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Origen de algunas expresiones españolas


Hoy día escuchamos frases tales como: “¡Quien se fue a Sevilla, perdió su silla!” o “Ha pasado un ángel”. En muchas ocasiones las utilizamos inconscientemente y, en la mayoría de ellas, desconocemos su origen. Aquí traemos alguna de ellas, tanto su significado, como su posible historia.

¡A buenas horas, mangas verdes!: expresión donde se lamenta la tardanza en la ayuda, especialmente cuando esta ya es inútil o innecesaria.

Se localiza esta expresión en el siglo XVII, aunque las “mangas verdes” tienen su origen a finales del siglo XV. La Edad Media contaba con un tribunal, llamado la Santa Hermandad, cuya función consistía en juzgar y castigar los delitos cometidos a cielo abierto, fuera de los pueblos y ciudades. La reina Isabel I regularizó y ordenó esta institución en 1476, y puso al frente del tribunal al Duque de Villahermosa, a cargo de más de dos mil soldados. Estos se distinguían por su uniforme: un coleto, o chaleco de piel hasta la cintura y con unos faldones que no pasaban de la cadera. El coleto no tenía mangas y por tanto, debajo al descubierto las de la camisa, que eran verdes. Los lugareños denominaban a estos soldados cuadrillero o mangas verdes, porque iban en cuadrillas y porque el color verde de sus mangas los identificaba de inmediato. Se afirma que esta especie de policía rural fue muy eficaz en sus primeras épocas y que, posteriormente, cedió en disciplina y eficacia. Por esta razón, se supone, el pueblo acuñó la expresión a la que nos referimos,  “¡A buenas horas vienen los mangas verdes¡” como símbolo de inoperancia, tardanza e inutilidad. Nunca a tiempo, y los crímenes quedaban impunes o los propios ciudadanos le ponían remedio, por lo tanto su labor ya era innecesaria.

Hacerse el sueco: desentenderse. Simular que no se comprende o no se entiende determinado asunto con el fin de no involucrarse demasiado.

La explicación más lógica es la que señala que los visitantes de Suecia eran incapaces de comprender la lengua castellana y, por tanto, se desentendía de cualquier asunto que no les afectara directamente. Otros eruditos, en cambio, han sugerido que la expresión deriva de la palabra latina soccus, que significa en su origen “tronco de madera”, de donde se podría interpretar que una persona que se hace el sueco permanece inalterable ante los problemas o asuntos que se les plantea.

Pasar más hambre que un maestro de escuela: tener dificultades económicas y hambre.

Alude a la condición de los maestros en la Historia de España. Con sueldos de miseria y viviendo en condiciones precarias, los maestros de escuela eran la imagen viva de la pobreza.. A finales del siglo XVIII se procuró establecer un sistema de enseñanza público que, en ocasiones, dependía de los ayuntamientos, de instituciones caritativas o de las propias familias, lo cual no mejoró mucho y la calidad de la educación ni las condiciones económicas de los maestros. El debate sobre los presupuestos para la educación  continuó durante todo el siglo XIX, pero el acceso a la cultura seguía siendo restrictivo y ser maestro de escuela era casi una maldición.

Tumbarse a la bartola. Holgazanear, despreocuparte. Descuidar o abandonar el trabajo y no mostrar interés por él.

La festividad de San Bartolomé se celebra el 24 de agosto, al final de la cosecha. Este hecho propiciaba que muchos pueblos de España tomaran a San Bartolomé como un santo propio para la fiesta, el jolgorio y el descanso tras las labores propias de la recolección. Tanto es así que durante el siglo XV y XVI, San Bartolomé era uno de los santos más populares y en cuyo honor se celebraban más fiestas. Si esta teoría es cierta, tumbarse a la bartola significaría tanto como “cesar en el trabajo, como si hubiera llegado San Bartolomé”. Aún sigue manteniendo el carácter de reproche a quien holgazanea cuando aún queda trabajo por hacer. San Bartolomé fue un apóstol de Jesucristo, murió desollado y se le presenta con los músculos al descubierto y con la piel en un brazo. La jocosidad popular puede haber establecido una comparación entre esta imagen del torso despellejado de Bartolomé y la imagen de holgazán durmiendo con la barriga al aire.

Estar entre Pinto y Valdemoro.  Estar indeciso

Hay muchas teorías sobre esta expresión, pero la más conocida es la del borrachín que, en cierta ocasión, se entretenía saltando un arroyuelo que divide los dos términos municipales. En sus brincos de un lado a otro del arroyo decía: “ahora estoy en Pinto; ahora en Valdemoro”. Finalmente el borrachín cayó al río y admitió: “Ahora entre Pinto y Valdemoro”

Quien se fue a Sevilla perdió su silla: se utiliza para responder a quien ha dejado vaante una plaza y pretende recuperarla después de su ausencia.

La expresión ha sufrido una leve variación, “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla”. Se atribuye este dicho a una anécdota protagonizada por Alonso de Fonseca y su sobrino. Alonso de Fonseca se le llama en unos lugares arzobispo de Sevilla y en otros de Toledo; en otros es confundido con su propio sobrino y se le nombra cardenal. Como fuere, parece que el tal don Alonso, con sede en Sevilla, tenía un sobrino poltrón y descarado. Don Alonso consiguió para su protegido el obispado de Compostela, y le dijo que se encaminara hacia Galicia para tomar posesión de tal honor. El muchacho intentó hacerse con el dominio del obispado, pero era muy joven y las continuas disputas eclesiásticas le hicieron volver junto a su tío. Don Alonso decidió tomar cartas en el asunto: le cedió su propio arzobispado en Sevilla y se fue a Santiago a poner orden en aquella diócesis. Resuelto el problema, fundó el Colegio de Fonseca en Santiago y otro, con el mismo nombre, en Salamanca. Pero cuando quiso volver a su escaño en Sevilla, el sobrino no quiso cederle el puesto, diciendo: “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla”. Con todo, paree que, finalmente, don Alonso consiguió que su sobrino abandonara la ciudad hispalense y volviera a Santiago.

¡Vete a la porra! Expresión con la que se despide o se intenta alejar a alguien, de malos modos, con enfado o haciendo burla.

La porra se situaba en el centro del campamento, clavada en el suelo. Cuando algún soldado se comportaba mal o cometía faltas leves, el oficial de turno lo enviaba a la porra, y allí debía aguardar hasta que se decidiese el castigo que se le imponía. En ocasiones el único castigo era vigilar la porra, es decir, estar allí como un espantajo sin hacer nada.

Apaga y vámonos: concluir, acabar y terminar algún trabajo.

La expresión no tiene más historia que la del cura que solicita al sacristán o al monaguillo que apague las luces y las velas, para abandonar la iglesia, sin embargo, se dice que en Granda había dos curas que deseaban ser sacerdotes. Como este oficio requiere brevedad y diligencia, se hizo un concurso para ver cuál de los dos curas era capaz de decir una misa en menos tiempo. Llegado el momento del concurso, el primero se colocó tras el altar y dijo: ite, misa est, fórmula con la que se concluye la ceremonia religiosa. Admirado todos ante este prodigio de brevedad, creyeron que sin duda, este cura iba a ganar la plaza. Pero el otro cura se acercó al altar para dar su misa y mirando al monaguillo dijo: “Apaga y vámonos, que la misa está dicha”

Ha pasado un ángel: se dice cuando se produce un silencio incómodo en medio de una reunión o se corta una conversación súbitamente.

Antiguamente, cuando los familiares de un muerto se ponían a hablar y el nombre del difunto era dicho en voz alta, era probable según sus creencias que este pasara, y por ello callaban. La antigua devoción por los espíritus pudo sugerir también esta expresión, como señal de respeto y temor.

Se armó la gorda. Haber gran alboroto y gran refriega.

La gorda es la denominación que se dio en Andalucía y especialmente en Sevilla, a la revolución de 1868 contra la inoperancia del reinado de Isabel II. Más común fue la denominación de la Gloriosa o la Septembrina. Al parecer, muchos ciudadanos liberales esperaban que se armara de un momento a otro la revolución gorda, es decir, la gran revolución, la definitiva. Se perseguía la instauración de la república parlamentaria, que no tardó en llegar, aunque fue tan floja e inútil como el régimen que pretendió sustituir. Algunos historiadores afirman que se ha podido documentar el apelativo de gorda, para otros movimientos revolucionarios, asonadas y pronunciamientos anteriores a esta fecha.

Salvado por la campana: que alguien ha evitado hacer algo debido a que otro factor se ha interpuesto.

Antiguamente debido a que el mundo de la medicina no estaba todavía desarrollado, al morir una persona ésta era enterrada viva, bien por catalepsia o por un simple mareo. Posteriormente al descubrirse arañazos en la madera de las cajas fúnebres decidieron poner un pequeño hilo en la mano del difunto conectado en el exterior a una pequeña campana. Si la persona despertaba tiraba del hilo y sonaba la campana. Así se la sacaba y podía seguir con su vida.

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  1. cliopatra90
    julio 20, 2010 en 12:12 pm

    Qué curioso Esther, sólo conocía la primera ^^.

    • julio 20, 2010 en 12:24 pm

      ¡Sí! Es que estuve leyendo algunos y me llamaron la atención estos, especialmente el primero y el último.
      ¡Besos histéricos!

  2. blademanu
    agosto 16, 2010 en 8:08 am

    Nawim! Tenemos que seguir escribiendo sobre dichos populares, al fin y al cabo esta es en ocasiones parte de la historia más “de base” que podemos encontrar, la más cercana a nosotros y nuestros abuelos. Ánimo. Muy divertido el artículo… ¿sabes el de “hacer virgerías”…?

  3. nawin
    agosto 16, 2010 en 1:24 pm

    jejeje, vaya, cierto sevillano me lo explicó : O

  4. septiembre 14, 2010 en 6:40 pm

    Interesante tus comentarios sobre estos dichos conocidos. Sin embargo, la frase “Entre Pinto y Valdemoro” tiene un argumento histórico relacionado con un conflicto territorial en el siglo XII. Madrid y Segovia se disputaban ambos municipios. Finalmente, en 1239 el rey Fernando III el Santo asignó Pinto a Madrid y Valdemoro a Segovia, haciendo colocar hitos o mojones para dividirlos. Aún hoy en día se puede ver alguno de estos mojones. El caso es que durante la demarcación territorial, el rey estuvo hospedadoen la llamada Casa de Postas que estaba situada en aquel lugar. Cuando en la Corte preguntaban dónde estaba el rey, contestaban. “Entre Pinto y Valdemoro”. Aún así, tu historia del borracho se la relaciona con este dicho, si bienno existe constancia alguna de la existencia de arroyo o riachuelo en ese lugar. Espero que te haya servido mi información.

  5. Pablo
    septiembre 14, 2010 en 10:43 pm

    Muy interesante aclaración, Marco. La verdad es que ahora ya podré dar otra explicación cuando salga el dicho en alguna conversación :-D. Gracias!

  6. SenyorSunyer
    septiembre 17, 2010 en 1:23 pm

    Muy curioso e interesante, suscribo que hay que seguir escribiendo sobre el origen de los dichos!

  7. enero 31, 2011 en 11:45 am

    ¡Qué fuerte la historia del “salvado por la campana”! :O

  1. marzo 6, 2013 en 12:32 pm
  2. mayo 10, 2013 en 9:15 am
  3. mayo 10, 2013 en 9:21 am

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