Haití, 1937 o el recuerdo de una matanza.


Sí, es cierto, esto ya me suena: un dictador, un plan nacionalista en el que una raza o un grupo debería sobreponerse a otro por las armas o la medicina, regeneracionismo racial, contingentes armados, deportaciones, fusilamientos y al final, en un epílogo con letra pequeña, la escalofriante cantidad de 17.000 muertos en tan solo dos semanas.

Ya nos lo advertía Eric Hobsbawm en su imprescindible Historia del siglo XX: los años treinta fueron para olvidar, fueron los más oscuros de nuestra Historia reciente. Una ola de nacionalismo extremo recorrió el planeta desde China a Argentina, desde Alemania a Rusia o, incluso, España.

De todos es conocido que algunas nuevas repúblicas hispanoamericanas primero acudieron al “criollismo” como rasgo identitario de los “nuevos hijos de América” en su lucha por la independencia frente a  España. Más tarde, se escudaron en su pasado mulato, mestizo, negro, africano o indígena para oponerse al dominio de EE.UU. como “nuevo hijo mayor de América”, por simplificar. Bien, pues esta idea fue evolucionando hasta lograr un equilibrio entre el odio al emigrante y el odio al negro o mestizo hasta, pasados los decenios, dar a luz a regímenes democráticos respetuosos con el amplio abanico sociológico de sus habitantes. En otros casos, dichos prejuicios fueron la base de acciones represivas y matanzas de gran calado.

Haití fue uno de esos casos en los que los propósitos ideológicos se  materializaron en armas de doble filo. Desde siempre, más aún desde el siglo XVIII, Saint-Domingue ha destilado una imagen de atraso en todo el mundo caribeño, e incluso hacia su metrópolis en aquel momento: Francia. Haití era uno de los países donde el índice de negros superaba al de emigrantes europeos o incluso al de indios 300.000 esclavos frente a 12.000 personas libres, lo que facilitó el éxito de la única rebelión de esclavos en toda la historia de 1793.

Que los negros superasen en cantidad al resto de sectores sociales solo podemos compararlo, muy de lejos, con lo producido en Cuba a la altura de 1850, cuando el temor a una rebelión de esclavos como la de Haití en 1793 propició que se detuviera la entrada de esclavos negros y se propiciase la inmigración europea hacia la isla y la importación de trabajadores chinos e indonesios con bajos salarios ¿os suena de algo esto también?.

Por otro lado, esos fueron los años de la publicación de “La evolución de las especies” y “La evolución del hombre”. Desde entonces, el darwinismo social y la biopolítica se filtraron a las colonias, y esto se dejó notar en países como República Dominicana bajo la dictadura de los años treinta. Precisamente como se hiciera en Cuba el siglo anterior, pero con tintes más ideológicos y raciales que socipolíticos, Trujillo tenía planeada una política de “blanqueamiento” de la población puesto que los blancos eran superiores, acaso porque la figura del negro era un signo de atraso y empobrecimiento, acaso por quién sabe qué…

En este contexto se sitúa la historia que hoy queremos recordar. En fechas como estas, finales de septiembre, del año 1937 acontecieron los hechos que podréis leer a continuación y que hemos recogido tal como podéis encontrarlos en http://www.museodelaresistencia.org. y http://www.monografias.com

Enlaces a fuentes en: monografías y museodelaresistencia.

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“Desde hacia mas de un siglo los haitianos habían estado penetrando pacíficamente en el país acentandose en tierras agrícolas abandonadas por los dominicanos en tiempos de la Primera República. Por mas esfuerzos que se hicieron en el siglo XIX por llegar a un acuerdo con Haití, nunca fue posible aclarar la cuestión de los limites fronterizos, pues el tratado de 1874 fue un instrumento defectuoso, y las negociaciones de Lilis poco antes de morir otorgaron derechos a los haitianos sobre tierras hasta entonces reclamadas por los dominicanos. Durante muchos años, a principios del siglo XX, se procuro llegar a un arreglo sobre los limite fronterizos, el cual solo pudo alcanzarse en 1929 durante el Gobierno de Horacio Vásquez. Pero a pesar de haberse firmado el 21 de enero de ese año un Tratado sobre la fijación de Limites, en el país quedaron viviendo varias decenas de miles de haitianos que trabajaban como obreros de la industria azucarera o como sirvientes en las casas de familia o como agricultores y pequeños comerciantes en el sur y en la Línea Noroeste cerca de la Frontara.

Uno de los objetivos durante este primer periodo de gobierno de Trujillo era evitar que Haití fuese la base de reuniones y el punto de partida para que los exiliados dominicanos atacaran la república Dominicana buscando derrocarlo. Quería también como ya planteamos, tener la línea fronteriza bien definida por lo que firmo un Pacto Político a partir de 1936 con el Presidente haitiano, Stenio Vincent. Fueron varias las causas que determinaron la matanza. Fenómenos sociales tan complejos como este tienen mas de un origen . Sin embargo entre los diversos factores que provocaron la matanza de 1937, uno de los principales lo fue también la aspiración trujillista de “blanquear” la raza.

Casi de inmediato se iniciaron los trabajos para poner en ejecución este acuerdo, pero pronto surgieron dificultades derivadas de las apetencias de muchos terratenientes dominicanos y haitianos. A estas dificultades se sumaron otras de carácter político: la caída del gobierno dominicano de Vásquez en 1930, y del lado haitiano, la revuelta estudiantil que se transformó en un poderoso movimiento que obligó a abandonar el poder el 15 de mayo de ese mismo año al Presidente Bornó.

En noviembre de 1934 Trujillo visitó Puerto Príncipe, y en febrero de 1935 Vincent vino en reciprocidad a la República Dominicana. En esta última visita se llegó a un arreglo definitivo que resolvió las dificultades. Entre otras cosas, se decidió que la República Dominicana cedería el Sector de La Miel, que ocupaban los haitianos desde hacía muchos años, y que el camino de Bánica a Restauración sirviera de línea fronteriza para ambas repúblicas, acordándose construir allí una carretera internacional cuyo eje “serviría de demarcación de ambos estados”.

El 23 de marzo, la Asamblea de Haití aprobó el protocolo de esa última revisión, el 1 de abril, luego de su sanción por la legislatura, el Poder Ejecutivo Dominicano ordenó su publicación en la Gaceta Oficial. Este acuerdo final de delimitación fronteriza resolvió a medias el problema, pues muchos latifundistas dominicanos resultaron afectados con la pérdida de grandes territorios, mientras de nuestro lado quedaron residiendo miles de pequeños y hasta medianos cultivadores haitianos.

Este estado de cosas fue generando en los sectores latifundistas nacionales afectados por la delimitación fronteriza, un odio terrible contra los campesinos haitianos que permanecían como cultivadores en nuestro territorio. Los latifundistas la emprendieron contra los haitianos residentes en la zona, a quienes acusaban constantemente de usurpadores, de invasores y de ladrones de frutos y ganados.

Dictador de República Dominicana: Leónidas Trujillo

A la cabeza de esta campaña se destacó una celestina de Trujillo, la latifundista Isabel Mayer, una mujer que gozaba de la absoluta confianza del dictador. Las quejas fueron tantas, que a mediados de 1937, Trujillo efectuó un recorrido por gran parte de la línea fronteriza acompañado de un puñado de estudiantes universitarios miembros de la organización estudiantil trujillista denominada Guardia Universitaria, a las cuales vistió con uniformes militares.

Este recorrido de Trujillo fue cubierto con una amplia publicidad en la prensa nacional que resaltaba los “desvelos de jefe” por la política de “dominicanización fronteriza”. Otro factor que influyó en “el corte”, nombre con el que se  designó a la matanza de haitianos ocurrida en 1937, lo constituyó el prejuicio racial existente en el ambiente nacional.

Ganado por tales concepciones, Trujillo primero intentó en 1935 una expulsión masiva de haitianos, con la promulgación de una ley dirigida a “dominicanizar la zafra azucarera”. También intentó Trujillo, sin resultado alguno, dentro de su política de “blanqueamiento” de la nación que recibía el estímulo de mucho de sus más altos funcionarios, el traer emigrantes europeos – españoles, judíos, polacos, etc., para asentarlos en la zona fronteriza en tierras que serían donadas por el Estado.

Trujillo ordena a su director de Estadísticas, Vicente Tolentino Rojas, un hombre de color, que efectuara un estudio sobre la capacidad del país para recibir nuevos emigrantes. Tolentino remata sus apreciaciones con la siguiente idea: “La cuestión de la mejoración racial de nuestra población, el país acabará siendo, en el mejor  de los casos, mulato.

En la matanza de los haitianos ordenada por Trujillo en 1937, acontecimiento aberrante que sacudió la conciencia de toda América, jugaron su papel, además del carácter bárbaro del gobernante, los problemas sociales derivados de la propiedad de las tierras que fueron afectadas por la delimitación fronteriza, problemas que generaron un odio incalificable hacia los haitianos de parte de los propietarios que fueron afectados, y muy particularmente, al racismo imperante en gran parte del mundo occidental, como consecuencia del auge del fascismo, racismo que se expresaba en la forma de antihaitianismo furibundo en gran parte de la intelectualidad dominicana integrada al aparato burocrático de la dictadura.

La prueba más palpable de este último la ofrece el propio Secretario de Estado de Justicia de Trujillo, el Licenciado Julio Ortega Frier, quien apenas tres días después de la matanza, en conversación sostenida con los ministros de Estados Unidos e Inglaterra, expresó que “este programa era suyo y que el Presidente era más clemente que él”.

El genocidio fue ejecutado por el ejército acompañado de delincuentes comunes y criminales liberados especialmente para tales propósitos; comenzó en los días finales de septiembre de 1937, y se extendió al mes siguiente. Durante casi dos semanas. Perdieron la vida más de 17 mil personas, hombres, mujeres, ancianos y niños de todas las edades.

Este bochornoso y brutal acontecimiento desnudó ante la faz del mundo el carácter sanguinario y salvaje de la dictadura que gobernaba la República Dominicana y originó a su vez un serio conflicto internacional, pese a la conducta vacilante del entonces presidente de Haití, Stenio Vincent.

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  1. albertopan
    septiembre 24, 2011 en 12:15 pm

    Eres todo un experto Manu en Historia de Centroamérica. Le da un aire Trujillo a su contemporáneo español. Un saludo.

  2. blademanu
    septiembre 24, 2011 en 12:23 pm

    Bueno, lo de experto déjalo para los que ya tienen plaza en altas instituciones jejejeje. No he hecho más que recoger unas cuantas ideas de lecturas y conferencias y hacer este batiburrillo, soy un plagiadorrrrrrrrr XD. Ahora que dices lo de la foto, sí que se le da un aire :-D. Gracias por echarle un vistazo al articulillo.

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