son así de caprichosas y ¡¡se me ha borrado!!

    • Memorant
      octubre 13, 2011 en 4:45 pm

      Pobre, eso jode mucho porque se te quitan las ganas de escribirlo otra vez. Lo sé por experiencia xD

  13. manu
    octubre 13, 2011 en 9:37 pm

    Aish! John, a ver si quien no va a comprender mi posición ahora resulta que eres tú :-P
    Respondiendo a tu pregunta del presunto arqueólogo que encuentra y otro que excava y trasladándolo al ámbito de nuestro debate debería responder: los nómadas. Los vikingos solo tienen el mérito de haber sido los primeros “europeos” en llegar a una tierra que ellos no consideraban nueva, y no soy yo solo el que lo dice.

    Por cierto, ¿a qué te refieres con “no tendríais esa postura tan definida de no ser españoles-herederos de la cultura occidental?

  14. historiadorhistrionico
    octubre 14, 2011 en 12:02 am

    Pero a ver, los continentes no se descubren, ni los yacimientos. Los yacimientos se encuentran, porque alguien ya sabía que estaba allí y tras perderse la memoria se vuelve a encontrar. Y un continente donde viven miles de personas no se descubre.
    Yo no digo que los vikingos llegaran primeros, pero su hallazgo no tuvo importancia ninguna realmente en la Europa de la época, con lo cual, al estudiar los procesos y sus consecuencias, lógicamente tenemos que dar mucho más importancia a las expediciones castellanas, simplemente eso. Así que ya que descarto el uso de descubrimiento, para mi, a la hora de analizar este proceso, que sería el de toma de conocimiento de Europa de que existe un nuevo continente, toma muchísimo más peso la expedición de Colón y subsiguientes.

  15. J. Luis López de Guereñu Polán
    octubre 14, 2011 en 11:40 am

    No creo que se pueda decir que Erik el rojo y su tripulación descubrieran América porque se fueron por donde habían ido sin saber donde habían estado. Su viaje no tuvo otra trascendencia que el mérito de la navegación en una época tan remota como el año 1000. Tampoco Colón descubrió nada -sus méritos están en otra cosa- pues creyó siempre haber llegao a Asia. Invito a visitar mi blog poiopoio.blogspot.com donde tengo un pequeño artículo en el que pronuncio sobre ello con argumentos que podrían ser tenidos en cuenta.

  16. Memorant
    octubre 14, 2011 en 8:56 pm

    Intentaré explicar más claro de lo que hablo y para eso empezaré copiando aquí la definición de la RAE de “descubrimiento” para no dar más vueltas a temas de vocabulario base:

    descubrimiento. (De descubrir).

    1. m. Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido.
    2. m. Encuentro, invención o hallazgo de una tierra o un mar no descubierto o ignorado.
    3. m. Territorio, provincia o cosa que se ha reconocido o descubierto.

    Por lo tanto, según la RAE un continente y un yacimiento arqueológico ya sean como territorio, tierra o cosa se pueden descubrir.

    No estoy poniendo en duda ni trato de ignorar a los nativos que se establecieron en América antes del periodo postglacial. De lo idea que parto es que esta gente una vez que se estableció en el continente americano quedó aislada del resto del mundo y poblaciones por miles de años (del mismo modo a la inversa). Por lo tanto, la existencia de esa tierra y esa gente quedó oculta e ignorada para el resto de la humanidad durante ese tiempo.

    Entonces ahora yo me hago esta pregunta:

    ¿Quién se percató primeramente de estas gentes y de la tierra en que se habían establecido? ¿Quién descubrió/ halló/ encontró/ reconoció/ manifestó en primer lugar esta realidad que era desconocida?

    Pues desde mi punto de vista fueron los vikingos por lo que ya expliqué en el artículo que escribí.

    En cuanto a lo que me refería de los españoles/herederos de la cultura occidental es que es más fácil identificarse con aquellos cuyo legado se ha conservado hasta nuestros días y tienen mucho que decir en la Historia de España.

    • historiadorhistrionico
      octubre 15, 2011 en 12:20 am

      Y de que se dieron cuenta? De que nunca habían estado alli? Pues lo mismo pensarían de Groenlandia. De todos modos, el descubrimiento fueron de los que pasaron por Bering o por barquichuelas a través del Pacífico. Para mi, los vikingos descubrieron rutas marítimas pero no se dieron cuenta de a donde se habian llegado.
      En cuanto a lo de la RAE, me parece influido por el lenguaje occidentalizante que tenemos. Es como Admudsen, descubrio el Polo Sur? Pues hombre, estar ya estaba allí aunque fuese el primero que lo vio. Entonces a mi me descubrió la comadrona jeje.
      No se, me parece que estamos llegando a un reduccionismo muy grande. Pero no creo que debamos estar pensando quien lo descubrió o que, ni Colón ni los vikingos.

      • Memorant
        octubre 15, 2011 en 7:25 pm

        Estaba pasando ahora mismo a ordenador los apuntes de Protohistoria de la Península Ibérica y me he encontrado algo que me ha sacado una sonrisa. Está hablando del mundo funerario de los Celtíberos (las necrópolis) “se descubren generalmente accidentalmente y son más difíciles de localizar que los poblados”. XD

      • manu
        octubre 15, 2011 en 7:41 pm

        JAJAJAJAAJ, JOHN!!!!! yo también estoy viendo eso con Charo en el máster XD XD XD 1 abrazo

  17. manu
    octubre 14, 2011 en 9:40 pm

    John, pero falta una apreciación que ya he dicho en varias ocasiones pero que parece que se ha pasado por alto: el único mérito que tienen los Vikingos es el ser el primer pueblo o grupo que ha dejado constancia documental y arqueológica fiable de su presencia en unas tierras antes poco transitadas por los “europeos””

    En la metodología histórica, lo sabes, se barajan hipótesis posibles que pueden ser más o menos, o no ser probables; esta que voy a explicar es una de esas que sí son bastante probables. Por el hecho de no tener constancia documental de algo tan “probable” como que los monjes irlandeses, o mejor aún los pesqueros islandeses llegasen a “Vinland”, no quiere decir que no sucediese. Como no lo sabemos a ciencia cierta, si lo hicieron tuvo que ser de aislada y accidentalmente. Sin poder encontrar la ruta de regreso, se asentaron para sobrevivir, pero al no llevar mujeres o no aparearse con las indígenas no permanecieron más allá de una generación… y esto explicaría que nadie supiera de su hazaña. Creo que, a nivel historiográfico, esto es indiscutible por su alta probabilidad -e incluso para el caso de africanos que terminaran arribando al Brasil, que teorías hay varias-. Esto no resta mérito a las expediciones Vikingas, pero las sitúa en un contexto más exacto a mi parecer.

    Por otro lado, resulta inevitable que tanto tú como yo estemos analizando esta problemática desde nuestra herencia cultural occidental; porque sí,somos herederos de ella. Y es que, al fin y al cabo los Vikingos son los antecedentes de países escandinavos que hoy en día están también, qué casualidad, dentro de la misma UE, o cuanto menos se les encuadra dentro del bloque “cultura occidental”. Así que, conceptualmente, si nos reprochamos estar siendo “eurocentristas”, que tire la piedra el primero que esté libre de pecado :-D -al menos yo he hablado aquí de los Chinos, los pueblos polinesios e incluso de los africanos-.

    Como historiadores, no podemos hacer más que ver las cosas como hijos del presente y analizando el pasado desde la influencia que ha tenido sobre este presente en el que vivimos (las ideas no son mías, sino de B.Croce y M. Bloch, aunque las apruebo y comparto). En realidad es muy complicado zanjar este debate, que por otro lado es muy fructífero para agudizar nuestro sentido crítico. Vikingos y “colones” vivieron épocas muy diferentes. Los segundos tenían ventajas técnicas e intelectuales de las que carecieron los primeros. Eran tiempos diferentes, eso está claro. Históricamente, “América” pudo ser alcanzada desde siempre, pero no siempre fue posible dar a su hallazgo la relevancia merecida, y en esto, repito, tuvo mucha culpa la imprenta. Para terminar, siguiendo este hilo argumental, y haciendo uso de las ideas de Croce que expuse al principio, si miro el pasado a través del presente, no me queda otra cosa que ver precisamente en los exploradores inmediatamente postcolombinos a los incipientes -y digo incipientes- descubridores de América frente al mundo, y así hasta el la fecha actual.

  18. Memorant
    octubre 14, 2011 en 10:54 pm

    Es cierto, has estado acertado. No obstante me gustaría matizar algo: los vikingos culturalmente hablando se encontraban en un ámbito “marginal” de ese occidente al no formar parte desde el principio de esos dos elementos genuinamente occidentales como son civilización grecolatina y cristianismo. No es hasta que esos pueblos queden bien integrados en esa tradición cuando de verdad empiecen a contar en la cultura occidental y para entonces lo vikingo ya se había cargado de bastantes connotaciones y estereotipos negativos.

    En cuanto a tu primera apreciación, tampoco te falta razón. Pero es que esa constancia documental (como también estarás tú de acuerdo conmigo) es primordial porque es la diferencia entre lo probable/posible y lo que se sabe a ciencia cierta. Aunque habrá que tener en cuenta esa informacion, mientras que no haya nuevos datos que lo pruebe no se puede poner firmemente la mano en el fuego por lo que no dejan de ser teorías, suposiciones o leyendas de las que es evidente que tú tienes mejor conocimiento que yo.

    Y con esto creo que puedo dar por finalizado este debate (al menos por mi parte). Ha sido un placer haber tratado este tema con vosotros y haber puesto otro granido de arena a este blog. =)

    ¡Buen fin de semana a todos!

  19. gueb16
    octubre 18, 2011 en 10:22 pm

    Desde luego el tema ha dado de sí jejeje. Y Manu!! que sí, que la posición de “los europeos han…” es eurocentrista, si tengo tiempo mañana te explico por qué opino así, si no tengo tiempo te lo comento en cuanto te vea.

  20. J. Luis López de Guereñu Polán
    octubre 21, 2011 en 10:09 pm

    Caulquiera de las definiciones de la RAE sobre el concepto “descubrimiento” implica caer en la cuenta de algo: nadie cayó en la cuenta de que lo que conocemos como América era una masa de tierra que se interponía en el mar entre Europa y Asia. Solo Américo Vespucio y el cenáculo de geógrafos y exploradores que intercambiaron experiencias y estudios desde principios del siglo XVI, pero sobre todo desde el descubrimieto de mar del sur (el Pacífico) en 1513. Ellos ADVIRTIERON al mundo: es un continente nuevo; nadie lo había hecho antes. Estar antes en América: esto no es descubrir nada; los aborígenes que poblaron América en la noche de los tiempos descubrieron bosques, regiones, costas, ríos, montañas; pero no descubrieron que vivían en un continente, su situación geográfica, su extensión, etc.

  21. Ivano Quirov
    enero 7, 2014 en 7:39 pm

    Nunca es tarde para la justicia. Ante las falacias de enanos soñadores y payasos queriendo hacer reir por la propina. Los que llegaron a esta tierra con armas y hambre de saqueo, fueron viles ladrones, reunidos de lo mas bajo de los egoismos, sin temor de morir o caer mas, porque eso ya lo eran. Esa gentuza es la que vino a matar, y hoy pagan sus hijos tamaña osadía. Descubridor se le puede llamar a Humbolt, que antepuso la ciencia a los bajos intereses, Descubridor es aquel que aporta, pero aquel que llega a casa ajena a “descubrir” tu cajita de invaluables tesoros, ése no es descubridor. Ese es y será siempre un ladrón, y, aunque para sus hijos él sea titulado con mil coronas, y sus mentiras se enseñen adornadas en colegios, tienen patas cortas, y se sabe que su triste progenie, hasta hoy viven embelesados en cuentos de piratas, creyendose desarrollados mientras viven de rodillas ante un inútil reinado, simbolo de todas sus flaquezas. Desde América Libre, con pena por ustedes, pero simpatía por sus sueños idos.

  1. abril 14, 2013 en 10:42 am

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