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Los dominados y el arte de la resistencia de James C. Scott


Con este libro pretende Scott entender mejor las relaciones de poder desde un punto de vista social y a la vez, introducirnos en la red que supone conocer la actuación de grupos subordinados y dominadores atendiendo, principalmente, al discurso oculto de estos grupos y cómo lo transforman al convertirse el discurso en público, los símbolos que pueden apreciarse y que nos ayudan a reconocer la postura del dominador y del dominado, los mecanismos de represión y los de resistencia, en definitiva, cómo se prepara el ambiente del enfrentamiento abierto, que es producto directo de la resistencia en la sombra, la cual precisa de mucho más tiempo de desarrollo que la posterior revolución.

 

            El libro está dividido en ocho capítulos a través de los cuáles se van desarrollando los elementos anteriormente citados. Hay que señalar que Scott ha preferido analizar en su estudio las formas de resistencia soterrada precedentes al enfrentamiento abierto. Este novedoso planteamiento a la hora de estudiar la lucha contra un grupo dominante o contra un sistema establecido es el que otorga originalidad a su obra.

 

            Capítulo I. Detrás de la historia oficial

 

            En este capítulo nos muestra Scott que incluso el disimulo de los débiles ante el poder es un tipo de relación social, algunas de estas relaciones están llenas de falsedad, pues se exige un determinado comportamiento público a quienes están sujetos a formas sistemáticas de subordinación social. La persona subordinada, por prudencia o por miedo, dará a su comportamiento público una forma adecuada a las expectativas del poderoso. Para comprender la problemática que esto entraña analizaremos lo que el autor dice que es el “discurso público” y el “discurso oculto”.

 

            El “discurso público” son las relaciones explícitas que se dan entre subordinados y detentadores de poder. Es un discurso engañoso, sujeto a lo que sucede en las relaciones de poder, es decir, si en la relación de poder hay un patrón que ejerce poder y un obrero que obedece a este patrón, esto se verá reflejado en las relaciones sociales mostrando, por lo general, respeto el obrero hacia el patrón y haciendo este último uso de la primacía que le otorga su posición en las relaciones de poder.

            Los grupos subordinados desarrollan técnicas de supervivencia como el manejo de la apariencia en las relaciones de poder, esto no escapa, claro está, a la observación de los dominadores. Cuanto mayor sea el poder ejercido por una elite, mayor será la máscara del subordinado, adoptando una forma más estereotipada y ritualista. Debemos saber, además, que el “discurso público” es una guía indiferente de la opinión de los subordinados, es decir, no actúan ni expresan sus verdaderos deseos o motivaciones, sino que se adaptan a lo que el grupo dirigente espera de ellos. La sospecha de que el “discurso público” sea sólo una actuación hace que los dominadores dejen de creer en él, viendo a los dominados como falsos y engañosos por naturaleza. Los dominados, por otra parte, actúan su respeto y sumisión mientras tratan de discernir las verdaderas intenciones y estados de ánimo de los poderosos, dada su capacidad amenazadora; el dominador también realiza una actuación, la de su dominio y autoridad, mientras trata de mirar tras la máscara del dominado para leer sus verdaderas intenciones.

 

            El dominador no controla totalmente la escena, pero logra imponer sus deseos a corto plazo, al subordinado le conviene actuar de manera más o menos verosímil, haciendo uso de los parlamentos y gestos que se espera que haga.

            Cualquier análisis basado en el discurso público llega a la conclusión de que los grupos subordinados aceptan los términos de su subordinación y de que participan voluntariamente y con entusiasmo en esa subordinación.

Pero claro, para llamar a estos comportamientos “actuación” debemos observar a los personajes actuantes alejados de la escena, y este alejamiento tiene lugar en el “discurso oculto”.

 

El “discurso oculto” es considerado por Scott como la conducta fuera de escena. Está constituido por las manifestaciones lingüísticas, gestuales y prácticas que confirman, contradicen o tergiversan lo que aparece en el discurso público. Las relaciones de poder no son claras, por lo que no podemos llamar falso a lo que se dice en los contextos de poder y verdadero a lo que se dice fuera de ellos. Tampoco podemos entender lo primero como el ámbito de la necesidad y el segundo como el de la libertad. Aun así, el discurso oculto se produce en función de un público muy diferente y en circunstancias de poder distintas a las del discurso público, de eso no cabe duda. Cuando desaparece la sumisión y surge el enfrentamiento abierto la relación de poder se ve en peligro. La práctica de la dominación y explotación produce insultos y ofensas a la dignidad humana, que a su vez alimenta un discurso oculto de indignación, dentro de esto podemos encontrar diferentes tipos de humillación que produce, por rutina, el ejercicio del poder.

Según nos dice Scott, un individuo que es ofendido puede elaborar una fantasía personal de venganza y enfrentamiento, pero cuando el insulto es una variante de las ofensas sistemáticas que sufre una raza, clase o capa social, la fantasía se puede convertir en un producto cultural colectivo. Por otra parte, en la medida en que los subordinados sienten que han hablado con la verdad a los poderosos, el concepto de verdad puede tener una dimensión sociológica en el pensamiento y la praxis de los subordinados, puede tener una fuera fenomenológica en el mundo real a pesar de su insostenible condición epistemológica.

Otro argumento viene a plantear que los subordinados obligados a usar la máscara se darán cuenta de que sus rostros han llegado a identificarse con ella, es decir, que la práctica de la subordinación produce, con el tiempo, su propia legitimidad. Tanto los débiles como los poderosos tienen motivos para utilizar una máscara. El subordinado debe fingir la humildad y el respeto, la dominación, la altanería y el dominio. La diferencia es que si el esclavo no sigue el guión corre el peligro de sufrir una paliza (o tal vez cosas peores), mientras que el dominador, a lo sumo, puede quedar en ridículo. Otra diferencia es que la pose del dominador no proviene de su debilidad, sino de las ideas que fundamentan su poder, del tipo de argumentos con los que justifica su legitimidad. Es muy peligroso cuando elites actúan públicamente contradiciendo las bases de su poder. Las formas de dominación basadas en la pretensión de una inherente superioridad parecen depender de la pompa, leyes suntuarias, parafernalia, etc. El deseo de inculcar el hábito de la obediencia y el respeto a las jerarquías, como en las organizaciones militares, puede producir mecanismos parecidos.

El recurso de las elites dominantes de crear un lugar aislado de la escena pública donde ya no estén en exhibición y pueden relajarse aparece por todas partes, igual que el recurso de ritualizar el trato con el subordinado para que no dejen de cumplir su función y se reduzca al mínimo el peligro de un acontecimiento funesto.

Por otra parte, encontramos una diferencia de espacios para el discurso oculto de dominados y dominadores, algo lógico. Casi todas las relaciones que se reconocen entre los grupos de poder y los subordinados constituyen el encuentro del discurso público de los primeros con el de los segundos. La sociología, por su parte, se concentra en las relaciones oficiales entre poderosos y débiles.

Debido a todos estos elementos se atribuyen tres características generales al discurso oculto:

 

  1. Es específico de un espacio social determinado y de un conjunto particular de actores.
  2. No contiene sólo actos de lenguaje, sino también una amplia gama de prácticas como la caza furtiva, hurto pequeño, evasión de impuestos, etc, dentro del discurso oculto del dominado; y el lujo, asesinos a sueldo, sobornos…dentro del discurso oculto de lo dominadores.
  3. La frontera entre discurso público y oculto es una zona de conflicto incesante entre poderoso y dominados.

 

Gracias a una prudencia táctica, los grupos subordinados rara vez tienen que sacar su discurso oculto, pero aprovechando el anonimato de la multitud encuentran maneras de dar a entender que sólo a regañadientes participan en la representación.

 

Capítulo II. Dominación, actuación y fantasía

 

El objetivo principal de este capítulo es ayudar a comprender la conducta política de los subordinados. El discurso público es el autorretrato de las elites dominantes donde estas aparecen como quieren verse a sí mismas. Como podemos ver, es una construcción discursiva muy partidista y parcial. La diferencia entre el discurso oculto y el público nos permite distinguir cuatro variedades de discurso político entre los subordinados según su grado de conformidad con el lenguaje oficial y según la naturaleza de su público, estas variedades son:

 

  1. La que adopta como punto de partida el halagador autorretrato de las elites, esta es la más segura y pública.
  2. El discurso oculto, aquí es posible el surgimiento de una cultura política disidente.
  3. Política del disfraz y anonimato que se ejerce públicamente, dando lugar al nacimiento de una cultura popular de los grupos subordinados que se puede apreciar en sus cuentos, canciones, chistes…
  4. Ruptura entre discurso público y oculto. Esto supone una respuesta represiva o escalada de actos y palabras cada vez más atrevidos por parte de los subordinados.

 

Por otra parte, Scott nos habla del término de “infrapolítica”, concepto que hace referencia a la variedad de formas de resistencia muy discretas que recurren a formas indirectas de expresión. Ni las formas cotidianas de resistencia ni la insurrección ocasional se pueden entender sin tener en cuenta los espacios sociales cerrados en los que se alimenta esa resistencia y adquiere sentido.

 

Scott también nos señala tres puntos básicos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de analizar la problemática que plantean las relaciones de poder:

  1. Situación epistemológica del discurso oculto y la naturaleza de la relativa libertad de sus enunciados.
  2. Las diferencias entre el discurso oculto y público concuerdan con la práctica lingüística y con la fenomenología de las diferencias entre lo que se dice frente al poder y a sus espaldas.
  3. Por último, los efectos normativos y emocionales del discurso oculto proceden de los impulsos y las declaraciones que se censuran en presencia del poder.

 

La deferencia y el lenguaje fuera de escena ocupa un apartado dentro de este capítulo, en él se dice que la deferencia con que se trata en la mayoría de los casos a los dominadores se emplea inconscientemente, es decir, como algo ritual o interiorizado, un ejemplo que aparece en el libro es la utilización del “don” cuando nos referimos a un superior. Por otra parte, también podemos contemplar la creación de relaciones de poder entre el mismo grupo subordinado, por ejemplo, en una cárcel puede haber un grupo dominador dentro de los presos más peligroso que la propia guardia. Estas relaciones también surgen en grupos subordinados con la intención de que el grupo no sufra escisiones, el ejemplo más claro es una situación que todos hemos podido presenciar, el castigo verbal a una persona que trata o se acerca al dominador. A los subordinados que realizan actos favorables hacia un dominador se les ve como disidente o aprovechado que busca estar por encima de los demás gracias a la relación de poder que existe entre sus compañeros y el dominador.

Otro apartado dentro de este capítulo es el dedicado a hablar del poder y la actuación. Para empezar podemos encontrar manifestaciones de poder y sumisión a través del propio lenguaje, esto es llamado “semántica del poder”. El grupo dirigente impone las apariencias que los subordinados deben adoptar, lo cual no impide que estos las usen como instrumento de resistencia y evasión. También debemos considerar que la actuación del subordinado está relacionada en la mayoría de las ocasiones con el deseo de conseguir mediante ella fines propios. En las teorías del siglo XX se veía a los grupos subordinados como falsos y mentirosos, sin tener en cuenta que esto era consecuencia del poder arbitrario, que podía obedecer a numerosos factores, pensándose más bien que eran sus características naturales.

Un último apartado es el que nos habla acerca del control y la fantasía como bases del discurso oculto. Los grupos subordinados deben tener cierto control sobre sus emociones, negativas o violentas, para adecuar su actuación al discurso público, esto produce frustración, sobre todo cuando, además, el poderoso atenta contra la dignidad de la persona. La fantasía que surge entonces a partir de este control emocional suele manifestarse en el deseo de inversión de papeles, malos deseos hacia el poderoso, venganzas a través de maldiciones…, es decir, las fantasías del discurso oculto se convierten en la reacción ante la dominación que viven en el discurso público.

 

Capítulo III. El discurso público como una actuación respetable

 

A partir de estos planteamientos puede surgir la siguiente pregunta: ¿de qué sirve fingir?

Debemos comprender que las relaciones de poder lo son también de resistencia. Las manifestaciones de poder, como insultos o castigos, sirven para legitimar a éste. La actuación, dependiendo de si eres dominador o dominado, se aprende al nacer si perteneces a la clase dominada o en el proceso de socialización y trabajo si eres dominador. Así, los dominadores crearán en torno a sí la imagen que quieren transmitir a los dominados. El grupo dominante, por tanto, utilizará el ocultamiento en el discurso público, evitando declararse lo que sucede en la realidad a pesar de que los subordinados lo conozcan, un ejemplo claro puede ser el ocultamiento de la existencia de campos de trabajos forzados bajo el gobierno de Gorbachov.

Otra técnica utilizada por los grupos poderosos para suavizar la realidad o modelarla a su antojo es el uso de eufemismos o estigmas. Los eufemismos embellecen aspectos del poder que no pueden negar, esto lo utilizan para borrar algo que se considera negativo o puede ser un problema si se declara explícitamente. Por ejemplo:

-         “Pacificación”: ataque armado y ocupación.

-         “Pena capital”: ejecución realidad por el Estado.

-         “Campos de readaptación”: cárcel para opositores políticos.

 

Por otro lado, puede darse el caso de que se exija a los dominadores un comportamiento de acuerdo con la presentación idealizada que han hecho de sí mismos.

 

La estigmatización, por su parte, supone crear unas connotaciones precisas en torno a un grupo, por ejemplo a los rebeldes o revolucionarios se les suele llamar delincuentes y bandidos para desviar la atención de sus exigencias políticas y que sean vistos por la población como tal.

La función del discurso público, por tanto, es dar una apariencia de unanimidad entre grupos dominantes y de consentimiento entre los subordinados.

 

Nos habla también Scott acerca de las ceremonias formales de los poderosos, que representan el discurso público como quieren que aparezca, por ejemplo, un desfile de Estado en el que éste aparecerá idealizado. Estas ceremonias y desfiles se convierten en reuniones autorizadas de los subordinados, mientras que lo que las clases dirigentes consideran como reuniones no autorizada llegan a suponer una amenaza en potencia, porque es sinónimo de que los subordinados tienen capacidad para organizarse autónomamente, sin permiso, esto se puede ver con más facilidad en las reuniones habidas en los cafés obreros, que llegaron a sufrir serias vigilancias en varias épocas. El temor de las elites hacia esto se debía a que conocían el poder que podían llegar a tener las masas.

Las ceremonias, por tanto, sirven a los dominadores para legitimar su poder, por lo que muchas veces los subordinados no asisten, o si lo hacen es a regañadientes o con estupefacción, porque estas ceremonias recuerdan el sometimiento del que son víctimas. Hay ceremonias que sólo tienen por público a los actores, lo que quiere decir que ellos mismos son los que necesitan legitimar y reafirmar su poder.

 

Capítulo IV. Falsa conciencia: ¿una nueva interpretación?

 

Los poderosos consideran de vital importancia mantener las apariencias adecuadas, las que les beneficien, por supuesto.

Durante años el debate se ha enfocado referido a poder e ideología en la interpretación de la conducta “conformista” de los menos poderosos. Dentro de la llamada “ideología del poder” encontraríamos entonces a la “versión fuerte” caracterizada por el consentimiento, y a la “versión débil” más vinculada a la resignación. Por otra parte se ha hablado del poder de la comunidad, los pluralistas dijeron que las sociedades conformistas lo eran por satisfacción, mientras que los antipluralistas vieron la vulnerabilidad de las clases subordinadas como elemento clave para explicar ese sometimiento. Dentro del concepto que surgió de falsa conciencia también surgieron dos versiones, la “fuerte”, en la que se reconocía la utilización de aparatos ideológicos para modelar la conducta y el conformismo de los reprimidos, y la “débil”, en la que actuaría más bien la persuasión hacia estos grupos y el sentimiento de no poder cambiar su situación.

En la fundamentación de la interpretación antipluralista, Gaventa distinguió varios niveles de relaciones de poder:

 

Nivel 1: coerción y poder.

Nivel 2: intimidación o regla de las reacciones anticipadas.

Nivel 3: doble vertiente de la falsa conciencia, es decir, utilización de mecanismos para modelar la voluntad y el conformismo de los grupos subordinados.

 

El proceso de dominación genera los elementos sociales que parecen confirmar las nociones de hegemonía, esto da lugar a que se produzcan conflictos sociales, los grupos dirigentes “prometen” (cosas) y los subordinados después exigen el cumplimiento de éstas.

Por otra parte, se dice que la hegemonía ideológica es una justificación de los subordinados de su situación, en primer lugar porque se les brinda la probabilidad de disfrutar de un ascenso si aceptan su posición en las relaciones de poder; por otro lado, sufren una atomización y estrecha vigilancia en los lugares de trabajo que elimina la posibilidad de crear un discurso oculto en lugares como una fábrica, por ejemplo.

Otras consideraciones acerca de la subordinación podría ser la división geográfica y cultural de los subordinados, el hecho de que resistir abiertamente se vea como una temeridad, etc. En lugar de esto prefieren llevar a cabo otro tipo de actos con los que se sienten más seguros. La representación pública del subordinado tiene una dimensión estratégica que influye en la forma que toman, por eso, podríamos considerar que no hay sumisión ética, sino prudencia, respeto, al contrario que las elites que manipulan el mensaje para conseguir el control.

Todo grupo gobernante se hace vulnerable a un tipo específico de crítica, por ejemplo al no cumplir una promesa, como se ha dicho anteriormente. El hecho de que el grupo subordinado tome este tipo de cosas en serio provoca que se promuevan quejas ante la injusticia  y la mentira, por ello, los más conformistas también serán los que más problemas den por ser los más difíciles de contentar.

 

Capítulo V. La creación de espacio social para una subcultura disidente

 

Como se puede imaginar, hay un precio psicológico provocado por la sumisión, por ejemplo, sufrir una humillación te puede ocasionar un sentimiento de inferioridad. La reacción ante la dominación no tiene por qué ser la misma en todos los casos, por ejemplo, sufrir un insulto o ultraje en privado no tendrá las mismas repercusiones que sufrirlo en público. La negación de sentimientos que te provocan estas humillaciones facilita que se cree un discurso oculto.

La resistencia contra la dominación ideológica requiere una contraideología (negación) que ofrecerá una forma normativa general al conjunto de prácticas de resistencia inventadas por los subordinados en defensa propia. En este sentido, es lógico que se exalte la importancia de la solidaridad dentro de un mismo grupo subordinado. Debido también a esto, se crearán lugares de reunión para el discurso oculto, los transmisores de este discurso serán tan marginales como los lugares, funcionando también como transmisores de la cultura popular. Como es de esperar, se dará un intento por parte de los grupos dirigentes de eliminarlos o controlarlos. Los grupos subordinados, por su parte, defenderán estos espacios propios y esto dará lugar al surgimiento de barreras sociales y culturales que favorecerán aún en mayor medida al discurso oculto.

La cohesión del discurso oculto parece fundarse en la homogeneidad de la dominación y en la cohesión social de las víctimas. El aislamiento, la homogeneidad de condiciones y la dependencia mutua entre los subordinados propician el desarrollo de una subcultura distintiva que posee un imaginario social marcado por la oposición “nosotros” contra “ellos”.

 

Capítulo VI. La voz dominada: las artes del disfraz político

 

Los grupos subordinados tienen que encontrar maneras de transmitir su mensaje manteniéndose dentro de los límites de la ley. Para ello harán uso tanto de técnicas que disfrazan al mensaje, como de técnicas que disfrazan al mensajero. Esto puede considerarse como “formas de ocultamiento”.

De las más importantes serán el anonimato, empleado principalmente por el miedo a las represalias y dentro del cual podemos encontrar acciones como el chisme, la agresión mágica, la carta, la amenaza o la confrontación colectiva anónima. Otra forma de ocultamiento será el eufemismo, que sirve para disfrazar el mensaje lo mínimo indispensable para evitar represalias. Por último podemos citar el refunfuño, que es más bien un tipo de queja velada.

La rebelión ideológica de los subordinados se presenta también públicamente en elementos de la cultura popular, aparecerá así en sus ritos, bailes, creencias, etc. También mediante esto se trata de dar respuesta a una cultura oficial, y además les permite a los subordinados debilitar las formas culturales autorizadas. Como se sabe, los grupos subordinados por lo general utilizan más la cultura oral en lugar de la escrita, como por ejemplo en canciones, cuentos, chistes…

 

Capítulo VII. La infrapolítica de los grupos subordinados

 

Como se ha dicho anteriormente, los grupos subordinados temen emitir su opinión sin ninguna protección. Además, la relación entre las elites y los subordinados crea un conflicto en el que ambos grupos tratan de indagar las debilidades del otro y aprovechar cualquier ventaja.

La presión que genera una injusticia se expresa en el discurso oculto, se tiene la creencia de que este tipo de acciones sólo se pueden satisfacer verbalmente, pero los cuentos, canciones populares, etc, pueden producir la misma satisfacción. También, se realizan estratagemas con el fin de minimizar la apropiación por parte de los dominadores, ejemplo de esto puede ser el hurto, el mercado negro o la caza furtiva. Los grupos subordinados, además, ponen a prueba los límites permanentemente, puesto que siguen practicando leyes consuetudinarias a pesar de que se prohíban, lo que nos indica una resistencia por parte de estos grupos.

 

Capítulo VIII. Una saturnal del poder: la primera declaración pública del discurso oculto

 

El discurso oculto prepara el terreno para el enfrentamiento abierto, pero no sólo eso, son además una fuera esencial de las conquistas políticas. Hay una gran diferencia entre desobedecer en la práctica y negarse a obedecer, cuando ambas se unen supone un reto. El momento en el que se produce la ruptura con el anterior orden establecido está lleno de carga política y, además, tiene un gran impacto para quien o quienes lo lleva/n a cabo. Es entonces cuando tiene lugar experimentar la satisfacción de expresar lo reprimido. Este momento y hecho es impredecible y está influenciado por muchos factores, pero de lo que no hay duda es de que, al hacerse explícito el discurso oculto, se crea una atmósfera de tensión con posibles efectos sociales que llevan signos de locura colectiva, este fenómeno tiene la característica de extenderse velozmente. Si este primer acto de ruptura es derrotado difícilmente será imitado por otro grupo, mientras que si tiene éxito su capacidad movilizadota como acto simbólico es asombrosa.

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  1. J. Luis López de Guereñu Polán
    septiembre 24, 2011 en 4:41 pm

    Excelente artículo. Me dispongo a leer el libro.

  2. blademanu
    octubre 21, 2011 en 8:58 am

    Gracias, Mae. Resulta útil, muy útil, tener este resumen siempre a mano :-D.

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